Escuelas Vocacionales, instituciones indispensables

Estudiantes del IPVCE holguinero José Martí. Foto: Nelson Rodríguez Roque/ Cubadebate.
Este artículo de opinión lo vengo pensando desde que se armó el alboroto por la falsa noticia de que desaparecería “La Lenin”. No escribí entonces ni en los meses posteriores, ya que no quería que fuera la emoción la que guiara mi pensamiento, sino que fuera la razón su principal pivote. En este mes se cumplen 45 años de mi inicio como profesor en esa colosal Escuela.
Ahora tengo valiosos insumos, entre estos los artículos periodísticos sobre importantes Vocacionales-IPVCE además del de La Lenin, con una gran cantidad de comentarios de forma y de fondo. También la sesión televisiva de Cubadebate con la participación de la Viceministra Margarita McPerson. Y más recientemente la visita del actual presidente Miguel Díaz-Canel al IPVCE Lenin; y el acto del inicio del curso escolar 2018-2019 en dicho centro, al que asistieron y hablaron el primer secretario del PCC en La Habana y la ministra de educación.
No es una cuestión de sentimentalismo o nostalgia juvenil lo que provoca que la gran mayoría de los egresados de las Vocacionales-IPVCE declaren que ese tránsito de sus vidas los marcó para bien; en una primera etapa durante seis años (desde 7mo hasta 12mo grado), y después en los tres años de preuniversitario.
No soy quién para dictar pautas; lo que sí afirmo es que diré con total franqueza lo que pienso sobre tan crucial asunto.
Breves antecedentes
Al concluir mis estudios universitarios en la Escuela de Matemática de la Facultad de Ciencias de la Universidad de La Habana en 1972, y el mandato en la FEU de Cuba en 1973, fui asignado a realizar mi servicio social en la Escuela Vocacional Lenin que comenzó a funcionar en el curso 1972-1973 en su sede actual y que se inauguró en el curso 1973-1974, específicamente el 31 de enero de 1974 en el Anfiteatro Natural de la Escuela, por Fidel Castro y Leonid Brezhnev.
Allí estuve desde septiembre de 1973 hasta julio de 1981, en que había sido designado Vicedirector General, pero no lo ejercí ya que me asignaron una responsabilidad nacional en la esfera de la Computación.
En La Lenin ocupé varias responsabilidades. Profesor de Matemática y de Computación; miembro del equipo nacional de preparación para las olimpiadas de Matemática; director del centro de cálculo; jefe de cátedra general de computación; primer secretario del Comité UJC (estudiantes de la FEEM, de la FEU y trabajadores); miembro del Comité del PCC de la Escuela.
Recuerdo que en una visita de Fidel a La Lenin en 1973 me hizo dos preguntas:
- ¿Qué podemos hacer para que La Lenin no se nos convierta en una “escuela de señoritas”, ya que la presencia femenina era abrumadoramente mayoritaria?
- ¿Qué opinas sobre el tamaño de la Escuela, no te parece demasiado grande?
No viene al caso divulgar mis respuestas, en otro momento podré hablar de esto.
Desde el principio entendí que se trataba de un experimento pedagógico, de una visión estratégica de Fidel, para ponerle otra pista de aterrizaje a su concepción de fomentar el desarrollo de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento.
Al frente de la Escuela se designó a un genuino y creativo pedagogo, un Makarenko de fibra y de acción: Francisco Chávez Hernández, quien venía de Director General de la Escuela de Monitores de Vento. Pienso que Chávez, quien murió con menos de 50 años se merece un reconocimiento que no tuvo en vida.

Estudiantes de la Escuela Vocacional Lenin. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Lo esencial de aquellos ocho años de gran consagración, lo expreso en los siguientes resultados:
- La vocación por la ciencia se trabajó con rigor. Hubo una adecuada armonía entre la formación vocacional y la orientación profesional
- La exigencia en el estudio era algo de la mayor prioridad, no era negociable
- Los concursos de conocimientos formaban parte del estímulo a superarse, de retar al talento individual de estudiantes y profesores
- El Destacamento Pedagógico, con el liderazgo de Catalina jugó un importante papel, fue una cantera de dirigentes juveniles y educacionales. En particular fueron esos muchachos decisivos en la introducción de la Computación como objeto de estudio (recuerdo a Sergio-ya fallecido-, Aimee, Marlen, Dalila, Susana, Cheong, Emilio,…)
- La combinación del estudio con el trabajo productivo era algo muy serio. En la Industria Electrónica, en la Industria Deportiva, en la Agricultura. Recuerdo el caso de un alumno que conseguí liberar por un mes para la preparación de las Olimpiadas de Matemática y hubo una tremenda protesta por un dirigente de la industria, ya que aquel estudiante era decisivo en la puesta en marcha de las computadoras CID-201-B que allí se producían
- El desarrollo y la práctica del arte y el deporte tenían un vigor admirable, eran orgullo de todos. Cómo olvidar a Carmen Emilia, a Mercedes (Maria Marioca); de la primera no tengo noticias, de la segunda soy actualmente amigo.
- El trabajo patriótico se realizaba con creatividad
- La disciplina en todos los sentidos, era algo importante, con la excepción licenciosa de los días finales del curso en que los egresados hacían muchas trastadas
- Las condiciones de vida y alimentación se caracterizaban por su calidad.
Quedan otros por mencionar.

El IPVCE Máximo Gómez en Camagüey. Foto: Cubadebate.
Lecciones aprendidas que ahora expreso de la siguiente manera:
1. “Nunca será suficientemente bueno repetir prácticas que ya tienen más de 40 años de vida; ni demasiado malo recrear lo que fue exitoso”
2. “La exigencia rigurosa y el reto descomunal son buenas parteras del talento visible u oculto”
3. “Centrarse exageradamente en la inteligencia intelectual nos lleva a subestimar a estudiantes con otras inteligencias descollantes”
4. “Dichoso el profesor que logre que sus alumnos practiquen la sinceridad aunque sea en la frontera del estigmatizado irrespeto”
5. “Cuánto vale el agradecimiento de un exalumno que al transcurrir 40 años lo reconoce y se lo confiesa a su exprofesor. Y cuánto pesa si le confiesa lo injusto que fue con él, al haberlo juzgado de manera prejuiciosa e incompleta”
6. “Nada como la ejemplaridad y compartir la tarea orientada, para ser un buen profesor o un buen jefe”
7. “La motivación para emprender obras importantes no siempre llega en el momento que deseamos o que desean los padres”
Tengo algunas más, pero aquí hay una muestra aceptable.
Valoraciones sobre el futuro de este tipo de Escuelas

Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Hay muchas maneras de matar una idea o una obra meritoria. La más común es su negación absoluta que implica su desaparición y olvido; pero la que considero peor de todas es la que intenta mantenerlas con un deterioro progresivo, de manera que le castre el prestigio que una vez tuvo, que niegue sus esencias, que intente reeditar lo que ya debe ser superado para bien.
Hay obras gestada por la Revolución que desaparecieron, pero que no deben borrarse de la memoria histórica. Por ejemplo, las escuelas en el campo. Hay nombres otorgados a entidades jurídicas que podrían ser cuestionados, por ejemplo el de Isla de la Juventud; nació ese nombre en 1978 cuando Isla de Pinos se sembró con miles y miles de jóvenes de Cuba y de varios países hermanos. Pero qué se gana con cuestionarlo, a mi juicio, nada.
El caso que nos ocupa tiene una connotación diferente.
Leyendo tantas defensas frente a la falsa noticia sobre la desaparición de La Lenin, me convencí que estábamos frente a una situación compleja, ya que se habían producido cambios significativos en la realidad cubana, como parte de los cambios acaecidos en el mundo. Los problemas complejos deben ser abordados de manera sistémica, sin fatalismos ni triunfalismos; con objetividad y con voluntad firme de hacer bien las cosas.
Mantener este tipo de instituciones va mucho más allá del deseo de perpetuar un patrimonio nacional; es una necesidad para contribuir a la captación, el desarrollo, el empleo y la retención de personas talentosas en el campo de la ciencia, la tecnología y la innovación. No debemos caer en el pensamiento reduccionista que niegue el surgimiento y desarrollo de jóvenes talentosos en otros institutos preuniversitarios o de la enseñanza tecnológica, a lo largo y ancho de nuestro país.
Debe constituir una tarea de primer orden no solo de las autoridades educacionales, sino del Gobierno y de Partido en las diferentes instancias, acompañar- para ayudar a que se triunfe-, a los trabajadores y estudiantes de estas indispensables instituciones. Es necesario repensarlas con los pies firmes en la tierra y la mirada puesta en el futuro como nos dijo El Che.
Estas instituciones deberían ser modelos de organizaciones de alto desempeño, en que se destierre la mala práctica de manipular realidades o de ocultar errores para salir bien en una inspección. Deben las organizaciones estudiantiles y juveniles jugar un rol protagónico, es una manera de contribuir a su propia formación integral de la que tanto se habla.
Estas escuelas deben vincularse con las empresas y demás instituciones que trabajan en campos afines a los que estudiarán sus egresados en las universidades al graduarse de bachilleres.
Estas instituciones deben tener las condiciones necesarias de confort y alimentación; algo que en los últimos tiempos se ha delegado en parte a los padres de los alumnos. Al decir de una vecina mía cuya hija entró en La Lenin, es como si tuviese que atender una nueva casa.
Los profesores y dirigentes en estas instituciones son a mi juicio el bien más preciado para alcanzar los objetivos supremos.
Estoy seguro que miles de miles de egresados de estas instituciones, que viven en Cuba o fuera de ella, estarían en la mejor disposición de contribuir de disímiles maneras al desarrollo sostenido y sostenible de estas instituciones.
Estas instituciones no son electrones libres, forman parte de un sistema en que la política científica y educacional y sus respectivas acciones que le deben dar vida, han de jugar un importante rol.
Sin estas instituciones educacionales nuestra sociedad no muere; pero con ellas estaremos en mejores condiciones de construir la sociedad próspera y sostenible a la que aspiramos.
Mi recuerdo agradecido a los miles de estudiantes y profesores de La Lenin con quienes tuve la dicha de compartir, enseñando y aprendiendo.
Me quedan muchas cosas por abordar o por profundizar de las abordadas en este artículo; pero como siempre digo confío en que el debate culto se encargue de enriquecerlo, para pasar del pensar necesario al hacer indispensable.
Serie de Cubadebate sobre las Vocacionales:
Vocacionales: La Lenin, ¿tiempo de definiciones? (+ Fotos y Video)
Vocacionales: IPVCE José Martí, aferrado a la obra del Apóstol (+Fotos, Video e Infografía)
Vocacionales: IPVCE villaclareño, puertas abiertas cuatro décadas después (+ Fotos)
Vocacionales: IPVCE Federico Engels, referente en materia educativa
- Cuba presente en prestigiosa Olimpiada de Química Mendeléyev en Moscú
- Donde crece la ternura: Aniversario 65 de los círculos infantiles (+Fotos)
- Holguín acoge sede nacional por aniversario de círculos infantiles
- Cuba siempre da amor
- Cuba actualiza sus estrategias para defender el curso escolar ante el recrudecimiento del bloqueo
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Aplaudo este debate en positivo sobre los IPVCE. Disfruto que mis dos hijos estudiaran en el IPVCE Ernesto CHE Guevara, en pleno período especial, que mi nieta mayor esté contenta en la Lenin y que mi nieto mayor se prepare para hacerlo el próximo curso como proyecto de vida. Un poco de dificultades materiales no matan a nadie. No es malo aprender a comer lo que se ponga en una bandeja, dormir en una litera y aprender a compartirlo todo en una beca aceptable.
Los resultados de los concursos y los exámenes de ingreso a la universidad demuestran que la formación en los IPVCE es superior. Los IPVCE no están aún en sus mejores tiempos, pero los peores ya quedaron muy atrás y los cambios son apreciables y en la dirección correcta. Estoy convencido de que los IPVCE son un el elemento clave de la promoción del talento, en la calidad de la enseñanza superior e incluso en el desarrollo económico y social territorial y del país.
Claro que hay reservas. Hay que mejorar la infraestructura y fortalecer los claustros. No obstante, conozco una buena parte de los entrenadores de concurso y considero que son héroes. Disfruto cuando aparecen en los medios las medallas obtenidas en olimpiadas y al apreciar P ej el desarrollo de los tuneros y de Las Tunas, impensable sin su excelente IPVCE.
Los IPVCE son también una importante fuente de movilidad social. Muy bueno que haya un IPVCE en cada provincia. El sistema de cuotas municipales debe mantenerse, ampliando la matrícula racionalmente. Gracias a los IPVCE, un adoleste de origen humilde que cursa una buena secundaria en su pueblo, puede ganarse una plaza en el IPVCE de su provincia, vincularse y destacarse en los concursos, ganarse por concurso o por exámenes una plaza en una carrera de excelencia en ciencias en una universidad de excelencia, hacerse máster y doctor y finalmente ser coautor P Ej. de una nueva vacuna. Pocos pueden decir eso en el mundo.
Es conveniente retomar las mejores viejas experiencias y socializar las nuevas en los IPVCE,
P ej en cuanto al sistema de concursos y los centros de entrenamiento provinciales y nacionales, e implicar en éstos también al talento presente en los IPU urbanos. Es correcto que los mejores resultados de los concursos del MINED y de la educación superior, otorguen plazas directas a las carreras en cuestión, garantizando la transparencia que caracteriza al ingreso a la universidad. Es vital continuar perfeccionando la colaboración entre los IPVCE y las universidades en función de la promoción del talento. Asombra P Ej. ver los increibles resultados que obtienen algunos equipos de IPVCE invitados a concursos de programación competitiva universitarios ACM-ICPC, que auspicia la UCI. Ello refuerza la apuesta del país a la informatización de la sociedad y al desarrolla de una pujante industria cubana del software. El Plan 2030 plantea un eje estratégico en el desarrollo del potencial humano, la ciencia, la tecnología y la innovación. Siendo consecuentes con ello, si no tuvieras los IPVCE habría que crearlos. Mejor perfeccionarlos.
Muy de acuerdo Jose Luis.
Hubo un exalumno que me escribió y me hizo recordar a los estudiantes que tenía trabajando en el Centro de Cálculo como programadores o brigadistas pedagógicos. Yo solo mencioné a los del Destacamento pedagógico. Pero efectivamente el apoyo de los muchachos de 11 o de 12 grado fue muy importante. Ahora de memoria recuerdo a Manuel Rua, Alfredo Rodiles, Gisell Hernández-hija del querido profesor Silvio-; Gustavo Cougil-que fue quien me escribió-. Si recuerdan a otros les ruego me lo digan o lo publiquen, yo sé que faltan algunos, tengo dibujado en mi mente sus rostros pero no sus nombres.
Comparto lo que me escribió otro exalumno.
Gustavo Cougil dijo:
Néstor
Quizás usted no se acuerde de mi, pues junto a usted han estado muchos estudiantes de la Lenin, yo trabaje en 12 Grado en el centro de cálculo de la escuela que usted dirigía en aquel momento, lugar que me formó mucho, tanto que hoy soy graduado de Cibernética Económica. Salí de la Escuela en el año 1977, con la graduación de 12 y 13. Hoy en día comparto mis mejores momentos con aquellos que nos formamos en aquella escuela y estudiamos desde 7 hasta 12. Ayudamos a construir la escuela y en lo personal me duele mucho verla deteriorarse de esa forma. Y no hablo solamente de los edificios construcciones, sino veo que hoy hasta sus estudiantes portan mal el uniforme que escogimos nosotros, si porque así fue, el diseño del mismo nos lo consultaron. Hoy todavía recuerdo su inauguración, todo el esfuerzo desplegado para inaugurar aquella escuela que era orgullo de todo un país. Me duele oír decir que sus laboratorios están destruidos. Es verdad que han pasado muchos años y como país hemos tenido muchos problemas, pero creo que hay cosas que se deben conservar y una de ellas es el desarrollo de hombres de ciencia.
Nada simplemente felicitarlo por su excelente artículo
Saludos
Gracias Gustavo, ya sabes que sí me recuerdo de ti. Fuiste un excelente colaborador en mis tareas en el Centro de Cálculo y en la las prácticas que hacíamos en que había que ponerse las chancletas y la bata para entrar.
¡Salvemos a "La Lenin" de su deterioro total! Desde la industria electrónica abandonada, pasando por el antiguo hospital y los edificios docentes y albergues es deprimente y fantasmal su estado.
SOBRE LAS VOCACIONALES
- No sólo defiendo la permanencia de esas escuelas, sino que defiendo la existencia de una escuela especial nacional, algo así como una “vocacional de las vocacionales”, donde matriculen talentos de excepción, y tengan todas las posibilidades de desarrollar sus capacidades en las mejores condiciones de estudio y de vida posibles, con una matrícula relativamente baja – sólo de 90 a 120 ingresos anuales en décimo grado – y con un claustro de excelencia, en la cual tanto los profesores como los estudiantes ingresen luego de un proceso riguroso y transparente de oposición. Concentrar allí recursos que favorezcan la actividad.
- Es necesario buscar vías para contrarrestar la peligrosa desescolarización que se observa entre un grupo de jóvenes tal vez no muy numeroso, pero sí muy visible, que en plena edad propia para el estudio, pasan sus días detrás de un mostrador de una tienda o en otro empleo bien remunerado que no da espacio a la creatividad y el crecimiento intelectual, y que asumen esa posición como la meta definitiva de su vida. Y ocurre que nadie les explica que, si bien allí lo están pasando estupendamente, tampoco debían dar por terminada su formación, y dadas las energías propias de la juventud, simultanear su empleo bien remunerado y con “búsqueda” con una continuidad de su formación.
- “Nuestro país tiene que ser necesariamente un país de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento” (Fidel, 20 de enero de 1959; si mal no recuerdo la fecha). A día de hoy, en ocasiones, nuestro país parece más un país de deportistas y de músicos, que de hombres de pensamiento. Y es excelente que hayan buenos atletas y talentosos músicos, mas lo otro es también importante y, sobre todo, decisivo.
- En este asunto hay visiones subjetivas que conspiran contra la idea. Por lo general, el estudiante con elevados resultados académicos tiene además que demostrar que es un león en otras esferas a fin de no ser juzgado negativamente; a través de la historia han existido términos descalificadores como “docentista”, “Abelardito”, “autosuficiente”, dirigidos contra ese tipo de estudiante, que sería excelente que tuviera elevadas condiciones físicas y disposición para la práctica deportiva, buen oído musical y presencia permanente en conciertos y galerías, mas si no las tiene, no acosarlo. De la misma manera que aceptamos que el talentoso trompetista está despistado en las Matemáticas, y el múltiple medallista campeón en infinidad de torneos exhiba algunas limitaciones culturales, reconozcamos al que la naturaleza le dio su inteligencia como patrimonio.
- La preparación intelectual debe ser reconocida en la práctica. Responsabilidades y puestos que pasan a ser ocupados por designación, debían ocuparse por oposición, con convocatorias, presentación de currículos, y todo aquello que permita al final hacer el nombramiento con la persona que mejor demostró sus posibilidades; hay que ahorrarse el tiempo que hay que esperar a que algunas personas se preparen desde su puesto de dirección o de trabajo.
Sería muy bueno que algún exalumno o profesor de los Camilitos escribieran sobre estas importantes escuelas.
Querido Profe:
En primer lugar permítame agradecerle por tener la deferencia de enviarme su artículo por correo, el cual lo considero genial y aleccionador como todos los que he leído de usted. Efectivamente la nostalgia nos embarga a todos cuando de la Lenin se trata, esta escuela para mí es un símbolo que debemos preservar y enaltecer por ser formadora de hombres y de valores; los cuales debemos trasmitir a nuestros hijos y nietos.
Al margen de cualquier matiz político, quiero resaltar a que valores me refiero, en primer lugar la amistad, al respeto hacia las personas y lo ajeno, a compartir lo que teníamos por muy poco que fuera, a la caballerosidad con nuestras compañeras, a la ayuda mutua, etc. Han transcurridos muchos años y esos valores que son de cuna y cultivados por la escuela forman parte de nuestra actitud ante la vida.
Para mi resulta muy gratificante encontrarme con compañeros de aquel entonces y conocer de sus éxitos mucho más. Nuestra escuela tiene que sentirse orgullosa de que tantos hijos ilustres pasaran por sus aulas, donde los hay ministros, viceministros, embajadores, generales, directores de empresas, científicos, altos directivos del gobierno y dirigentes del partido de todas las profesiones.
Con frecuencia los de mi IV graduación (71-77) nos reunimos y hay que ver el amor y la alegría que sentimos todos en esos reencuentros donde recordamos los momentos vividos, eso es revivir la Lenin, porque como dijo García Marquez: la vida no es la uno vivió; sino la que uno recuerda.
Conozco la intención de los compañeros de mi año de celebrar uno de estos encuentros en la propia Lenin con el deseo de financiar la reparación del local que se nos asigne, esta iniciativa podría estimular a otros y contribuiríamos en algo a mejorar y detener el deterioro de la instalación. Por lo que aprovecho la ocasión querido Profe para que nos ayude a canalizar este deseo de los de aquí y allende los mares.
Tuve la oportunidad de relacionarme con muchos directivos, profesores y alumnos de diferentes años de aquel entonces por mi condición de Jefe de Batallón y de Escuela en mi último año y les puedo asegurar que siempre primó entre nosotros el respeto, el cariño y la admiración.
Aprovecho la ocasión para enviar un saludo a todos los egresados y profesores de esa maravillosa escuela.
Otro exalumno acudió a mí, ya que no ve publicado su comentario, para que yo lo pusiera en su nombre. Orestes fue un alumno destacado y hace una encomiable propuesta en lo que escribió.
Cumplo con gusto la encomienda.
Orestes Cabañas dijo:
Querido Profe:
En primer lugar permítame agradecerle por tener la deferencia de enviarme su artículo por correo, el cual lo considero genial y aleccionador como todos los que he leído de usted. Efectivamente la nostalgia nos embarga a todos cuando de la Lenin se trata, esta escuela para mí es un símbolo que debemos preservar y enaltecer por ser formadora de hombres y de valores; los cuales debemos trasmitir a nuestros hijos y nietos.
Al margen de cualquier matiz político, quiero resaltar a que valores me refiero, en primer lugar la amistad, al respeto hacia las personas y lo ajeno, a compartir lo que teníamos por muy poco que fuera, a la caballerosidad con nuestras compañeras, a la ayuda mutua, etc. Han transcurridos muchos años y esos valores que son de cuna y cultivados por la escuela forman parte de nuestra actitud ante la vida.
Para mi resulta muy gratificante encontrarme con compañeros de aquel entonces y conocer de sus éxitos mucho más. Nuestra escuela tiene que sentirse orgullosa de que tantos hijos ilustres pasaran por sus aulas, donde los hay ministros, viceministros, embajadores, generales, directores de empresas, científicos, altos directivos del gobierno y dirigentes del partido de todas las profesiones.
Con frecuencia los de mi IV graduación (71-77) nos reunimos y hay que ver el amor y la alegría que sentimos todos en esos reencuentros donde recordamos los momentos vividos, eso es revivir la Lenin, porque como dijo García Marquez: la vida no es la uno vivió; sino la que uno recuerda.
Conozco la intención de los compañeros de mi año de celebrar uno de estos encuentros en la propia Lenin con el deseo de financiar la reparación del local que se nos asigne, esta iniciativa podría estimular a otros y contribuiríamos en algo a mejorar y detener el deterioro de la instalación. Por lo que aprovecho la ocasión querido Profe para que nos ayude a canalizar este deseo de los de aquí y allende los mares.
Tuve la oportunidad de relacionarme con muchos directivos, profesores y alumnos de diferentes años de aquel entonces por mi condición de Jefe de Batallón y de Escuela en mi último año y les puedo asegurar que siempre primo entre nosotros el respeto y por los que siento cariño y admiración. Fin del comentario.
Agradezco a Orestes su mensaje.
Por favor háganle caso al IPVCE Ernesto Guevara de Villa Clara es uno de los mejores y se está cayendo a trozos , da pena verlo los estudiantes que están deberían darles un premio por sobrevivir ahí y querer graduarse de esa escuela, por dios por no hablar de la alimentación, se come hasta con gusanos. Y después dicen que se ha perdido el espíritu, si esos muchachos son los que más espíritu yo les veo de querer seguir ahí bajo las pésimas condiciones. Pero a nadie le importa, solo les importa La Lenin, claro como La habana es La Habana y lo demás es áreas verdes..... y esto lo digo como exalumna que fui.
Estimada Lorena, si se fija mi artículo no era solo dirigido a La Lenin, si bien fue allí donde realicé mi labor durante casi 9 años. Considero que los gobiernos provinciales deben jugar un papel importante en la recuperación material y conceptual de estas instituciones. No sé si usted se mantiene en esa provincia, pero estoy seguro que las condiciones se han ido creando para darle un cambio para bien a los IPVCE. Hay que seguir insistiendo.
Nestor quedo impresionada con tan excelente articulo.Motivada hoy como arquitecta y por el interes de reunir al estudiantado del curso 79-85 en la Vocacional Máximo Gómez para celebrar nuestro 35 aniversario el proximo año,quise revisar en que situación estaban las demás Vocacionales del país y felizmente choco con interesante y polémico tema. Ud mencionó un punto bien importante en la búsqueda de soluciones de la que no cabe entregar los guantes. Existe un campo en proyectos de colaboracion con financiamiento de ONGs que no se aprovechan. Estos proyectos pueden abrirse en varias direcciones una seria en la recuperacion del estado técnico de estos inmuebles de excelente y noble sistema constructivo Girón y la otra del mobiliario tecnológico que lleva implicito sus laboratorios y centros informáticos.
Bueno Nestor... continuando y dije felizmente por ver tan excelente artículo que expresa muy juiciosamente lo que representa y representó este alto centro de nuevo tipo como todas las ideas de nuestro Comandate pensando siempre en el hombre del futuro....pero es verdaderamente triste como el problema toca a todas las vocacionales, como bien dice. Le comento que el dia que decidieron no seguir incorporando la enseñanza secundaria me dije "han cometido un gran error".Fue a mi entender el Inicio del desinterés del objetivo por el cual fueron creadas,esto unido al paulatino deterioro que sufren todos los edificios que se construyen y no se les garantizan el presupuesto para sus mantenimientos. Si este objetivo no es interiorizado como corresponde, pues lamentablemente perderemos esa gran conquista. Eso es lo primero: recuperar " Este objetivo "...La Vocacional de Camaguey donde estudié después la dividieron y compartieron funciones con la Mini USI...y como otro proyecto novedoso tenia al parecer mayor importancia, rapidamente surgieron frases jocosas como :" El principe y el mendigo" pues se elaboraban comidas diferenciadas. Es hora de rectificar errores