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Cinco días sobre Seattle

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  "En el árbol mitigábamos el frío con mucha hierba mate", recuerda Fungus Umungus, el DJ de la RFC.  

La voz de un periodista de Radio Habana Cuba, norteamericano por más señas, se oyó alta y clara esa noche en la ciudad estadounidense de Seattle. Había esta vez, sin embargo, una diferencia notable respecto a muchas otras noches de transmisiones internacionales desde La Habana. Faltaba un mes para el fin del siglo, y mientras Seattle hervía en un gigantesco estallido social contra la Organización Mundial de Comercio (OMC), la señal de Radio Habana Cuba era escuchada, no por sus frecuencias habituales de onda corta sino por los 101.1 megahertz de la banda de FM. La emisora rebelde Radio Free Cascadia, devenida en voz alternativa a la desinformación de los grandes medios corporativos sobre las protestas, incluía entre sus materiales del día uno de nuestros noticieros.

Este artículo es un recuento de esas transmisiones de Radio Free Cascadia, la desafiante RFC, momentáneamente acallada hoy, y un tributo a la labor revolucionaria del grupo de jóvenes -media docena, incluida una mujer- que a riesgo personal las hizo posibles.

Mientras decenas de miles de hombres y mujeres llegados de todas partes, se concentraban en Seattle para lo que sería una semana de confrontación cívica sin precedentes contra el poder corporativo patentizado en la Organización Mundial de Comercio, el pequeño grupo de activistas de Radio Free Cascadia trajinaba con sus equipos, enfrascado en subir hasta una altura de 70 pies, pesadas baterías, aparatos electrónicos y todo lo que necesitarían para un mes de supervivencia. Su improvisado bunker no sería una discreta habitación en un rascacielos de Seattle.

Con su avituallamiento técnico y existencial, a cuestas unos, izados otros, los jóvenes ascendían, rama tras rama, casi hasta la cima del grueso abeto que sería casa y trinchera radial durante cinco históricos días. La señal de RFC llegaría así, por frecuencias no utilizadas de FM, como transmisión alternativa para toda la comunidad de Seattle, distante unas 25 millas. Espacio habría no sólo para el reporte puntual desde la zona de protestas sino también para que los oyentes de RFC en Seattle sustituyeran por esos días los mensajes comerciales constantes y la música del mismo corte, por otras sonoridades y timbres, poemas y comentarios sobre asuntos de interés social, y noticias desde otras latitudes, incluida La Habana.

"Bajo mi larga y gruesa saya colgaba un trasmisor-receptor de VHF/UHF con una antena flexible de cuarto de onda que salía por debajo de mi camisa hasta la axila", comenta la joven reportera de RFC que responde por Miskreant. Dice que llevaba también contra su cuerpo, bajo la camisa, un pequeño pero sensible micrófono que activaba mediante un botón.

El primero de los cinco días de transmisiones clandestinas hacia Seattle, RFC emitió un comunicado de prensa: "Como los bosques y los océanos, las ondas del éter pertenecen al pueblo. Los gobiernos y las corporaciones nos han robado ese recurso, que es del pueblo. Lo han hecho con la ayuda y respaldo de esa organización ilegal e ilegítima

que es el la OMC. Como con tantos otros aspectos de nuestras vidas, debemos una vez más luchar por liberar ese elemento de nuestra realidad colectiva".

Refiere Miskreant que después de varios días de cubrir las protestas en las calles de Seattle su única forma de saber cómo le iba a sus dos compañeros de transmisiones en lo alto del árbol era mediante los propios comentarios que hacían estos al aire. "Y era yo-dice-quien, a la vez, debía auxiliarlos en caso de una reacción de las autoridades". Esa reacción, anticipada, se produjo al quinto día, el viernes, en la noche. Alguien encargado de monitorear las comunicaciones de la policía interceptó un mensaje alarmante proveniente de un helicóptero federal que iba rumbo a la estación de RFC en el abeto. Al tratar de llegar al árbol, Miskreant y otro compañero encontraron el área rodeada por guardabosques, policías y un van sin marcas y con muchas antenas -la Comisión Federal de Comunicaciones.

Desde el árbol, los chicos de la RFC, que ya habían detectado la presencia de las autoridades, continuaban las transmisiones sin inmutarse. "Transmitían un jazz meloso y suave, ¿cómo podían?," se pregunta Miskreant.

"En el árbol mitigábamos el frío con mucha hierba mate", recuerda Fungus Umungus, el DJ de la RFC. Y cuando el viento se ensañaba contra las ramas y las hacía crujir como se fueran a quebrarse y todo parecía que iba a venirse abajo, "la OMC, la CCF se convertían en meras abstracciones sin sentido y todo se reducía a aferrarse al árbol con horror".

Pero cuando aquella noche llegaron los de la Federal, "la adrenalina invadió nuestros cuerpos", rememora su compañero de árbol, Squarewave. Trataron rápidamente de apagar el generador de corriente, que estaba un nivel más bajo en el árbol y cuyo ruido los delataba.

"Vimos entonces la luz de una linterna que era dirigida a nosotros…Saludamos con la mano desde la altura y decidimos proseguir con nuestro trabajo. Sabíamos que ellos no iban a subir a esas alturas de la noche. Comentamos al aire lo que pasaba, y cómo sabíamos que los Federales nos estaban escuchando les expusimos sin demora nuestros puntos de vista", evoca Fungus, quien dice que le hubiera gustado ver la cara del hombre de la linterna injuriando: "¡No puedo creer que esos locos peludos estén allá arriba!"

Los Federales se marcharon esa misma noche, y el equipo de RFC decidió evacuar el lugar. "La mujer del camión nos dejó en un entronque regional del Metro. Habíamos escondido los equipos en lugar seguro y nos habíamos dispersado. Y todo al parecer había salido bien"-recuerda. "Pero la operación nos había costado miles de dólares, meses de preparación logística; lo habíamos dado todo. Y para la evacuación se había previsto poco desde el punto de vista material. Añorábamos un baño tibio y una cerveza fría, y estábamos ahí, en medio de la carretera, bajo la lluvia, con 7 dólares entre mi compañero de retirada y yo"
Radio Free Cascadia permanece hoy técnicamente silenciada. Sus equipos de transmisión en Oregón, EE.UU., fueron confiscados hace un tiempo por la Comisión Federal de Comunicaciones, la misma que bajo la conducción de Michael K. Powel, hijo del actual Secretario de Estado de George W. Bush, acaba de abrir el camino, mediante nuevas regulaciones favorables a los monopolios de la información, para que dos poderosos consorcios puedan ser dueños de todo el espectro de los medios en EE.UU. Los intereses corporativos globales contra los que Radio Free Cascadia combatía parecen haber obtenido una victoria temporal.

Pero los cubanos sabemos de esos reveses temporales. Y conocemos de la fuerza de las convicciones verdaderas. En el ínterin, Radio Free Cascadia demostró, como dijera Fungus Umungus de la operación de Seattle, que "los esfuerzos revolucionarios verdaderos se hacen sobre la marcha" y que "hay que estar siempre estudiando dónde y cuándo golpear al enemigo."

*Juan Jacomino Castellano. Es Graduado de la Universidad de Dar es Saalam, Tanzania, en Lingüística Bantu y Literatura Africana (1983). Cursó estudios de post-grado en Periodismo impartidos por la Unión de periodistas de Cuba y el Instituto Internacional de Periodismo "José Martí". Fue funcionario de prensa en el Servicio Exterior cubano, y Director de Política Editorial de la emisora Radio Rebelde durante tres años. Actualmente es directivo de Radio Habana Cuba.

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Juan Jacomino

Juan Jacomino

Periodista y traductor cubano. Trabaja para Radio Habana Cuba.