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La Adivinación, entre el Azar y el Destino (IV)

Para el hombre religioso, el significado de las admoniciones es mucho mayor que lo que se expresa en ellas de manera inmediata; cada admonición se descompone en un número indeterminado e ilimitado de posibilidades y alternativas diferentes, comprendidas, intuidas o agudamente sentidas. Uno de sus caracteres distintivos es la extrema generalidad, expresada en la forma de aseveraciones categóricas, metáforas, símiles, parábolas, relatos míticos y refranes populares.

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La Adivinación, entre el Azar y el Destino (III)

El individuo -y la colectividad- no están exonerados nunca de afrontar su propio destino, de tomar una decisión ante el perenne dilema que implica la relación entre la fatalidad y el libre albedrío, entre el determinismo y la libertad. Dios y las divinidades hacen saber de sí y de sus designios por medio de sus oráculos; pero éstos apenas ofrecen recomendaciones, de forma tal que el hombre es libre de aceptarlas o no, de avanzar por los derroteros indicados o asumir el azar a cuenta y riesgo propios.

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La adivinación, entre el azar y el destino (II)

Las deidades nunca manifiestan su voluntad de forma inmediata, sino sólo por mediación de la sapiencia y la pericia de los oficiantes. La palabra es divina porque es interpretada por el hombre, la criatura que en su hipóstasis bondadosa es Dios, y en su hipóstasis malévola es Diablo, y que lleva en sí todas las fuerzas del paraíso y del infierno.

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Artes adivinatorias

Atrás han quedado los tiempos en que la adivinación era castigada con la muerte y en que la Iglesia la consideraba inspirada por Satán. El espíritu religioso griego, marcado por la noción del carácter divino del acto adivinatorio, parece prevalecer en nuestros días. Su presupuesto tácito es la creencia en que la divinidad manifiesta sus deseos y veleidades y se comunica con los hombres a través de los más diversos medios, entre los cuales, sin dudas, un lugar privilegiado lo ocupa el oráculo.