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El Corán y la otra cruzada

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No puede haber confusión alguna.

Son salvajes desde todos los puntos de vista, quienes  hoy, en nombre de la lucha contra el terrorismo, lanzan por los retretes de prisiones ilegales y ante reos sin cargos ni derecho a defensa, el Corán, documento más sagrado de una religión que tiene más de   1 200 millones de creyentes en todo el planeta.

Fuente de cultura, la existencia misma del Corán y su consulta imprescindible para el conocimiento del desarrollo humano y de las religiones, no es solo patrimonio de los musulmanes, como tampoco lo es la Biblia para la religión católica, y otros documentos históricos, provengan de la región, la civilización, la cultura o la religión que sean.

¡Buena  manera de convencer la de estas bestias que en pleno siglo 21 lanzan por las letrinas de sus cárceles, y usan como instrumento de tortura sicológica, el documento más sagrado de una religión milenaria!

Esta práctica forma parte de una concepción y una filosofía extremadamente racista, aberrante, fascista en su génesis y en su accionar, que ahora encabeza una casta de halcones apoderados de la Casa Blanca y el Pentágono de los Estados Unidos, con la misión propuesta de un mundo unipolar aunque desgraciadamente tenga un fin apocalíptico.

Así lo hacen con el Corán, ese libro sagrado de la religión musulmana que le está siendo arrebatada a una buena parte del mundo árabe, expenso  a constituir una víctima más en la cruzada antihumana e incivilizada  del presidente norteamericano George W. Bush.

El Corán es el libro sagrado del Islam, que según los musulmanes contiene la palabra de Alá  revelada a Mahoma. En él se  enseñan y se explican todas las doctrinas islámicas. Es una guía para el creyente en su vida interior, familiar, social. En él, Alá incita a la reflexión, y recuerda el Juicio Final y  la historia de varios pueblos y de algunos de sus seres más queridos, los Profetas.

El Corán es la primera fuente de conocimiento del Islam. No hay otra mejor, y son los sabios islámicos los que se encargan de exponer de manera sistemática sus enseñanzas.

Durante la vida del Profeta Mahoma, las revelaciones eran transmitidas oralmente o escritas en hojas de palmeras, trozos de cuero o huesos. A la muerte de Mahoma, en el año 632, sus seguidores comenzaron a reunir estas revelaciones, que hoy conocemos, 114 capítulos, cada uno dividido en versículos.

Es el Corán parte del conocimiento universal que hoy los exponentes de la anticultura se empeñan en devastar y hasta tiran los donde mismo se evacuan las eses fecales.

Y no se podría pedir a los torturadores de Abu Ghraib o del campo de concentración que han instalado en la tierra que ilegalmente ocupan en Guantánamo, que se adentren en el conocimiento de la cultura islámica, del Corán, o de la Biblia misma.

También le quedaría demasiado grande al actual Presidente  de los Estados Unidos conocer de la existencia del Corán o de la cantidad de musulmanes que hay en el mundo.

Pero la humanidad debe convencerse de una vez y por todas, que las actuales manifestaciones de los empobrecidos afganos, de los jóvenes iraquíes, de los paquistaníes o musulmanes de cualquier otra latitud, constituyen una respuesta a la acción salvaje del ejército y el Gobierno norteamericanos, cada vez más odiados, no solo por los practicantes musulmanes, sino por el mundo que ve en sus acciones el resucitar fascista y el vandalismo más primitivo.

La destrucción del Corán por parte de soldados y oficiales norteamericanos, ya sea en la ilegal base que ocupan en Guantánamo, o en las cárceles instaladas en Afganistán o Iraq, es el mejor ejemplo de la cruzada contra la cultura y contra la humanidad misma emprendida por la administración norteamericana en pleno Siglo XXI.

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Elson Concepción Pérez

Elson Concepción Pérez

Periodista cubano y analista de temas internacionales. Forma parte de la redacción del diario Granma.