El crimen de envenenar mentes
Y no hay libertad legítima sino cuando ésta se dirige a honrar a la humanidad y perfeccionar su suerte. Todo lo demás es de pura ilusión, y quizá de una ilusión perniciosa.
Simón Bolívar
(26 de mayo de 1820)
Nada de información veraz y mucho menos de reconocimiento como un derecho colectivo, del pueblo. Esa es la clave, lo que define la existencia o no de la llamada libertad de prensa, tan proclamada por los grandes medios del sistema capitalista como la primera de todas las libertades. De aceptarlo, el terrorismo mediático perdería la impunidad que disfruta y tendría que rendir cuentas ante la sociedad del sistema de subinformación y desinformación organizado que realiza. Desaparecería la capacidad de engaño que ejerce con alcance universal. Dejaría de tener el dominio imperial y las bases mismas de todo lo que representa en lo económico, político y social. Se trata del asunto principal, de vida o muerte, por lo que no hay la menor posibilidad de cambios que alteren la hegemonía que les permite partir del concepto de libre flujo de los medios, por encima de sociedades y fronteras, con la sola objeción individual que pueda expresar alguien con relación a algún medio para seguir siendo víctima de otro u otros, con el mismo mensaje enajenante del poder injusto dominante. Es la guerra de agresión cotidiana y permanente contra los intereses populares de los criminales de guerra del envenenamiento mental sobre gran parte de la especie humana. Sí, criminales de guerra con infinita mayor impunidad que la de los otros, los que asesinan físicamente. Estos no son infalibles para siempre mientras los primeros pretenden proclamar el arma de una libertad tan ilegítima como los crímenes que justifican y amparan.
El derecho social a la veracidad de la información de los medios de difusión, su sola mención, enfurece a la SIP, organización representativa de los grandes empresarios. Hace décadas Estados Unidos e Inglaterra abandonaron la UNESCO por la aprobación del contenido del Nuevo Orden Internacional de la Información y la Comunicación (NOIIC). Aunque hoy engavetados, los principios éticos internacionales del periodismo de la UNESCO tienen como el primero de ellos el derecho del pueblo a una información verídica, acuerdo que fue avalado por todas las organizaciones internacionales y regionales de periodistas en reuniones celebradas en Praga y París en 1983. Más recientemente, en la Cumbre Iberoamericana de Isla Margarita en 1997, se aprobó por primera vez, en el acuerdo 38: " el derecho que tienen las personas a recibir información libre y veraz, sin censura ni restricciones".
La 2 campaña intensa de la SIP contra esa mención en el documento alcanzó el grado de escándalo internacional a pesar de que el texto aprobado se refería nada más que al derecho individual. Sea individual o colectivo ese derecho conduce al reconocimiento a la réplica por parte de los afectados y ello no está previsto ni practicado por los dueños de la "verdad" impuesta mediante la mentira reiterada, de la que fue alumno aventajado Goebels pero nació con el Ministerio de Información de Gran Bretaña en 1914 y el Comité de Información Pública de Estados Unidos dos años después, en plena Primera Guerra Mundial, con el objetivo fundamental de moldear las mentes de la población civil como se hace con las de sus ejércitos. ¿Alguien ha conocido la aceptación del recurso de réplica o la autocrítica de los medios transnacionales y de la prensa hegemónica del imperio? Cuando hay respuesta a la infamia, ¿cuántos de esos medios la divulga, salvo en los casos de manipulación del lenguaje para ratificar en la práctica la mentira?
Si esa ha sido la técnica tradicional de la prensa al servicio del imperialismo, el alejamiento ético en la actualidad no respeta en lo más mínimo nada, sea la complicidad con la injusta guerra de agresión, sea el silencio sobre el secuestro desvergonzado de nuestros combatientes antiterroristas, sea cualquier gobierno leal al pueblo, sea el honor de los dirigentes dignos y éticos. Más: con toda seguridad no cambiarán. De lo contrario la revista Forbes no nos habría ofendido a todo un pueblo con su perversa acción, sin la menor prueba, contra nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro.
La tercera guerra mundial se desató hace tiempo en la esfera mediática. Se trata de un conflicto armado con la mentira y está encabezado por criminales de guerra de la agresión desinformativa. Fidel, en 1980, orientó nuestro combate:" si no se está dispuesto a desafiar los riesgos de cualquier tipo, los riesgos de agresión militar como los riesgos de la propaganda, no se puede dar respuesta adecuada al enemigo; intimidarse frente a la propaganda es como intimidarse frente a los fusiles del enemigo; no hay que tener miedo a nada "


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