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Por si se pierde el plural

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Como las viejas melodías que nunca extravían secuaces ni rivales, el miedo y las esperanzas forcejean para imponerse en el Reino Unido. La decisión de si salen o se quedan dentro de la Unión Europea debe tomarse dentro de una semana, el 23 de junio, pero la batalla tiene varios frentes.

Desde su perspectiva como primer ministro, David Cameron tiene la controversial posición de haber provocado la consulta –buscando ciertas conveniencias que le concedieron- al tiempo que generó una grieta dentro de los conservadores que puede permanecer abierta, sea cual fuere el resultado del escrutinio, haciéndoles difícil continuar mandato después.

Sus más destacados correligionarios no se ocultan para hacer campaña en favor del Brexit, como se ha denominado la probable salida del pacto comunitario, opción preferida por altos cargos del propio gobierno Cameron. Unos debido a que quieren alejarse de los problemas que genera la asociación a los restantes 27, lo que llaman burocracia centralizadora de la UE, por ejemplo, otros convencidos de que los problemas que se les traspasan, como el migratorio, se evitarían estando a solas o con sus tradicionales aliados norteamericanos.

Son tantas las recomendaciones externas y los sondeos internos que llegan a confundir el criterio ciudadano. Es el caso de los alegatos con respecto a que la permanencia depende de los votantes de los 3 países adscritos (Escocia, Gales, Inglaterra, más la ¿provincia? de Irlanda del Norte) y por motivos sobre todo económicos.

Aseguran algunos estudios demoscópicos que los habitantes de esos cuatro territorios prefieren mantenerse dentro de la UE, sea por conveniencia comercial, como ocurre con Escocia desde donde advierten con repetir sus intentos independentistas si hay separación, o el polémico caso de Irlanda del Norte, receptora neta de fondos europeos y cuya agricultura pudiera verse en apuros si hay Brexit.

Declaraciones de nacionalistas norirlandeses, dejar saber que no prefieren la dependencia total de Londres y como además conjeturan que se afectarían los nexos bancarios y mercantiles con la República de Irlanda, tampoco ven con simpatía esa eventualidad, pues el principal destino de las exportaciones irlandesas es el Reino Unido y el 34% de cuanto vende Irlanda del Norte, va hacia el sur de la Isla. Todo eso se trastocaría y no se sabe la cuantía los rumbos del estropicio.

El enfoque del asunto, en términos numéricos, parte de: el Producto Interno Bruto (PBI) de lo que ahora es un solo país, caería entre el entre el 3 y el 6%, mientras que se pudieran evaporar medio millón de empleos; los salarios corren el riesgo de descender entre el 2,8 y el 4% y la recesión y el desbalance entre ingresos y precios también crecería. Los cálculos fueron dados a conocer a inicios de junio por David Cameron, respaldado por círculos académicos, empresariales y varios jefes de estado europeos, aparte del estadounidense Barak Obama.

Otros vaticinios anotan que las afectaciones serían a escala de continente pues la UE pierde a su segunda potencia económica y uno de los principales suministradores, dado que la mitad de todas las exportaciones británicas se adquiere por miembros de la UE. La balanza comercial es muy favorable al Reino Unido que solo recibe de sus socios un 5% de sus ventas.

Se afirma que los perjuicios serían mundiales, debido a los intrincados y estrechos nexos de la economía planetaria del presente y, entre diversos avatares, al hecho de que el Reino Unido es la plaza financiera por excelencia de la UE. La City (un 12% del PBI británico) corre serios riesgos de perder prerrogativas a escala internacional. Ello supone, problemas domésticos y también de gran progresión.

De acuerdo con lo publicado hasta el momento, no solo los cuatro íntimamente concernidos se dañarían. Aparte de la República de Irlanda, también Chipre, Luxemburgo y Malta, sufrirían menoscabo por caída de exportaciones, flujos migratorios, problemas referidos a las finanzas o a la inversión extranjera, entre otros.

“Abandonar la UE es como encender la mecha de una bomba arrojada contra nuestra propia economía”. La frase es de David Cameron, pero se desconoce si todos estos argumentos contra el brexit tienen los fundamentos o perspectivas que él y sus seguidores le atribuyen.

Interesante que personajes como Yanis Varoufakis, ex ministro de finanzas de Grecia, quien fue el personaje que mayor confrontación visible tuvo con las estructuras de la UE, defienda la permanencia en ella. Dijo – y en eso su enfoque se parece un poco al del líder laborista Jeremy Corbin- que es preferible reformar desde dentro el Pacto. El carismático profesor de economía lo plantea en estos términos:

“La realidad es que el Brexit no es la salida a los tres temas que importan a los británicos: la soberanía, la inmigración y el exceso de regulación. Pero debemos tener claro que la razón por la que hay problemas (déficit, disminución, recorte) en los servicios públicos es la austeridad, o sea, una virulenta guerra de clase contra los pobres británicos. Tenemos que decidir si es que puede salir algo bueno del colapso de una Unión Europea reaccionaria y poco democrática o si este colapso va a hundir al continente en un caos que se va a llevar puesta a la misma Gran Bretaña…”.

Con razón o sin ella, Varoufakis toca aspectos sensibles del caso. El daño que provoca a las mayorías el modelo restrictivo impuesto y tiene en países como Grecia sus peores expresiones. La necesidad de cambiar el modelo actuante –no dice cómo, pero impulsa un movimiento anti neoliberal dentro de Europa- y, sobre todo: entiende que el boquete que se abriría con la salida del Reino Unido puede convertirse en una fuerza capaz de centrifugar al resto, sea por contagio (que otros también se autoexcluyan) o por deterioro a partir de la ruptura de un tejido complejo y extenso.

Otros partidarios de la permanencia consideran que la verdadera batalla está en la búsqueda de una “democratización real” que contemple los “derechos de los trabajadores, la lucha contra la evasión fiscal, el cambio climático y la protección de nuestra industria siderúrgica” (John Mc Donnell , izquierda). En tanto John Major (conservador) y Anthony Blair, (¿laborista?) advierten de consuno que abandonar la UE “pondría en peligro la unidad” del país.

Si nos guiáramos solo por estos criterios se vería la diversidad de visiones existentes, por momentos contradictorias, pero igual de pujantes. De creer en las encuestas, son mayoría quienes optan por dejar atrás la experiencia comunitaria. De igual forma, hay posibilidades de empate, en cuyo caso, no se sabe cómo van a manejar el resultado. Tampoco faltan vaticinios dando el éxito a continuar dentro con todas las excepcionalidades de que goza ya el Reino Unido.

Puede, no se dude, que sea como una de esas cajas repletas de sorpresas que, al abrirlas, pueden expulsar lo mismo un apetecible contenido, que esparcir algo peor a lo buscado.

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Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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