El tiempo

Amaury Pérez en República Dominicana. Foto: Roberto Cavada
A Eliseo Diego
Si uno es afortunado, cumple años, el destino juega su papel, y la suerte derrapa todo el esplendor, tienes "el tiempo, todo el tiempo".
Tiempo de ver la luz a través del difuminado rostro de la madre, del padre, de los abuelos. Luego tendrán espacio las nunca recordadas celebraciones de los primeros aniversarios, pero ahí guardamos como mudos testigos, las fotografías que dan fe de esos acontecimientos donde uno presiente, pero no tiene capacidad recordatoria para disfrutar -el alma aún no registra- los orgullosos rostros de progenitores y parientes diversos.
Con el devenir, uno se empina, balbucea las palabras y da los primeros pasos. Con el tiempo asumes a tus nacientes amigos, los primarios aprendizajes, las maestras inaugurales, los exámenes.
Si uno tiene tiempo abraza la adolescencia, y se enamora, con ese amor casi infantil al que le basta un beso, un portal, una canción que jamás olvidaremos (cada cual tiene la suya) y la fragancia de un perfume o un jardín son nuestros cómplices; ahí, despacio, aparece el pequeño secreto, la mentira minúscula, sin pretensiones, junto a los primeros vellos y los estrenos masturbatorios. Entonces uno cree, con el tiempo, que la felicidad comienza y termina ahí.
Con el transcurrir, el tiempo se ahueca, y caben en él la desdicha, las frustraciones, los desamores, los disgustos, las incomprensiones, y uno se hace adulto sin tiempo para darse cuenta y darle vueltas a esa sensación de desamparo juvenil. Uno está seguro de que no es querido, ni apreciado y se vuelve singular ese sentimiento de despojo, pero está convencido de que el tiempo, aún perforado, todo lo cura.
Con el tiempo, la vida se hace definitiva y el amor espeso, duradero, llegan los hijos, con suerte los nietos y el tiempo te arranca a tus seres más queridos, a veces simplemente te los aleja, y tienes tiempo para extrañarlos, y permutan las tristezas, las estrías te muelen el rostro, el cabello. La soledad es el tiempo y las melancolías te arropan.
Un día, muy a tu pesar, se acaba el tiempo, y si uno fue afortunado, ya no cumple años, el destino ignora su papel, y el acaso deforma aquel viejo esplendor, pues ya no conservas el tiempo, tienes el olvido, todo el olvido.
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...Cada martes tengo una cita con Ud. Gracias por los recuerdos, aún los más tristes tienen un sabor especial. Cuídese mucho.
Simplemente me encantó. Gracias Amaurys
Bravo, Amaury, por este relato, del que casi pienso como tú. Gracias,