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El mito de la excepcionalidad estadounidense

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El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump durante la celebración de la pascua. Foto: Reuters.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, durante la celebración de la pascua. Foto: Reuters.

Al igual que muchas otras naciones, Estados Unidos piensa en sí mismo como una nación escogida y un pueblo elegido. Las declaraciones presidenciales inaugurales son típicamente un ejercicio en la proclamación del excepcionalidad estadounidense y esta mentalidad tiene demasiada influencia en los Estados Unidos. Es particularmente lamentable cuando quienes no tienen motivos exhiben el tipo de arrogancia y triunfalismo asociado a la excepcionalidad.

Un excelente ejemplo de esa excepcionalidad apareció en el Washington Post del domingo en forma de un editorial de Tom Malinowski, ex subsecretario de Estado para la democracia, los derechos humanos y el trabajo en la Administración de Obama. Malinowski fustigó al presidente ruso Vladimir Putin, por declarar que Estados Unidos frecuentemente se mete en la política y las elecciones de otros países. Malinowski argumentó que Rusia es la que interfiere en las elecciones democráticas, como la presidencial de Estados Unidos en 2016, pero que Estados Unidos “promueve la democracia en otros países”.

Una de las razones por las que Estados Unidos tiene tan poca credibilidad para hacer un caso contra la injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales es el registro sórdido de la Casa Blanca y la Agencia Central de Inteligencia en el cambio de régimen e incluso el asesinato político para influir en las condiciones políticas de todo el mundo. En 1953, Estados Unidos y Gran Bretaña conspiraron para derrocar al Gobierno democráticamente elegido de Mohammed Mossadegh en Irán; al año siguiente, el gobierno de Eisenhower apoyó un golpe en Guatemala que llevó a la introducción del régimen más brutal de la historia de América Central. Del mismo modo la voluntad de Eisenhower de buscar el asesinato de Patrice Lumumba en el Congo llevó a la instalación del peor tirano de la historia de África, Sese Seku Mobutu.

El ataque a Playa Girón es el “estandarte” del fracaso operacional estadounidense y la Oficina del Inspector General de la CIA atribuyó la culpa a lo que calificó de “arrogancia, ignorancia e incompetencia” dentro de la CIA. Diez años más tarde, sin embargo, otra Administración estadounidense y la CIA trataron de impedir la elección de Salvador Allende, un izquierdista, como presidente de Chile. Después de la elección de Allende, la CIA se movió para subvertir su Gobierno. El director de la CIA, Richard Helms, fue condenado a dos años de prisión condicional por mentir a la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado por la operación en Chile. Pero fue el asesor de seguridad nacional Henry Kissinger quien ordenó la operación y explicó que no podía “ver por qué Estados Unidos debía mantenerse al margen y dejar que Chile se volviera comunista sólo por la estupidez de su propio pueblo”.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: EFE.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: EFE.

La revelación de los complots de asesinatos en Cuba, Congo, República Dominicana y Vietnam finalmente llevó a la prohibición del asesinato político de la CIA a mediados de los años setenta. Sin embargo, cuando el líder libio Muammar Gadafi fue asesinado, la secretaria de Estado Hillary Clinton se jactó de que “vinimos, vimos, murió”. En un increíble cambio de acontecimiento, Estados Unidos invadió Iraq para derrocar a Saddam Hussein y anteriormente patrocinó el golpe contra el coronel Abdul Kassem que condujo al surgimiento de Saddam Hussein.

Vladimir Putin es ciertamente consciente de la intervención de la CIA en nombre del movimiento Solidaridad en Polonia para desestabilizar al Gobierno comunista allí a principios de los años ochenta. Reforzar el régimen del expresidente Eduard Shevardnadze en la República de Georgia en los años noventa y más recientemente para socavar el régimen del expresidente Viktor Yanukovych en Ucrania.

La intervención de Putin en Siria en 2015 fue diseñada en parte para asegurarse de que la historia de EE.UU. de cambio de régimen no incluyera otro capítulo en el Oriente Medio.

Antes de que exfuncionarios estadounidenses como Tom Malinowski decidieran criticar a Putin por el cinismo y la traición, sería una buena idea familiarizarse con los crímenes y las calumnias de Estados Unidos. Hace cuarenta años el exsenador Frank Church dijo que Estados Unidos “nunca debe adoptar la táctica del enemigo. Cada vez que lo hacemos, cada vez que los medios que usamos están equivocados nuestra fuerza interior, la fuerza que nos hace libres, se reduce”. Malinowski debe reflexionar sobre la advertencia de William Faulkner sobre la tierra de su nacimiento: “El pasado nunca está muerto. Ni siquiera es pasado”.

(Tomado de Counter Punch/ Traducido por J.M para Rebelión)

Se han publicado 3 comentarios



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  • Fredy Benitez Perez dijo:

    asta cuando vam,os a soportar las ofensas y las boberias de trump con eso de hacer la 3 guerra mundial

  • Jose R Oro dijo:

    No hay dudas de que existe “El mito de la excepcionalidad estadounidense” como lo correctamente lo menciona el autor. Muchos ciudadanos comunes creen que los mejores trenes son de AMTRAK, o que la carne de Kansas City es insuperable, o que los mejores cantantes (o las mujeres más bellas) son estadounidenses. Es lo que pudiéramos llamar el excepcionalismo “cándido” o “popular” que existe el cada país del mundo sin excepción. Hoy mismo (01/08/2017) Cubadebate publica una entrevista (muy interesante por cierto) titulada “Milán Matos: Los atletas cubanos son únicos en el mundo”
    Otra cosa es el “excepcionalismo de estado” o por utilizar expresiones harto conocidas “destino manifiesto”, “la raza superior” “el pueblo elegido” y otras variantes. En los EE.UU. este tipo de sentimiento ha sido exacerbado para lograr el apoyo del pueblo estadounidense a las políticas imperialistas de su gobierno, y afortunadamente, está siendo cada vez mas ignorado por la gente con más educación. Los jóvenes con más acceso a Internet, y a viajes, informaciones y conocimientos sobre otros países, son menos susceptibles a esas influencias hegemónicas y que están dirigidas a despreciar a otros pueblos. La elección de DT es una anomalía, y el actual presidente sí que es un prototipo de esa fascistoide “excepcionalidad” a la que DT le hará mucho daño porque muchos estadounidenses van a comenzar a asociar la “excepcionalidad” con DT, y él es cada vez mas rechazado por el pueblo.
    Michael Moore, Noam Chomski y el propio autor de este articulo Melvin A. Goodman, entre otros, son en cierta medida defensores del “El mito de la excepcionalidad estadounidense” pero en un sentido negativo, vergonzante, invertido, porque ellos solo comentan y mencionan en sus trabajos, las cosas negativas de los EE.UU. y de la sociedad estadounidense (que por supuesto son muchas y gravísimas), sin mencionar sin embargo ni por equivocación algo bueno de tal país y pueblo. De hecho estos importantes intelectuales cometen el mismo error metodológico de los excepcionalistas y panegiristas de derecha, solo que al revés y con signo cambiado. Ni los EE.UU. son tan excepcionalmente buenos como dicen sus recalcitrantes y deslumbrados admiradores, ni tan malvados como manifiestan sus detractores ciegos. Ni lo uno ni lo otro es objetivo o verdadero.

  • Rafael Cantero P dijo:

    Pero en las manos de nosotros, el resto de los pueblos está el poner a estos señores, en su lugar. En Viet nam les dieron palmaditas caras, de Irak no salieron como triunfadores, veremos si se atreven a meter sus garras en Venezuela

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Melvin A. Goodman

Es miembro del Centro de Política Internacional y profesor de la Universidad Johns Hopkins. Exanalista de la CIA, es el autor de "Failure of Intelligence: The Decline and Fall of the CIA" y "National Insecurity: The Cost of American Militarism". Su último libro es "A Whistleblower at the CIA". Es el columnista de seguridad nacional de counterpunch.org.

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