Imprimir
Inicio » Opinión, Salud  »

René Favaloro: Una vida más allá de la muerte

| 6

favaloro01La religión católica, o casi ninguna creencia aprueban el suicidio. Lo consideran un asesinato sobre la persona que se quita la vida. ¿Y si ese ser humano ha salvado a miles de hombres y mujeres, no sólo por su atención personal sino por un descubrimiento trascendental, también merece ir a las calderas de ese infierno del que se habla?. Yo creo que no, y si se trata del médico argentino René Favaloro mucho menos, a él en lo particular, de existir una vida más allá de la muerte, yo se la daría plena y cumpliendo todos sus deseos.Es que cuando René Favaloro se apuntó con un arma en el corazón el 29 de julio del 2000, había tomado una decisión sensata para un hombre de principios que le había escrito pidiendo ayuda hasta a Fernando de la Rúa, presidente entonces de Argentina, que siguiendo los patrones de Carlos Menem había sumido a su país en la más despiadada crisis.

En su carta de despedida Favaloro, luego de realizar una intensa crítica al gobierno argentino y explicar cómo lo han llevado a tan drástica decisión dice ” No se hable de debilidad o valentía. El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano. Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.

Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así.

En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta.

En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara.

A mi familia en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.

Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa.

Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles.”

Razón de sobra tuvieron algunos académicos norteamericanos para presentarlo como lo que siempre fue un hombre bueno. René Gerónimo Favaloro había nacido en La Plata, el 12 de julio de 1923, hijo de un carpintero y de una modista. Vivió sus primeros años en el barrio El Mondongo, de inmigrantes. De su padre logró una sorprendente habilidad manual y en los terrenos cercanos amó el futbol, fue un alumno aplicado, que hizo de la autodisciplina una filosofía de vida.

A pesar de que pudo optar por otras carreras se inclinó por la medicina y en 1949 se graduó en la Universidad Nacional de La Plata. A la par de los griegos consideraba a esta profesión como un apostolado. Su tesis la dedicó a una mujer que le mostró el valor de la tierra “A mi abuela Cesárea, que me enseñó a ver belleza hasta en una pobre rama seca”.

Al ser un excelente alumno pudo quedarse como residente en un hospital de La Plata, pero para hacerlo tenía que firmar un documento en el que decía que era peronista. No lo aceptó y un año después de graduarse, por gestiones de su tío se instaló en Jacinto Aráuz, un perdido pueblito de La Pampa.

Allí se hizo lo que siempre consideró un gran mérito: médico rural. En ese medio vivió con María Antonia, su esposa que fue su novia de la escuela secundaria. Años después un cáncer se la llevaría.

En uno de sus libros Recuerdos de un médico rural, cuenta: “En ella empezamos a organizar eso que llamamos clínica y que, en verdad, era sólo un centro asistencial adecuado a las necesidades de la zona”.

Pero el investigador que llevaba dentro lo hizo buscar nuevos horizontes. Con muy poco recursos viajó a los Estados Unidos, a la Cleveland Clinic, para acrecentar sus conocimientos en cardiología. Trabajó duro y su talento logró imponerse.

Ya en 1967 Favaloro comenzó a pensar en la posibilidad de utilizar la vena safena en la cirugía coronaria. Practicó tal técnica en mayo de ese mismo año. Cuando se estandarizó tal proceder quirúrgico llamado del bypass o cirugía de revascularización miocárdica, realizó el trabajo fundamental de su carrera. Su fama corrió hacia los cuatro puntos cardinales porque el procedimiento cambió totalmente la historia de la enfermedad coronaria.

En 1970 publicó su libro Surgical Treatment on Coronary Arteriosclerosis, que fue editado en español como Tratamiento Quirúrgico de la Arteriosclerosis Coronaria. Actualmente sólo en Estados Unidos se realizan entre 600.000 y 700.000 cirugías de ese tipo por año.

El aporte de Favoloro no fue fruto de la casualidad sino la consecuencia de horas dedicadas a la investigación y dijo que no era su mérito personal sino del equipo con el que trabajaba.

“Siempre hablo en plural: creo que el mundo individualista se terminó. El que crea que tiene dotes sobrenaturales y poderes de superdotado está totalmente equivocado. Se le han ido muchos humos a la cabeza. El hombre vive hoy en un mundo colectivo, nos guste o no nos guste. Un mundo social. En medicina es igual: el hombre superdotado no puede hacer nada sin un grupo de gente trabajando” le confesó a un reportero

Reconocido en los Estados Unidos y con posibilidad de trabajar en cualquier lugar del mundo, en 1971 decidió regresar a la Argentina, su patria, para conseguir un sueño: un centro de excelencia similar al de la Cleveland Clinic, que combinara atención médica, investigación y educación.

Con ese fin forjó la Fundación Favaloro en 1975 junto con otros colaboradores. Para este hombre de la Pampa su mayor orgullo fue haber formado más de cuatrocientos cincuenta residentes provenientes de todos los puntos de la Argentina y de América latina (Alumni).

Además de otros aportes, en 1992 logró inaugurar en Buenos Aires el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro, entidad sin fines de lucro. Enarboló un lema “tecnología de avanzada al servicio del humanismo médico”, por eso al lado de los servicios altamente especializados en cardiología, cirugía cardiovascular y trasplante cardíaco, pulmonar, cardiopulmonar, hepático, renal y de médula ósea, continuó su labor en la prevención de enfermedades.

En el año 2000 Argentina gracias al patrón neoliberal se había sumergido en una total crisis económica y política. La Fundación Favaloro estaba endeudada en unos 75 millones de dólares, y a las solicitudes de su fundador la única respuesta que llegaba es que se plegara a las reglas del mercado: pocos médicos, altos costos de la asistencia y llevar a cero las investigaciones hasta que llegaran tiempos mejores.

Favaloro que fue miembro activo de 26 sociedades, correspondiente de 4, y honorario de 43, mereció los más altos galardones en países altamente desarrollados, publicó seis libros -incluso uno de historia sobre José de San Martín- además de centenares de ensayos sobre su especialidad, decía de que “era un mendigo en su país”.

En una entrevista el prominente cirujano dijo “lo planifiqué muy bien, profundicé mi inglés y me fui a los Estados Unidos. Ahí estuve diez años, y a pesar de que a los cuatro años casi es una exigencia hacerse ciudadano de ese país, yo nunca me hice, me toleraron. Quizás porque me necesitaban. No porque creo mucho en eso de la nacionalidad en ese sentido, pero nunca me hice y puedo volver a los Estados Unido en cualquier momento. Yo pecaría de muy centrista o no sé cómo llamarlo si contara todas las ofertas que tengo a diario para volver a los Estados Unidos. A lo mejor se me critica por eso, pero lo tengo que decir: en febrero, en la última reunión del Colegio Americano de Cardiología se me ofreció la jefatura de uno de los servicios más importantes de cardiología de los Estados Unidos. Mi respuesta fue: “Los huesos míos se van a enterrar en la Argentina”, porque cuando yo decidí venir, volví en forma definitiva. Me dijeron que me iban a esperar dos años y les contesté que había decidido jugarme acá, en mi país. Y entonces, además de contribuir con lo mucho o poco que sé con todo este equipo de hombres maravillosos que me secundan y esta juventud que realmente estudia y se sacrifica, quiero también hacer algo para obrar así, públicamente, insisto, no como político, porque jamás lo voy a ser, no tengo aspiración en ese sentido, soy médico y nada más que médico, pero quiero decir que el país entienda que esta tragedia tremenda que vivimos no es una cosa de casualidad, tiene una explicación y si no se la queremos encontrar es porque queremos ponernos la careta, sin ninguna duda.”

Lo más triste de esta historia es que una buena parte de los argentinos se enteraron de que un compatriota suyo era uno de los cirujanos cardiovasculares más grande del mundo, cuando el 29 de julio se dio a conocer la muerte de Favorolo.

Su suicidio lo veo como una forma de llamar la atención para que su fundación no desapareciera del mapa tal y como él la había concebido, altamente científica y a la vez humana. No logró sus objetivos aunque su carta de despedida fue y es una alerta para todos los médicos que como él hacen de su profesión un sacerdocio.

(Tomado de Cirugía Cardiovascular, Cuba)

Se han publicado 6 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • F.JUAN ÁGUILA-RAMOS dijo:

    ¡QUÉ GRAN EJEMPLO!, PARA TODOS LOS SERES HUMANOS.

    LOS POLÍTICOS TIENEN MUCHO QUE APRENDER

  • gladys regina dijo:

    No puedo menos que responder a nuestra periodista,pues siempre estoy a la caza de sus trabajos aqui en cubadebate,y me encanta que haya traido este tema a la pagina.
    Nadie es profeta en su tierra,dijo alguien.Favaloro tuvo que emigrar para poder superars.Pienso que debio haber sido muy doloroso tener que dispararse justamente en aquel organo que el tanto amo,y que ayudo a sus semejantes a mejorar de los padecimientos,precisamente cardiacos.
    Para mi no es un suicidio sino un sacrificio en pos de la humanidad y la ciencia.Que bochorno para quienes no quisieron ayudarle,privar de la vida a un medico que aun podia rendir frutos con sus conocimientos.

  • La Bayamesa dijo:

    !TREMENDO EJEMPLO DE VALENTÍA!.
    LÁSTIMA QUE LOS ARGENTINOS HAYAN PERDIDO A UNA GLORIA DE LA MEDICINA CARDIOVASCULAR. FUE UN ILUMINADO EN SU TIEMPO Y PARA LA POSTERIDAD…
    DIJO MARTÍ: LA MUERTE NO ES VERDAD CUANDO SE HA CUMPLIDO BIEN LA OBRA DE LA VIDA….EL PREFIRIÓ IRSE CON ELLA A DESAFÍAR OTROS MUNDOS, Y DEJÓ LO MAS PRECIADO DEL SER HUMANO, EL CORAZÓN, REPARTIDO EN PEDAZOS PARA LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD.

    GRACIAS PAQUITA POR ESTE ACERCAMIENTO…

  • Doryta( Uno + para Cristo) dijo:

    Hay que tener en cuenta la devoción y la gran dedicación de este hombre por salvar vidas humanas; pero no podemos aplaudir el hecho de que se haya suicidado, simplemente basados en su pregunta no creo que vaya a heredar el reino de los cielos y si ustedes leyeran un poco hay miles de formas de luchar y la biblia dice: “venid a mi todos los que están trabajados y cansados y yo os hare descansar”. Dios nos da la oportunidad de vivir una vida plena y todo lo que atenta contra tu vida va en contra de Dios.

  • Lic.Alexis Mario Cánovas Fabelo dijo:

    ¡HAY QUE PENSAR!

  • joseph dijo:

    La grandeza de algunos hombres està en ser casi anònimnos mientras viven.

Se han publicado 6 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Paquita Armas Fonseca

Paquita Armas Fonseca

Periodista cubana especializada en temas culturales. Colabora sistemáticamente con el diario digital La Jiribilla.

Vea también