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Lázaro Madera, un bateador impredecible

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En el retiro de Casanova, Ajete, Madera y Daniel Lazo.

Para El Señor Pelotero

El béisbol es un deporte que necesita concentración, pues tiene más de filosófico que de militar. Además, el único donde los que defienden tienen en sus manos el implemento esencial: la pelota. Quienes lo fundaron, encabezados por el norteamericano Alexander Joy Cartwright, mucho tuvieron que pensar para medir las distancias del terreno, la confección de una regla que supera en grosor a cualquier otro deporte y los miles de vericuetos que a veces confunden hasta a quienes imparten justicia en los terrenos.

Lázaro Madera Blanco, uno de los seis hijos (tres hembras y tres varones) de Bonifacio y Caridad, nació en la ciudad de Pinar del Río, el 17 de junio de 1962 y alcanzó 166 centímetros de estatura, con 75 kilos de peso en su mejor momento deportivo. La familia se había asentado desde tiempos atrás en Río Feo, una zona pintoresca situada cerca de la capital provincial donde, entre otros, se desarrollaron jugadores de la talla de Pedro Luis Lazo, Daniel Lazo y Liván Moinelo.

Los tríos de grandes bateadores se han enseñoreado en nuestra pelota: Capiró- Marquetti-Medina, Pacheco-Kindelán-Pierre, Muñoz-Cheíto-Olivera, entre tantos otros. Vueltabajo no queda atrás con Linares-Casanova-Madera, a quienes habría que agregarle otro ilustre: Fernando Hernández. Tanto y con tanta fuerza bateó Madera, que llegó a ocupar el quinto turno para cubrir al mismísimo Casanova, a quien los managers rivales dudaban pasar para la primera desocupada y tener que enfrentar al fortísimo con talla de Napoleón.

Debutó con el Habana de la XX Serie Nacional (1982-83), provincia donde hacía el Servicio Militar y los técnicos lo eligieron entre otros tantos. Al año siguiente se incorporaría al Vegueros y al Pinar del Río de las Series Selectivas, donde compartió honores al mismo nivel de figuras legendarias.

El sempiterno quinto bate pinareño fue un pelotero impredecible, ora con jugadas tremendas o defectuosas, ora en un mal corrido, siempre conectando con fuerza, incluidos jonrones siderales, con disciplina estricta y una entrega absoluta al terreno.

He pensado que nuestro singular hombre se entregaba a las supersticiones y adivinaba los lanzamientos que le venían encima. Fue, nadie lo dude, el bateador más indescifrable de la pelota cubana y mucho más allá. Recio toletero e impulsor de carreras, cuando acudía al home plate con el aluminio (no usó la madera), abría un hoyito y después hacía una lomita con sus spikes. Hasta le llamó la atención en alguna ocasión el carismático Apolinar Barrios, el mismo que atendió el terreno por más de cuarenta años, pues tendría que arreglarlo. El fortísimo bateador no se sentía bien sin aquella ceremonia que incorporó.

Me viene a la mente una noche en el San Luis, en un encendido juego Pinar-Industriales, como casi todos, cuando la fanaticada se puso de pie y vimos volar la esférica bien alto sobre las bardas. Resulta que Lázaro entrampó una bola casi por la cabeza enviada por el Duke Hernández. Aplaudimos al delirio en las tribunas, salieron verdes y azules de los dugouts, el serpentinero se puso las manos en la cabeza y quien estas letras suscribe no lo podía creer. A la mañana siguiente me encuentro fuera del estadio al pitcher herido. Solo me dijo: “A este no sé cómo lanzarle”. Y él pocos días después me confesó: “Había que ganar ese juego”.

No tenía gran somatotipo, pues era de baja estatura, pero muy corpulento y fuerte físicamente. Desde la temporada 1983-1984 fue temible para los lanzadores por cuanto no tenía zona mala para batear. Conectaba con fuerza y mucha facilidad ante cualquier tipo de lanzamiento por donde viniera, ya fuera en zona mala, arriba o abajo. En la Selectiva de 1986 dio un jonrón ante un lanzamiento de short bounce frente a Mineros.[1]

Hace unos días un compañero de aula suyo recordó mi época de director en la Esbec “Manuel Zabalo”, de Sandino, hace cuatro décadas y media. Cientos de veces lo he tratado, entrevistado, aplaudido e invitado a mis tertulias beisboleras. Y él, despistado como es, no me recordaba, porque siempre le ha gustado estar por detrás, sin protagonismos. Hombre sencillo y sincero.

Convertido en entrenador y manager en las Series Provinciales, recomienda a sus discípulos que le tiren duro a la bola, como él lo hacía. Pero sucede que es imposible imitarlo. Los pitchers se desconcertaban cuando lo veían entrar al cajón, pues con la sencillez del mundo ponía a volar la bola con lanzamientos disímiles por el centro de home, bien altos o casi contra el suelo. Su problema era tirarle, no poncharse e irle siempre arriba a la pelota. –“A la que venga le voy a tirar”. Y así, rompiendo reglas y costumbres del béisbol, “adivinaba” kilométricos batazos. Virtud que abunda poco.

Yo me preparaba para batear lo que fuera, el asunto era darle duro y que saliera para donde quisiera, no estaba en eso de conectar para acá o para allá, las cosas salían casi siempre. Eso sí, me preparaba con fuerza, con mucha dedicación, respeto y disciplina. Los entrenadores me decían qué hacer, yo quería obedecerlos, pero cuando veía una bola a la que podía darle, le iba encima como una fiera.[2]

Huidizo a las entrevistas, dejaba el show mediático a los Capirro, Linares,  Alfonso, Julio, Juanito Castro y compañía, a él había que “pescarlo” para que hablara ante las cámaras y los flashes. Uno de los estelares más humiles, de él se habla menos de lo debido. Quizás el estilo peculiar le haya aportado la anterior sentencia, pero jamás se le oyó una queja, ni cuando le tiraran una bola encima. Sencillamente se sacudía, a lo Cheíto Rodríguez, y salía para primera. La bola debió sentirse al chocar con un hombre-roble.

Alguna vez, desconcentrado, se fue al robo de tercera con las bases llenas, como le sucedió (siempre lo recuerda), al mismísimo Linares en el Latino y años atrás a Don Miguel Cuevas. No obstante, ha demostrado su sapiencia al frente de varios equipos en las Series Provinciales, con resultados muy positivos. Un año Jorge Fuentes le dio vía libre para robar bases y resultó el primero del torneo.

Lázaro Madera.

Aquella noche jugábamos en el Capitán San Luis, estábamos arriba en el marcador, yo estoy en primera y Madera conecta un buen batazo que picó entre los jardineros. Salió desaforado como siempre, recuerda que era el año donde resultó líder en bases robadas. Yo, por una causa u otra, no seguí para home, me quedé en tercera. Entonces veo que viene a todo meter para arriba de mí. Puse el pie sobre la base y por poco me corta con los spikes. Cuando levantó la cabeza y me vio allí, preguntó: –¿Pero no habías anotado? –No, no anoté, ahora te quedas tú aquí, yo me voy para el dugout.[3]

Lázaro Madera Blanco tuvo una fuerza al bate, que unida al tacto le permitió alcanzar excelentes resultados. Está en esa extraña virtud de brillar en toda la ruta de la ofensiva, cual Linares, Víctor, Ermidelio y otros pocos, pues se distinguió en carreras anotadas, como jonronero, en impulsadas, de excelentes averages y para colmo, en bases robadas. Lo que se llama un todo terreno a la ofensiva.

Nunca lo manifestó, pero debió sentirse herido cuando sistemáticamente lo excluían de las Selecciones Nacionales:

En una época en que el equipo Cuba de béisbol tenía nombres, apellidos y hasta carnet de identidad; Madera fue destinado continuamente al equipo B, las razones esgrimidas para preterirlo fueron de lo más variopintas, pero lo cierto, lo históricamente cierto, es que en los libros han quedado sus récords ofensivos, que dan fe de su tremenda calidad como bateador, pues se encuentra entre los diez primeros en numerosos departamentos.[4]

Hoy anda por las calles saludando a quienes lo reconocen y planta sus tertulias. A menudo se llega al estadio para ver a sus muchachos, prefiere compartir con los más humildes de acciones y pensamientos. Sufre por las derrotas vueltabajeras y defiende a ultranza sus equipos, los mismos que compartieron con él sus años de gloria y remordimientos. En fin, amigo de los amigos, que son muchos y crítico de las cosas mal hechas.

Para no hacer extensas estas palabras, a quien apodé Caballo Loco lo admiré y admiro, por el indudable talento y la modestia; mérito mayor. Carismático en el silencio, se pasea entre los grandes. Ha cumplido misiones en el exterior y es un sempiterno chofer de Lada blanco.

La Selección Nacional le fue esquiva ante los Gurriel, Víctor, Ermidelio, el Capirro, Fernando Sánchez, Javier Méndez y otros tantos, pero cuando lo hizo, enseñó las garras de un campeón y eso merece respeto.

Mereció ser llamado al equipo Cuba, pero se pretextaba su mala defensa en el jardín izquierdo. Hizo equipos Cuba B entre 1986 y 1995. Estuvo en la Copa Intercontinental celebrada en Barcelona en 1991, donde fue eje de la victoria cubana en el juego final vs Japón al negociar magistralmente un boleto después de muchos batazos de foul, minutos después José Raúl Delgado decidió el torneo.[5]

Cuando a alguien se le ocurrió aquel indeseado retiro forzoso de 1997, que alteró el natural paso entre generaciones, ahí estuvo Madera, quien pudo rendir mucho más, junto a otros treinta y tres. El hecho lo marcó fuerte; su vida fue y es la pelota. En ese momento coqueteaba entre los primeros departamentos a la ofensiva.

Para quienes no estén al tanto de su huella, ahí les va esta ficha de 15 temporadas, incluidas las Selectivas:

CB            VB         C          H         AVE       2B          3B       HR        TB        SLU

6272 5774 909 1872 .324 297 26 264 3013 .522

 

BR      CI       DB        BB        SO        JJ         INN         TL          E        AVE

149 1093 92 321 585 1507 11289 1902 88 .954

 

– En la XXIII Serie Nacional (1983-84), resultó líder en carreras anotadas (64).

-En XXVI resultó al frente de las impulsadas (40), con un average de .355.

-En la décima Serie Selectiva (1984), líder en hits (63) y en impulsadas (38), empatado con Cheíto Rodríguez.

-En la XXVIII encabezó los dobles (15), jonrones (20) y bateó para .394.

-En la XXVII lo había hecho para .394.

-Fue electo el Jugador Más Valioso de la XXX Serie Nacional (1991), cuando alcanzó la prohibitiva cifra de .400 al bate.

 

[1] Lázaro Madera Blanco: Ecured, la Enciclopedia Cubana.

[2] Entrevista con el autor, julio de 2017.

[3] Luis Giraldo Casanova: Conversación con el autor de este trabajo, 18 de septiembre de 2018.

[4] Ecured, Enciclopedia Cubana

[5] Ídem.

Se han publicado 16 comentarios



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  • Raúl dijo:

    En ningun momento el autor refleja que posee mas carreras impulsadas y promedio de bateo superior a Casanova.

    • Amaya dijo:

      Esa afirmación es un reflejo de la calidad que tenía como bateador, en eso sus números no solo superan a Casanova, sino a muchos otros mas de los estelares a los cuales Casanova también superó, así es que sobran las palabras

  • Guillermo dijo:

    Lo vi hacer de todo desde el home run de short bounce, romper una base por bola intencional con un hit a un lanzamiento con el catcher de pie, hasta forzar una base por bola a base de fouls (7 si mal no recuerdo) tirandole a lanzamientos dudosos, era un animal, un barbaro de la pelota

  • Ricardo Cala dijo:

    Tremendo Madera. Hombre y pelotero a todo. Lastima que habia algunos que se consideraban muy comprometidos con el partido y el sistema (aunque hoy estan lejos de la isla donde sigue Madera) y por ellos le dejaban a un lado a la hora de compromisos internacionales en los que Madera brillo siempre con luz propia. Ay, las injusticias de los muy sabios y oportunisas dirigentes cubanos de su epoca… Hoy sera igual o hay alguna mejoria?

  • Pedro Adolfo dijo:

    No, no creo que a Madera lo hayan dejado por consideraciones de “partido y el sistema”, pero sí en aquella época de constalación de estrellas, sí había “anamoramientos” por estilos de jugar. Madera era tan heterodoxo bateando que se le tenia desconfianza para llevarlo. Además, como eran tantos buenos para un solo equipo, el pensamiento triunfalista de los directivos terminaba por desechar a los “inseguros” y elegir a los “probados” en el terreno internacional en ocasiones anteriores, o sea, a cometer injusticias con peloteros como Madera y demás y demás. Le “sacaban” faltas de calidad de cualquier tipo para llevar al que ellos les gustaba.
    Ahora, ¿Madera no llegó a jugar en una liga mexicana? Algo de eso se comentó después de su retiro. De que tenia un record de jonrones por México. No sé, no sé si a esta altura del tiempo son ideas mias.

  • Armando Capiro dijo:

    Profesor, cuando usted dice y cito sus palabras ”Cuando a alguien se le ocurrió aquel indeseado retiro forzoso de 1997” a quien se refiere usted? Por qué motivo callamos cuando deberiamos gritar porque eso fue una injusticia como la que le hicieron a Pedro José Cheito Rodriguez o al mismo Pedro Jova.
    Profe, hay que ser consecuentes con los principios, y cuando ellos se mancillan, hay que levanta la voz, porque si callamos por temor a perder ciertas prevendas nos humillamos
    Sea digo Profe y publique las cosas por su nombre, el futuro del pais se lo agradecera siempre.
    Brille Profe, usted puede, que si se puede profe!

  • Corona dijo:

    SÍ, es cierto, ese ” Retiro Forzoso” fue la bujia que iniciò la debacle de nuestto beisbol ( aunque no lo crean). Los autores ( ó el autor) de ese desastre ni siquiera vive en nuestro país ( se fue hacia EE.UU hace mucho tiempo). Fue algo decepcionante, muchos peloteros, aún en plenitud de facultades, fueron formados al retiro. En ese ” saco ” tambiėn cayó Victor Mesa, cuando aùn estaba en forma.
    En cuanto a Lázaro Madera, fue um gran barbeador ( pero poco ortodoxo),sim lanzamiento específico para batear, todavia recuerdo ese famoso home rum, con un lanzamiento de short bounce. Pero no era bueno en defensa.
    Me desculpem los que piensan lo contrario, pero no creo que Madera pudiera hacer el Equipo Cuba por delante de esos otros que el autor menciona.
    Saludos.

    • Amaya dijo:

      Bueno Corona, pues yo si creo que mereció algún que otros equipo Cuba, al igual que Junco, incluso por encima de Ermidelio, e incluso de Bruzón el holguinero, tanto Madera como Junco fueron mejores bateadores que los 2 que mencioné, pero si era realmente un clichet lo del criterio en algunos casos para el equipo Cuba, de ellos solo para mi fueron insustituibles Gourriel, Csanova y Victor, pero el resto, o sea el 4to y en ocasiones pocas veces el 5to jardinero si eran cuestionables, como Danel Castro mereció también mas equipos Cuba, esa es mi opinión con todo respeto

      • Roberto dijo:

        Madera fue un bateador fabuloso. Conectaba con una facilidad impresionante cualquier lanzamiento. Lamentablemente le toco una época en que lo más deseado y la cúspide era el Cuba, también convivir con figuras cumbres de la pelota cubana

  • Toussaint dijo:

    Realmente no recuerdo lo del retiro forzoso del 1997, en nombre de un periodismo claro y consecuente creo que ya que lo nombramos en este artìculo, lo lògico serìa explicarlo para que las nuevas generaciones sepan que cosa sucediò. Saludos

    • Amaya dijo:

      Miguel Valdés fue el ideólogo y promotor de ese primer retiro forzoso, ahí se fueron Junco, Gourriel, Victor, Madera, pero hubo un 2do retiro, tabién ideado por él, el de 2002, en el que se fueron Linares (tenía solo 34 años y había bateado 392 ese año) Kindelán, Pacheco, Germán, ese mismo año el señor se fue del país, hecho que incluso Fidel se refirió en público

      • DCAlessyAr dijo:

        O sea que como siempre por no cortar a tiempo y por lo sano pasan esas cosas, cuba al fin hasta que no sucede lo peor no actúan!!

  • Andrés dijo:

    Un gran pelotero. Como industrialista que soy lo digo de corazón: el hombre era un dolor de cabeza pues era impredecible. Impulsador compulsivo de carreras. Aún recuerdo el jonrón al Duke. Inexplicable. Le tocó una época llena de estrellas, pero el era parte de ese firmamento, por derecho propio. Deportista tristemente sub-utilizado.

  • Bavaro41 dijo:

    Era un asesino de bolas malas sobre todo altas impredecible para los pitchers

  • javier dijo:

    Siempre me acuerdo de los enfrentamientos de los Cuba A y Cuba B, como entrenamiento para los torneos internacionales que se avecinaban, a Madera siempre le tocó hacer el “B”, que digasé tuvó en sus filas a Junco, Baró, Muñoz en sus últimos momentos y otros excelentes jugadores que coincidieron en época con muy buenos jugadores, . Y en esos enfrentamientos muchas veces el “B” le ganaba comodamente al “A”, fijense si había calidad en esos años.

  • jorge dijo:

    muy de acuerdo con el comentario del retiro forzoso del ´97, desde ese preciso momento se acabó el beisbol eb Cuba, luego lo que duraron las glorias a nivel internacional fue lo que un pastel a la puerta de una escuela.
    Sobre Madera tuve el honor de verlo jugar y salvando la diferencia lo pongo al lado de Fausto Álvares, que destrozó esta pelota y las glorias (merecidas)eran de Pacheco y Kindelan y que conste soy industrialista a morir

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Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

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