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Sándor, un “químico” con química para la pintura

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Sándor González. Hotel Nacional, Técnica mixta sobre tela 73 X 130 cm, 2010

Sándor González. Hotel Nacional, Técnica mixta sobre tela 73 X 130 cm, 2010

La etimología de la palabra podría provenir del árabe: kēme o kem (que significa tierra), pero también podría ser de alquimia, la que ayudó a nombrar esta ciencia. Lo cierto es que la química estudia la composición, la estructura y las propiedades de la materia, los cambios que ésta experimenta durante las reacciones y su relación con la energía. Estudia también las sustancias, su estructura (tipos y formas de colocación de los átomos), sus propiedades y las reacciones que las transforman en otras sustancias.

La alquimia era una práctica precientífica de carácter filosófico, que combinaba elementos de la química, la metalurgia, la física, la medicina y de la biología, entre otras ciencias y artes; y de eso va este trabajo, conozco a uno que la concierta con la pintura.

Sándor González Vilar nació en La Habana, el 16 de enero de 1977. Terminó los estudios de Química Industrial en la enseñanza media politécnica y en el año 2000 se graduó de la Academia Nacional de Bellas Artes de San Alejandro, donde se especializó en grabado. Sándor, desde 1993, ya pintaba arriba de las gentes (hace tatuajes), y en la actualidad se desempeña como profesor y miembro del tribunal de la Cátedra de dibujo de dicha institución, para la cual organiza concursos, talleres y donaciones; trabajo que alterna con la enseñanza del dibujo a jóvenes y niños de diversas edades en su propio taller, que no es tal, sino la sala de su casa, aunque algún día lo podrá construir.

Este artista plástico fundó y es director escenográfico del grupo “Brigada Verde”, Cuba (1997-2000); es miembro de la “Asociación Hermanos Saíz”, fundador y director de la “Galería Transeúntes” (Cuba 2007) y miembro de la Brigada Artística “Martha Machado”, creada en agosto de 2008.

Sandor González. Detalle. Mural por la paz de la Brigada Martha Machado. Foto: Roberto Chile

Sandor González. Detalle. Mural por la paz de la Brigada Martha Machado. Foto: Roberto Chile

Sándor ha trabajado para el cine, en la ambientación escenográfica, convocado por directores como el brasileño Walter Salles, y los cubanos Enrique Pineda Barnet y Lester Hamlet; y en la actualidad hace videoarte e instalaciones con proyectores de 16 y 8 mm.

El artista cuenta con alrededor de 30 exposiciones personales y más de 70 exposiciones colectivas, tanto en Cuba como en el extranjero, destacando, entre algunas, la Feria de Arte Contemporáneo de Toronto, Canadá; la Feria de Arte Contemporáneo ARCO, Madrid, (2004), (2005), (2006), y las ediciones IX y X de la Bienal de La Habana.

Su obra forma parte de colecciones privadas en Cuba y el extranjero; una obra suya la tiene el cardenal Tarcisio Bertone, quien fuera Secretario de Estado de Su Santidad.

Junto a prestigiosas personalidades de las artes plásticas cubanas, ha sido invitado a participar en la creación de más 40 murales; y vale citar especialmente “El Arca de la Libertad”, en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, desde el año 2006; y ha ilustrado también libros, concebido carátulas de discos, diseños textiles y afiches.

Este artista está rodeado de otras preocupaciones, de cómo la tecnología se impone por encima, a veces incluso, de lo racional, de cómo la mercadotecnia se hace imprescindible, de cómo el oficio se marcha,  al igual que la tinta y el papel, es decir, la mano, el dibujo. Va de “titán del carbón”, con un esbozo inicial lleno de realismo, que después se va solidificando encima de la tela y la cartulina, para cuajar en una obra nada diletante y bastante lejana del academicismo.

Los temas más presentes en su obra giran en torno a la soledad, la fragilidad, la espera y la ciudad como símbolo, para algunos del quehacer humano, para otros del paso del tiempo, para otros una deconstrucción constante de la obra humana en un tono de emprendimiento, de ironía, dolor y burla al unísono, que nos remiten a una profunda reflexión sobre el futuro y la permanencia del objeto.

Pero también aparecen otros temas, como cuando decidió retratar a Emiliano Zapata, como una monumental construcción inacabada, para rendirle homenaje al reconocido héroe mexicano.

Revolucionar revolucionando, el comprometimiento con la justicia y la equidad, en un mundo cada vez menos equilibrado; y esta es una actitud perenne en Sándor; y tal vez por esa razón del sombrero de Zapata salen varillas, al igual que tres pequeñas figuras que cargan escaleras orientadas hacia el cielo o hacia arriba o hacia el futuro.

Quiero sea la fe (para dejar detrás los obstáculos) y para el ascenso espiritual, y lo cierto es que van hacia donde no va esta humanidad, al menos por ahora.

Un Zapata mutante, a mitad de camino entre el Coloso de Rodas y una edificación que trata de salir de las ruinas, con vientos que la sostienen sobre un terreno árido, cuyos únicos habitantes son un trío de tumbas, un árbol y un caballo. Una deuda que paga el pintor a México y al “Caudillo del Sur”.

Sándor González ha incursionado en otros campos de vida, pero uno en los que más se ha destacado es en el ser desprendido, con especial énfasis en la certidumbre que posee la capacidad del arte.

Su humanidad especial lo llevó, entre otros lugares, a Soplillar, poblado de la Ciénaga de Zapata, lugar cercano a donde en Abril de 1961, una brigada de mercenarios invadió la Patria y que se llenó de gloria, porque fueron derrotados en menos de 72 horas.

Llegar a Soplillar es difícil, antes lo era más, pero igual ahora lo es. Un día Sándor llegó tratando de exorcizar el pasado; se leyó los textos de la niña Gabriela Rangel del Rosario, se buscó unos “cómplices[i]” que imprimieron 500 ejemplares de la obra, y los distribuyeron entre las casas del poblado, las bibliotecas de la zona y las escuelas del territorio.

Sándor González Vilar no es un arquitecto frustrado o un “apuntalador” o desbaratador de ciudades – espacios, como alguno que otro piensa o ha escrito por ahí; es un “químico” con química para la pintura, con una obra hecha de veneno, para curar[ii].

Referencias


[i] El libro es una producción de la “Galería Transeúntes”, contó con la edición de Claudia González e ilustraciones del propio Sándor.

[ii] Frase utilizada por el fallecido crítico español Antonio Sallas al presentar la obra de Sándor en la Feria de Arte Contemporáneo “Arco Madrid”.

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F. Vladimir Pérez Casal

F. Vladimir Pérez Casal

Filólogo cubano. Colaborador de Cubadebate.

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