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Posdemocracia

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Democracia en el capitalismo.

El banquero David Rockefeller declaró lo siguiente a Newsweek International en febrero de 1999: “En los últimos años existe una tendencia a la democracia y a la economía de mercado en muchas partes del mundo. Eso ha reducido el papel de los gobiernos, lo que resulta favorable para los hombres de negocios (…) Pero la otra cara de la moneda es que alguien tiene que ocupar el lugar de los gobiernos, y el business me parece la institución lógica para hacerlo.”

La caída del Muro de Berlín en 1989 marcó el rechazo al estatismo. En 1979, Hayek, un gurú del neoliberalismo, ya abogaba por “destronar la política” en nombre de la “espontaneidad” del mercado: “La política ha asumido un lugar demasiado importante, se ha tornado muy onerosa y perjudicial al absorber mucha energía mental y muchos recursos materiales.”

Es lo que viene sucediendo en el mundo entero. Decepcionados con la política y los políticos, los electores optan por elegir empresarios, con la esperanza de que gobiernen el país tan bien como dirigieran sus empresas. En la larga lista de empresarios convertidos en gobernantes se encuentran Berlusconi (1994) en Italia; Piñera (2010 y 2018) en Chile; Macri (2015) en Argentina; Trump (2016) en los Estados Unidos y Macron (2017) en Francia.

Esos hombres tienen la ambición de administrar el estado como una empresa familiar, tal como prometió Erdogan al asumir el gobierno de Turquía. Desde esa óptica, se desprestigia a las instituciones democráticas y se las considera un estorbo al desempeño del presidente-CEO. Este, convencido de su carisma, adopta una práctica “decisionista”, término acuñado por el jurista nazi Carl Schmitt en su Teología política (1922) para denotar el modo de tomar decisiones con autoridad y determinación, sin preocuparse por las consecuencias.

Sin embargo, se produce un proceso de debilitamiento del Estado y de fortalecimiento de las corporaciones empresariales y de la institución fiadora de la libertad del capital en lo relativo a los derechos de la ciudadanía: las fuerzas armadas. El Estado, ahora una institución híbrida, se despolitiza, se reduce a la función de mero gestor, lo que explica la eliminación de la Filosofía y la Sociología en las universidades públicas. Las corporaciones asumen el papel de nuevos sujetos políticos, y sus tentáculos se extienden por las redes del estado, como demuestra Lava Jato, sobre todo en los casos de Petrobras y Odebrecht, y las bancadas corporativas del Congreso Nacional.

Un fenómeno semejante se dio con la modernidad –que desbancó la reforma gregoriana de los siglos XI y XII– cuando el Estado-Iglesia le cedió su lugar a las instituciones democráticas, ahora amenazadas por la “privatización” del espacio público y de los derechos civiles, como muestra la propuesta de capitalización de la reforma de la Seguridad Social. El deber del Estado se desplaza a la defensa de los privilegios de la elite empresarial y bancaria.

En el Estado-Iglesia, la ideología predominante era la teología. En el Estado-empresa, la garantía de la hegemonía cultural es la laicidad de las empresas mecenas, como otrora Petrobras o la multiplicidad de institutos culturales del sistema S, de los bancos y de otras corporaciones como Google, Amazon, Facebook, etc.

El advenimiento del Estado-empresa es una prueba de la “revolución pasiva” descrita por Gramsci, esto es, reformar para preservar, o en palabras de otro italiano, Lampedusa, “cambiar para que todo siga igual”.

La corporocracia es el rostro de la posdemocracia. Y entre las corporaciones se incluyen las fuerzas armadas, supuestamente despolitizadas. De ahí el disgusto del presidente-avatar y del poder Ejecutivo-empresario con la insumisión de los parlamentarios y el poder judicial. En la lógica de cualquier empresa, los que se oponen a las decisiones del mando deben ser sumariamente excluidos. El Brasil de las corporaciones por encima de todo y del dios creado a imagen y semejanza de ellas por encima de todos.

Ante esa amenaza, el desafío consiste en intensificar la repolitización de la política y la desprivatización del Estado. Eso solo se dará mediante el fortalecimiento de las instituciones democráticas y, sobre todo, de los movimientos sociales, a fin de ampliar los mecanismos del protagonismo popular en la esfera del poder.

Se han publicado 8 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • lazaro cruz fuentes dijo:

    es indiscutible la valoración realizada desde el punto de vista de la corriente del pensamiento social marxistaleninista, tenemos una utillización exacta de las herramientas teóricas brindadas por el leninismo. Muy buena, excelente apreciación de una manifestación de la crisis general de la sociedad o, del carácter agonizante del capitalismo.

  • Luis Enrique dijo:

    Con todo el respeto que merece Frei Beto por sus agudos y certeros puntos de vistas, creo que en esta ocasión pierde de vista un detalle importante: toda forma de gobierno es un negocio. Independientemente del sistema político o religioso que se promulgue, el grupo en el poder siempre querrá moldear el contexto social y económico en favor propio.
    Lo «nuevo» en estos tiempos que vivimos, es que los sectores influyentes son más visibles. Sea porque no les importa ponerse en evidencia o porque la información es cada vez más accesible en esta aldea global. El reto no es hacer política, ni combatir el mercado o el capital privado, el reto es educar a las personas para que sepan cuando son abusadas y actúen en consecuencia. Vale preguntarse por qué ese panorama distópico descrito por Frei Beto, no aplica a muchos países europeos.

    • Ernesto dijo:

      El problema Luis Enrique es que el capital tienen que crecer, eso lo demostró Marx hace mucho tiempo, y cuando el sector productivo deja de garantizarle el crecimiento tiene que invadir el resto de la sociedad, por eso su afán de reducir el papel del estado y apropiarse de sus funciones para regular directamente en su propio beneficio, los capitalistas se han dado cuenta que utilizar a los políticos como intermediarios para que legislen a su favor es una pérdida de tiempo y no les garantiza el máximo de utilidades. Además no se si no lo ves o no quieres verlo, pero eso aplica a casi todos los países europeos, por no decir a todos, pues son las corporaciones las que realmente gobiernan.

  • Jose R. Oro dijo:

    Espectacular este escrito de Frei Betto, extraordinariamente valioso y profundo, con la mayor humildad le recomiendo a todos el leerlo con la mayor concentración!

  • MAOA dijo:

    El usuario Luis Enrique parece que no leyó bien el artículo, si pone que ese proceso de «despolitización» (que no es tal, porque los negociantes, cuando ya tienen la sartén por el mango, empiezan a meter las garras en la política, porque ¿para qué toman el poder los negociantes, sino para gobernar a su beneficio, y no al beneficio de los que los eligen?), no ocurre en Europa. Que lea bien, porque el primer ejemplo que pone Frei Betto es el del «malogrado» Berlusconi (en la Italia de los banqueros y «mafiosi», y lo sigue Macron en la Francia de la «Liberté, égalité, fraternité» que no existe para los chalecos amarillos y demás desplazados. Pero además, el «beatífico» Trump gobierna a su país como a sus empresas a través de Twitter (una maniobra para hacerse el «populachero», «like a twetty bird», y se aupó sobre el fraude y la evasión de impuestos (aunque lo niegue). En nuestra América, ya están algunos entronizándose, como el militarote de Brasil, y el «micro», digo, el Macri…En la red de redes hay suficientes materiales sobre este proceso de privatización de los gobiernos, y relacionado con ello, el todopoderoso club Bilderberg, que cuando quiere a alguien sumiso lo invita a sus reuniones (antes de ser elegido, Obama fue invitado a esa reunión, quizás para leerle la cartilla. En fin que es bien real que está ocurriendo la privatización de los gobiernos y la formación del Estado-empresa. Esa es una etapa del «desenrollo» del capitalismo, indiscutiblemente. Y el reto sí es hacer política y combatir al capitalismo, que no ha dado mucho de bueno, por lo menos al 90% o más, de la población de nuestro planeta, al que si continúa ese ritmo de derroche y despilfarro, le queda bien poco.

  • tomyone dijo:

    Estimado Oro , coincido con ud, Betto es genial y muchas veces bebo en esa fuente para esclarecer posiciones y evitar confusiones mentales , que ahora mismo son muchas y argumentadas por cofres pensantes al servicio de la enajenacion y el odio a quienes piensan distinto, seguir adelante es la mejor receta , saludos a todos y gracias a F.B.

  • guillermo Ramirez dijo:

    Como acostumbra,Betto da en la diana. Yo me pregunto porque todavia tantos «sesudos» no aceptan la realidad ,de que El Grupo Bilderberg» , es la unica cara visible del omnimodo Gobiernio Mundial,formado por las corporaciones,que no tienen ni necesitan banderas,escudos, himnos ni otro simbolo que el que siempre han usado: el $(dinero)… y si embargo, no podemos dejar morir la esperanza de que cada pueblo obtenga su redencion.

  • Benito Pérez Maza dijo:

    Cuánto de verdad se dice en tan breve articulo de Frei Betto.

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Frei Betto

Frei Betto

Carlos Alberto Libânio Christo. Conocido como Frei Betto. Fraile dominico. conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 60 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso. En dos acasiones- en 1985 y en el 2005- fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. Asesor de movimientos sociales, de las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 50 años. Es el autor del libro «Fidel y la Religión».

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