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La teología capitalista del dedo malo

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Se está demostrando a diario que la religión no es necesariamente

sinónimo de alienación y que en todas las religiones hay siempre

grupos crecientes de personas que en el nombre de la fe pretenden

la conquista de la situación infra-humana creada por la miseria

y la situación deshumanizante que produce el exceso

de confort y el egoísmo.

Obispo Hélder Cámara (El Obispo Rojo)

Las personas que en este momento socio-histórico están mirando, o llegando, a la Iglesia (o Iglesias) como experiencia de liberación, lo hacen en un momento en que nuestra sociedad cada vez mas sigue siendo una con mucha incertidumbre y desequilibrio social, político, económico y espiritual.

Esta sociedad con pocas esperanzas en un futuro inmediato exige a la Iglesia -y a otras instituciones políticas, económicas, sociales, judiciales, laborales, estudiantiles, etc.- a que se enfrente a las injusticias e inmoralidades de nuestros tiempos de una manera relevante y reverente. Esta exigencia por desgracia ha caído en oídos sordos cuando analizamos la práctica de fe de la Iglesia.

De aquí entonces la necesidad de que la Iglesia reevalúe constantemente su visión, misión y acción hacia la sociedad contemporánea que le cobija. Desenmascarar -con la intención de denunciar y cambiar- las mentiras de este sistema capitalista me parece a mí es el reto principal que se le enfrenta a la Iglesia. Por desgracia nos hemos entretenido en buscar la mejor manera de acomodar la práctica del Evangelio subversivo del hermano y compañero Jesús, por un evangelio deformado que coquetea místicamente con la clase dominante y gobernante del país. Esto con la intención de por un lado no ofender a quienes están oprimiendo y explotando al pueblo, y por otro lado, no poner en apuro los privilegios económicos y sociales que esos grupos nos dan. De aquí el que ante la crucifixión diaria del pueblo, el credo del silencio de un Cristianismo prostituido, es la respuesta de muchas de las Iglesias y de muchos líderes religiosos/as.

No hay la menor duda que la práctica de la justicia en la Biblia es sinónimo de liberación. Cuando se le ofrece a una persona (a un pueblo) su liberación en todos sus aspectos -social, política, económica, sexual, espiritual, etc.- se le otorga su salvación. Por lo tanto, una Iglesia que desee salvar al pueblo debe de principiarse en el éxodo piadoso de producir justicia (lea cuidadosamente los capítulos 12 al 14 del libro de Éxodos). Es esta salvación holística la que nos permite construir y sentir la experiencia liberadora de Dios horizontalmente y aquí en la tierra. A la misma vez, esta experiencia  redefine diariamente los símbolos de liberación del Éxodo como lo son la Pascua, los retos del Mar Rojo, la Ley que se les dio en El Sinaí y El Tabernáculo como morada de nuestra Diosa. Este paradigma de liberación tiene una capacidad increíble de apertura hacia la diversidad y la inclusión y celebración de la misma. Una Iglesia que no tenga esta capacidad de liberación, es un opio más que solo persigue hipnotizar y distraer al pueblo. Es una Iglesia deshonesta que ha traicionado el proyecto de liberación de nuestra Diosa.

Yo soy fiel creyente que es posible educar a un pueblo para esta liberación. Fue a este proceso que nuestro San Romero respondió cuando nos sigue diciendo: lo primero que debe buscar una educación es encarnar al ser humano en la realidad, saberla analizar, ser críticos de su realidad (Homilía 30 de abril de 1978, IV, p.194). Por lo tanto, nunca tengamos miedo de poner al pueblo de frente a las realidades opresoras y excluyentes, dejándoles ver que nuestra Diosa no es responsable de estos males. Vamos a enseñarle que la pobreza es el resultado de una distribución errónea de la creación, en donde unas pocas gentes cogieron mucho y el resto de la mayoría de la gente cogió poco.

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Por desgracia, dentro de su irreverencia e irrelevancia, la Iglesia ha querido dar respuestas irrespetuosas a las crisis del diario vivir diciéndonos que estamos mal, o seguimos mal, porque al dedo malo todo se le pega. Esta teología capitalista del dedo malo pone todo su énfasis en dos fundamentos dogmáticos sumamente peligrosos: 1) el esfuerzo individual y 2) la bendición por parte de Dios para que seas parte de la abundancia. Los valores del egoísmo, individualismo y la competencia alimentan a estos dos fundamentos. Y por supuesto, queda muy bien acomodada para una Iglesia para quienes militan en la derecha.

La falta de esfuerzo personal y el que Dios no te está bendiciendo -nos dicen quienes promueven esta teología- son las razones por las cuales tenemos pobreza y desigualdad en nuestra sociedad. Por lo tanto, buscar respuesta donde podamos tener explicación a la pobreza, opresión, exclusión y a la desigualdad en el contexto de la globalización neoliberal es eludido. Y muy atrevidamente se trae  a nuestra Diosa al medio de este meollo de la crisis para así de esta manera buscar la fiebre en la sábana sin tener que lidiar con un enfermo agónico y desahuciado al cual conocemos como capitalismo.

Ahora bien, ¿cuáles son algunas de estas crisis a las cuales la Iglesia tiene el deber moral de responder con una praxis liberadora?  Aquí en Estados Unidos nuestra democracia hace rato entró en un ciclo crítico y créame cuando les digo que nuestra Diosa no es responsable de este disparate.  Por un lado los salarios de la gente trabajadora no están a la par con el nivel de vida. Por el contrario, se siguen aprobando dizque salarios mínimos cuando lo que se debería de aprobar son salarios de sobrevivencia que respondan a la realidad del costo de vida. Mientras tanto cada día que pasa se reporta que las ganancias económicas de las corporaciones siguen engrandeciéndose.

O sea que la disparidad entre personas ricas y pobres cada año es mucho más grande. Dentro de esta realidad entonces podemos identificar otros entornos como lo son los 40 a 44 millones de personas que son analfabetas funcionales y el 16% de la población, o sea, unas 46.6 millones de personas, que no tienen seguro médico. Súmele a esta escenario que entre el 17.6% y el 22.4% de nuestros/as niños/as viven en la pobreza.

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Mientras tanto, mucho más serio que el crimen de la calle lo sigue siendo el crimen corporativo que las institucionales del “orden” y judiciales siguen ignorando. Anualmente aquí en Estados Unidos unas 56,000 personas mueren como consecuencia de enfermedades relacionadas con su trabajo tales como el cáncer en los pulmones y el haber sido expuesto al asbesto.  Además miles de personas asimismo mueren como víctimas de la violencia silenciosa de la contaminación ambiental, alimentos contaminados y mala práctica médica.

Para principios del siglo 20 el 80% de los medios de comunicación escritos eran independientes, pero para el 1989, la realidad se cambio y el 80% de estos medios fueron adquiridos por corporaciones.

Una pastoral que haga sentido a las luchas del pueblo aquí en Estados Unidos debe asimismo tener la capacidad de retar nuestros centros de adoración para que se conviertan en ciudades refugio para el pueblo inmigrante. Esta a mi juicio es una manera de resistir la xenofobia que se ha desatado como parte de la agenda de exclusión de quienes están en el poder. Por lo tanto un proyecto de acompañamiento pastoral de declarar que no hay seres humanos ilegales debe demandar una amnistía general y un paro a las deportaciones.

Este septiembre del corriente año el Grupo de los 20 realizará su cumbre aquí en Estados Unidos en la ciudad de Baltimore. Este G-20 es un grupo de países formado en 1999 por los ocho países más industrializados (G-8-Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia), y  once países recientemente industrializados de todas las regiones del mundo (Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, República de Corea, Sudáfrica y Turquía) y un representante de la Unión Europea. La agenda será la misma que siempre han ejecutado: discutir sobre asuntos financieros fuera del contexto de la responsabilidad de inversión social; resolver las crisis económicas jodiendo al pueblo; y validando una especie de dictadura económica.  Ahora bien, ¿cuál será el papel que la llamada Iglesia de Dios va a jugar en todo este proceso de condenar esta institución y a la misma vez salir a las calles para combatirla?  Eso está por verse.

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Por lo tanto, ¿qué tal si nos dejamos de acomodar y prostituir la práctica del Evangelio de identificar, denunciar y combatir el pecado social, y nos ponemos a construir Iglesias relevantes y reverentes que acompañen al pueblo hacia su liberación? ¿Qué tal si declaráramos a todo el mundo que la práctica de este Evangelio subversivo es anticapitalista? ¿Qué tal si nuestras Iglesias se convierten en centros espirituales de conspiración contra todo lo que atenta contra la creación de Dios? ¿Qué tal si practicamos la oración emancipadora pragmática con pensamientos, acciones y emociones que nos reconecten con las luchas del pueblo? ¿Qué tal si en el contexto de la paz con justicia edificamos el amor solidario como el sacramento mas importante para desmantelar la teología capitalista del dedo malo? Vamos a darle religión liberadora al pueblo para que despierte, se empodere y se movilice hacia su liberación.

P. Luis Barrios
Iglesia de Santa María
New York, New York
Lbarrios@jjay.cuny.edu

Se han publicado 2 comentarios



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  • Ricardo Andreé dijo:

    Una pregunta: ¿què entiende el articulista por ‘Diosa’ ‘Nuestra Diosa’?

    Gracias

  • Omar dijo:

    Muy interesante… desde argentina

    Es cierto que tenemos una iglesia no comprometida con lo social, una iglesia que todavía no entiendo el mensaje de Jesucristo en su integridad y sus implicancias en nuestra vida terrena.

    Saludos

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Luis Barrios

Luis Barrios

Sacerdote episcopal, periodista, sicólogo, activista comunitario. Presidente y Profesor del Departamento de Estudios de América Latina del Joh Jay College of Criminal Justice, de la Ciudad Universitaria de Nueva York.

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