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Huracán Willa se dispersa sin causar daños humanos

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Señales de Willa en costa del Pacífico de México. Foto: AFP.

Caminos secundarios cerrados por árboles caídos, algunas inundaciones, daños en casas y distintas estructuras, y cortes de luz y agua constituyen el saldo que deja el Willa este miércoles tras golpear el Pacífico mexicano como huracán categoría 3, pero cuyos remanentes se dispersan ya en tierra.

El Centro Nacional de Huracanes (NHC) en Miami, EEUU, emitió su reporte final de este fenómeno, cuyos remanentes se dispersaban durante la mañana sobre el norteño estado mexicano de Nuevo León, dominado por una cadena montañosa.

Mientras, en Escuinapa, comunidad de 30 mil habitantes localizada en el sur del estado de Sinaloa y por donde pasó el centro de Willa la noche del martes, empezaba la evaluación de los daños materiales y más de 2 mil pobladores de aldeas costeas que ahí fueron alojados empezaban a regresar a sus casas.

“No hay ningún dedo dañado y teníamos aquí 200 personas”, declaró Víctor Aguilar, de 76 años y administrador de uno de los contados hoteles en la comunidad.

“Tenemos que reparar pero no me preocupo, vamos a buscar de comer primero porque no hay luz ni agua”, agregó el hombre al congratularse de que el fenómeno deja saldo blanco en cuanto a víctimas humanas.

Willa deja “mucha afectación material pero lo importante es que no hay pérdida de vidas humanas”, dijo el gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz.

El huracán derribó varios árboles y carteles, además de dejar daños en una iglesia y el hospital general. También había corte en los servicios de agua y energía eléctrica.

“Fue pérdida total”, dice Samuel Vicencio, pastor de la iglesia protestante severamente dañada. “¿Qué podemos hacer ante el poder de la naturaleza?”, agregó.

Varios pobladores asomaban desde sus puertas para observar los daños y a los trabajadores que buscan restablecer la luz. Otros barrían las hojas y la basura que arrastró Willa.

Algunos negocios abrían sus puertas aunque otros permanecían todavía cerrados con las protecciones en las puertas y ventanas.

“Se oía como el demonio”, dice Ernesto Mallorquín, un pensionado de 61 años. “No temía, estaba tratando que no se me preocupara la familia, duró como tres horas con aire recio”.

Equipos de los gobiernos tanto federales como de los Estados realizaban por la mañana recorridos en la zona de impacto, en el sur de Sinaloa y el norte del vecino Nayarit, para hacer un balance preciso de los daños y destinar los recursos del fondo para atender desastres naturales.

La llegada de Willa, que el lunes por algunas horas alcanzó la categoría 5 (la máxima de la escala Saffir-Simpson), obligó a la evacuación de más de 4 mil doscientas personas, incluidos algunos turistas, que se encontraban en las zonas más vulnerables del paso del fenómeno.

En el sur de Sinaloa y el norte de Nayarit se desplegaron militares que se encargarán de limpiar caminos obstaculizados y, en caso de ser necesario, preparar alimentos para las poblaciones afectadas y ofrecer consultas médicas.

Escuinapa fue la comunidad que albergó a la mayoría de los desplazados pues en el refugio anticiclónico pasaron la noche más de 2 mil quinientas personas, la mayoría procedentes de pequeños poblados cercanos que se dedican a la pesca y donde las viviendas son de materiales frágiles.

Antes de debilitarse, Willa afectó a los estados de Sinaloa, Durango, Nayarit, Jalisco y Zacatecas, así como las Islas Marías, donde hay una cárcel federal con unos mil reos y donde no se reportaron daños mayores.

Las clases en algunos municipios de Sinaloa y Nayarit siguen en tanto suspendidas.

En septiembre, amplias zonas del Pacífico mexicano fueron afectadas por intensas lluvias que dejaron al menos 15 muertos.

A ese saldo se sumaron la semana pasada otras 12 víctimas -entre ellas, siete menores- por inundaciones en Oaxaca, en la costa del Pacífico sur.

(Con información de AFP)

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