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Nuestros hijos

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El índice de mortalidad infantil del hospital Abel Santamaría es de 0.41 para 2405 nacidos vivos. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

“Cuando nace una criatura sus rasgos son borrosos”. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Cuando nace una criatura, sus rasgos son borrosos. Todos la contemplan, deseosos de reconocer en ella las huellas de un parecido. En su desarrollo, la ciencia ha demostrado que somos portadores de cierto determinismo genético. Sin embargo, la impronta definitiva en términos de hábitos, expectativas y valores habrá de imponerse a través de la vida. Porque lo hemos engendrado, el bebé que dormita en la cuna es nuestra hechura. Habrá de serlo mucho más en el delicado proceso de construcción de su subjetividad, porque la responsabilidad no se limita tan solo a afrontar sus necesidades materiales básicas. La siembra más profunda, aquella que nos acompaña a lo largo de la existencia y nos capacita para afrontar desafíos, desgarramientos y para hacernos de un destino propio, se produce en el fértil terreno de los valores espirituales.

Bajo el aplastante calor veraniego, en medio de los apremios laborales y domésticos, se impone encontrar un instante para meditar acerca del presente y el futuro de nuestros hijos, porque el mañana se nos viene encima en el día que transcurre. De manera natural, en la criatura que traemos al mundo con plena responsabilidad, estamos colocando nuestros sueños. Aspiramos a reconocer en ellos lo mejor de nosotros y buscamos también en la realización personal de cada uno el logro de todo aquello que no pudimos alcanzar en términos de bienestar, y sobre todo, quisiéramos que encontraran la clave de la felicidad. El desafío se  acrecienta cuando la sociedad, nuestro referente inmediato, se transforma rápidamente por la acción simultánea de numerosos factores económicos, sociales y tecnológicos.

En contextos cambiantes, cuando muchos valores parecen tambalearse, cuando las vías de escape se manifiestan en la aparición de adicciones destructivas y los comportamientos al margen de la legalidad proponen caminos peligrosos, hay que defender, desde las edades más tempranas, el espacio sagrado hecho de diálogo y calores de intimidad. La realidad virtual nunca podrá sustituir el apoyo y consuelo de la palabra, el contacto reconfortante de una mano en el hombro en los instantes de angustia y de incertidumbre. La protección ante las trampas que ofrece la vida consiste en formar hombres y mujeres de bien, capaces de autorregularse. La continuidad en el vínculo cercano permite detectar en la difícil etapa de tránsito de la pubertad y la adolescencia las primeras anomalías en gestos y actitudes, síntomas de la aparición de fenómenos indeseados.

Tan rápido se desliza el tiempo, que los crecidos en el período especial han devenido hombres y mujeres actuantes en la vida. Los hijos del nuevo milenio avanzan hacia la pubertad y la juventud, edades siempre complejas en lo sicológico, en las que comienzan a definirse los horizontes del porvenir. Para las generaciones que les precedieron, tuvo peso significativo la posibilidad de acceder, independientemente del origen social, a los más altos niveles de educación. Los padres asistían orgullosos a la graduación del primer universitario de la familia. Ahora, los apremios son otros. Prevalece la necesidad de ingresar desde temprano a empleos mejor remunerados. Palpable en la vida cotidiana, la tendencia se refleja en el descarte de la opción de proseguir estudios en los institutos preuniversitarios.

El problema traspasa el ámbito familiar para convertirse en cuestión que atañe el presente y el futuro de la sociedad. Algunos —los conozco— se apresuran en vincularse a un trabajo remunerado para afrontar necesidades objetivas propias y de sus familias. Otros vacilan por insuficiente información. En este sentido, la orientación profesional tiene que ser más precisa, abarcadora e incluyente para abrir horizontes desde la escuela y a través de los medios de comunicación. Además, habrá que considerar en algún programa de desarrollo vías de rescate y recalificación.

Nuestros hijos son también hijos de su época. En medida diversa, según las particularidades individuales, ambos factores intervienen en la formación de la personalidad y de los sueños que acompañan nuestras vidas. De ese modo, se constituye el perfil generacional. Portadores de historias de vida que consolidaron un hacer y un pensar, los adultos también conservamos rasgos generacionales. Atravesamos etapas de cambios en las que arraigaron convicciones y conductas. Entonces, enjuiciamos con frecuencia a nuestros mayores y fuimos enjuiciados por ellos. Reconocer las razones de las diferencias es un primer paso para viabilizar un diálogo imprescindible, liberado de paternalismo y de intolerancia. En ese camino de encuentro, no podemos andar solos, validos apenas de nuestros sentimientos, de nuestra inteligencia y de nuestra perspicacia para observar el entorno inmediato. A escala social, lo visible, con frecuencia impactante, enmascara realidades más profundas y contradictorias. Ciertas tendencias de la moda nos resultan perturbadoras. La aglomeración de jóvenes en el ocio nocturno de las noches capitalinas sugiere preguntas inquietantes. En ese contexto, las diferencias en las posibilidades de ingreso se tornan más palpables. Sobre esas impresiones surgidas de una realidad parcial concreta se derivan generalizaciones abstractas que conforman juicios acerca de la juventud de ahora. Tras los rasgos generacionales comunes se oculta una multiplicidad derivada de la especificidad de factores ambientales, urbanos y rurales, asentados asimismo en las disparidades de origen de una sociedad cada vez menos homogénea.

Para encontrar la verdad en el complejo territorio sumergido en lo no visible, el auxilio de las ciencias sociales resulta imprescindible en la formulación de las preguntas adecuadas y en el trabajo de campo destinado a tomar el pulso de la realidad palpitante en su mayor cercanía a la base de la pirámide. Sabido es que existen investigadores dedicados a esa tarea. Pero los resultados se socializan de manera insuficiente y con tardanza. Debidamente empleados, pueden constituirse en herramientas al servicio de acciones transformadoras eficaces, ofrecen información para intervenir en la solución de problemas de orden objetivo y en aquellos otros nada desdeñables relacionados con el delicadísimo tema de la subjetividad humana. Pueden iluminar problemas económicos, sociales, y deben ser tenidos en cuenta en el diseño de las políticas de nuestros medios de comunicación. El periodismo renovador al que aspiramos tendrá que contar con ese instrumental.

(Tomado de Juventud Rebelde)

Se han publicado 2 comentarios



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  • HECTOR Y EL HERMANO dijo:

    Magnifico artículo.
    Este es un tema estratégico para la sociedad nuestra, donde sus cimientos fundamentales están en los valores espirituales que seamos capaces de preservar, las acciones para cultivar este complejo camino generacional se pueden abordar desde muchos ángulos, es algo complejo, hasta ahora el estado ha tenido sobre sus hombros esta gran responsabilidad, no exenta de ser perfeccionada, pero lo ha desarrollado solo hasta este punto, quizás descuidando otros resortes, de esos me referiré a uno, para mí muy importante, aprovechar al máximo los activos humanos que poseemos, sacarle más provecho a nuestro capital humano, que en ocasiones bien al terminar su vida profesional o publica, se desperdician, ese activo en ese ocaso no se aprovecha correctamente en la formación y educación de nuestra sociedad, necesitamos un cambio y un sistema que organice ese capital.
    En otros comentarios me he referido a esto, siempre destacando lo que hace Calviño en la televisión, que es el medio que más influye en las personas, o el ejemplo de lo que viene haciendo Silvio con un sentido nuevo de hacer cultura de forma directa con el pueblo, en una moderna interacción de la música con los barrios.
    En esta batalla insisto no dejarlo todo en manos del estado, hay que conformar un nuevo sistema coherente, con la misma visión que hemos tenido para el reordenamiento económico al proponer nuevos mecanismos y fórmulas para incentivar la pequeña y mediana empresa para levantar nuestra economía, y que ha significado el salvavidas en cuanto a los ingresos fundamentales y/o adicionales para esas personas y su familia, aquí se trata de salvar ambas cosas, lo espiritual como parte y responsabilidad en la batalla de ideas con la sociedad, y asegurar los necesarios ingresos adicionales para nuestro capital humano, considerando que estas personas, muchos de ellos lo único que saben hacer y han hecho toda su vida es educar, o usar como única herramienta su intelectualidad, y cuando se acerca el ocaso profesional, esto adquiere un significado muy especial, máxime que la gran mayoría no están preparados para trabajar y obtener sus ingresos fundamentales y/o adicionales con el usos de sus manos como nuevas herramientas, como cocinero o plomero. Este debe ser un nuevo sistema, un nuevo pelotón en la batalla de ideas colaborando con el papel que viene haciendo el estado en la formación de las nuevas, las actuales y las viejas generaciones, porque todos deben seguir aprendiendo, y cambiando su forma de pensar, ese capital humano lo tenemos, que es lo más difícil, solo necesitamos organizarlo, e incentivarlo.
    Para ilustrar la idea, en los Estados Unidos es muy común ver la práctica de personalidades, que con una gran influencia sobre determinados sectores sociales, y algunos casos sobre la sociedad en general, al llegar a la vejes se jubilan y se retiran para hacer una vida más privada, pero la presión de las personas en general, en busca de orientación espiritual en cualquier terreno, lo empresarial, la familia, la relación de pareja, en fin en miles de temas, lo devuelven a la vida pública, pero con otra proyección, recorriendo el pais dictando conferencias en un intercambio vivo y directo con su auditorio, una entrada para una de esas charlas de una de destacada personalidad ya jubilada cuesta alrededor de $ 500.00 dólares, muchas personas interesadas en recibir esta charlas viajan en autos más de cuatro o cinco horas desde otra ciudad para recibir esa charla.
    En nuestro pais debemos crear una figura de cuenta propia u otra variante similar, que permitirá que empresarios, científicos, artistas de reconocido prestigio lleguen a los segmentos poblacionales en un ejercicio interactivo y revolucionario para educar, y formar, ahora ellos gestionando y autofinanciando sus encuentros, como sucede en la cultura, con una orquesta de música, o un cantante, que viaja y coordina por el territorio nacional sus conciertos, y hace contratos para ello, pero en este caso para impartir ideas, asesorando para entender mejor los cambios que se viene produciendo en la sociedad y la economía cubana, la relaciones de pareja, como mejorar la educación de sus hijos…………… Imaginemos el impacto que tendría una conferencia de Silvio sobre como un joven puede lograr el éxito en una sociedad que construye el socialismo como la nuestra, en las universidades, o en diferentes municipios del pais, sería algo asombroso, dejaría una huella positiva de por vida en esos jóvenes.
    Muchos intelectuales verán por esta vía una variante para colaborar con lo que más conocen y les motiva hacer, en la formación de nuestra sociedad, acercándonos al individuo e interactuando en un dialogo con él. Este artículo nos invita a pensar sobre eso, debemos abordar con más y nuevos mecanismos la formación y educación de nuestra sociedad, hay que sumar con inteligencia nuestro capital humano en esa batalla.

  • Gloria Alicia León Martínez dijo:

    Excelente.
    Concuerdo con el artículo. Los tiempos cambian y debemos comprenderlo así, no existe otra opción.
    Ahora bien, es cierto que el sistema educacional cubano es bueno y en constante renovación y perfeccionamiento, pero quisiera referirme a algunos aspectos que creo conspiran con la influencia que pueden tener la familia en la educación de las nuevas generaciones:
    En la educación prescolar y primaria los padres trabajadores dejan a sus hijos en los Círculos Infantiles y luego en las escuelas hasta la hora en que por su trabajo los pueden recoger y si tienen suerte de la ayuda familiar para ello, mejor.
    Al llegar al hogar sobre todo la madre –no se ha erradicado totalmente esto- se ve inmersa en las labores domésticas y los niños en su mayoría para el televisor y el baño, otros los juegos electrónicos o la calle.
    Los días no laborables se hace difícil por los problemas de transporte llevarlos a lugares adecuados a sus edades y a veces no les queda tiempo para ello por lo que hay que hacer en el hogar.
    No queda mucho tiempo para acercarnos a ellos.
    Ese tiempo frente al televisor no es precisamente viendo series que les muestren las realidades de los niños cubanos, no sé por qué la mayoría son foráneas y pueden enseñar valores humanos positivos, pero que no son los nuestros. Le estamos llevando culturas y modos de vida de otros países y no precisamente los de las clases menos privilegiadas.
    Otros juegan en la calle hasta que son llamados a comer, sin que exista control sobre lo que están haciendo y si molestan o no a los vecinos.
    Tampoco hay conciencia de los horarios de vida, de la programación adecuada para ellos y nuestros niños se atiborran de novelas brasileñas edulcoradas; con “realidades” que no lo son para la inmensa mayoría de ese pueblo, películas no aptas para sus edades ni por el horario ni por el contenido.
    En los grados más altos de la primaria, la secundaria y los preuniversitarios existe el alivio de menor presión en la vigilancia. Ellos van y vienen solos, pero el panorama cultural televisivo y de juegos es el mismo.
    Algunos hacen la secundaria básica y los preuniversitarios becados, lejos del hogar y vienen a él cansados y con deseos de disfrutar.
    Hasta allí el patrón más o menos común.

    A todas estas tampoco se les inculca a los niños y adolescentes deberes y derechos en el hogar. No hay tiempo y tal vez no nos damos cuenta de la necesidad de que aprendan a cooperar en todo lo que puedan de acuerdo a sus edades.
    En los seminternados e internados tienen la alimentación, que unos días mejor y otros no tanto, ni saben de dónde sale, pero está allí. En el hogar otro tanto.
    Al llegar al tecnológico o a la universidad, ya con otros intereses, la conciencia del trabajo tanto de las instituciones como del hogar que les permitió llegar a ese nivel es nula. Todo está allí, sin esfuerzo.
    Es así como queremos que se eduquen nuestros hijos.
    Porque es así y en la época de mis hijos que ya en los cuarenta, -al menos sí tenían la aventuras cubanas en la televisión y otros programas infantiles y juveniles muy buenos hechos en Cuba- dejaron de estar con nosotros desde el preuniversitario hasta la culminación de la universidad donde muchas carreras se hacían en otras provincias y créame, era muy poco lo que el hogar podía influir en ellos, era como bien dice su época la que los educó.
    Y su época nos hizo pasar muchos sinsabores, no porque no comprendiéramos el cambio, no, sino porque no pudimos estar presentes “para corregir el tiro”.
    Gracias doctora por tan brillante artículo.

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Graziella Pogolotti

Graziella Pogolotti

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