A 250 años de la independencia de los Estados Unidos: Tres hitos para una reflexión oportuna

En ocasión de la celebración por el pueblo de los Estados Unidos del 250 aniversario de la declaración de su Independencia el próximo 4 de julio, desde la historia común, en medio de tantos desencuentros y de la criminal guerra que despliega hoy el gobierno del vecino país contra nuestro sufrido y glorioso pueblo, cabría reflexionar, brevemente, sobre tres hitos insoslayables para la construcción de un futuro de respeto y amistad entre nuestros dos países.
Hay entre Estados Unidos y Cuba vínculos históricos de la más diversa índole, desde el surgimiento de la nación norteña. Sus políticos, incluidos los padres fundadores, miraron con apetencias geopolíticas la estratégica isla bautizada como la Llave del Golfo. En cinco ocasiones la quisieron comprar a España y ante la terquedad ibérica, la prefirieron en sus manos mientras no estuvieran las condiciones creadas para apropiársela.
El 98 fue el parteaguas. Pero no todos en Estados Unidos pensaron en la anexión. Hubo en su pueblo y en círculos políticos y sociales, mucha opinión favorable, simpatías y respeto hacia la Isla rebelde, resoluta e indomable, decidida a ser independiente bajo las más complejas circunstancias. Nadie podía ignorar el valor de un pueblo que enfrentó y venció a un ejército colonial de cerca de 300 mil efectivos.
La historia muchas veces es cíclica y parece repetirse. Aunque hoy conduzca los destinos de los Estados Unidos de América un gobierno ultraconservador y fascista, existe un pueblo, amante de las glorias pasadas, que históricamente ha tendido puentes a su vecino del sur. Amigos tuvo Cuba allí en época del padre Varela, en el laborioso y combativo exilio mambí, en los tiempos de José Martí, en apoyo al Movimiento 26 de Julio, en las luchas por la liberación del niño Elían González y de los cinco héroes prisioneros del imperio, en las batallas contra el bloqueo de ayer y de hoy.
A ese pueblo que nos respeta y admira, sirvan estas historias como tributo de homenaje y respeto en ocasión del aniversario de su independencia.
CUBANOS EN LA INDEPENDENCIA DE ESTADOS UNIDOS
El 4 de julio de 1776, los revolucionarios estadounidenses declaraban su independencia de Gran Bretaña. Consolidarla duraría más de siete años de cruenta lucha. No fue hasta el 3 de septiembre de 1783, que mediante la firma del Tratado de París, se establecería la paz entre las Trece Colonias e Inglaterra y se reconocía el nacimiento de una nueva república, los Estados Unidos de América. El tratado fue ratificado por el Congreso de la Confederación Americana el 14 de enero de 1784.
En su lucha por la independencia, que fue dura y gloriosa, los revolucionarios encabezados por George Washington contaron con el apoyo de Francia y España y de hombres de bien de diferentes regiones del mundo, entre ellos, el prócer venezolano Francisco de Miranda.
El Dr. Eduardo Torres Cueva, uno de los más profundos estudiosos de los siglos XVIII y XIX americanos, en su documentado trabajo “Lo que le debe la independencia de los Estados Unidos a Cuba. La ayuda olvidada”, demuestra el importante papel de La Habana, en hombres y dinero, para la materialización de aquella causa. Más de 1 200 combatientes del Regimiento de Fijos de La Habana y los Batallones de Pardos y Morenos, junto a tropas españolas, desalojaron a los ingleses de la Florida, el cauce del río Mississippi y las islas Bahamas.
En julio de 1781, el ejército de George Washington se encontraba en una precaria situación financiera y de abastecimientos. Se comentaba con fuerza la posibilidad de insubordinaciones y amotinamientos a causa de llevar los soldados varios meses sin recibir paga. En esas circunstancias, se necesitaba la suma de un millón doscientas mil libras esterlinas para paliar la crisis.
Un millón ochocientos mil pesos oro reales se recaudaron en la Isla, una parte proveniente de los fondos de la administración colonial, y el grueso de una recaudación pública en La Habana. Las damas habaneras entregaron joyas y dinero, para contribuir a la independencia de Estados Unidos.
Eran tiempos en los que aún no se forjaba la nación cubana. Aquellos episodios formaban parte de la estrategia de la metrópolis colonial española para debilitar a Inglaterra, su rival político y militar. No obstante, marca una pauta llena de simbolismo y digna de reflexión.
CUBANOS EN LA GUERRA DE SECESIÓN
Entre los años 1861 y 1865, Estados Unidos se vio inmerso en la más cruenta guerra que recuerde la historia de esa nación en su territorio. La pugna entre los intereses económicos del norte industrial y el sur aferrado a la esclavitud, fue el factor detonador que desangró al país. Ambas causas, ganaron adeptos y hombres de diversas nacionalidades e intereses tomaron parte en el conflicto.
La antiesclavista comandada por Abraham Lincoln, despertó el interés de cubanos enemigos de aquel flagelo. Pensando en la abolición de la esclavitud en Cuba, hijos de la Isla se enrolaron en los ejércitos de la Unión y con ellos, hicieron armas.
El camagüeyano Antonio Lorenzo Luaces Iraola, había estudiado medicina en Estados Unidos. Comenzada la guerra, se incorporó al cuerpo de sanidad militar, donde sirvió hasta el fin de la misma. A inicios de la Guerra de los Diez Años regresó a Cuba, desembarcando el 11 de mayo de 1869, como expedicionario del Perrit, a las órdenes del general estadounidense Thomas Jordan.
Fue uno de los 35 jinetes que el 8 de octubre de 1871 participara en el legendario rescate del brigadier Julio Sanguily. A la muerte del general Ignacio Agramonte, peleó subordinado al general dominicano Máximo Gómez, a quien acompañó en los combates de La Sacra y Palo Seco, la batalla de Las Guásimas, y en la invasión al territorio de Las Villas, junto al brigadier estadounidense Henry Reeve. Sirviendo siempre en la sanidad militar, fue hecho prisionero en los campos de Cuba y fusilado el 21 de abril de 1875 en la ciudad de Puerto Príncipe.
También camagüeyano era el odontólogo Ángel del Castillo Agramonte, quien, en Estados Unidos, se unió a las milicias de Pennsylvania con las que hizo la guerra. Concluida esta, se trasladó a Cuba siendo uno de los jefes del levantamiento militar en Camagüey. Por su experiencia militar en la Guerra de Secesión, fue nombrado brigadier del Ejército Libertador. Murió durante el ataque al poblado de Lázaro López, actual provincia de Ciego de Ávila, el 9 de septiembre de 1869.
Médico también era Sebastián Amábile Correa, quien muy joven ingresó como soldado a los ejércitos de la Unión. Al terminar la guerra, permaneció en Estados Unidos, retornando a la patria, junto a Luaces, en la expedición del Perrit. Murió como consecuencia de heridas de combate, el 29 de mayo de 1869, 18 días después del desembarco.
Los hermanos Federico y Adolfo Fernández Cavada Howard, cienfuegueros, pelearon también en los ejércitos de la Unión. Federico residía en la ciudad de Filadelfia, cuando ingresó al 23 Regimiento de Voluntarios de Pennsylvania en el cuerpo de ingenieros, con grado de capitán.
Por méritos de guerra alcanzó el grado de teniente coronel, participando en las batallas de Bull Run, Chantilly y Antietam. Pionero de la exploración aerostática, en la batalla de Gettysburg, el 1ro. de julio de 1863, cayó prisionero cuando el globo en el que cumplía misiones de exploración fue abatido. Un canje en enero de 1864 propició su libertad. Se reincorporó a los ejércitos de la Unión, y junto a los generales William T. Sherman y Ulysses S. Grant, realizó la gran marcha hacia el mar.
Federico, que fue un excelente pintor —varias de sus obras se exhibieron hace algún tiempo en el Museo de la Ciudad y otras se muestran en la exposición permanente del Museo de Bellas Artes de La Habana—, sustituyó como jefe del Estado Mayor del Ejército Libertador al general norteamericano Thomas Jordan, puesto que en la práctica de entonces equivalía a general en jefe del Ejército Libertador. Prisionero en combate, el también conocido como “general Candela”, fue fusilado en Nuevitas, el 1ro. de julio de 1871.
Su hermano Adolfo fue capitán de los ejércitos de la Unión. Estuvo entre los principales jefes del levantamiento en Las Villas, alcanzando la graduación de mayor general del Ejército Libertador. El 24 de diciembre de 1871 falleció en los montes de la Ciénaga de Zapata, enfermo de paludismo.
Son solo algunos ejemplos representativos de cubanos que hicieron suya la lucha contra el flagelo de la esclavitud en los Estados Unidos.
ESTADOUNIDENSES EN LA INDEPENDENCIA DE CUBA
El grito de independencia en Cuba el 10 de octubre de 1868, repercutió en Estados Unidos. Decenas de sus hijos se enrolaron en las expediciones mambisas y viajaron a Cuba a pelear por la independencia y contra la esclavitud, muchos de ellos, compañeros de lucha de aquellos cubanos veteranos de la Guerra de Secesión.
El Mayor General Thomas Jordan, natural de Luray, Virginia, arribó a Cuba el 11 de mayo de 1869 comandando la expedición del Perrit. En diciembre era el jefe del Estado Mayor del Ejército Libertador. Este militar estadounidense, incomprendido en su momento por los combatientes cubanos, de regreso a Estados Unidos en 1870, se convertiría en un defensor a ultranza de la causa de la independencia de Cuba. El 2 de diciembre de ese año, en carta al periódico World de New York, diría:
“…en este tiempo han desplegado los hijos de Cuba más firmeza, más abnegación y más constancia que los americanos antes de que los franceses vinieran a ayudarlos.”
Cuatro días después, escribiría al mismo diario:
“Ningún pueblo ha peleado jamás con tanta obstinación por la libertad y rodeado de desventuras tan numerosas y desalentadoras como el pueblo cubano que no ha tenido auxilio de ninguna parte; antes, al contrario, los gobiernos de los Estados Unidos e Inglaterra han impedido que reciba ayuda…”
El general Thomas Jordan falleció el 27 de noviembre de 1895 en New York. Poco antes, se lamentaba en carta al joven cubano Gonzalo de Quesada, de no haber podido hacer más por Cuba.
Henry M. Reeve, nacido en Brooklyn, New York, se convirtió en un héroe de leyenda para los patriotas cubanos y uno de los jefes más admirados y queridos por su disciplina, lealtad y valor. A la muerte del mayor general Ignacio Agramonte lo sustituyo en Camagüey hasta la llegada del general Máximo Gómez. Recordado como “Inolvidable Quijote” por el coronel Ramón Roa, o “dignísimo militar” por el mayor general Vicente García, este joven estadounidense, a quien según el generalísimo Máximo Gómez “sus soldados lo quieren como un padre”, había plasmado en una correspondencia en mayo de 1874, la necesidad de:
“Que nuestro pueblo, allá en los Estados Unidos, pudiera saber la verdad de esta lucha.”
Murió en combate el 4 de agosto de 1876 como general de brigada, cuando invadía el occidente del país. Tenía entonces 26 años de edad. Pronto se cumplirán 150 años de la efeméride.
Nueve norteamericanos pelearon como coroneles mambises, dos como tenientes coroneles, ocho fueron comandantes, diecisiete capitanes y ocho tenientes. Otros 83 combatientes alcanzaron diferentes rangos.
Del mambisado norteamericano murieron por la libertad de Cuba cinco coroneles: John Asby, de Kentucky y James Clancey, en 1870, en la provincia de Camagüey; Carlos Westreyo, en combate en Remedios, el 18 de junio de 1871; David Johnson, el 7 de mayo de 1880, al caer en emboscada junto al Brigadier cubano José Medina Prudentes; y Charles Gordon, compañero del Lugarteniente General Antonio Maceo en la campaña de Pinar del Río, muerto en 1897 en la provincia de Las Villas.
El comandante Winchester Dana Osgood, famoso como atleta (futbolista) en las universidades de Cornell y Pennsylvania, cayó en combate durante el sitio de Guáimaro, el 28 de octubre de 1896.
Un capitán de apellido Hawison, expedicionario del George W. Upton, a los pocos días del desembarco el 24 de mayo de 1870, fue hecho prisionero y fusilado en Nuevitas, Camagüey. Su compañero de expedición Humison H. Harrinson, capitán del ejército de Estados Unidos, murió en combate durante el desembarco. El capitán Edmond H. Fredericks murió en campaña en 1897.
El teniente artillero James Pennie, de Washington D. C. y expedicionario del vapor Bermuda a las órdenes del Mayor General Calixto García, perdió una pierna durante la guerra. Había desembarcado en Maraví, Baracoa, el 24 de marzo de 1896. George S. Newton Le Fuite, de Nueva York, también teniente, fue herido en combate y hecho prisionero el 9 de agosto de 1897. A los pocos días, murió en prisión. También murieron por Cuba los soldados Agustín W. Caballero, en la acción del Cerro, Sancti Spíritus, el 29 de septiembre de 1896; Francis H. Dover Star, por enfermedad, el 19 de noviembre de 1898 en Camagüey; y Loow Water, de Brooklyn, por la misma causa en Morón, el 15 de noviembre de 1898.
Otros estadounidenses cayeron por Cuba en las diferentes contiendas. Durante la guerra de los Diez Años, Carlos Speahman y Alberto Wyeth, de New York, expedicionarios del Grapeshot, fueron fusilados por los españoles el 18 y 21 de junio de 1869, respectivamente; el sargento del ejército norteamericano William Crosceland, expedicionario del Perrit, murió en campaña en 1869. Similar suerte corrió ese año, Harry Chave, secretario del General Thomas Jordan.
A principios de 1870 moría asesinado en Santiago de Cuba, víctima del cuerpo de voluntarios, un norteamericano de apellido Damnery; Ws Ashly, ayudante del General Domingo Goicuría, caía en acción de guerra el 7 de marzo de 1870; el sargento Blake, del ejército norteamericano, expedicionario del Perrit, moría fusilado en Puerto Príncipe, el 10 de abril de 1870; Ed H. Hurt, hecho prisionero en un hospital mambí el 21 de octubre de 1870, fue conducido a Manzanillo y fusilado; el capitán de buque Joseph Fry, natural de Tampa Bay, y John C. Harris, de Massachussets; Frederic Williamson, de Albany; William Bainard, Eduard Day, Thomas Read y John Brown, expedicionarios del Virginius, fueron fusilados el 7 de noviembre de 1873 en Santiago de Cuba.
En la gesta de 1895 a 1898, el ingeniero mecánico Pearce Alkinson, expedicionario del Three Friends, fue abatido de un balazo en la frente en la primera acción de guerra en que tomaba parte, el 3 de agosto de 1896, durante el ataque a un tren cerca de Taco Taco, Pinar del Río; el General Antonio Maceo le había tomado afecto. Joseph C. Santee, expedicionario del Thre Freends con el general puertorriqueño Juan Rius Rivera, desembarcó en Cabo Corriente, Pinar del Río, el 8 de septiembre de 1896. A los pocos días murió de disentería. El médico Charles Dock murió en campaña en 1896 cerca de Placetas, provincia de Las Villas. Su cadáver, como escarmiento, fue expuesto en la plaza pública por los españoles. Charles E. Crosby, corresponsal del The Chicago Record, murió en el combate de Santa Teresa el 9 de marzo de 1897, cuando acompañaba al General en Jefe Máximo Gómez.
Otros norteamericanos ganaron celebridad en los campos de Cuba. Frederick Funston, teniente coronel artillero a las órdenes del Lugarteniente General Calixto García, fue años después mayor general del ejército de Estados Unidos. John O’Brien fue un lobo de mar que puso a disposición de la independencia de Cuba, su vida. Durante la guerra de 1895, condujo a la Isla buena parte de las expediciones. Sobre su experiencia revolucionaria dejó un libro: El Capitán Dinamita, sobrenombre con el que era conocido por los cubanos. Al terminar la contienda trabajó como jefe de prácticos en el puerto de La Habana.
El teniente Osmund Latrobe, Jr., natural de Baltimore, combatió en la guerra del 95 como artillero a las órdenes de Calixto García. Había llegado a playas cubanas en la expedición conducida por el Brigadier Rafael Portuondo Tamayo, el 30 de mayo de 1896. Durante la guerra formó parte del estado mayor del General Enrique Collazo. Llegó a coronel del ejército de Estados Unidos y ayudante del presidente Calvin Coolidge.
Entre los combatientes estadounidenses, hubo quienes recibieron los mayores elogios de los jefes del Ejército Libertador. De ello da fe Máximo Gómez, cuando en carta al Delegado del Partido Revolucionario Cubano Tomás Estrada Palma, de 24 de abril de 1897, recomendaba al capitán de su escolta William Smith:
“… Va pues a Vds. un soldado de la libertad que ha venido a honrar entre nosotros la bandera reivindicadora de Washington. No lo estimamos como extranjero: es un cubano y un hermano de todos en la defensa de las libertades que a esta tierra niega España…”
y concluía:
“… el que como él llega después de haber estado en nuestros combates y de haber luchado al pie de nuestra bandera, no necesita recomendación de nadie: lleva en su historia el más valioso timbre de gloria…”
Extranjeros participantes en la guerra de Secesión al lado de Lincoln, también marcharon a Cuba a pelear por su independencia. El polaco Carlos Roloff Mialofsky había integrado las filas del 9no. regimiento de Ohio. Al concluir la guerra, viajó a Cuba donde se radicó en 1865 e hizo familia. Fue uno de los jefes del levantamiento en la región central del país en 1869 y durante la Guerra de los Diez Años. Mayor General del Ejército Libertador y protagonista importante de la Guerra Chiquita y la del 95.
El canadiense Washington Albert Claudio Ryan, capitán del 192 regimiento de voluntarios de Nueva York, arribó a la Isla como expedicionario del Anna, el 17 de enero de 1870. En la caballería alcanzaría el grado de General de Brigada del Ejército Libertador. Prisionero de la expedición del Virginius, murió fusilado el 4 de noviembre de 1873, en Santiago de Cuba.
El coronel alemán Otto Schmidt, oficial de la reserva del Ejército Prusiano, desde mediados de 1868 se encontraba entre los principales conspiradores villareños, vinculado a lo más selecto de la sociedad trinitaria. Secundó a Federico Fernández Cavada en el levantamiento de Trinidad el 9 de febrero de 1869. En los primeros momentos de la guerra fungió como instructor del Ejército Libertador en la región central del país. Sus tropas eran ejemplo de disciplina. Murió en desigual combate en Polo Viejo, Trinidad, el 17 de marzo de 1869, tras ser delatado por un traidor.
Hacia el pueblo estadounidense hubo siempre expresiones de respeto y admiración por nuestros próceres y líderes revolucionarios, entre ellos José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez.
Martí expresaría que:
“En otros tiempos, distintos a los de hoy, los Estados Unidos significaban la libertad.”
Él, que tanto admiraría la laboriosidad del estadounidense y que tuvo allí tan incondicionales amigos, agregaría después:
“Quiero que el pueblo de mi tierra no sea como este, una masa ignorante y apasionada que va donde quieren llevarla, con ruidos que ella no entiende.”
El general Antonio Maceo, en una proclama de fecha 25 de marzo de 1878 a los habitantes del Departamento Oriental, afirmaba:
“…Los grandes espíritus de Washington, Lafayette y Bolívar, libertadores de los pueblos oprimidos, nos acompañan y están con nosotros…”
Nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en reiteradas ocasiones se refirió a este tema. El 2 de septiembre de 2005, en el programa televisivo Mesa Redonda, al reiterar ofrecimientos de ayuda médica al pueblo de Estados Unidos en ocasión del paso del huracán Katrina, manifestó:
“..Expreso en esto la buena voluntad de nuestro pueblo, los sentimientos amistosos que siempre ha tenido hacia el pueblo norteamericano, demostrado a lo largo de 46 años, uno de los pocos países del mundo donde nunca se ha quemado una bandera de Estados Unidos, donde nunca se ofende a un norteamericano, ese es el aval; estamos agradecidos del pueblo que apoyó el regreso del niño, del pueblo que en número creciente apoya que se haga justicia con nuestros compañeros, del pueblo en que confiamos que un día junto a nosotros construya vínculos de amistad y no únicamente para ayudarnos mutuamente, sino fundamentalmente para ayudar a otros.”
La memoria de aquellos héroes, cubanos y estadounidenses que combatieron y ofrendaron sus vidas en nobles empeños, el pensamiento de Martí y Fidel sobre el pueblo estadounidense y las acciones de ese pueblo en aras de la independencia de Cuba, nos inspiran confianza en la posibilidad de construcción, algún día, de un nuevo tipo de relación bilateral.
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