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Andaba yo dando vueltas por el escritorio de mi computadora, cambiando archivos de un lugar a otro para no perjudicar la más reciente imagen -algo muy personal-que he colocado en la pantalla. De buenas a primeras, me tropiezo con uno que dice Llora / Marta Valdés. Era el regalo que me había dejado, en una visita ya lejana, el joven cineasta Esteban Insausti. La traía de parte de Angélica, la hija del pianista Emiliano Salvador y era una evidencia de la ardua, amorosa e insistente labor de rescate que ambos cineastas habían venido realizando con el legado del desaparecido músico.

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emiliano salvador

Emiliano tenía los ojos de un color que no puedo decir ahora mismo si eran verdes, azulito claro o de un negro tan intenso que su mirada se volvía transparente, lo mismo cuando estaba serio que cuando se reía. Había nacido músico, pichón de músico -puede decirse-en Puerto Padre, en el año 1951. Músico de nacimiento pero a él, sobre todo, la música le gustaba igual cuando era él mismo quien tenía la oportunidad de tocar, que cuando estaba del lado de los espectadores.