Casa con mala sombra

Callejón del Chorro. Foto: Archivo
¿Casualidad o mala sombra? Los dos propietarios principales de la casa situada en San Ignacio y Callejón del Chorro, en una de las esquinas de la Plaza de la Catedral, murieron, en diferentes épocas, en la cárcel.
Se trata de una hermosa mansión sin portales. No puede compararse con la mansión del Marqués de Aguas Claras –actual restaurante El Patio- y mucho menos con la del Marqués de Arcos, que no solo es, al decir de Joaquín Weis, el inmueble más interesante de los que rodean la Plaza de la Catedral, sino el tipo más perfecto de casa colonial que nos queda, como aseguraba el arquitecto Bay Sevilla.
No es tan palacial la de la esquina del Callejón del Chorro. La identificamos fácilmente porque en una de sus paredes se colocó la tarja conmemorativa de la construcción de la Zanja Real, que allí desaguaba y que durante muchísimos años surtió de agua a la ciudad.
Pero, ¿cuál fue el destino de sus propietarios?
El primero de ellos fue Antonio Palacián y Gatica, dueño de la casa en 1740. Se desempeñaba como Teniente Gobernador y Auditor de Guerra, cargos que lo acreditaban como segundo al mando de La Habana.
¿Cuál fue su delito? Si uno se pone a ver, ninguno. Pero en unión de Gabriel Beltrán de Santa Cruz tuvo la mala idea de presentar una denuncia contra el gobernador de la Colonia, Francisco Güemes de Horcasitas, Primer Conde de Revillagigedo, que hacia rabiar al patriciado criollo. Por tal motivo, el gobernador interino le abrió un proceso que culminó con la condena del denunciante. Lo recluyeron de por vida en el sombrío castillo-prisión de San Juan de Ulúa, en Veracruz, México.
Once años después de que Palacián fuera enviado a prisión por denunciar al Conde de Revillagigedo, la casa del Callejón del Chorro estaba en poder de Sebastián de Peñalver y Calvo de la Puerta, Regidor, Teniente de Aguacil Mayor, Alcalde de La Habana en diferentes ocasiones y coronel de Milicias. Se destacó muchísimo Peñalver en la defensa de la ciudad contra la agresión británica (1762) pero cuando La Habana quedó de nuevo bajo la soberanía española, fue acusado de colaboracionismo con los ingleses y enviado a la península. Lo condenaron sin que su enorme fortuna y alto prestigio social lograran impedirlo ni paliarle la pena. Fue recluido en el presidio de Ceuta, donde murió poco después.
Alrededor de 1840 se instalaron en esa casa lo baños públicos llamados de la Catedral, primeros en su clase que existieron en La Habana. Para hacerlos, se aprovechó el antiquísimo desagüe de la Zanja. Recuérdese que no es hasta las décadas finales del siglo XIX cuando los principales hoteles y casas de huéspedes empiezan a disponer de lo que se llamaba “el lujo del baño”. En albergues de inferior categoría se daba información a los huéspedes sobre los establecimientos públicos donde podían bañarse al precio de unos 30 centavos.
Triste destino de una casa señorial. Presos sus dos propietarios y sus locales convertidos en baños públicos.


Gracias profesor Ciro, muy interesante de tan azarosas vidas e historia del inmueble.
Interesante artículo, profesor Ciro