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El origen de una saga gallega y cubana en Hollywood

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La Opinión, de la Coruña : El origen de una saga gallega en Hollywood

La actriz Carmen Estévez, hermana de Martin Sheen, reconstruye la estoica figura de su padre, el emigrante pontevedrés Francisco Estévez, y revela los angustiosos comienzos de la carrera del célebre actor

Martin Sheen, en 1970, ante la casa natal de su padre, en Parderrubias.

Martin Sheen, en 1970, ante la casa natal de su padre, en Parderrubias.

Martin Sheen rompió a llorar el día que entró en el cementerio parroquial de la aldea pontevedresa de Parderrubias. En casi todas las lápidas destacaba omnipresente el apellido Estévez. Allí estaban sin duda las raíces ancestrales de un apellido que el célebre actor tuvo que abandonar para hacer carrera en el cine. Es el mismo apellido que luce solitario en el cementerio de Dayton (Ohio), donde yace Francisco Estévez, un inmigrante pontevedrés que dio a Hollywood dos generaciones del héroe americano en las encarnaciones de su hijo Ramón Estévez (Martin Sheen, en ‘Apocalypse now’) y su nieto Carlos Estévez (Charlie Sheen, en ‘Platoon’).

SANTIAGO ROMERO | A CORUÑA En la reuniones familiares de los Sheen, suele contarse esta anécdota: Alfonso, hermano de Martin Sheen, entra en casa con una revista bajo el brazo y su padre, Francisco, le pregunta: “¿Viene algo sobre Martin?”. El hijo responde que no. “¿Y entonces por qué la compras?”. Francisco fue un emigrante gallego forjado en el sacrificio, que transmitió esa espartana visión de la vida a sus descendientes.

“Era un hombre muy duro, no dejaba pasar una -recuerda Carmen Estévez, hermana de Martin Sheen, que tras una etapa de actriz en Nueva York decidió establecerse en Madrid-. Jamás le oímos pronunciar una palabra en la que se mostrara totalmente satisfecho de lo que hacíamos, aunque luego supimos por terceros lo silenciosamente orgulloso que estaba de nosotros. Pero era incapaz de decírnoslo, pensaba que nos ablandaría. Se quedó viudo a los 53 años, con diez hijos, y permanecimos unidos gracias a él”.

Francisco Estévez salió de la localidad pontevedreses de Parderrubias hacia Cuba en 1916, con 18 años y mucha miseria como equipaje. “Sólo hablaba gallego; aprendió el castellano en Cuba -rebusca Carmen en su memoria- y es curioso que cuando volvió a Galicia en 1967, después de medio siglo viviendo en inglés, volvió a hablarlo como si nunca hubiera hablado otra cosa. Mi padre tenía un sentido del humor que no supimos comprender hasta muchos años después, cuando conocimos Galicia y a nuestros parientes. Tenía una gran ironía, eso que llamáis retranca, pero? ¡nosotros creíamos que hablaba en serio!”.

El patriarca gallego de los Estévez pasó de los cañaverales de Cuba a las fábricas de Dayton (Ohio), donde su numerosa prole se criaría en un modesto barrio de inmigrantes irlandeses, entre los que elegiría a su esposa, “que era tan terca como mi padre; esta mezcla de sangre gallega e irlandesa es explosiva”, bromea Carmen. “Éramos pobres, claro, pero no importaba, porque todos lo eran en aquel barrio (en las fotografías puede apreciarse a un infantil y “raído” Martin Sheen de esa época). Mi padre nos decía que nosotros no sabíamos lo que era una vida dura de verdad, como la que él había dejado en Galicia, cuando recorría a pie diariamente casi 40 kilómetros con un cargamento de pescado a la espalda. Sin embargo, nunca abandonó su obsesión de acabar su vida en Galicia, ni siquiera cuando Martin se había convertido ya en una estrella de Hollywood. Cuando por fin pisó de nuevo Parderrubias, aún sabía dónde estaba cada árbol, cada alto, dónde vivía cada cual. Todo estaba en su cabeza”.

Francisco Estévez se llevó un disgusto cuando su hijo Ramón decidió probar suerte como actor en Nueva York. “¡Pero si no sabe cantar ni bailar!, nos decía con desesperación”. Detrás de su oposición se escondía un viejo temor. El pequeño Ramón nació con la musculatura de un brazo atrofiada y, si uno se fija atentamente en sus películas, se nota que se pone la chaqueta de una manera rara, su brazo no funciona totalmente bien. Mi padre lo veía un poco como al desvalido de la familia, el que él creía que seguramente iba a tener más problemas para salir adelante? Mi hermano Martin era muy callado, tenía una vida interior que nosotros no sospechábamos. Iba mal en el colegio, aunque siempre estaba en las obras de teatro, desde muy pequeño. Sufrió muchísimo en Nueva York. Llegó a confesarme que nunca creyó que acabaría haciéndose un nombre en el cine y que muchas veces pensó en volver a su casa en Dayton con la cabeza gacha, pero no tenía dinero para regresar”.

En esos años fue cuando Ramón Estévez adoptó el nombre artístico de Martin Sheen. “Era el apellido de un obispo que tenía un programa de televisión y nosotros andábamos por ahí diciendo que era ilegítimo del obispo”.

Desde 1965, Francisco Estévez vivió yendo y viniendo de Dayton a Parderrubias, ocupado en construir en su aldea natal una casa que no llegaría a ver acabada. Murió en 1974 en Dayton y sus hijos le dieron sepultura en la misma tierra donde yacen su mujer irlandesa y su hijo Manuel, fallecido joven en 1968.

Pocos reconocerían en el humilde Estévez que luce en su lápida el origen y la leyenda de una saga, a los Sheen, que conquistaron América quizás sólo para oír decir por fin a su terco padre gallego: “¡Buen trabajo, muchachos!”.

La casa que Francisco Estévez comenzó a construir en Parderrubias, antes de su muerte en 1974, se levanta justo al lado de las ruinas de la antigua casa donde vino al mundo en 1898. La nueva vivienda se ha convertido en el cuartel general de vacaciones de cualquiera de los Sheen. Martin ha estado en ella varias veces desde 1970 y todos sus famosos hijos -Charlie, Emilio o Ramón- han estado al menos una vez.

Pero la estancia de Martin Sheen, que aquí es sencillamente Ramón, “un dos dez fillos que Francisco Estévez tivo coa súa muller irlandesa”, permanece siempre en un estricto anonimato celosamente guardado por el vecindario. “Aquí todo o mundo sabe perfectamente quen é el, desde logo, pero gárdanlle moi ben o segredo”, comentan en el pueblo.

Quien no suele andar nunca muy lejos de esa casa es Camilo Estévez, primo hermano de Martin Sheen, a quien se le hincha el pecho de orgullo cada vez que recuerda el devoto reencuentro de sus famosos parientes de América con los ancestrales Estévez del camposanto. “Es la abuela Dolores, dicíanme chorando de emoción. Claro, un pensa que esta xente non cre en nada, por aquelo de que andan polo estranxeiro ou pola súa zona, pero aí é onde se ve a morriña, o sangue que senten nas veas, da súa propia familia. Velos aí de xeonllos chorando coma nenos diante da sepultura da avoa? Ó meu primo Martin Sheen tíralle Galicia, polo que lle contara meu tío Francisco. Cando vén por aquí, non damos conversado o choio, falamos e falamos horas enteiras, hai noites que non imos nin á cama. Plantamos a botella de augardente enriba da mesa, que encanta , unas cañas e un bó viño do noso? De primeiras, parece que non lle gusta moito o viño, pèro cando lle empeza a tomar o paladar é una maravilla, baixan botellas a tope”.

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  • Yaiza dijo:

    Y a pesar de tener todos sangre española, estos artistas no se dignan nunca a hablar en publico en español.

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