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Nuevas pruebas sobre las virtudes de la gran democracia

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Miami.-  No es que a estas alturas del cuento, bien entrada ya la primera década del siglo XXI, uno vaya a ser tan ingenuo para creer que los gobiernos anteriores a esta Administración hayan sido paragones de virtudes pero, verdaderamente, lo que ha sido capaz ésta es inaudito.

A cerca del cuento -el cuento encubridor e ilusorio tejido por esta gran democracia- sus consecuencias han sido espeluznantes para aquellos pueblos que han sufrido la peor parte de su Destino Manifiesto. ¿Y cuántas mentiras no han sido inventadas para pretender crear y mantener el mito de su constante inocencia y probidad encubriendo así su maléfica naturaleza e insaciable hambre de opresión y dominio?

Por ejemplo, podríamos comenzar por esa de: «All men are created equal» (Todos los hombres han sido creados iguales) de la famosa Declaración fundacional de una república arraigadamente esclavista, racista y desconocedora de los derechos cimentales de la mujer. U aquella otra, una de las que a los cubanos nos toca de cerca, el Artículo I de la llamada Enmienda Platt, Apéndice Constitucional impuesto por Estados Unidos al pueblo cubano que convirtió a la nueva república en su protectorado: «El Gobierno de Cuba nunca celebrará con ninguna Potencia o Potencias extranjeras ningún Tratado u otro pacto que menoscabe o tienda a menoscabar la independencia de Cuba»…  

Y como de mentiras se trata, en días recientes un despacho de la agencia noticiosa Associated Press (Prensa Asociada) publicado en The New York Times deja saber sobre un estudio dado a conocer por dos organizaciones periodísticas: el Center for Public Integrity (Centro por la Integridad Pública) y el Fund for Independence in Journalism (Fondo por la Independencia en el Periodismo) que demuestra como el presidente Bush, su vicepresidente y otros altos funcionarios de su Administración mintieron sistemáticamente, desde el 11 de septiembre de 2001, a cerca de la amenaza que Iraq representaba a la seguridad nacional, con el fin de llevar a Estados Unidos a la guerra en contra de esa nación.

El estudio se basa en información analizada en más de 25 informes gubernamentales, libros, artículos, discursos y entrevistas que se publicaron durante un período de dos años comenzado aquel fatídico 11 de septiembre de 2001.  Aquellos que sistemáticamente mintieron, además del presidente Bush y el vicepresidente Cheney, fueron: el Secretario de Estado, Collin Powell, la consejera de seguridad nacional, Condoleezza Rice, el Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, el  Sub Secretario de Defensa, Paul Wolfowitz, y los secretarios de prensa de la Casa Blanca, Ari Fleisher y Scott McClellan.

El estudio encontró que estas venerables personas encargadas del gobierno de la república mintieron durante el período estudiado previo a la guerra en 935 ocasiones. En 532 ocasiones estos virtuosos funcionarios afirmaron, sin lugar a dudas, «que Iraq tenía en su poder armas de destrucción masiva, estaba en proceso de producirlas, intentaba obtenerlas y, además, que mantenía estrechos vínculos con Al-Qaida».

El Gran Pinocho indudablemente fue el honorable presidente de la república a quien el estudio atribuye 259 mentiras: 231 relacionadas a que Iraq tenía en su poder armas de destrucción masiva y 28 a cerca de los vínculos entre Iraq y Al´Qaida.  Y en un reñido segundo lugar por mentir a la nación y al mundo sobre semejantes asuntos quedó ese pundonoroso caballero, el entonces Secretario de Estado, Collin Powell, quien el estudio halló mintió en 244 ocasiones sobre la cuestión de las armas de destrucción masiva y en 10 ocasiones sobre los vínculos entre Iraq y Al´Qaida.

Como prueba de que hoy esta Administración está profundamente arrepentida de su vil proceder en aquel momento, al ser preguntado sobre los resultados de este estudio, Scott Stanzel, vocero de la Casa Blanca, afirmó: «Las acciones tomadas en el 2003 [la invasión de Iraq] estaban basadas en las informaciones y el conseso de agencias de inteligencias de todo el mundo»…

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Andrés Gómez

Andrés Gómez

Periodista cubano residente en Miami. Fundador de la Brigada Antonio Maceo, integrada por cubanos que viven en los Estados Unidos. Es el director de la Revista Areito.