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El levantamiento de las prohibiciones

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Si la prensa occidental se hubiera ocupado de los cambios que ocurren en Cuba desde 1959 hasta hoy de la manera que los están divulgando en la actualidad, los lectores de todo el mundo -y muy especialmente los estadounidenses- entenderían las características  de la revolución cubana y comprenderían lo que está pasando.
Esa era la opinión en privado de un periodista extranjero que se está dando gusto reportando sobre la actualidad cubana de una manera que antes no hubiera encontrado espacio en el medio de prensa para el que trabaja.
El presente auge de las informaciones sobre cambios en Cuba parece ser resultado de una combinación de factores.
En primer lugar, a una orientación en tal sentido de la campaña mediática contra la revolución cubana -que origina en Washington y ya dura casi medio siglo- que pretende explotar a su favor la circunstancia de la asunción del cargo presidencial en Cuba por Raúl Castro en reemplazo del líder histórico de la revolución, Fidel Castro, para enfatizar acerca de supuestos errores del proceso revolucionario cubano que aporten alguna credibilidad para sus desprestigiados ataques en el futuro.
La revolución cubana, en su actual etapa comenzada en 1959, se ha caracterizado por una incesante búsqueda de nuevas formas y mecanismos innovadores de movilización social que sirvan al propósito esencial de modelar un nuevo tipo de sociedad, más humana y justa, en una patria independiente y libre.
A lo largo de ese desarrollo, la revolución ha debido rectificar frecuentemente su conducta táctica para esquivar embates del enemigo o cuando ésta no ha servido a los requisitos de la estrategia, por cualquier motivo.
En más de una ocasión, ha tenido que llevar a cabo procesos de enmienda de errores y tendencias incorrectas, y lo ha hecho con la mayor naturalidad, como es propio de una revolución, si es verdadera.
José Martí, héroe nacional de Cuba y principal organizador de la lucha independentista de los cubanos contra el imperio colonial español en su etapa más crucial, defendió la idea de que “La política es el arte de inventar un recurso a cada nuevo recurso de los contrarios, de convertir los reveses en fortuna; de adecuarse al momento presente, sin que la adecuación cueste el sacrificio, o la merma del ideal que se persigue; de cejar para tomar empuje; de caer sobre el enemigo, antes de que tenga sus ejércitos en fila y su batalla preparada”.
Y los revolucionarios cubanos de hoy, empezando por Fidel y Raúl Castro, se precian de ser martianos, y practican estas ideas.
La crisis de la década de los 90 generada para Cuba por el derrumbe de la Unión Soviética y los países socialistas europeos, fue enfrentada por la Isla con la estrategia del “período especial”, que condujo a la introducción de un número de políticas que alteraban significativamente muchos aspectos de su estrategia de desarrollo.
La abrupta caída de los intercambios exteriores a causa del desplome de los hasta entonces seguros socios comerciales en el Este de Europa, obligaron a la dirección de la revolución a introducir soluciones a las que no se hubiera apelado en otras circunstancias.
El turismo extranjero, que se vislumbraba como fuente de ingresos importante solo después que se hubiera avanzado lo suficiente en otros sectores y resultara dable enfrentar con mayor seguridad los peligros que conlleva para la sociedad esa “industria sin chimeneas”, hubo que desarrollarlo aceleradamente en aras de la obtención de recursos en moneda convertible en breve plazo.
Las inversiones de capital, que apenas se estimulaban cuando ellas eran inevitables o sumamente convenientes y seguras, hubo que promoverlas de manera más activa, por los mismos motivos.
Para paliar el déficit de moneda dura fue necesario estimular  los ingresos para el país que significaban las remesas de cubanos en el exterior a sus familiares en la Isla. A tal fin, se abrieron tiendas especiales con una oferta en moneda convertible de mercancías que no estaban incluidas entre las que, subvencionadas por el Estado, se aseguraban para toda la población mediante la libreta de racionamiento. Esa entrega regimentada que garantizaba a todos el consumo mínimo de subsistencia, pudo mantenerse gracias a las ventas en esas tiendas recaudadoras de divisas convertibles.
Estaba claro para la dirigencia de la revolución que, al tomar prestadas estas soluciones de mercado como mecanismos de emergencia para obtener el capital necesario para la supervivencia económica del proceso revolucionario, se incurría en graves riesgos en términos de costo político y social de cada una de ellas.
Era sabido que ellas propiciarían la introducción de inéditas diferencias en los ingresos de la población que habría que enfrentar con disposiciones que llegarían a ser ellas mismas impopulares y requerirían de rectificaciones o ajustes posteriores. Pero no había alternativas.
La prohibición del acceso de cubanos a los hoteles de turismo extranjero, las limitaciones impuestas a la tenencia de teléfonos celulares por ciudadanos cubanos y otras que recientemente han sido levantadas -así como algunas que continúan en vigor aún-, han estado guiadas por el propósito de reducir el impacto que esos privilegios tendrían en una sociedad orientada a la igualdad y la solidaridad, en momentos de graves peligros para la nación.
La suspensión temporal de la venta libre de ciertos efectos electrodomésticos importados obedeció a la necesidad de crear antes la capacidad electro energética requerida para su consumo.
Llegado el momento de remover o rectificar cualquiera o todas esas disposiciones, se cambian sin más miramientos que los que atañen a la seguridad de la nación y el bienestar de pueblo cubano.
Bienvenidas las informaciones en la prensa de todo el mundo sobre los cambios en Cuba. Como es sabido, revolución es sinónimo de cambios y el proceso revolucionario cubano seguirá sin dudas aportándolos de manera incesante, como lo ha venido haciendo desde 1959, sin perder nunca el rumbo.

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Manuel E. Yepe

Manuel E. Yepe

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional.

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