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La venganza de la historia

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CapitalismoFrancis Fukuyama irrumpió a la fama, de un salto, con su ensayo “¿El fin de la Historia?” publicado en el verano de 1989 en la revista norteamericana de raigambre conservadora The National Interest de la que fue uno de los fundadores. De inmediato el texto fue objeto de numerosos comentarios y reseñas que convirtieron a su autor, hasta entonces apenas conocido por sus colegas en la Rand Corporation y en la Dirección de Planificación política del Departamento de Estado de la administración Reagan, en una estrella ascendente de la intelectualidad postmoderna.

Tres años después, reproducido en forma de libro, ya sin los signos de interrogación, acentuaba sus pretensiones pseudo-hegelianas: “el fin de la Historia y el último hombre”. Favorecido con varias ediciones y traducido a más de veinte idiomas fue un sonado éxito de ventas y devino en una suerte de Evangelio para el movimiento neoconservador, alimentado entonces, 1992, con el derrumbe del proyecto soviético que, para muchos, era la prueba definitiva, inapelable, de la tesis expuesta por Fukuyama.

Esa tesis, sin embargo, no era nueva. Había florecido antes y deslumbrado a no pocos en la generación anterior. La había expuesto sobre todo Daniel Bell en su libro “The end of Ideology” (El fin de la Ideología) que inundó las librerías de la Década de los años Sesenta del pasado siglo impulsado por los círculos vinculados al llamado Congreso por la Libertad de la Cultura (institución que, según reveló más tarde un famoso escándalo, era una fachada de la CIA que la dirigía y financiaba) en el que Bell era un miembro destacado.

Era, la de Fukuyama, en esencia, una redición de aquella teoría y su propósito, idéntico: desarmar en el plano de las ideas, a las víctimas del capitalismo, lograrlo mediante la imposición de un dogma, el de la superioridad indiscutible del orden social capitalista.

La bancarrota de la experiencia soviética le daba ahora un aura de certeza. A diferencia del intento anterior, el de Fukuyama encontró muchos adeptos y seguidores que creían ver en el fracaso del “socialismo real” la corroboración científica de una elucubración que nada tenía de novedosa.

Pero el objetivo era el mismo: imponer la ideología neoconservadora y maniatar el pensamiento crítico, contestatario.

“Lo que estamos contemplando –escribió hace un cuarto de siglo- no es sólo el fin de la guerra fría, o la superación de un período particular de la historia de la postguerra, pero el fin de la historia como tal: es decir el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final del gobierno humano”. Precisando el sentido político concreto de su pretendida elaboración académica Fukuyama aclaraba: “Al final de la historia no es necesario que todas las sociedades se conviertan en sociedades liberales exitosas, solamente que ellas pongan fin a sus pretensiones ideológicas de representar formas diferentes y superiores de sociedad humana”.

Se había alcanzado, en otras palabras, el triunfo definitivo del modelo capitalista occidental y su hegemonía sobre todo el planeta. Era, finalmente, el mundo unipolar. Esa visión ideológica venía como anillo al dedo a George W. Bush y a los neoconservadores que se imaginaron todopoderosos.

El último cuarto de siglo, sin embargo, parece probar que las cosas no son tan sencillas.

Embriagados con la caída del Muro de Berlín, apenas fue noticia en los grandes medios el Caracazo, que ocurría al mismo tiempo y abriría el camino a la Revolución Bolivariana y a una época nueva en América Latina, de integración y unidad en la diversidad que busca dar forma al arcoíris de un socialismo autóctono, plural y creador.

La desaparición de la Unión Soviética no condujo al fin de los movimientos sociales sino a su desarrollo en nuevas circunstancias, complejas, riesgosas, pero también portadoras de nuevas posibilidades, antes insospechadas.

El capitalismo, jubiloso al proclamarla, no supo después qué hacer con su victoria. Disuelto el Pacto de Varsovia, la OTAN, sin embargo, no ha dejado de crecer y se ha embarcado en intervenciones militares, en Europa y más allá, usando armas que mantuvo silentes y nunca empleó contra sus adversarios de antaño. Washington aun forcejea para salir de la guerra más larga de su historia. La supuesta lucha contra el terrorismo ha recaído sobre sus propios ciudadanos y cada vez más reduce la “democracia liberal” a una quimera. Las sucesivas crisis financieras y el estancamiento económico desplazaron al ingenuo optimismo de ayer.

El propio Fukuyama, espantado ante las torpezas de W. Bush en Afganistán y en Iraq, repudió al noconservatismo, en 2006, en otro libro titulado “América at the crossroads” (“América en la encrucijada”) aunque al hacerlo se mantuvo aferrado a su “descubrimiento”. ¿Qué dirá ahora que esos dos países se hunden en el caos provocado por “la democracia liberal occidental”?

Y ¿cuál es su mensaje hoy a los millones de desempleados en Europa y Estados Unidos? ¿Les dirá que las suyas son “sociedades liberales exitosas”? ¿O a los que proclaman en todas partes que un mundo mejor es posible?

A veinticinco años de su muy publicitado entierro parece que la Historia, entonces, se negó a morir. Y que además es vengativa.

Se han publicado 9 comentarios



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  • Rafael Cantero Pérez dijo:

    Excelente artículo del maestro Alarcón. Sería bueno saber qué es de la vida del Sr. Fukuyama, así cuáles son sus opiniones al respecto de las ideas esgrimidas en aquel entonces y que, casi 30 años después, se ven cada vez más lejos

  • Carlos Rosabal dijo:

    La sociedad capitalista esta en jaque, lei hace unos dias la tesis de un economista frances titulada el capitalismo del siglo XXI escrito hace mucho se ajusta a la realidad actual. Sin embargo el socialismo funciona en democracia no en dictadura de partido, el poder no se hereda y no es aconsejable que parientes o miembros de un partido lleguen a controlarlo a travez de un dedazo. La democracia con sus defectos es la mejor via. En Venezuela, Cuba y otros paises el poder parte de una maquinaria partidista que lo consume todo y viola los derchos humanos. Soy partidario del socialismo europeo, sinceramente lo admiro pero detesto la politiqueria barata de aquellos que tras falacias han hecho del poder politico una via que los ha convertido en zanganos. No me mueve ningun tipo de rencor como cubano pienso que el perdon es la mejor via para la reconciliacion.

    • Rafael dijo:

      Carlos en Europa no existe democracia, ni socialismo europeo, todo es una imagen para tu te lo creas, la democracia verdadera no existe en ninguna parte, nosotros los cubanos tenemos tambien nuestra democracia, que no tiene que ser igual a la que te gusta, si la mayoria de los cubanos apoya a su gobierno, entonces hay democracia, segun el concepto Griego.

  • Carlos Rivero Collado dijo:

    Formidable análisis del doctor Alarcón de Quesada y lo felicito. Éstos son los estudios que despiertan el intelecto, aunque aquí en Miami no creo que surta mucho efecto porque acá es más fácil ver a Atila montando a caballo que a alguien leyendo un libro, y no creo que llegue a tres personas las que hayan leído a Kukuyama; aunque tal vez hasta diez hayan oído hablar de las nieves no ya tan perpetuas del Fujiyama.

    Fukuyama se equivocó muchas veces e hizo bien en readaptar sus ideas, hasta cierto límite, a la realidad empírica que iba cambiando con el transcurrir de los años y los hechos. Al intelectual se le permite que cambie hasta en 180 grados su posición ideológica, pero que lo haga con sinceridad y valor personal, no en la forma pusilánime en que lo ha hecho Fukuyama para no enfrentarse al mundo en que vive. Un filósofo afronta las consecuencias, por terribles que sean. Un politólogo mediocre no.

    Por supuesto que Fukuyama no ha tenido nunca nada de hegeliano porque el historicismo de Hegel no planteaba que la adopción de un sistema socio-económico-político que tuviera, en un momento determinado, la aceptación de la mayoría de la humanidad –o de los gobiernos de la mayoría de los países- se iba a mantener un tiempo interminable al extremo de significar el fin de la historia, o sea el fin de la evolución ideológica de la humanidad.

    Hegel planteó todo lo contrario, o sea lo que conocemos como las tríadas hegelianas. La tesis conlleva su antítesis y en el juego y rejuego de las ideas que predominan en uno y el otro surge la síntesis que se transforma en un sistema con ambas características. Pero esta síntesis ya en sَí trae su antítesis y luego su nueva síntesis. Es lo que Empédocles llamó ‘El Ciclo Eterno” que Hegel adaptó a la experiencia política de la edad moderna. En Hegel, como en Heráclito, todo fluye, todo es panta rei, el río de hoy ya no es el río de ayer.

    Pero, además, ¿a qué historia se refería Fukuyama? ¿A la de la humanidad, o sea a la de esta microespecie tan conflictiva, defectuosa y perecedera que vive en este planetica ultramicroscópico en que la Física la ha situado? Decía Van Loon que “la historia no es nada más que el relato de una criatura hambrienta en busca de alimento”. Y también se equivocó porque la historia es el relato del tiempo y no tiene nada que ver con el ser humano que sólo lleva en este planetica la milésima parte de un segundo geológico, ni la de otros millones de civilizaciones que sin la menor duda deben existir en la inabarcable vastedad del universo. Diez mil millones de años antes del surgimiento en este mundito de la amiba unicelular ya existía la historia porque existía el universo y la historia del universo y de la evolución de las galaxias y la formación de los sistemas planetarios que, sin lugar a la menor duda, deben existir alrededor de las cantidades inimaginables de estrellas que hay en el universo—la Galaxia Sombrero tiene alrededor de 800,000.000,000 de ellas— ésa es LA GRAN HISTORIA ante la cual la historia de la especie humana viene a ser algo así como el breve e indocumentado relato de las bacterias.

    El camarada Alarcón de Quesada hace muy bien al hablar de los nuevos movimientos e ideas políticas que han surgido después de “la muerte de la historia” según Fukuyama, mencionando la lucha de los pueblos de Nuestra América. También en el resto del mundo hay movimientos que contradicen el fin histórico de Fukuyama. La Rusia actual tal vez sea muy distinta en el futuro porque, como consecuencia de la política agresiva del Imperio y sus lacayos de Ucrania y la Unión Europea que ya ha producido hasta ataques mortales con cohetes en el propio territorio de Rusia, desde el presidente Putin hasta el más modesto de los ciudadanos rusos se han dado cuenta, como dijera el propio Putin una vez, que el peor error político del Siglo XX ha sido la disolución de la Unión Soviética.

  • Alberto Sauri dijo:

    … “Un momento revolucionario”.-

    Ni fin de la historia, del pensamiento político, de ideologías, ni convergencia de intereses económicos, no hay encefalograma plano de las ideas en el hombre. Fracaso el intento de vaciar la inteligencia humana, que se estructuro y “vendió”…

    © asauri (obra en preparación)

  • José M. Calero Gross dijo:

    Nuestro dilecto Alarcón de Quesada : Que lo tengamos por muchos años y que siga la batalla, ahora por los Tres Héroes en las cárceles norteamericanas.

    Saludos /

  • Carlos Rivero Collado dijo:

    Eminente análisis del doctor Alarcón de Quesada y lo felicito. Éstos son los estudios que despiertan el intelecto.

    Fukuyama se equivocó muchas veces e hizo bien en readaptar sus ideas, hasta cierto límite, a la realidad empírica que iba cambiando con el transcurrir de los años y los hechos. Al intelectual se le permite que cambie hasta en 180 grados su posición ideológica, pero que sea consecuente con su cambio hasta el fin de su vida.

    La valiente actitud de Fukuyama durante el régimen del genocida George W, Bush es muy distinta a la que mantiene ahora, pues ni siquiera se ha pronunciado contra las masacres que se han perpetrado en Ucrania y Gaza en los útimos meses ni sobre el hecho de que ese fin de la historia que pronosticó se pudiera estar covirtiendo en el principio de una nueva historia. .

    Yo diria que Fukuyama es antihegeliano porque Hegel planteó todo lo contrario a lo que aquel considera “el fin de la historia”, o sea que el sistema socio-económico-político que tuviera, en un momento determinado, la aceptación de la mayoría de la humanidad –o de los gobiernos de la mayoría de los países- se iba a mantener un tiempo interminable al extremo de significar el fin de la evolución ideológica de la humanidad..

    Para Hegel, la tesis conlleva su antítesis y en el juego y rejuego de las ideas que predominan en uno y otro surge la síntesis que se transforma en un sistema con ambas características. Pero esta síntesis ya en sَí trae su antítesis y luego su nueva síntesis. Es lo que Empédocles llamó ‘El Ciclo Eterno” que Hegel adaptó a la experiencia política de la edad moderna. En Hegel, como en Heráclito, todo fluye, todo es panta rei, el río de hoy ya no es el río de ayer.

    Pero, además, al decir “el fin de la historia” Fukuyama infiere que la historia sólo trata de la humanidad. La historia, en rigor, es el relato del tiempo y, por supuesto, no es exclusiva del ser humano que sólo lleva en este planeta la milésima parte de un segundo geológico, ni la de otros millones de civilizaciones que sin la menor duda deben existir en la inabarcable vastedad del universo. 10,000.000,000 de años antes del surgimiento en este mundo de la amiba unicelular ya existía la historia porque existía el universo y la historia del universo y de la evolución de las galaxias y la formación de los sistemas planetarios que, sin lugar a la menor duda, deben existir alrededor de las cantidades inimaginables de estrellas que hay en el universo—la Galaxia Sombrero tiene alrededor de 800,000.000,000 de ellas— ésa es LA GRAN HISTORIA ante la cual la historia de la especie humana viene a ser un evento menor.

    Alarcón de Quesada hace muy bien al hablar de los nuevos movimientos e ideas políticas que han surgido después de “la muerte de la historia” según Fukuyama, mencionando la lucha de los pueblos de Nuestra América. También en el resto del mundo hay movimientos que contradicen el fin histórico de Fukuyama. La Rusia actual tal vez sea muy distinta en el futuro porque, como consecuencia de la política agresiva del Imperio y sus lacayos de Ucrania y la Unión Europea que ya ha producido hasta ataques mortales con cohetes en el propio territorio de Rusia, desde el presidente Putin hasta el más modesto de los ciudadanos rusos se han dado cuenta, como dijera el propio Putin una vez, que el peor error político del Siglo XX fue la disolución de la Unión Soviética.

  • Antonio López dijo:

    A 10000 Kms. de distancia, hoy terminaré por irme a la cama embriagao con la profundidad y claridad de las reflexiones y respuestas de Ricardo Alarcon. Empecé a mediodia en la sala de espera de un hospital con las conversaciones que mantuvo con Salim Lamrani en 2007 en libro titulado Fidel Castro, Cuba y los Estados Unidos. A la hora de la cena me vuelve a deleitar con este magnífico, certero y acusador artículo en Cubadebate.
    Desde el poniente andaluz…gracias compañero Alarcón por su ejemplo revolucionario.

  • Cecilia Valdés Milián dijo:

    Hay demasiada negación de la dialéctica en la teoría de Francis Fukuyama. Alarcón solo nos invita a reflexionar sobre la especulación de Fukuyama ante el actual panorama mundial. Le toca a cada cual hacer sus conclusiones. Gracias Alarcón. Un abrazo, Cecilia.

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Ricardo Alarcón de Quesada

Ricardo Alarcón de Quesada

Doctor en Filosofía y Letras, escritor y político cubano. Fue Embajador ante la ONU y Canciller de Cuba. Presidió durante 20 años la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba (Parlamento).

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