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Llegan las crónicas de una pérdida anunciada

No exagero si digo que mi encuentro con “Cien Años de Soledad”, marcó un viraje en mi latinoamericanidad. Se hizo más auténtica, más experiencial. No solo intelectualizada, sino y sobre todo sentida. Entendí que el amor es solo uno que se expande, que se multiplica (no se divide, se multiplica), que ni se crea ni se destruye, solamente se transforma. No fueron estos los únicos. No hubo ni hay únicos. Fueron todos…. Hasta las desafortunadas putas tristes.