Tocan a tu puerta

La aldaba es el guiño de toda puerta. Es la evidencia que anuncia la posibilidad de tocar en cualquier instante para que alguien acuda a nuestro llamado.
Se afirma que ellas hicieron su aparición en los días de la Edad Media, y que tuvieron como forma más recurrente la de argolla que al ser movida, una y otra vez, golpeaba sobre una gruesa cabeza de clavo.
La modernidad ha ido convirtiendo las aldabas en adornos que guardan para sí múltiples misterios del tiempo, entre ellos, la quintaesencia del sudor de los herreros que pegados al fuego bordaron cuerpos de mujeres, manos, rostros de animales o seres mitológicos.
Cada ornamento se parece a los anfitriones que aguardan o alguna vez aguardaron tras las puertas. Tal vez por esa verdad, o por otras que él conoce y asume, el maestro Liborio Noval tuvo la idea de retratar más de una aldaba encontrada en sus alucinantes expediciones en pos de la imagen.
Y así es que, gracias a sus estampas, uno repara en el sentido que parecen encerrar algunas hojas de madera de las cuales cuelgan aldabas o aldabones que, o incitan a tocar con dureza, o más bien con suavidad.
Parece este un tema insípido. Pero las aldabas regaladas por la maestría de Liborio nos recuerdan que el mundo está lleno de puertas herméticamente cerradas, puertas sordas, con o sin aldabas, a las que debemos seguir llamando, a ver si alguien, del otro lado, por fin contesta y deja entrar un poco de luz.




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Es periodista cubana, columnista de Juventud Rebelde y colaboradora de Cubadebate. Ha ganado múltiples premios de periodismo en los certámenes anuales del país. Es autora del libro “Buscándote, Julio”, y coautora de “Voces del milagro”, “Niños del milagro”, “La maldición del avetruz” y “La cuadratura del círculo”.
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(La Habana, 1934). Uno de los más importantes fotógrafos cubanos de todos los tiempos. Se inició en 1951 en una agencia de publicidad y trabajó luego del triunfo de la Revolución en los periódicos Revolución y Granma (fundador de este último). Corresponsal de guerra en Viet Nam y Nicaragua. Posee más de 30 premios nacionales e internacionales, y decenas de exposiciones personales y colectivas.
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Hermoso este trabajo, queridos Liborio y Alina!!!! la pluma de mi querida musa es un as en cualquier escena. Alina MIl besos y gracias por tenerme cerca de tus letras y tu alma…de las fotos de mi estimado OPONENTE siempre que las veo me llama la atención el buen ojo justamente en el detalle. Es más que oficio y maestría. Es sin dudas un don porque a veces pasamos cámara en mano y no vemos donde está esa buena foto que nos remueve el piso y parte de algo tan elemental. Los quiero
ESA ES ALINA; PERO ESE ES ES “NOVAL”
QUE NO FALTEN
¡Las aldabas! ¡Cuantos detalles tiene la vida sin darnos cuenta!
Aunque parezca una cosa insignificante, todos los días podemos tocar una aldaba. Si no fuera por este fotorreportaje, no hubiéramos reflexionado de lo que pueden transmitir con esa dureza. También existe el reto que nos hacen para que peguemos con mayor o menor fuerza una puerta.
Por su brillo sabemos si tienen uso o no. Sólo el sudor de las manos es capaz de sacarles la luz que muchas veces oculta un bronce o el hierro longevo.
Nos podemos percatar, con la forma donde se concentran los golpes, si se tocan con violencia o no, y así saber si el dueño de la morada responde pronto al llamado. También la figura ayuda. Si es una cabeza de león… golpeamos fuerte. Si tiene cuerpo de mujer… no lo aporreamos, mas bien tocamos.
Pienso que detrás de cada aldaba hay una bella historia. Como Alina reflexiona en los antecedentes históricos, pongámonos a pensar: ¿quiénes lo hacían? ¿cómo lo hacían? ¿dónde lo hacían? Y quizás… nunca deberíamos olvidar esta otra pregunta capaz de desbordar sentimientos: ¿cómo morían? o ¿en qué condiciones morían?
Estos artesanos eran herreros capaces de inferir belleza y dureza –pocas veces se pueden agrupar estos calificativos en diferentes cosas de la vida. Fueron en Cuba, quizás al principio, los españoles inmigrantes que conocieron del oficio por golpes de la vida. Después fueron esclavos, negros libres y mulatos que aprendieron los secretos de la herrería. El fruto de este trabajo –como podemos apreciar– ha vencido el reto del tiempo.
Comenta Alina: «(…) que el mundo está lleno de puertas herméticamente cerradas, puertas sordas, con o sin aldabas, a las que debemos seguir llamando, a ver si alguien, del otro lado, por fin contesta y deja entrar un poco de luz».
¡Qué casualidad! Martí nos regala una pulcra respuesta llena de coincidencias. Él nunca nos dejará de proporcionar su admirable legado:
«A puerta sorda hay que dar martillazo mayor, y en el mundo hay aún puertas sordas.»
Muchas gracias Alina y Liborio por este trabajo tan refinado –como siempre.
Julio, Kao y por supuesto Alina:
Por eso es que cuando me queda 1/4 de pintura sea de esmalte o aceite blanco, no pinto otras cosas de la casa que necesitan esa cantidad, para pintar la puerta de mi apartamento, que capacidad la de Alina de valorar lo real, que es importante como mi profesión lo que exige el golpe visual de la imagen inicial.
Hay veces en que hay puertas sordas, donde después encuentras la felicidad, la amistad y porque no la solidaridad internacional, que estamos viendo en esta mediática -el diccionario Español-Ingles, lo tengo en la oficina, y trate que me ayudara el Soft Power Traslator versión 7.0 y no la tiene registrada- quizás será desconocimiento, pero no conozco la palabra en Ingles.
Kao, te envidio de tener una Musa así, y felicidades de tener un super oponente, tu no te imaginas lo que es decir públicamente lo que es tener un oponente como el profe.
A Julio gracias, por siempre encontrar esos secretos de la palabra de Martí.
Julio según dice Martí dijo:
«A puerta sorda hay que dar martillazo mayor, y en el mundo hay aún puertas sordas.»
Ya se nos están y abrirán puertas sordas, lo estamos viendo, porque la verdad de las ideas es una fuerza inmortal.
Me imagino que la aldaba de las respectivas casas de esta pareja de profesionales que ya nos tienen acostumbrados a poner los ojos en cosas que antes nos parecían simples objetos inanimados, deban tener la figura de las nueve hijas de Zeus y de Mnemósine(las mitólogicas Musas griegas, engendradas, según la leyenda, en nueve noches consecutivas. Por lo tanto hay que tocarlas con la reverencia que merecen quienes tienen al talento como dádiva para hacer felices a los demás.
Cada imagen , cada ser humano por humilde que sea, cuando Liborio lo liba con sus lente y Alina se adentra en las genésis y esencias de esas instantáneas, se convierten para los lectores en algo más que objetos y seres humanos intrascendentes. Las palmas y el respeto para ellos que ya nos tienen acostumbrados a regalos tan especiales como este fotoreportaje que precia la simbología y es un reconocimiento a la paciencia y sacrificio de tantas manos que legaron tanto para las futuras generaciones.
A veces por la vorágine de nuestras vidas no nos detenemos en esas pequeñas y lindas cosas.
Ya no se fabrican cosas con esa combinación de belleza y calidad, lo cual es una pena.