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Para entender el Moncada

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Foto: Facebook Abel González Santamaría.

En 1902 nació la república en Cuba, como una neocolonia de los Estados Unidos, que mantuvo su dominio político, económico y militar por muchos años, interrumpido únicamente durante 127 días, cuando se estableció el Gobierno cubano denominado de los cien días, durante la Revolución de 1930. Tras el fracaso revolucionario, la administración yanqui potenció a Fulgencio Batista Zaldívar, quien de sargento taquígrafo emergió con grados de coronel y fue nombrado jefe del Ejército Nacional.

Los militares se adueñaron de la nación; aumentaron las persecuciones contra el pueblo y los atropellos, asesinatos…, fueron constantes. Esa situación se mantuvo e incluso aumentó a inicios de la década del cincuenta.

La mayoría de la población cubana vivía en la pobreza. De algo más de 6 millones de habitantes, 3 millones 500 000 vivían en cabañas y barracones, sin las menores condiciones de habitabilidad; más de 600 000 con aptitudes para el trabajo no tenían empleo; 3 millones de personas no disfrutaban de luz eléctrica; 37,5 % de la población era analfabeta; 70% de los niños en las zonas rurales no tenía maestros y el 95% estaba afectado por parasitismo. La mortalidad en este grupo etario, era muy alta y el promedio de vida muy bajo; el 2% por ciento de los habitantes padecía de tuberculosis.

El Gobierno de turno incrementó la represión, clausuró programas de radio, cerró periódicos, asaltó sindicatos y se hundía en la corrupción. Contra esos abusos se proyectó el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), organización política de masas donde participaban campesinos, obreros y pequeñoburgueses.
Su líder político Eduardo René Chibás Rivas alcanzó gran arraigo popular por su incansable denuncia contra la corrupción imperante en el país.

El 10 de marzo de 1952 —dos meses antes de las elecciones y cuando los ortodoxos eran favoritos para ganar la presidencia de la república— Batista rompió el orden constitucional con un golpe de Estado. Comenzaría la más sanguinaria tiranía sufrida por el país y una de las más repulsivas de la historia de América Latina y el Caribe. Recibió el apoyo incondicional de los presidentes estadounidenses y sus gabinetes, tanto del saliente Harry S. Truman (1945-1953), como del sucesor Dwight Eisenhower (1953-1961).

A solo unas horas del cuartelazo, Fidel denunció públicamente el carácter dictatorial de este, el que calificó de zarpazo contra el pueblo. Consideró que las vías legales para la lucha estaban agotadas. Un grupo de jóvenes abandonó las filas ortodoxas y liderados por él, prepararon las condiciones para desencadenar la insurrección popular y la Revolución nacional liberadora. Comenzó la organización de un movimiento revolucionario. Al que se unieron otros obreros, empleados y estudiantes.

El joven Fidel se había destacado por sus posiciones revolucionarias desde la etapa estudiantil en la Universidad de La Habana, donde se graduó de Derecho en 1950. El destacamento que logró nuclear sumaba mil doscientos seguidores. Desde los locales de Prado 109 del Partido Ortodoxo en la capital, organizó los entrenamientos militares. Con ciento sesenta de ellos concibió, organizó y dirigió, los asaltos a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, el 26 de julio de 1953.

Desde la concepción militar aquella acción armada fue fallida. Muchos fueron masacrados, otros condenados a prisión. Pero marcó el inicio de la etapa hacia la liberación definitiva del proceso revolucionario cubano; la cual se enfrentaría con un programa, resultado del alegato de autodefensa del líder ante el juicio que se le siguió, el 16 de octubre de 1953, el que trascendió como La historia me absolverá.

Se han publicado 6 comentarios



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  • Germán dijo:

    Acertado este escrito. Que habría Sido de Cuba en aquella época si viviera está pandemia actual, con tanta miseria e injusticia social. Muy válido no dejar de reiterar el valor histórico y social a las nuevas generaciones del asalto al Moncada del porque de su lucha y la llama revolucionaria que encendió.

  • Rafael Emilio Cervantes Martínez dijo:

    Para entender el Moncada que abrió el camino para que el pueblo cubano pudiera sacudirse definitivamente la dictadura de Fulgencio Batista y la tutela yanqui, vale la pena pensar a dónde habría llevado el continuismo de las estrategias de las fuerzas políticas de entonces sin proponerse desafiar al poder dictatorial en el mismo terreno en que se apoyaba, con las armas. La seguridad de Fidel en la victoria, que pocos pudieron comprender entonces y que sólo después de avanzar en la lucha de liberación se fueron sumando a su apoyo, se basaba en su fe absoluta en la justeza de la lucha, lo que terminaría por sumar al pueblo una vez deshechas las mentiras del régimen y la consiguiente desmoralización y desmovilización de sus fuerzas que se quebraron ante el auge de la insurrección popular y terminaron capitulando incondicionalmente cuartel por cuartel, poblados y ciudades. A aquellos jóvenes valerosos del 26 debemos la soberanía, independencia y dignidad que disfrutamos hoy, seremos firmes continuadores.

  • Ale Mejias dijo:

    El 27 de julio retransmitieron una de las mesas redondas de hace unos años donde el comandante en jefe explicó todos los detalles de la organización y asalto al Moncada. En su intervención, defendió la idea de que con los hombres, las armas y el plan con q contaban permitían el triunfo de la accion y explicó los factores circunstanciales que generaron q se perdiera el factor sorpresa, condición necesaria pa la victoria. Dijo también que aunq la vía constitucional no hubiera sido violada por un golpe, la salida política de los problemas del pais requerían la lucha armada, pues excepto en La Habana, el partido ortodoxo estaba en manos de terratenientes y representantes de la burguesía que no iban a transformar nada. Explicó también que era posible otro plan revolucionario que no contemplara el asalto a la fortaleza militar sino el ascenso directo a las montañas, que a la luz de su experiencia en ese momento, es por la variante que el se hubiera decidido y explicó las ventajas que tenía aquella opción, más segura y son riesgos. Una joya esa intervención de Fidel.

  • Eduardo dijo:

    Ayer retransmitieron en la mesa redonda la intervencion del Comandante en Jefe en este programa en julio del 2000, una clase de historia de ese suceso, parecia que era ayer, lo que mas me llamo la atencion fue que mi hija de solo 22 años le presto una atencion como pocas veces la habia visto, desde principio a fin. Sin dudas, era FIDEL.

  • Aurora dijo:

    Gracias a Abel por este breve trabajo con un análisis de la triste situación que vivía Cuba que hizo posible un Moncada. Aunque conocidas, siempre es bueno recordar y sobre todo, compartir con los jóvenes esas memorias de la Cuba pre-revolucionaria.

  • Marta O. Carreras Rivery dijo:

    Bien por escribir esta síntesis recordatoria de por qué hubo un Moncada, una Sierra Maestra, una lucha insurreccional en las ciudades y una Revolución Cubana.

    Confieso que al ver el nombre y el segundo apellido del autor, fui a visitar enseguida el post pensando en encontrarme una historia más cercana de ese otro grande de nuestra historia que merece recordarse siempre y más en esta fecha: Abel Santamaría Cuadrado, segundo jefe de la operación, cuyo talento, valentía y devoción de entrega y sacrificio, cercenó tan tempranamente su valiosa vida para salvar a sus compañeros y al líder Fidel, al acudir en su apoyo, después de cumplir con éxito la misión que le asignaron y cubrirles la retirada hasta que le arrebataron la vida tras horribles torturas, sin delatar a nadie.

    De muy pequeña tuve entre mis manos un álbum de postales que encontré en uno de los libreros de mi casa, que contaba mediante dibujos pasajes de la lucha revolucionaria. Estaba aprendiendo a leer y recuerdo que me detuve en una en la que aparecía Haydée y unos esbirros vestidos del uniforme de "casquito" en actitud intimidante y con los ojos arrancados en vida a su hermano Abel. Pregunté a mi madre, me contó la historia y lloré, y aún en este instante, 60 años después, lo vuelvo a hacer mientras escribo.

    ¡Gloria eterna a los héroes y mártires que encendieron ese día con sus vidas, la llama de la rebeldía nacional!

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Abel González Santamaría

Abel González Santamaría

Es abogado cubano, Doctor en Ciencias Políticas y Máster en Relaciones Internacionales. Investigador de las Relaciones Interamericanas y Seguridad Nacional.

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