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Benedetti, la verticalidad de un hombre que escribía

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Mario Benedetti

Mario Benedetti

Montevideo, 17 may (PL) La muerte hoy en Montevideo de Mario Benedetti a los 88 años deja entre sus contemporáneos y las futuras generaciones un vacío mucho mayor que el de un gran poeta y escritor.

Cierto que su ausencia física en la literatura uruguaya e iberoamericana -física, que no creativa- será dolorosa con todo y el legado que deja, pero acaso lo será más por su ética incorruptible, su verticalidad como hombre comprometido con el tiempo que le tocó vivir.

Mario Benedetti nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembo, unos 245 kilómetros al norte de Montevideo.

Curso estudios primarios en el Colegio Alemán de Montevideo, donde, según contó en algún momento, gustaba de escribir en verso las lecciones y hasta compuso en ese idioma su primer poema.

Tras cursar solo un año de liceo (secundaria básica) debido a las limitaciones económicas de su familia, su formación fue a partir de entonces autodidacta, conjugando los estudios con su trabajo desde los 14 años en un taller automotriz.

Antes de dedicarse a la escritura, Benedetti fue taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y comercial, una azarosa trayectoria que sin embargo le permitió sentir a flor de piel realidades sociales que marcaron las esencialidades de su obra.

Entre 1938 y 1941 residió en Buenos Aires. En 1945 entró como redactor en el semanario Marcha, de izquierda, y publicó su primer poemario, La víspera indeleble .

En 1949 ingresó en la prestigiosa revista literaria Número, donde ejerció la crítica sin abandonar su quehacer como escritor, del que nacieron una tras otras obras tan notables como Esta mañana y otros cuentos (1949), Poemas de oficina (1956), Ida y vuelta (1958) y La tregua (1960).

Paralelamente mantuvo una vertical postura ante las realidades que vivía Uruguay, como la intromisión de los Estados Unidos en la vida política del país.

En 1957 viajó a Europa por primera vez, como corresponsal de Marcha y El Diario.

Cuatro años más tarde publicó Mejor es meneallo, un libro en que compendió sus crónicas humorísticas bajo el seudónimo de Damocles.

Benedetti residió entre 1966 y 1967 en París, donde trabajó como traductor y locutor para la Radio y la Televisión Francesa, y después como taquígrafo y traductor para la UNESCO.

En 1968 fundó en La Habana el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, que dirigió hasta 1971.

De ese año a 1973 fue jefe del Departamento de Literatura Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo.

Uruguay vivía por entonces una complicada situación política a la que Benedetti no fue ajeno. Fue cofundador y dirigente del Movimiento 26 de Marzo, una de las fuerzas que luchó contra la dictadura militar que se hizo del poder mediante un golpe de estado en junio de 1973.

Tras la asonada militar, Benedetti renunció a su cargo universitario y se exilió, primero en Argentina y después en Perú, donde fue detenido, deportado y amnistiado.

Instalado en La Habana en 1976, donde vivió como uno más entre los cubanos, un año más tarde se trasladó a Madrid. Allí vivió hasta el fin de la dictadura en 1985.

Ya tenía en su haber obras tan importantes como Letras del continente mestizo (1967), Inventario 70 (1970), El escritor latinoamericano y la revolución posible (1974) y Con y sin nostalgia (1977).

Su pieza teatral Pedro y el capitán (1979) fue representada en Madrid en 1981. Un año después aparecieron sus Cuentos y la novela Primavera con una esquina rota .

En 1984 publicó Geografías y El desexilio y otras conjeturas , mientras en 1985 trabajó de conjunto con el cantautor catalán Joan Manuel Serrat en el disco El sur también existe.

Su vertiginosa producción a partir de entonces incluye Despiste y franquezas (1991), La borra del café (1993), Andamios (1996) y los poemarios Mas acá del horizonte (1997) y La vida, ese paréntesis (1998).

Le siguieron El porvenir de mi pasado (2003), Memoria y esperanza, un mensaje para los jóvenes (2004) y los poemarios El mundo que respira (2001), Existir todavía (2004) y Vivir adrede (2007), entre otras.

No hubo un género literario que Benedetti -exponente por antonomasia de la llamada generación uruguaya de 1945- no cultivara, siempre desde la visión de la izquierda.

Sus poesías han sido cantadas por Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Nacha Guevara, Luis Pastor y Pedro Guerra, entre otros. Algunas de sus novelas fueron llevadas al cine, como La tregua (1974) y Gracias por el fuego.

Mario Benedetti mereció numerosas distinciones, entre ellas las medallas Haydee Santamaría, por el 30 aniversario de la Casa de las Américas en La Habana (1989), y la Gabriela Mistral (1996), concedida por el gobierno chileno.

También, los premios León Felipe de España a los valores cívicos (1997), el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Internacional Menéndez Pelayo, el Iberoamericano José Martí y el Internacional italiano de Literatura La Cultura del Mar, estos últimos en el 2001, cuando también fue nombrado Ciudadano Ilustre de Montevideo.

En el 2006 Mario Benedetti sufrió una pérdida de la que nunca se repuso: ese año falleció Luz López Alegre, con quien se había casado seis décadas antes.

En el 2007, ya resentido en su estado de salud, recibió del gobierno venezolano la Orden Francisco de Miranda en el grado de Generalísimo.

En el 2008 fue distinguido con el I Premio ALBA, del Fondo Cultural de la Alternativa Bolivariana para las Américas, en la categoría de Letras.

Ese año estuvo ingresado tres veces: en enero, durante casi un mes; por un episodio de enterocolitis, acompañado de un cuadro de deshidratación; en marzo, por un cuadro febril provocado por una infección urinaria; y en mayo, debido a una descompensación.

La última de sus obras que vio la luz fue el poemario Testigo de uno mismo, en agosto del pasado año.

Al momento de ser ingresado por última vez trabajaba en un nuevo y postrer libro de poesía de título provisional Biografía para encontrarme.

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