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Garatti y las obras abiertas (+ Fotos)

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Vittorio Garatti (2)

Vittorio Garatti en La Habana. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Amo los sistemas abiertos que interactúan con información. Odio los sistemas cerrados que sofocan.

Vittorio Garatti

Él pasaba, de nuevo, por La Habana –ese animal cuya piel conoce bien–.Yo apuré el paso por las populosas callecitas de la ciudad vieja para llegar a tiempo de regalarle una flor y decirle gracias maestro, apretándole la mano, porque Garatti es un hombre que debe recibir cosas como flores y gratitud. Porque las de Garatti son manos que han creado mucho y hay que apretar y gritarle a través de la mano propia, gritarle perdón en nombre de algo, como si en eso fuera todo remedio. Perdón desesperado por la mitad de un siglo de retraso imperdonable.

Vino para asistir a una exposición gigantesca dedicada a su obra, cuya cumbre –en la ENA (Escuela Nacional de Arte), las Escuelas de Ballet y Música– está aún inconclusa. Garatti las visita siempre que viene. Aún lo hace al cabo de 49 años, y pasa los ojos por toda la voracidad con que avanza su no terminación, como consolando con la mirada un lamento.

En el Centro Wifredo Lam lo encontré mirando a través de una ventana. Afuera, las hojas de un cocotero. El arquitecto sonríe y dice: “Estoy mirando las ventanas de mi escuela: esas hojas son las persianas de la escuela de Ballet”.

Garatti es noble. Y no ahora por tener 87 años y ser un anciano, que se tienden a venerar como si por fuerza el aura de Quijote que los envuelve los hubiera acompañado toda la vida. Él tiene algo más que un aura: profesa una fe sin límite en el ser humano, pulida en todos sus días con el mismo oficio con que hace criaturas en el espacio, con la misma elemental humildad del artista que es.

Esta fe suya creció, como él, a pesar de las bombas de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de las recurvas de los sistemas y de los hombres de los sistemas, porque vio temprano que había muchos ángulos donde posar la mirada, que los elementos se movían caóticamente en el espacio. Y vio que era natural.

Después de mi tesis de grado, en 1957 me establecí en Venezuela, donde conocí al cubano Ricardo Porro, que estaba exilado. Allí empezamos a trabajar.

A los nueve meses del Triunfo de la Revolución, Porro vuelve a Cuba. En los meses que siguen a enero del 59 la burguesía sale en bloque del país, diciendo que es solo por una semana “porque los americanos no van a permitir esto”. Se fueron los arquitectos, los médicos… entraron todos en una psicosis.

Porro nos llamó a (Roberto) Gottardi y a mí y nos dijo: “Vengan por acá”. Fuimos los primeros técnicos extranjeros en llegar.

Vinimos a Cuba y empezamos trabajando en Planificación Física en la Universidad. La joven arquitecta que era Selma Díaz cuenta que Fidel le dijo que tenía que ocuparse de hacer la escuela de arte más bella del mundo. Entonces ella habló con Porro.

En esos años –59, 61– la Revolución estaba al comienzo. Cuando nosotros llegamos estaban los cañones antiaéreos en el Malecón de La Habana, y después de unos días fue el ataque a Girón. Era un periodo de guerra, donde los encargos se hacían de esta forma: “¿Tú sabes manejar el fusil? Bueno, toma un fusil. ¿Tú sabes comandar vuelos? Toma esto. ¿Tú sabes hacer arquitectura? Hazlo”. No había tiempo para concursos o burocracia. Así llegó aquel encargo: hacer “La Escuela de Arte Más Bella del Mundo”.

Esas cinco escuelas (Plástica, Danza Moderna, Teatro, Ballet y Música) tenían que estar muy ligadas entre sí; funcionando libremente, pero como parte de una escuela compacta. Así que lo primero que pensamos hacer fue una “ciudad del arte”. Pero el lugar era ese parque bellísimo que era el Country Club de La Habana. Entonces, casi como arquitectos del Renacimiento, nosotros paseamos por el parque. Tenía una circunvalación alrededor por las casas de los burgueses, donde se pensaba alojar a los estudiantes. Empezamos a recorrer y decíamos: “Yo, aquí. Yo, allá”.

Yo me encontré el vallecito este donde pasa el río Quibú. En aquel entonces estaba limpio, perfecto. Me encantó el lugar. Siempre me han encantado los huecos, las galerías, las grutas… por todo el misterio.

Teníamos que “ofender” lo menos posible al parque: integrarnos con la naturaleza. En lo que habíamos elaborado de análisis histórico, del ambiente, dijimos: “Es un parque, tenemos que pensar en toda la arquitectura que se hizo en los parques, en los jardines”. ¿Quién hizo los mejores? Los que describe Las mil y una noches, los jardines árabes y los del Mediterráneo; también los ingleses con sus grandes invernaderos de cristal… Claro, tenía que ajustarse al trópico.

Y por ahí empezamos.

Después nos dijeron que debíamos cumplir con las necesidades funcionales que fueran pidiendo los directores. Por lo demás, libertad total.

Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Garatti continúa trabajando como arquitecto. En la foto, lo encontramos en la oficina de Jorge Fernández, Director del Centro Wifredo Lam. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Estábamos en el momento más bello, más libre, más dinámico de la Revolución: no podíamos realizar un modelo preconcebido, ya visto: tenía que ser todo evidentemente nuevo.

Las escuelas tenían que ser elementos dinámicos que se integraran, se entrelazaran. No podía ser la forma clásica, bloqueada; porque el poder siempre ha tenido que representarse como tal. Siempre ha tenido que realizar formas simétricas para decir que todo lo que está a la derecha tiene que estar también a la izquierda, que la realidad es inmóvil, porque si es móvil se corre el riesgo de perder el poder. “El poder ya es mío y no se puede tocar”: a la clase poderosa siempre le ha gustado la cosa pesada, firme, para demostrar que eso es.

Pero, ¿cómo podía ser donde ya eso no existe? Podía ser otra cosa: una forma libre, en movimiento, como lo era la Revolución, que no era dogmática. De ahí que la que hicimos puede ser una arquitectura de la revolución. Si el pueblo conquista el poder, si ya no hay nadie atrás, no hay que decir: “Yo soy el dueño de todo esto”. No, ya no hay dueño. El pueblo puede gozar de toda esa creación. No tiene que haber un símbolo imponente. Por eso todos los proyectos que hicimos son tan abiertos, tan en transformación. Una arquitectura revolucionaria es igualmente bella, y se logra esa belleza que se inunda de la gente.

Entonces al final se fue realizando una cosa que no expresa poder, sino vida. Uno debe lograr representar que la verdad es belleza. La verdad del poder es una verdad parcial, porque la verdad es más grande, más rica.

Vittorio Garatti y Alberto Moravia en las escuelas de arte, durante una visita del escritor a Cuba.

Vittorio Garatti (izquierda) y Alberto Moravia en las escuelas de arte, durante una visita del escritor a Cuba.

Nos dijeron que lo único que teníamos a disposición era mucho barro, nada más: “Tenemos muy poco hierro y muy poco cemento, a ver cómo se las arreglan”. Pero en la arquitectura, cuando hay problemas de necesidad, el hombre inventa.

En las escuelas de baile las aulas eran como un gimnasio, con concreto, y había que usar viga para sostener ese techo. Fuimos a ver cómo trabajaban los bailarines y nos dimos cuenta de que en el espacio rectangular y con techo plano –aunque fuera alto– el bailarín, mostrando su figura, virtualmente chocaba con el techo y con la pared. Lo recto se volvía un límite para todo su movimiento. Pensamos que lo mejor sería tener una cúpula que pudiera “recoger” los espacios que ellos crean con el movimiento. Y que la pared tampoco fuera plana, sino convexa o cóncava.

Y ahí hubo esa casualidad –porque la realidad está hecha también de choque, de casualidad–: encontramos en el parqueo del Ministerio de la Construcción a un trabajador recién llegado de España que era hijo de un obrero que había trabajado con Gaudí y conocía la técnica de la cúpula catalana.

Entonces Porro y yo escogimos la cúpula. Él la hizo de una manera y yo de otra. Yo hice la cosa convexa y él cóncava. Además, los árboles son cúpulas. Y el lugar estaba lleno de árboles.

Hubo también ese maravilloso contacto con la pintura de Lam, esa imagen que es como un relámpago. El cerebro va cargándose de todo eso, y de ahí sale la línea curva. Poco a poco la forma se va haciendo. Yo insisto en que tiene que ser una resultante de todas esas consideraciones. Una periodista, después de que el proyecto estaba adelantado, me dijo que mi estilo era curvo. Y le contesté: “No hay ningún estilo, el proceso creativo se va autogenerando. Por cada tema hay una respuesta diferente, por cada historia, por cada lugar”.

Comenzamos a levantar los muros y cuando llegamos al techo, ochenta hombres que el obrero español preparó en 6 o 7 meses empezaron a cubrirla con la cúpula catalana. El gasto de cemento se redujo muchísimo.

Aun así, producto del bloqueo pararon las obras no productivas. Había habido una gran inversión en la cultura, pero con las necesidades de la economía todo lo que no era productivo, lo pararon.

Ahí se detuvo la obra.

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“Estoy mirando las ventanas de mi escuela: esas hojas son las persianas de la escuela de Ballet”. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Yo fui a trabajar a Planificación Física, y con Sergio Baroni participé en el concurso Playa Girón, donde obtuvimos mención e hicimos el proyecto del Pabellón Cuba para la Feria Internacional Montreal´67 que se inauguró en abril de ese año. Y así. Después me puse a trabajar en el Plan Director de La Habana, en los años 70.

Porro fue entonces el menos afortunado porque tenía un gran enemigo, que tenía también yo: el arquitecto Antonio Quintana, quien lo puso a trabajar en el zoológico construyendo jaulas.

Porro emigró entonces a París. Cuando llegó tuvo un poco de problemas, pero después ha hecho maravillosos trabajos sociales, hospitales, escuelas, viviendas… En Italia yo no tuve esa suerte, porque estaba muy baja de economía. Y Gottardi se quedó aquí en Cuba.

Yo salgo de Cuba en el 74. La verdad es que me dijeron que tenía que escoger. Yo lo justifico así: se inventó la falsa noticia de que muchos de los técnicos extranjeros eran en verdad espías. En Europa se habló muy mal de Cuba. No entendieron que estábamos en la guerra, y en la guerra se puede ser golpeado por fuego amigo. Si tú estás en una situación de guerra, tienes que dar por descontado que te pueden pasar cosas así, porque el peligro compromete.

Además, yo trabajaba de una manera muy irregular, tenía planos en la casa. Entonces después de a un par de amigos, me detuvieron a mí. No es cierto que me hayan pegado, aunque la detención duró 21 días, y se me hizo larga, en un cuartico chiquito, sin luz, sin poder salir. Pero un día me sacaron, me pusieron en una casa con piscina, y un médico por 15 días todas las mañanas me preguntaba: “¿Cómo se siente usted?”.

Yo le dije a Wanda, mi mujer: “No vayas a la embajada a protestar. Vamos a esperar que todo se aclare”. Me dijeron finalmente: “Usted ahora puede hacer dos cosas: enfrenta un juicio o se va”. Entonces yo pensé que ya estaba empezando a envejecer y no tenía ganas de perder un año en la agricultura, así que dije: “Me voy”.

Después, con los años, Carlos Rafael Rodríguez me escribió diciendo: “¿Por qué no pasas por aquí? Llámame”.

Aquello había sido una estupidez. A los trece años volví y no había pasado nada. Fue un accidente de guerra. Pero la gente no lo entiende así porque no entiende la historia. El problema es que piensan que cuando llega la Revolución todos los hombres se hacen honrados. No, no es así. ¿Qué se imaginaron, que porque llegó la Revolución todo el mundo era, de golpe, inteligente? No, la Revolución hace la posibilidad de llegar a la cultura, como decía Martí.

Va a pasar mucho tiempo.

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Garatti proyectó las escuelas de Música y Ballet de la ENA, en Cubanacán. La obra se detuvo en los sesenta y permanece inconclusa hasta hoy. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

El arquitecto tiene la responsabilidad de realizar espacio para el desarrollo de la vida de todos los hombres. Eso es. Alberti (1460) dijo: “La ciudad es una gran casa, y la casa es una pequeña ciudad”. La casa tiene corredores, la ciudad tiene plaza y tiene calles. Lo malo es que hoy día las ciudades están sumergidas en automóviles que lo cubren todo. La lucha es más dura.

Yo todos los trabajos los he considerado el más importante. Todos los he hecho con la misma voluntad. Mi arquitectura es crear ese espacio donde el hombre se pueda desarrollar bien y gozar de la vida. Es una arquitectura para la vida del hombre. Trata de que se sienta bien, contento, en gozo.

Que una ciudad no sea bella y funcional es muy malo. Por eso digo que hay que pensar bien en el contexto, hay que considerar la naturaleza, la poesía, y la literatura, la danza, la música… Todas esas cosas. Si no las hay, si hay solamente función, no hay poesía. ¿Y cómo se vive sin poesía, sin música? El que viva con lo meramente funcional se está castrando.

Una ciudad es un encuentro de hombres, trabajo, comercio, mercado, intercambio. Naturalmente la ciudad tiene que ser balanceada, de manera que sea un organismo.

El Plan Director de Ciudad de La Habana nuestro decía “la ciudad tiene que estructurarse, organizarse alrededor de los centros de trabajo creativo”, que son el corazón. El trabajo es lo fundamental, es lo que da satisfacción; donde hay trabajo hay vida, donde no hay, hay muerte. Los centros de trabajo creativo son la producción, la educación y la vivienda. Donde haya ese aspecto comunicativo, esa integración, la ciudad está viva. Es un encuentro vivo de gente que se interconecta, se interpela. No puede haber ciudades dormitorio.

Cuando vinimos de Caracas a La Habana, Porro nos llevó a la Plaza de Armas, a la Plaza Vieja, nuestra exclamación fue: “¡Oye, esta es una ciudad!”, respecto a Caracas, que era un pueblo. Después con el petróleo se ha llenado de rascacielos, puro rascacielos.

La Habana es una ciudad bella, la influencia española, el azúcar… además tiene el mar, tiene un puerto. Todas las ciudades en el mundo que tienen puertos son muy vivas, porque puerto quiere decir intercambio, quiere decir gente que llega y que se va, mercado.

Ahora, lo malo es que después de la expansión de La Habana con el capitalismo, toda horizontal, se ha extendido y extendido, y se vuelve ya periferia. Periferia en una ciudad es zona que no se puede servir, zona sin servicio; pero en el plan la ciudad tenía que concentrarse alrededor de la bahía. En la colina de Guanabacoa poner edificios altos para poder ver la llegada de los barcos, los trenes que van…

Nosotros decíamos que había que hacer vías llenas de flamboyanes que hacen como túneles. Imaginaba que cada 500 metros, 700 metros, se pudiera hacer una piscina. Entonces aquí no se veía muy bien usar sandalias, los hombres menos; pero yo me imaginaba que, siendo el trópico, se iba en sandalias, en shorts y cuando se volvía del trabajo a la casa, se pasaba por ese túnel de flamboyanes y cuando se encontraba la piscina la gente cruzaba, salía del otro lado y alrededor de la piscina había unas cajas con libros y revistas dentro, y uno se podía poner a leer a las 5 de la tarde, de regreso del trabajo. Su natación y después caminando a la casa.

Eso en el trópico sería interesante. Lo dijimos en el plan. No se ha podido hacer; pero, bueno, la gente por lo menos va en sandalias y en shorts y hay por ahí túneles de flamboyán.

"Esas hojas son las persianas de mi escuela".

“Esas hojas son las persianas de mi escuela”.

Da un poco de tristeza el hecho… no tanto de que la obra esté parada como de no poderla siquiera conservar bien. Que pueda ser como un parque arqueológico, que se pasa y se ve, porque todavía es fascinante la Escuela de Ballet. Necesita una corrección de río porque en Marianao hicieron fábricas, tintorerías y después bloquearon la salida al mar…Hay que hacer algo.

A pesar de lo que me ha pasado, he salido bien. Yo tuve un tipo de educación que me ha hecho enfrentar mejor la vida. He tenido también la experiencia de la guerra, sé qué significa cuando te destruyen todo. La vida nos impone tareas, y hay que enfrentarse. No ha habido nunca en el mundo un momento de verdadera paz, si uno lee los libros de historia; pero ha habido siempre gente que se ha dedicado a la vida, que ha tratado de cambiar: soy optimista.

Por eso yo sé que un día se logrará completar ese sueño, esa escuela por América Latina, por el tercer mundo. En eso tengo fe. Me gustaría por lo menos ver realizado el teatro de la sinfónica que terminamos ya como proyecto.

A cada rato me pregunto si ya ha llegado el momento en que me “quiten la corriente”. Todavía tengo; pero cuando me la quitan, me la quitan. ¡Por lo menos puedo decir que he vivido tanto, que la vida la he gozado tanto!… No me siento frustrado. Tengo a mis niños: mis tantos alumnos –también en Cuba tengo muchos– y tengo las obras, que mis niños van a terminar. O los niños de mis niños.

Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Garatti junto a la autora de la entrevista, al final de la charla. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Se han publicado 18 comentarios



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  • CARIBE dijo:

    Monica Rivero.
    Mis saludos.
    Le estaria agradecido se comunique conmigo al correo azahares@edigtmo.co.cu , pues como veo estan dentro de su contenido los temas de arquitectura, necesito informacion y graficas sobre los centros de investigaciones inaugurados por la presidenta de la OMS recientemnete, si hay otro compañero que los posee se lo agradeceria.
    Exitos.

    • carlos alfonso dijo:

      CARIBE venga a verlo con sus propios ojos, no es lo mismo la informacion visual directa que por correo, aunque sea electronico, saludos carlos.

    • Mónica Rivero dijo:

      Caribe, me temo que no puedo ayudarlo. No dispongo de esa información. Saludos. Gracias.

  • mandy dijo:

    hermoso personaje…sin palabras…

    • AFICIONADO dijo:

      No sé como es capaz de transmitir tranta grandeza y humildad tanto con su obra como con su personalidad, ojalá contará con la distinción de estrechar su mano y conocerlo.

  • Eduardo dijo:

    Buen trabajo, Mónica. Me gusta tu periodismo porque eres recalcitrante y obstinada. Te reitero otra vez: arriésgate siempre. Estás dando mucho de qué hablar y leer.

  • carmen dijo:

    Gracias a ti, Mónica me he enterado de muchas cosas que no sabía, y comprendo porqué hemos llegado a este estado de depauperación, muy buenos tus artículos, cuando veo algo firmado por tí lo leo rápido porque se que es bueno.

  • Soy Martiano dijo:

    « Los hombres capaces de hacer cosas universales no deben consagrar su tiempo a, ni perder sus fuerzas en, pasiones personales y pequeñas.-Son piedras sobre las alas, o hidras que muerden las alas. Una gran alma no necesita de pequeños goces.-Las grandes ideas y las grandes acciones son la familia natural de un hombre grande.-Grande por su interior grandeza, que es la grandeza esencial y real, halle o no ocasión de realizarse. » Apuntes Cuaderno 9. José Julián Martí y Pérez.

    • Mónica Rivero dijo:

      iA Martí nunca lo leeremos lo suficiente! Mil gracias.

      • Soy Martiano dijo:

        Gracias miles a usted. Felicidades por su periodismo. Excelente dedicación al Maestro Garatti. Su obra, aunque inconclusa ejecutivamente, es referencia en la arquitectura cubana perteneciente a la maravillosa etapa experimentativa del 60, realizada de conjunto con los maestros Porro y Gottardi. A Porro lo conocí en una magistral conferencia en la Habana de sus obras en Cuba y en el exterior. Ojalá pudiera conocer a Garatti y Gottardi. Y aún tengo un sueño, que los arquitectos presentes y futuros podamos ejercer con el arte en la mano obras maravillosas como esta.
        «Cada pensamiento trae su molde: más, así corno piedra de litógrafo se gasta cuando imprimen en ella muy numerosos ejemplares, y pierde vigor de línea y tinta la figura impresa, así pierde fuerza de influir y color con que brillar el pensamiento que cae sobre otros pensamientos en un molde usado. Y lo que comenzó como rugido de león, acaba a poco como ladrido de can. » Apuntes Cuaderno 6. José Julián Martí y Pérez.

  • enrique dijo:

    Muy interesante este artículo habla de la historia de nuestra cultura de bellas personas que apostaron por nuestra naciente revolución, y que por desgracia por errores humanos fueron inculpados con falsos testimonios, pero que como buenos revolucionarios entendieron que una revolución verdadera como la nuestra ha tenido que pasar por momentos muy difíciles, y en determinado momentos amigos verdaderos han sido afectados, los verdaderos perdonan y reconocen la obra de nuestra patria, gracias por este artículo.

  • gilberto dijo:

    lindo trabajo,
    creo que la pelicula Unfinished Spaces dijo mucho sobre el escenario en que las obras de las escuelas de arte se detuvieron,
    el argumento de “obras no productivas” no es totalmente convincente, se que es lo que se argumento por las autoridades del MICONS, pero eso es solo la punta del iceberg, pues casi al mismo tiempo se estaba creando el Dpto de Escolares, que lanzo obras como las Vocacionales y lleno el pais de Escuelas en el Campo.

    Garatti fue acusado de ser agente de la CIA, porque se llevaba los planos para seguir trabajando en su casa, y fue expulsado de Cuba, esto esta dicho asi en la pelicula documental, luego de mas de 20 anos se le pidioo disculpas y se le invito regresar a Cuba

    yo sugiero, entrevistar a Roberto Gottardi, arquitecto italiano que tambien hizo las escuelas, el hizo la de Teatro, y quien vive en Cuba desde entonces, atesorando infinitas vivencias y experiencias de aquellos dias aciagos, en los que la belleza se convirtio en un razgo burgues.

    • Mónica Rivero dijo:

      La entrevista a Gottardi ya está en curso. iSaludos!

    • Eneyde Ponce de Leon dijo:

      Mónica, celebro tu articulo porque es un merecido reconocimiento a Vittorio Garatti a través de su intensa experiencia en Cuba. Su generosidad y comprensión son inconmensurables, lo se bien, siempre hacia Cuba los mejores pensamientos y entrega desinteresada de su trabajo por las Escuelas, en el planeamiento urbano y demás. Había leído el articulo pero no me parecía oportuno señalar un pequeño detalle, pero como he visto otros comentarios, quiero expresar que no creo haya sido Vittorio a decir que regresó cuatro, cinco años después del incidente, contado muy simplificadamente, como bien corresponde a este articulo, cuando su regreso ocurrió en 1987, es decir trece años después. Cierto que este detalle es como mirarle las manchas al sol, cuando el propio Vittorio tiene el justo juicio sobre el hecho. Felicidades por tu articulo.

  • F@B@T dijo:

    Muy buen trabajo, felicidades

  • H.Tamara dijo:

    Bella entrevista, grandeza de hombre dedicado a nuestra arquitectura, siempre estaremos en deuda con todo lo que nos ha enseñado como profesional y como hombre grande.

  • Jose Miguel Garofalo Fernandez dijo:

    Gracias a Alejandro y Monica Rivero y mi amiga de facebok Xime Vergaram que vive en Argentina,creo, y que gracias a visitar su pagina me encontre este trabajo tan atractivo sobre la obra de Garatti y alegrarme con su entusiasmo, su alegria de vivir y transmitir conocimientos. Vivir puede ser un viaje aburrido o una aventura maravillosa, depende de las circunstacias, pero tambien de nuestra voluntad y capacidad de amar y de soñar. JMGarofalo.

  • philipa granger dijo:

    Excelente reportaje para quien tanto lo merece, por humilde , por talentoso y por todos los atributos que le asisten.

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Mónica Rivero

Mónica Rivero

La Habana, 1989. Graduada de Periodismo (2012) en la Universidad de La Habana. Twitter: @lamagoch

Alejandro Ramírez Anderson

Alejandro Ramírez Anderson

Director de cine y fotógrafo guatemalteco, radicado en Cuba. Graduado en la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual de Instituto Superior de Arte, institución en la que es Profesor.

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