“El diario de René”: Las pruebas bélicas de Basulto

Hoy es miércoles 7 y tuvimos la suerte de subir al piso algo más temprano. Son las 5:48 p.m. y me siento a escribirte con la esperanza –yo siempre tan optimista– de poder completar al menos la narración de ayer martes 6 antes de irme a la cama. Si tengo suerte podré comenzar el recuento de hoy.
Al llegar a la sala se presenta Philip con el resultado de su navegación matinal por Internet. En The Miami Herald han entrevistado ni más ni menos que a Sofía Powell Cossío –si crees que a propósito de su expulsión de la Corte, no te hagas ilusiones–. La señora está frente a la prensa para dar una explicación sobre las pruebas de Basulto y compañía, con las armas antipersonales destinadas a ser lanzadas sobre Cuba. Como llevan bastante tiempo libres de la necesidad de elaborar sus falsedades, ella nos entrega una que podría figurar en cualquier libro de récords: “Los artefactos se estaban probando para lanzarlos a los balseros y que estos pudieran defenderse de los tiburones, así como cazar aves y peces para comer”. ¿Qué te parece? Asimismo como tú oyes. Lo mejor del caso es que ellos tienen la seguridad de que su audiencia se tragará el cuento sin digerirlo, tal y como ha ocurrido durante tantas décadas de enajenación.
La jornada comienza con un side bar motivado por estas declaraciones, a solicitud de McKenna. A las 9:15 la jueza decide que se le recuerde a la señora Cossío la prohibición a las partes de hacer declaraciones públicas, y el camino está listo para que Kastrenakes venga a dar resucitación cardiopulmonar a Arnaldo Iglesias.
Para ayudarte a digerir mejor la interpretación de este dúo desafinado, te dejo con una caricatura de Many, a propósito de la fantástica idea lanzada al mundo, sin pudor alguno, por la abogada de nuestros angelicales amigos de Hermanos al Rescate.

Como aquí todo está al revés, después del postre el purgante: Kastrenakes incursiona en la flotilla del 13 de Julio del 95 y extrae del testigo la siguiente información: que fue organizada por el Movimiento Democracia, que tanto su realización como localización a siete millas de las costas se informó públicamente, que Basulto –lo dudo bastante– fue quien solicitó la reunión con la FAA el día 11 de julio y que el pobre señor Iglesias no voló sobre La Habana en aquella ocasión.
Kastrenakes sigue una línea que ya ha sido vergonzosamente repetida. El fiscal está hace un tiempo dando a entender que el hecho de que la flotilla haya sido avisada da legitimidad a la misma. La han justificado tanto con esto, que apoyan abiertamente su incursión en Cuba, aunque hayan violado a un tiempo las leyes cubanas y las norteamericanas. Ya sabes, si vas a asaltar un banco, anúncialo y eso dará legitimidad al robo, al menos a la vista de la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Florida.
Luego se lanzaron a explicar una incongruencia de la declaración de la víspera sobre los avisos del control aéreo de Cuba, porque al parecer cometieron el error de olvidar un detalle: que Arnaldo contradijo a Lares –quien habló de supuestas amenazas repetidas por parte de los controladores cubanos– al declarar que la única advertencia de no bajar del paralelo 24 que había oído fue la del día del derribo. No pueden explicar si al cruzar el paralelo 24 todavía estaban en aguas internacionales, pues la jueza sostuvo la objeción de McKenna. Entonces dijeron que, en varias ocasiones anteriores, Cuba les había avisado que estaban cerca del límite de las doce millas y ellos habían retrocedido, para luego señalar que ese aviso no se había hecho el 24 de febrero de 1996. En otras palabras, bajaron la línea de aviso para dar a entender que Cuba les estaba preparando una emboscada ese día; lo cual yo interpreto –siempre tan mal pensado– como que, de alguna forma, la Fiscalía se puso en contacto con el testigo y le pasó este mensaje después de la jornada anterior. ¿Corregida?... la discrepancia con Lares, terminan con el tema del derribo. A la pregunta de si ellos intentaban entrar en aguas cubanas y si lo habían hecho, el testigo negó lo primero y respecto a lo segundo dijo que si ocurrió fue accidentalmente.
Después se abordó el asunto tan brillantemente ventilado ante la prensa por la señora Cossío: el de las armas antipersonales probadas por Basulto. Arnaldo comenzó diciendo que la idea original fue la de construir una bengala para lanzarla a los balseros, pero cuando quisieron pasar a la parte de la historia donde supuestamente Roque hizo cambiar de idea a Basulto respecto al uso pacífico de la bengala, la jueza apoyó las objeciones de McKenna. La Fiscalía tiene que irse a pescar a otra parte –para eso ahora cuentan con sus nuevos perdigones–, y para terminar con el tema de las bengalas convertidas en escopetas de balines, le pregunta a Arnaldo si las había utilizado, a lo que él responde negativamente.
Mientras se realiza un side bar, el testigo se lanza en un acto teatral: saca su pluma y, frente al jurado, se comienza a escribir algo en la mano. Todos sabemos que es una maniobra para apoyar su testimonio de la víspera, en cuanto a que él hacía esto a menudo, explicación que había dado sobre la latitud garabateada en su palma, al regresar a Opa-locka el 24 de febrero del 96. El jurado es sacado de la sala y la jueza le pide a Arnaldo que se lea la mano. El tipo dice que escribió Rafa porque era el nombre de su nieto y le permitía concentrarse. La jueza le amonesta y le dice que no lo haga más.
Paul pide que se le permita reexaminar a Iglesias a propósito de este acto teatral. El testigo es excusado cuando se forma la discusión, y Phil me apuesta cinco dólares a que fue directamente al baño a lavarse la mano.
McKenna quiere que se le permita interrogar al tipo porque lo que ha estado haciendo es para ganar credibilidad ante el panel. Por su lado, los fiscales saben que otro golpe a la credibilidad de Iglesias no sería muy favorable y se resisten al interrogatorio de Paul, quien está subiendo la parada y pide leer lo que Arnaldo se escribió en la palma. La jueza acepta ambas cosas y, ante la desazón de los fiscales, Arnaldo es llamado para que enseñe a ambas partes su mano, pero... ¿lo adivinas?
Arnaldo anuncia que se ha lavado las manos y Philip es cinco dólares más rico que hace unos diez minutos. Al cambio de 20 pesos por dólar, necesitaré cien pesos para pagarle a Phil, cuando regrese a Cuba. Aunque a decir verdad yo nunca había aceptado su apuesta. Al fin y al cabo yo conozco mejor a esta gente y nunca se me hubiera ocurrido que Iglesias iba a ir a otro lugar que no fuera el lavamanos.
A las 9:47 a.m. Kastrenakes retoma el asunto de las pruebas bélicas de Basulto. ¡Increíble!, todavía tiene el valor de preguntarle a Iglesias acerca de lo que Basulto dijo de la prueba, como buscando hacer surgir el nombre de Roque en el testimonio. Una objeción le corta el vuelo y la jueza –que ya debe estar entendiendo por qué algunos califican a Miami de república bananera– la acepta. El fiscal retrocede tratando de insistir en la inocencia casi infantil de Arnaldito, alegando su no participación directa en el sobrevuelo de Guantánamo y señalando su trayectoria de trabajador de avanzada. Tratan de detenerse en el texto de los panfletos lanzados por ellos sobre Cuba, pero ni a Paul ni a Lenard les interesa el tema, y Kastrenakes nuevamente tiene que cambiar de rumbo. Recrean los vuelos de enero del 96 para decir que fueron legales, en aguas internacionales, que su altura era de diez mil pies; repiten que el meteorólogo solo les dio dirección e intensidad del viento, que la cantidad de panfletos fue de doscientos mil y algo más, por avión.
De nuevo al video donde Iglesias anuncia que se hará caca si lo agarran en el vuelo de enero del 96:
—¿Por qué el video?
—Porque temíamos que nos hicieran aterrizar en la isla, aun cuando estuviéramos en aguas internacionales.
—¿El gobierno cubano es capaz de hacer eso?
—Por supuesto que sí.
—¿Es usted suicida?
—No.
Bueno, eso siempre lo hemos sabido. Se puede ser muchas cosas sin llegar al suicidio.
Dicho sea de paso, a la jueza tampoco le importa si Arnaldo es suicida o no, pues a la objeción de McKenna, hace callar al testigo. Tal vez a esta hora esté pensando que sería mejor si hubiera sido suicida.
El fiscal le pregunta si participó en el comunicado de prensa previo al 24 de febrero y por supuesto dice que no (no olvides que todo lo ha hecho Basulto). Luego describen el orden de los vuelos: el N2506 al sur, el N5485S algo más al norte y finalmente el N2456S. Explican la incongruencia de haber volado primero hacia el norte de La Habana, con una nueva técnica para evadir la vista frontal del sol; para terminar repiten la secuencia de lo que, según el testigo, ocurrió ese 24 de febrero, cuando se dedicaban nuevamente a hacerse los héroes frente a Cuba.
Al final se sienten obligados a explicar el video en el que una sombra aparece como pasando frente al avión. Arnaldo insiste en la historia de la curvatura del cristal frontal del Cessna 337 que, según él, le permite tomar películas por el costado sin que se vea el ala. Luego emplean la famosa fotografía en que posamos Juan Pablo Roque, Basulto y un servidor, frente al N2506, para mostrar la curvatura del cristal; y se lanzan a una de las más increíbles invenciones que he escuchado en este juicio. El fiscal dirige la atención del jurado a un pequeño espejo montado bajo el ala del avión, que sirve para observar desde la cabina si el tren de aterrizaje está extendido; entonces pasa el video y lo detiene en la imagen difusa que Paul le había presentado al testigo el día anterior. Tras haber instruido al testigo con su explicación del espejo bajo el ala, el fiscal le pregunta si la redondez que se ve bajo la imagen es dicho espejo. Arnaldo duda, piensa, se da cuenta de que la sombra puede ser más bien un escuadrón de aviones Mig antes que el dichoso espejito y ya está colorado de mentir durante casi dos días. Kastrenakes, que vive de mentir, no parece estar cansado y sigue pujando mientras el testigo trata de evadir una afirmación directa sobre si es el espejo:
—¿No es ese el espejo que lleva el avión bajo el ala?
—Pudiera ser..., no sé, como dije ayer, no se ve muy claro.
—Fíjese bien. ¿No ve el ala y el espejo redondo debajo? ¿Ve?
Y yo imagino: “¿Esa formita así redondita y lirondita? ¿Como un espejito? ¿La ve? ¿No le parece ver la carita angelical de Basulto en el espejito? Bueno. ¡Sí!”.
—Definitivamente es el espejo –dice Arnaldo, supongo que aliviado de quitarse la pregunta de encima.
—Gracias, Su Señoría –termina Kastrenakes.
A las 10:25 Paul hace uso de la oportunidad que le dio la jueza para dilucidar el asunto de la escritura de Arnaldo. McKenna se refiere a su testimonio de la víspera, en el que se argumentó sobre su supuesta costumbre de escribirse cosas en las manos, le pregunta directamente si al hacerlo hoy no estaba tratando de manipular al jurado. Iglesias se gana el premio al sagüesero del año: “¿Ahh...?, yo no sabía que el jurado estaba presente mientras me escribía en la mano”. Es todo lo que se le ocurre decir a este tránsfuga mientras eleva los ojitos hacia el cielo con una expresión entre implorante e idiotizada. McKenna le hace admitir que, después de hacerlo, se había lavado las manos.
Paul quiere inquirir sobre otro tema y se produce otro side bar. Después de autorizado, el abogado señala la ausencia de comentarios en la cabina durante el supuesto pase del Mig; le pregunta al testigo si ellos no habían visto pasar el avión antes y, entonces, decidieron tomar la cámara nuevamente para filmarlo, lo que habría resultado en la imagen que se ha estado discutiendo en la audiencia. Arnaldo niega de plano la sugerencia y yo me quedo pensando qué se traerá Paul entre manos con esta teoría.
Kastrenakes retoma el asunto de la escritura. Pregunta a Iglesias si escribió en su mano a propósito y, por supuesto, este lo niega. El fiscal pregunta sobre lo que se escribió y ahora el tío va más allá. Dice que se escribió Rafa y CAMP:
—Lo escribí por Carlos, Alejandro, Ma...
—¡Objeción! –salta McKenna, y la jueza lo sostiene.
El fiscal pregunta al testigo los motivos de su ejercicio caligráfico y contesta que lo hizo para relajarse, ante las preguntas agresivas de McKenna.
A las 10:40 seguimos dando vueltas alrededor de las manitas de Arnaldo. Paul le pregunta que por qué anteriormente había dicho a la jueza que se escribió Rafa y ahora se aparece con esta historia de CAMP. La Fiscalía objeta y de nuevo a un side bar con el jurado fuera. Paul cree que tiene el derecho a preguntar eso y la Fiscalía está frenética por evitarlo. La jueza apoya a Paul y regresa el jurado.
McKenna hace que Richard, el laborioso estenógrafo, lea la respuesta que había dado Iglesias a la jueza cuando ella le preguntó acerca de lo que se había caligrafiado en las manos. Efectivamente, él solo había dicho a Lenard que se trataba del nombre de su nieto; pero cuando la jueza en persona le pregunta que por qué ahora se aparece con el cuento de CAMP, ya el viejo zorro tiene una respuesta pensada:
—Yo se lo iba a decir señora jueza. Lo que pasa es que usted me interrumpió para preguntarme qué quería decir Rafa y no me dio tiempo.
Así termina esta historia Arnaldo Poncio Iglesias Pilatos, el que se lavó las manos. Otro episodio vergonzoso de este juicio, que espero que el jurado no haya tenido mucha dificultad para entender. Como diría Philip: “Una vez que comenzaron a testificar todos estos patriotas, comenzó a correr el estiércol por la corte”.
Este testimonio no necesita análisis. Si el jurado no vio la falsedad de este señor, significa que no sería capaz de distinguir entre una ballena y un guajacón, y podríamos considerarnos culpables desde ahora. Los esfuerzos por esconder a Basulto han resultado vanos, ninguno de los dos santurrones escogidos entre lo más impoluto de Hermanos al Rescate pudo evitar el acoso que hubiera sacudido igualmente a su jefe. Tal vez si mandaran al nietecito que Basulto carga en la fotografía del grupo, ocupada en nuestra casa, lograrían un testigo sin el techo de cristal.
A las 11:20 hace su entrada el capitán Johansen, que había comenzado a testificar la semana anterior, pero sin poder terminar por problemas de trabajo. Así que Paul retomó su contraexamen donde lo había dejado días antes.
Este tomó solo quince minutos. Paul le preguntó si la ruta que había seguido ese día era un itinerario regular y si él estaba al tanto de aquellas zonas al norte de La Habana respecto a las que se emitían algunas veces avisos de ejercicios militares. Johansen respondió afirmativamente aunque dijo que no podía precisar si el día 24 de febrero del 96 se había emitido tal aviso. Paul trató de establecer si el marino conocía el método de medir las aguas jurisdiccionales de Cuba, a lo que el testigo respondió de manera general, pero sin mostrar conocimiento particular en el caso de Cuba. McKenna le pregunta si conoce el concepto del NAVTEC –da avisos a los navegantes–, y ante la respuesta afirmativa del capitán le extiende uno referido a las actividades militares del 24 de febrero del 96. No obstante, Johansen insiste en que no recuerda haber sido informado de ello. Para finalizar el abogado pregunta si el crucero que él opera entra habitualmente en aguas cubanas, a lo que Johansen responde afirmativamente y explica que se hace con permiso de Cuba.
A las 11:35 Mr. Norris toma la palabra para contraexaminar al testigo. Norris marca un buen punto en relación con la importancia de llenar el libro del barco simultáneamente con los acontecimientos, a fin de poder tener una descripción exacta de cualquier hecho que termine en disputa. Deja claro que Johansen no había llenado la bitácora ni esa tarde ni esa noche, sino tras haber arribado a puerto. El testigo es vago acerca de si las autoridades norteamericanas ya habían estado en el barco cuando la bitácora se llenó, como es vago respecto a estos contactos con el FBI y el guardacostas desde el principio.
A las 11:50 Kastrenakes retoma el examen del testigo. Comienza preguntando al marino si él había utilizado el sextante el día del derribo, a lo que este respondió que no. Luego se refiere a sus observaciones y le pregunta si habían sido desaprobadas por sus superiores, si había recibido alguna presión para cambiar algo de la bitácora, si había alguna diferencia entre las notas que tomó el día de los hechos y la bitácora, y si algún dato había sido cambiado. Por supuesto que todas las respuestas fueron negativas. Se toca luego el tema de los equipos electrónicos del buque: radar, equipos de navegación, etc. Todo en perfecto estado, afirma el testigo y añade que las mediciones a distancia hasta el barco de pesca habían sido hechas precisamente por el radar. A continuación repite la secuencia de los eventos tal y como Johansen la había descrito anteriormente, y explica que la decisión de llamar al guardacostas estaba en manos del capitán de la nave; seguidamente dice que las condiciones climatológicas eran buenas y que en ningún momento el testigo había dejado el puente del barco. Finalmente, el marino dice que, de haber estado a mayor altura, hubiera visto La Habana de acuerdo con la visibilidad de ese día.
Así termina a las 12:14 p. m. el testimonio de este marino. Tratando de ponerme de nuevo en esa complicada y desconocida posición de jurado, yo diría que el testigo podría ser, hasta ahora, el más conveniente para la Fiscalía en relación con los sucesos concretos del 24 de febrero de 1996. Su versión apoya la teoría de la Fiscalía sobre la posición del derribo. Tiene cierto aire de credibilidad. No forma parte de ese grupo de testigos interesados que vienen a mentir a toda costa para desviar la atención de culpas propias. A nuestro favor, por ahora, está el que la bitácora del barco no haya sido llenada en el momento de los hechos, y la probabilidad de que lo haya sido luego de la reunión con el FBI y el guardacostas, que por haber hablado anteriormente con Basulto e Iglesias –dos buenos puntales para reconstruir esta historia–, quizás influyeron en su versión de los hechos. Del interrogatorio de McKenna, sobre todo la parte que realizó la pasada semana, se pudiera desprender que, en el momento del suceso, ellos no le dieron mucha importancia y no fue hasta que su magnitud comenzó a trascender, que trataron de reconstruir sus vivencias. Esto se apoya fundamentalmente en que no llamaron al guardacostas o a alguna otra autoridad para informar del derribo. Otro punto a nuestro favor es que mintió respecto a sus reuniones con las autoridades norteamericanas, en contradicción con los propios reportes del guardacostas, que lo ubican en una reunión en la que el testigo niega haber participado.
Pero hasta que esos elementos no sean comprobados de alguna manera concluyente, no hay duda de que el testigo debe haber dejado la impresión que los fiscales buscaban, al menos en algunos jurados. Es decir, que los aviones cayeron en aguas internacionales.
A las 12:14 p. m. la Fiscalía llama a su nuevo testigo y tuve una oportunidad única de asomarme a ese mundo apenas conocido para mí que es la llamada disidencia de Cuba. Cuando creía haberlo aprendido todo en Miami, me di cuenta de la profundidad que alcanza el cáncer político que padecemos aquí y de cómo ese cáncer se abre paso a golpe de dinero, para tratar de contagiar a nuestra sociedad en la Isla, usando como vehículo a cuanta alma en venta, con habilidades demagógicas, se preste a su juego por un poco de dinero y una visa de ingreso a los Estados Unidos.
El paso de este figurín por el estrado de los testigos me recuerda a una persona de la que tuve oportunidad de comentarte en este diario, hace un tiempo, pero cuyo nombre no recuerdo. Se trata de aquel señor que había escrito una carta a El Caimán Barbudo y por eso su casa fue invadida por la televisión local. Recordarás que tuvo la prestancia de decirle al periodista inquisidor que si en algún país del mundo se podía esperar la materialización de las ideas cristianas, era la Cuba actual.
Este señor estuvo preso en Cuba en los años de su juventud, y ha comparecido en un par de ocasiones, dentro del gueto, en un programa de radio independiente. Dijo haber aprendido, desde aquí, a apreciar la obra de la Revolución, y en su comparecencia en dicho programa, hace unos días, acuñó otra frase que dice mucho: “Los llamados disidentes en Cuba no son más que obedientes. Son muy inquietos allí, pero una vez que chocan con el dólar nunca más les ves una inquietud política, es como si de pronto todo fuera perfecto y a su alrededor no pasara nada”.
Con uno de esos obedientes, bautizado en su nacimiento como Leonel Morejón Almagro, tuvimos la oportunidad de asomarnos al mundillo de la llamada disidencia en Cuba, gracias a su aparición como testigo del gobierno.
El señor Morejón parece una mezcla de demagogo con desajustado social, cualidades que muy de vez en cuando coinciden en un mismo individuo para hacer su personalidad más íntegra. Como ves, se puede ser íntegro sin que esto tenga que ser motivo de orgullo.
Se supone que su testimonio tendrá relación con Concilio Cubano, un evento –el resto del testimonio me haría ver que más que evento fue una componenda– cuya realización en Cuba debía ocurrir el 24 de febrero de 1996, día del derribo de los aviones de Hermanos al Rescate. Lo lógico sería pensar que este testimonio sirva para establecer la existencia del evento; pero está claro que para la Fiscalía lo más importante es seguir apelando a las emociones del jurado con una maniobra dirigida a profundizar los prejuicios contra la Revolución, sembrados tan laboriosamente en la población de este país.
El señor Almagro explica cómo él –siempre él– fue el fundador e ideólogo de Concilio Cubano. Se le habrían sumado desde el inicio cuarenta familias…, perdón…, organizaciones, que terminarían luego siendo cien para reunir ni más ni menos que… ¡cinco mil personas! El señor leyó una carta que enviara a Fidel, cuyo contenido no tiene más valor histórico que “Al ánimo la fuente se rompió”, para después leer el acuse de recibo.
De la mano de los fiscales revive el sueño erótico de un supuesto apoyo entusiasta a su idea en medio planeta, incluyendo España, Alemania, Francia, Italia, Venezuela y por supuesto los Estados Unidos, donde varias ciudades de Florida vibraron de entusiasmo junto a Nueva York y Nueva Jersey ante la perspectiva iluminadora de seguir al mesías Leonel Morejón Almagro.
Dice que el evento se iba a realizar el 24 de febrero de 1996 y que sería de carácter parlamentario y pacífico, pero que al final no tuvo lugar. Pasa luego a hablar sobre sí mismo. Explica que había emigrado como refugiado político hacia los Estados Unidos, que había hecho escala en Miami, para después tener una ubicación permanente, que había sido recibido aquí por algunos amigos y que Basulto le había dado un cheque de mil dólares. Termina admitiendo que, poco antes de la celebración de Concilio Cubano, Hermanos al Rescate les había extendido un cheque por tres mil dólares que habían utilizado para tareas del evento.
La Fiscalía está realmente en estado de “shock”
En eso quedamos el martes 6 de febrero, día que acabo de narrarte, al fin, hoy viernes 9 a las 7:45 p.m. No es que no haya podido escribir durante el resto de la semana, pero como ves, el “despeluzamiento” de ambos embajadores de Hermanos al Rescate me ha consumido la mayor cantidad de hojas en este diario. Por otra parte, admito que estoy agotado, pues recordarás que me senté a la máquina de escribir el pasado viernes, ¡hace una semana!, y literalmente no me levanté hasta ahora, con el consiguiente cansancio mental, que se suma al producido por el intenso trabajo de tomar notas en la Corte.
Nada de esto es para alarmarse. Solo te lo digo porque tiene cierto valor anecdótico y forma parte del rigor que me he impuesto para llevar adelante este trabajo que te entrego con mil amores y todo gusto.
De todos modos, antes de acometer la historia del miércoles 7 de febrero, coincidirás conmigo en que valió la pena contarte con detalle el paso por el estrado de lo mejorcito que pudo encontrar Basulto para formar su agrupación. Excluyéndome a mí, por supuesto.
Ese miércoles 7 bajamos a la hora acostumbrada. Los siguientes días nos harían ver que la Fiscalía está realmente en estado de shock y parece no saber qué hacer con sus testigos, tras la paliza recibida por las dos estrellas de Hermanos al Rescate.
La jueza federal Joan Lenard cede la palabra a Paul. Este se ha preparado a conciencia para poder introducir a Hermanos al Rescate en la discusión con el obediente, y estudió el histórico documento de convocatoria a Concilio Cubano, redactado por él, solo por él y por nadie más que él. Paul se refiere a una frase en la que el Concilio cita “a todos los cubanos de fuera de la Isla” y pregunta al testigo si se refiere directamente a lo ocurrido el 24 de febrero, este da una respuesta afirmativa. McKenna pregunta sobre la fecha del 24 de febrero. Morejón siente la necesidad de exponer sus conocimientos de la historia y comienza a divagar sobre el 10 de octubre, la guerra Chiquita, el Grito de Baire, la...: “Gracias, señor, pero mi pregunta es: ¿No tiene relación la convocatoria a Concilio Cubano con la fecha del 24 de febrero?”. El testigo responde afirmativamente.
Luego Paul trata de establecer que, efectivamente, los exiliados estaban contemplados en la convocatoria sin distinción de especie y, por supuesto, con Hermanos al Rescate incluidos.
Paul le pregunta si supo de las violaciones de la ley por parte de Hermanos al Rescate, en julio del 95, y Almagro dice saberlo “por los órganos oficialistas controlados por el gobierno”. Sobre si había averiguado las credenciales pacifistas del grupo, dijo que no tenía recursos para ello y que la convocatoria incluía a todos: “Todos los cubanos estaban invitados, independientemente de sus posiciones y métodos. Si Alpha 66 hubiera ido lo habríamos recibido”.
El prócer de Concilio se exalta y gesticula bastante, comenzando a dar señas de cierto desequilibrio en su conducta. Acerca de Alpha 66 y la violencia que practica, aclara que solo usó al grupo como ejemplo, pero quien quiera que cambie sus métodos violentos es bienvenido, incluyendo a quienes practiquen el terrorismo dentro de Cuba.
Es bastante vago cuando Paul le pregunta sus conocimientos sobre Hermanos al Rescate, como si quisiera distanciarse de la organización. Sobre Radio Martí dice que de ella “los cubanos pueden oír ciertas verdades” y que es una emisora en español que se oye con bastante dificultad por la interferencia del gobierno, pero que él la escuchaba cuando le era posible. Sobre si había oído los anuncios de la flotilla de julio del 95 por la emisora, respondió afirmativamente; sin embargo, con respecto al sobrevuelo de La Habana dijo haberse enterado “a través del gobierno”, aunque admitió haber obtenido un medallón y una calcomanía procedentes del vuelo.
A otra pregunta de Paul, repite que el grupo de Basulto estaba invitado a Concilio y acepta que se le había hecho saber al gobierno cubano.
Preguntado acerca de los lanzamientos de octavillas el 9 y 13 de enero del 96, regresa a la vaguedad. Está claro que quiere proteger a Hermanos al Rescate y a su benefactor económico, José Basulto; y aunque admite haber sabido de esos masivos lanzamientos, prefiere no tener idea de la cantidad, dice no haber oído al señor Basulto hablar por Radio Martí en los días que siguieron a la provocación. Con respecto a otras declaraciones que pudo haberle oído en aquellos años, reconoce haberlo escuchado llamar a cambios políticos en Cuba, pero prefiere no recordar si lo oyó referirse a la desobediencia civil o instar a los cubanos a seguir el ejemplo de sus actos irresponsables sobre el suelo de la Isla.
A las 10:40 a. m. salimos al receso y, al regresar quince minutos más tarde, me entero por Philip que ya se está congregando una pequeña manifestación frente a la Corte, bajo la batuta de nuestro amigo Miguel Saavedra.
Cuando vuelve la jueza, Paul le solicita que se cancele la audiencia, atendiendo a la manifestación que parece estar comenzando a desarrollarse en las afueras de la Corte. Norris lo secunda y ambos dicen que no quieren que el jurado se exponga a este tipo de espectáculo. La Fiscalía se opone alegando que afuera todo está bajo control y que los alguaciles han recibido instrucciones de mantener la seguridad. Añade que los manifestantes son pocos y que solo tienen permiso hasta las dos de la tarde, por lo que no es de esperar que aumenten mucho en el tiempo restante.
Cuando continúa la sesión –ahora bajo el contrainterrogatorio de Joaquín–, el testigo se extiende sobre todos los contactos con elementos de aquí, mientras el abogado le da cordel para que tome vuelo, y llega a manifestar que, a propósito de la celebración de Concilio y en sus andanzas, ha hecho contactos, por las más diversas vías, con Mas Canosa: “Un honor”. Basulto: “Otro honor”. Mientras Joaquín sigue:
—¿Otros líderes más del exilio?
—¡Objeción!
—Denegada.
Y continúa Morejón haciendo una lista de sus célebres amistades: Julio Cavarga, Sergio Gatria, Ninoska Pérez, Jesús Zúñiga, Roberto Martín Pérez, “otro honor”, y Hubert Matos, otro honorcito más de entre el resto de la fauna político-terrorista que adorna Miami. La Fiscalía trata de dilucidar a qué Hubert Matos se refiere, al parecer preocupados porque saben que el hijo del papá, también dirigente de Cuba Independiente y Democrática, está siendo buscado por las autoridades debido a un fraude millonario y se encuentra prófugo.
Joaquín sigue interrogando a Morejón. Indaga sobre sus expectativas de obtener la ciudadanía estadounidense y de cómo su ayuda al gobierno en este caso sería una buena referencia.
Pero la Fiscalía objeta y el abogado termina estableciendo que Morejón ya no participa en actividades políticas, que ahora está dedicado a la vida en familia, y sus únicas inquietudes sociales se limitan a algún artículo en uno que otro periódico y ciertos vínculos con Naturpaz en Cuba:
—¿Mantiene usted vínculos con la Fundación Nacional Cubano-Americana? –pregunta el abogado.
—Definitivamente no –se le escapa a Morejón.
—¿Alguna razón para esa respuesta tan definitiva?
—No, solo porque sí.
Finaliza de este modo su contraexamen este prócer que se ha retirado de la lucha por la libertad de su patria, a la edad de 36 años, para acogerse al buen vivir en una ciudad norteamericana.
Y así termina ese largo miércoles 7 de febrero, con el paso por el estrado de este espécimen de la obedien..., perdón, disidencia cubana. No sé si todos serán como él y siempre he odiado las generalizaciones. Pero cumplo con el compromiso de exponer mi experiencia, en este encuentro cercano de primer tipo, con el prócer Leonel Morejón Almagro, quien estuvo a punto de cambiar la historia de Cuba el 24 de febrero de 1996, con un sueño erótico que se diría creado en Miami, de nombre Concilio Cubano. El próximo día nos entregará su última actuación bajo el reexamen de la Fiscalía.
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Héroe de la República de Cuba. Uno de los cinco jóvenes revolucionarios que se infiltró en grupos terroristas que desde la cuna de la mafia anticubana, Miami, organizan impunes sus ataques criminales contra el territorio cubano. Fue condenado a 15 años de prisión. Su causa contó con una enorme solidaridad internacional. Regresó a Cuba en el año 2013.
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Me gustaria saber si existe algun libro sobre estos testimonios y donde podria encontrarlos..Muy interesante..
gracias
No se ha escrito algo ni remotamente parecido a este diario, en relación a los testimonios del juicio. Desafortunadamente, el sistema federal de justicia norteamericano no permite grabaciones -quien sabe si para que no quede en evidencia el desparpajo que puede desplegar la fiscalía en un juicio- y sólo las circunstancias que motivaron esta crónica han permitido disponer de la historia en forma de libro.
Existen las transcripciones oficiales de la corte, que pueden dar fe de la historia. Por supuesto, se trata de la fría tanscripción de lo que se dijo, y a ellas escapan las actitudes, estados de ániimo, tonos y el resto de elementos que sólo una grabación o un testimonio como este pudieran brindar. Con los compañeros de Cubadebate estuvimos tratando de ver si podíamos poner enlaces entre el diario y las transcripciones, y desafortunadamente era una tarea técnicamente imposible con los recursos con que contamos. Aspiramos a que algún día esas transcripciones, que se guardan en forma digital en el instituto de historia, puedan estar disponibles en línea para quien desee acceder a ellas.