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La Reforma Agraria en Cuba: “El precio de un derecho”

16 mayo 2009

Ernesto Limia Díaz *

Fidel firmando la Ley de Reforma Agraria el 17 de mayo de 1959

Una encuesta publicada en 1957 por la Agrupación Católica Universitaria de Cuba, que, dirigida por la Iglesia, integraban jóvenes laicos, reveló que la familia campesina cubana se alimentaba básicamente de arroz y frijoles; por sus bajos ingresos solo el 11,22% tomaba leche; el 4% comía carne; el 3,36%, pan; el 2,2%, huevos y menos del 1%, pescados. Datos de un año después confirmaban que los latifundios estadounidenses dominaban el 55% de la superficie total de la isla y el 48% del área de cultivo del azúcar estaba en manos de solo 13 de sus compañías.

Con la Reforma Agraria la patria recobraba para sí y para sus hijos el derecho a la tierra, al precio de la sangre y el sacrificio de generaciones de cubanos.

Era imposible la Revolución en Cuba sin una Reforma Agraria, había sido prometida por la Generación del Centenario en el Programa del Moncada; propuesta por el Congreso Campesino en Armas, que presidió el Comandante Raúl Castro en el II Frente Oriental Frank País García, el 21 de septiembre de 1958, y puesta en vigor en los territorios liberados por el Ejército Rebelde, el 10 de octubre de ese propio año, cuando el Comandante en Jefe aprobó la Orden No. 3: “Sobre el derecho de los campesinos a la tierra”.

A escasos cuatro meses y medio del triunfo revolucionario, el 17 de mayo de 1959 fue proclamada la Reforma Agraria, que proscribió el latifundio y gratuitamente convirtió en propietarias a 150 000 familias que tenían que pagar por las parcelas que cultivaban. Otras 200 000 resultaron beneficiadas mediante formas de posesión que no implicaron la propiedad. ¿Cuántos se beneficiaron? Millones, pero sobre todo la patria recobraba para sí y para sus hijos el derecho a la tierra. ¿A qué precio? La sangre y el sacrificio de generaciones de cubanos. Mas no fue suficiente, la Ley lesionaba los intereses de la oligarquía de los latifundistas, a pesar de que en su concepción no había primado un espíritu de revancha y reconocía el derecho a la indemnización por los bienes expropiados a pagar en bonos.

Cuba no podía indemnizar en efectivo, los personeros de Batista se marcharon con 424 millones de dólares de la reserva y los depositaron en bancos norteamericanos, lo cual se conocía en Washington. Incluso el 24 de febrero de 1959, The New York Times había denunciado que: “[... ] la mayor parte de los fondos cubanos volaron al extranjero con Batista y sus compinches”.

Sin embargo, la medida revolucionaria causó “consternación” en los diarios norteamericanos y empresas estadounidenses amenazaron con que Cuba enfrentaría “una catástrofe si pone en vigor la Ley de Reforma Agraria”. Cuatro grandes transnacionales que controlaban más de 700 000 hectáreas de tierras en la isla: Atlántica del Golfo, Grupo Rionda, Cuban American Sugar y la United Fruit Sugar Company elevaron un memorando al Departamento de Estado solicitando “mayor autoridad a Estados Unidos para cambiar las cuotas de importación de azúcar [... ] como medida de defensa”.

Cuando el 3 junio de 1959 entró en vigor la Ley de Reforma Agraria, en las oficinas centrales de la CIA, en Lanley, había un ajetreo inusitado. Su director general, Allen Dulles, intentó evitar el triunfo del 1ro. de Enero de 1959, pero luego de la victoria rebelde recibió indicaciones de actuar con cautela, utilizando métodos de influencia subversiva para minar el proyecto desde dentro. No es hasta esta fecha en que se precipitan los acontecimientos y Washington llega a una grave conclusión: “No es posible lograr nuestros objetivos con Castro”; por tanto la Casa Blanca dio luz verde a un programa que el Departamento de Estado había estado elaborando de conjunto con la CIA para: “ajustar todas nuestras acciones, de tal manera que se acelerara el desarrollo de una oposición en Cuba que produjera un cambio en el Gobierno cubano, resultante en un nuevo Gobierno favorable a los intereses de Estados Unidos”.

Pero como es tradición, en Lanley necesitaban de un disfraz para “proteger” sus acciones y echaron manos al siniestro pretexto de moda en la época: la amenaza del comunismo soviético. En junio la CIA trabajaría en coordinación con el Subcomité de Seguridad Interna del Senado, convocando a Audiencia a “desertores” del Gobierno y las fuerzas armadas revolucionarias para, en el contexto de la guerra fría, intentar “demostrar” que Cuba representaba una amenaza para la Seguridad Nacional de Estados Unidos. Es necesario aclarar que para esa fecha nuestro Estado no había entrado en contacto con la dirección de la URSS, ni se había proclamado el carácter socialista de la Revolución cubana.

Pero los hilos del gran capital yanki, que tras bambalinas mueven el entretejido político de Washington, no habían sido suficientemente tensados, necesitaban un hombre con influencia bipartidista. Nadie como el senador George Smathers, amigo íntimo tanto del entonces vicepresidente republicano Richard Nixon como del candidato presidencial demócrata John F. Kennedy, quien en 1954 les había sido muy útil a la United Fruit Company y a la CIA durante el golpe de Estado contra Jacobo Árbenz en Guatemala, luego de que promulgara una Reforma Agraria.

A manera de ultimátum, el 11 de junio de 1959 el Departamento de Estado envió una Nota Diplomática al Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, mediante su sede en La Habana, exigiendo el pago “rápido, adecuado y en efectivo” por los bienes expropiados a las empresas norteamericanas.

Sobre este particular, en el libro El lobby cubano en Estados Unidos de 1959 hasta nuestros días, el politólogo Salim Lamrani relata que el entonces embajador norteamericano en Cuba, Philip Bonsal, había informado a Washington: “[¼ ] con respecto a las cláusulas de la ley de Reforma Agraria para el pago de las tierras expropiadas, la Embajada no toma esto como un signo de antiamericanismo, se inclina más bien a aceptar como sincera la defensa hecha por el Gobierno cubano en cuanto a dicha ley, sobre la base de que no está en condiciones financieramente para compensar de manera justa, rápida y efectiva, y que por razones revolucionarias, no puede posponer la reforma agraria hasta que sus finanzas se mejoren”.

Por su actitud menos confrontacional Philip Bonsal fue compartimentado sobre el programa de acciones encubiertas puesto en marcha contra Cuba. Años después él reconoció en sus memorias que mientras el presidente Eisenhower proclamaba, el 26 de enero de 1960, que no intervendría en los asuntos internos cubanos, desde varios meses atrás daba pasos en sentido inverso.

A partir de febrero de 1960 Eisenhower se mostró particularmente activo. El día 17 instruyó a la CIA acelerar los planes anticubanos, que incluían organizar una invasión contra la isla por los “exiliados”; ese propio mes viajó por primera vez a Brasil, Argentina, Chile y Uruguay para sondear las opiniones sobre la posibilidad de implementar sanciones contra Cuba en el marco de la OEA; el 4 de marzo se reuniría en la Casa Blanca con George Smathers, para comentarle sus “progresos” durante la gira por Sudamérica y concertar la estrategia a seguir, y 13 días después aprobaría el “Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro”.

La historia posterior se conoce: suspensión de la cuota azucarera; promoción de sabotajes, hechos terroristas e intentos de magnicidio y finalmente el descalabro de la invasión mercenaria por Playa Girón, que constituyó la primera victoria sobre el imperialismo yanki en América, pero costó a Cuba la vida de 176 de sus mejores hijos, mientras que más de 300 resultaron heridos.

Revelaciones publicadas en The New York Times, el 19 de agosto de 1970, a partir de documentos desclasificados por la Biblioteca Memorial John F. Kennedy, corroboran que los mismos actores que protagonizaron el golpe de Estado contra Guatemala, organizaron la invasión de Playa Girón y procuraron incluso acciones más pérfidas aún. El citado artículo refería:

“En una entrevista grabada en 1964 el senador norteamericano e íntimo amigo de John Kennedy, George Smathers, recordó cómo durante la campaña presidencial de 1960 habló frecuentemente con Kennedy sobre los posibles medios para acabar con el régimen castrista en Cuba. La conversación llevó a considerar cómo reaccionaría la opinión pública nacional y mundial ante un asesinato de Fidel Castro.

“Smathers dijo: «Por lo que yo recuerdo, Kennedy se limitó a lanzar un torrente de preguntas. Estaba seguro de que sería perfectamente posible asesinar a Castro -me acuerdo muy bien de ello-, que no sería ningún problema. Pero la cuestión estaba en saber si con ello se conseguiría lo que él quería lograr y si la reacción en Hispanoamérica sería buena o mala. Hablamos de ello, pero yo entonces consideraba (y luego supe que él pensó de igual modo) que no era atractiva la idea del asesinato, especialmente teniendo en cuenta que los Estados Unidos serían inmediatamente denunciados como los culpables».

“Cuando el asunto del asesinato quedó rechazado, Smathers sugirió que se podía provocar un incidente en la base naval norteamericana de Guantánamo, en la parte oriental de Cuba, a fin de obtener un pretexto para una acción militar. El Presidente le pidió que le enviara un memorándum sobre esta idea, pero Smathers no sabe si lo guardó o lo desechó. Lo que sí recuerda es que después del fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, que él había recomendado fuertemente, su influencia con Kennedy disminuyó. A principios de 1962 el Presidente le dijo: «George, me gusta muchísimo que vengas y quiero que me visites, pero hazme un favor: no me hables más sobre Cuba».”

Fidel dialoga con los propietarios de las tierras, sobre la importancia de la Ley de Reforma Agraria

Fidel dialoga con los propietarios de las tierras, sobre la importancia de la Ley de Reforma Agraria

En la Cumbre del ALBA desarrollada en Cumaná, Venezuela, el pasado 16 de abril, el General de Ejército Raúl Castro Ruz desenmascaró las “razones” que verdaderamente sustentaron la reacción de Estados Unidos contra Cuba en la primavera de 1959:

“¿Por qué nos agredieron? Esa agresión se planificó por el mismo trío que agredió Guatemala siete años antes, antes que en Cuba se mencionara la palabra Socialismo. Sucedió que 4 meses y medio después del triunfo, el 17 de mayo de 1959, se aprobó la primera Reforma Agraria en nuestro país, la ley más importante después del triunfo de la Revolución hasta ese momento. Yo digo que ese fue el Rubicón por el que pretendieron condenar a muerte a la Revolución cubana, los que decidieron siete años antes lo de Guatemala, cuando Foster Dulles era abogado de la United Fruit Company, la misma que en Cuba en vez de Fruit era United Sugar Company y parte de sus tierras fueron afectadas por esa Reforma Agraria [... ]“.

Desde que fue promulgada la Ley de Reforma Agraria transcurrió medio siglo. En ese tiempo las 10 administraciones que pasaron por la Casa Blanca ensayaron todo tipo de fórmulas para derrocar a la Revolución: sanciones comerciales, aislamiento diplomático, operaciones encubiertas que comprendieron incluso acciones de guerra biológica, influencia subversiva y una guerra económica brutal que intentó, aún lo intenta, asfixiar por hambre a todo un pueblo sin que importaran sus ideas políticas, a no ser sus mercenarios que reciben un salario seguro mensual.

Las razones por las que nunca han logrado sus propósitos les son incomprensibles; para el establishment norteamericano todos los hombres tienen un precio. Hizo exactamente 50 años el pasado 11 de abril, el Comandante en Jefe definió la estirpe de nuestro pueblo que hace a la Revolución invulnerable ante las pretensiones imperiales, con palabras que parecen de hoy: “Somos un pueblo pequeño, pero lleno de dignidad; un pueblo pequeño, pero lleno de honor; un pueblo pequeño, pero lleno de vergüenza; un pueblo pequeño, pero lleno de razones [... ].” El derecho a la tierra es una de ellas, y es irrenunciable.

* El autor es Licenciado en Derecho y estudia la Especialidad de Análisis de Información y Prospectiva.