Imprimir
Inicio » Opinión  »

La cosecha de un terrorista

| +

Washington Post
Viernes, 13 de mayo de 2005
Página A23

Hace más de un mes que un hombre descrito en los expedientes del FBI como un veterano terrorista entró ilegalmente a los Estados Unidos, según su abogado. No obstante, el gobierno de Bush -que el otro día en apenas dos nanosegundos hizo despegar aviones caza y evacuó a la mitad de los funcionarios de Washington a causa de un Cessna errático-ni siquiera ha hecho acopio de curiosidad para al menos buscar al tipo.

Valiente política posterior al 11 de septiembre de cero tolerancia al terrorismo.

Y qué hay con la familia de Nueva York cuya estrella brillante este hombre hizo estallar en el cielo.

El hombre en cuestión en Luis Posada Carriles, un exilado cubano que ha pasado la mayor parte de su vida tratando inútilmente de derrocar o aniquilar a Fidel Castro. Documentos desclasificados del FBI y la CIA publicados por el Archivo de Seguridad Nacional, una organización de investigaciones no lucrativa de la Universidad George Washington, dejaron claro que las autoridades estadounidenses sospecharon que Posada había cometido una masacre-el estallido de una bomba en pleno vuelo en 1976 de un avión civil cubano que cobró la vida de 73 personas- desde el primer día, o al menos desde el día siguiente.

Apenas 24 horas después del desastre, el FBI recibió informes de una fuente cercana de que Posada y un cómplice "habían planeado la explosión". No había tono de sorpresa en el cable, porque para entonces el FBI ya estaba familiarizado con "Bambi" Posada. Los documentos hacen una retrospectiva de su larga carrera en las sombras.

En 1964, tres años después del fiasco Bahía de Cochinos supuestamente puso fin a las conversaciones sobre una invasión a Cuba, Posada pasó tres meses en Polk City, Florida, entrenando con otros exilados para una invasión que nunca llegó a consumarse que según el "contaba con la anuencia del gobierno estadounidense", refiere un memorando del FBI. En 1965, fuentes informaron al FBI que Posada pasó parte de ese año conspirando para hacer estallar una embarcación cubana en México y el resto maquinando para derrocar el gobierno guatemalteco.

La mayor parte de su tiempo trabajó para la CIA, y en una época recibió $300 dólares mensuales como pago; un documento de la CIA señala que se convirtió en "interés operativo" en abril de 1965. Su último contacto con Langley tuvo lugar en junio de 1976, cuatro meses antes de la explosión del avión. Más tarde apareció solicitando uniformes para los contras nicaragüenses, como parte de la cadena ilegal de suministros de Oliver North.

Sabemos por otras fuentes que se le acusa de organizar una serie de atentados contra hoteles de La Habana-que cobraron la vida de un turista italiano-y al menos un intento serio de asesinar a Castro.

En la actualidad se esconde en algún lugar de los Estados Unidos, quizás en la zona de Miami. Su abogado afirma que Posada, a quien le sobra descaro, está solicitando asilo político en los estados Unidos con el argumento de que las personas que él se ha empeñado tanto en asesinar ahora puedan volverse contra él y tratar de asesinarlo.

Antes de tomar una decisión con respecto a la solicitud de Bambi, el gobierno de Bush debería enviar a alguien a Long Island a conversar con Roseanne Nenninger. Su hermano iba a bordo del avión cubano.

El avión cubría el recorrido ordinario entre Guyana y Cuba, con escalas en varias islas caribeñas a lo largo del trayecto. La mayoría de sus pasajeros eran cubanos aunque había 11 guyaneses, entre ellos un joven llamado Raymond Persaud.

Con sólo 19 años y en el seno de una familia que valoraba la educación-su padre, Charles Persaud, era director de una escuela-era toda una promesa. No había suficiente dinero para enviarlo a las universidades de los Estados Unidos, de modo que cuando se ganó una beca para estudiar medicina en Cuba, la familia Persaud se entusiasmó.

"Yo tenía 11 años y recuerdo el día que lo llevamos al aeropuerto", me contó Roseanne Nenninger. "Fue un gran acontecimiento para la familia y nadie fue a la escuela. Recuerdo verlo caminando por la pista para abordar el avión". Unas horas más tarde recibimos la terrible noticia. El Presidente de Guyana fue a presentar sus condolencias al hogar de los Persaud.

Charles Persaud traslado a la familia a Queens en 1979, y mantenía a su esposa y sus restantes cinco hijos impartiendo clases en las escuelas públicas de Nueva York. Aunque nunca se recuperó de la pérdida de Raymond, pensaba y escribía obsesivamente sobre el atentado. Murió de un infarto hace dos años.

Cuando los miembros de la familia leyeron sobre Luis Posada el mes pasado, fue como si Raymond, una vez más se volviera para decirles adiós desde las escalerillas del avión.

"Fue como revivir ese momento", afirmó Nenninger. "De pronto empecé a llorar y a llorar…me hizo pensar en todos los que perdieron seres queridos el 11 de septiembre".

Según un cable del FBI, cuando el subordinado encargado de colocar la bomba en el avión telefoneó para informar del éxito de la operación habló en clave: "Un ómnibus con 73 perros se despeñó por un barranco y todos murieron".

Haga un comentario



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Eugene Robinson

Eugene Robinson

Columnista de The Washington Post.