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Recordando el “humanismo” de Moscoso

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Por Abner Barrera

En días recientes algunos medios informaron de las declaraciones del terrorista Guillermo Novo Sampoll que, con toda desfachatez dijo no estar arrepentido de sus actos, afirmando que el terror es la vía correcta para luchar contra la revolución cubana. Estas afirmaciones las dio en Miami, desde donde el gobierno de los Estados Unidos, parece recibir orientación para su política exterior hacia Cuba. En ninguna otra parte del mundo es posible hallar terroristas comprobados que hagan semejantes manifestaciones contra gobierno alguno. Esto sólo es posible hacerlo contra Cuba, desde el antro del terror como es Miami, a vista y paciencia del gobierno estadounidense que, en boca sonriente de su presidente, dice defender la paz, los derechos humanos y la democracia en el mundo; para eso sirve la democracia capitalista: para tolerar, promover, apoyar y financiar a asesinos como Novo Sampoll.

La última vez que este terrorista estuvo preso, fue en Panamá, con Luis Posada Carriles, Gaspar Jiménez Escobedo y Pedro Remón, cuando en noviembre del año 2000, a propósito de la Cumbre Iberoamericana, fracasaron en el intento de volar con explosivos el Paraninfo de la Universidad de Panamá, para matar al Comandante Fidel Castro junto con dos mil personas. Gracias a la seguridad cubana fueron apresados y puestos a disposición de la justicia panameña. En ese entonces era Mireya Moscoso la Presidenta de Panamá. Hoy poco o nada se dice de la complicidad de esta señora con la mafia cubanoamericana de Miami.

Moscoso al igual que otras mujeres (Cory Aquino en Filipinas, Violeta Barrios de Chamorro en Nicaragua), gracias a su esposo, se vinculó -tarde o temprano- a la política partidaria. Inexperta e ingenua, el 01 de septiembre de 1999 amaneció sentada en la silla presidencial de Panamá. Su primer esposo fue el oligarca y anticomunista Arnulfo Arias, tres veces presidente (1940, 1949, 1968) de dicho país. Aunque Moscoso nunca entendió lo que es el comunismo, aprendió de su esposo a ser anticomunista.

Desde que los cuatro terroristas fueron detenidos, sus compinches de Miami no cesaron en chantajear, amenazar y ofrecer inmensas sumas de dinero con el propósito de liberarlos. Sus abogados argumentaron que se trataba de personas mayores y por eso pidieron consideración (película parecida a la del entonces demente, criminal y millonario Pinochet). Aunque se trataba de hombres entrenados para asesinar, acostumbrados al salvajismo y financiados para sembrar sangre y dolor contra Cuba, a Moscoso no le importó. Tampoco le importó las 3 478 personas muertas y las 2 099  incapacitadas que le ha costado al pueblo cubano el terrorismo promovido por esa mafia.

La legislación panameña concede al Presidente de la República la atribución de indulto, siempre que el proceso judicial haya concluido y exista una sentencia firme. Este no fue el caso del proceso contra estos terroristas. Moscoso pisoteó la ley, porque le interesaba congraciarse con el gobierno estadounidense y con la mafia miamense que, una vez más se alistaba a financiar la campaña para la reelección presidencial de George W. Bush. Es así que el 26 de agosto de 2004, a seis días de terminar su mandato, Moscoso les concedió el indulto.

Hasta entonces Moscoso era una gran desconocida y pasaría a la historia como una mandataria más, porque la historia se olvidaría de ella, por lo fútil de su gestión. Pero al liberar a los criminales, logró que los pueblos se enteraran quién era ella en realidad. Se presentó ante la prensa y babeando su anticomunismo soso e ignorante, eructó: “les otorgué el indulto por razones humanitarias dado que podían ser extraditados a Cuba o Venezuela, donde seguro los iban a matar”. Quienes conocen en detalle el expediente de estos asesinos, sostienen que, de aplicárseles la ley, los cuatro deberían purgar largas condenas en la cárcel. Pero como Moscoso aprendió a defender los mismos “derechos humanos” que defiende el imperio, entonces optó por liberar a los terroristas, para que sigan ejerciendo el terror contra Cuba.

Terminemos con un dato biográfico. La madre de Moscoso, como señora de buenas intenciones, deseaba que su hijita creciera en los principios cristianos, para hacer el bien, por eso, cuando Mireya era todavía una adolescente, la internó en el colegio de monjas Inmaculado Corazón de Jesús, por aquello que lo que se aprende de joven, nunca se olvida de viejo. Pero Moscoso -inmaculada-, cuando indulto a los asesinos, no sólo no recordó lo que es la verdad, sino que ignoró lo que es la justicia. Por su puesto que, las monjitas no son responsables que la alumna haya apostado por solidarizarse con el terror. Así Moscoso culminó su mandato rebosando de compasión y engalanada de humanismo.

Se han publicado 4 comentarios



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  • OLIMPIO RODRIGUEZ SANTOS dijo:

    AL EDITOR;

    EL TITULO TIENDE A CONFUNDIR PARA QUIENES NO CONOCEN LA HISTORIA.
    FALTAN LAS COMILLAS DE HUMANISMO.

    • Editor dijo:

      Olimpio, tiene usted toda la razón. Gracias!!!

  • GIOCONDA dijo:

    Excelente artículos, su literatura siempre es excelente!

  • HDSalazar dijo:

    Amigo Abner esta muy bueno su articulo sobre la MOSCOSO, pero esa de religiosa no tiene ni un pelo, terminó su mandato demostrando lo que es una CHUSMA.

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Abner Barrera Rivera

Periodista y profesor del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Costa Rica.

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