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El imperio de la ley

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Una madre camina con sus dos hijos por una calle de La Habana, el día de inicio del curso escolar 2017-2018. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Al cursar Cívica en la escuela primaria, hice un descubrimiento que me impactó profundamente. No lo he olvidado nunca. A pesar de haber visto la luz primera en un hospital de París, yo era ciudadana cubana por nacimiento. Mi padre había tomado la precaución de registrarme en nuestro Consulado en Francia. Al amparo de la bandera, las representaciones diplomáticas en el exterior constituían parte del territorio nacional.

No sería, pues, una ciudadana de segunda clase como sucedía en el caso de los extranjeros naturalizados. Podía aspirar a la Presidencia de la República y a un curul en el Senado. En verdad, ambas cosas no formaban parte de mi proyecto de vida. Según recordaba Dora Alonso muchos años más tarde, mi vocación se había definido desde muy temprano. Cuando fuera grande, sería intelectual.

Aunque no tuviera clara la conciencia de ello, mis paradigmas se habían forjado entre personas que bordeaban la miseria extrema, como los pintores Ponce y Víctor Manuel, o alcanzaban apenas el nivel de una pobreza  digna, estaban animados por sueños, fuente de vitalidad, cimiento de sentido de la existencia.

En aquella remota experiencia infantil se encuentra, quizá, el origen de una conciencia ciudadana que me llevó a reconocer el imperio de la ley, la distancia que separaba entonces la formulación teórica y su aplicación práctica, la necesidad de luchar sin tregua por la construcción de un mundo donde no hubiera excluidos por razón de lugar de nacimiento, de origen social, de color de la piel, de género y de orientación sexual.

El susurro persistente de mi conciencia ciudadana me induce a involucrarme en el debate acerca de nuestro proyecto constitucional. Cuando escribo estas líneas, el texto  no ha llegado a mis manos. Dispongo de algunas referencias a partir de la discusión sostenida en la Asamblea Nacional. Carezco de cultura jurídica. Pero toda ley no se reduce a una formulación abstracta. Nace y repercute en el contexto histórico-cultural de una sociedad concreta. Por ese motivo, a modo de entrenamiento y aprendizaje, acabo de revisar la Constitución de 1940, una de las más avanzadas de la época. Mi lectura se basa en el análisis de los contextos que cualificaron aquellos años.

Desatada la Segunda Guerra Mundial, en plena batalla por superar las consecuencias de la crisis económica del 29, la política exterior norteamericana reorientaba sus tácticas en relación con América Latina. Optaba por sustituir el apoyo a los caudillos de mano dura por fórmulas más democráticas. Correspondería al coronel Batista convocar a la Asamblea Constituyente. A nivel internacional, al cabo de una lucha secular, el poder y la capacidad organizativa de los sindicatos se habían fortalecido.

En nuestro entorno más inmediato, las ideas revolucionarias emergentes en la tercera década del siglo, maduraron en el enfrentamiento al machadato. El golpe perpetrado por Caffery, Batista y Mendieta a principios de 1934 no pudo castrar el desarrollo de un pensamiento de raíces diversas, contradictorio a veces, pero portador de expectativas respecto a la posibilidad de conquistar una patria soberana, con justicia social y despojada para siempre de las lacras del coloniaje.

Con su prosa elegante y transparente, la Constitución del 40 revela la cautela necesaria para establecer el difícil equilibrio entre fuerzas antagónicas en conflicto. Describe el territorio soberano de la Isla y sus cayos adyacentes en términos de geografía física. Elude con ello toda referencia a la base naval de Guantánamo. Soslaya el abordaje de las consecuencias de la dependencia económica. Resulta, en cambio, muy precisa en la definición de derechos obreros y de garantías para la maternidad.

Un lector avezado advertirá la referencia a las llamadas cañas de administración, latifundios adscritos a los grandes centrales norteamericanos, en favor de los derechos de los pequeños y medianos colonos. Por otra parte, la proscripción del latifundio queda sujeta a la promulgación futura de leyes complementarias. En cambio, extrema los detalles en cuanto a las medidas destinadas a frenar la corruptela y el clientelismo políticos imperantes, las cuales nunca llegaron a tener resultados efectivos en los años subsiguientes.

Útil para el mejor conocimiento de nuestra historia, la relectura de la Constitución revela la transformación vertiginosa sufrida por el capitalismo en pocas décadas. Concedía entonces singular importancia al papel regulador del Estado, no solo en el desempeño de sus funciones coercitivas y en aquellas orientadas a dirimir conflictos entre patrones y trabajadores.

La crisis del 29 encontró en las doctrinas económicas de Keynes un instrumento idóneo para la lenta recuperación de la economía, que en Estados Unidos habría de beneficiarse además con el impulso adquirido por el complejo militar industrial gracias al conflicto bélico que se expandió por Europa, Asia y África. Una poderosa inversión estatal en gigantescas obras de infraestructura contribuiría a la recuperación de empleos y a la reanimación de un mercado interno que favorecía a la agricultura y la industria.

La actual subordinación a las leyes del mercado se traduce en una construcción ideológica manifiesta en el uso perverso del lenguaje hasta el punto de convertir en sinónimos neoliberalismo y modernidad, y socavar las bases de la democracia burguesa. Ejemplo evidente lo encontramos en nuestra región a través del sometimiento del poder judicial a los intereses de la política.

En medio de tan complejo panorama, el debate popular en torno a la Constitución habrá de conducirse con la profundidad y el rigor que exige el momento histórico, en tanto ejercicio pleno de conciencia ciudadana. Abre el camino, además, para la adquisición progresiva de una cultura jurídica, indispensable para el funcionamiento adecuado de la sociedad, sometida, como garantía básica para la convivencia, la preservación de nuestros valores y el bien de todos, al imperio de la ley.

(Tomado de Juventud Rebelde)

Se han publicado 10 comentarios



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  • Miguel dijo:

    Cuando nuestra Cuba será limpia, cuando la disciplina social se impregnada en cada ciudadano. Desde hace tiempo eso no sucede, es la verdad. Los valores se han perdido y pareciera como que a la mayoría de las personas no les importara lo que les rodea

  • Carlos Gutiérrez dijo:

    (Continúo)

    También estoy de acuerdo con que el lenguaje se usa muchas veces de modo perverso, no sólo en el caso del neoliberalismo.

    Pero, como lo que nos ocupa es ése caso en particular, le diré que no me parece que la minimización del Estado a costa del crecimiento incontrolado, metastásico del poder y el capital privado, sea la solución a los problemas políticos, sociales y ambientales de la humanidad.

    El desenlace lógico del neoliberalismo es la concentración de todo el capital y el poder en manos de algún superempresario privado, no elegido por nadie y quien, por supuesto, le transferirá el trono en herencia a alguno de sus familiares(tal vez un loco o un inepto), creando una dinastía todopoderosa y duradera. El desenlace lógico es el retroceso al imperio, no de la Ley, sino de la más férrea y despótica dictadura, por quién sabe cuánto tiempo, porque el Emperador de turno contará con medios de vigilancia y represión que ni siquiera podemos imaginar hoy. El desenlace será la ruina de la humanidad.

    Pero tampoco me parece viable en el tiempo un megaestado que ocupe todos los espacios de la vida de una nación. No me parece viable un Estado-Dios, omnipresente, omnipoderoso y omnipropietario, que intente hacerse cargo de todo y de todos, castrando la iniciativa individual y llevando a la sociedad a un letargo, donde a los ciudadanos no les queda de otra que dedicarse a mirar hacia arriba en espera de un milagro que seguramente no llegará, porque los milagros casi no existen. El resultado puede y debe llegar a ser el mismo del caso anterior.

    Saludos.

  • Carlos Gutiérrez dijo:

    Para descartar si la no publicación de la primera parte de mi comentario se debió a problemas técnicos o a problemas humanos, lo reenvío ahora.

    Estoy muy de acuerdo con la eminente Graziella en la necesidad del sometimiento al imperio de la Ley, pero para ello es condición indispensable que la Ley sea justa, adecuada y necesaria. Y esas cualidades sólo puede otorgárselas el hecho de ser fruto del debate y la aprobación de quienes deberán someterse a ella.

    Hoy día tenemos, por ejemplo, un mega-sistema empresarial estatal que muy soberanamente elabora y pone en vigor sus propias reglas, las cuales afectan al 99% de una población que no las elaboró, ni las discutió, ni las aprobó, ni puede hacer absolutamente nada para cambiarlas. No escuché que eso abordara por el parlamento en la discusión de proyecto de reforma constitucional. (continuaré).

  • FLORENCIO HDEZ NÚÑEZ dijo:

    Estimada Graziella Pogolotti: Está más que claro que el debate popular entorno a la Constitución tiene que conducirse con profundidad y con el rigor que exige el momento histórico, pero a la vez -sobre todo- tiene que dársele total libertad-practica al derecho de opinar a todos los cubanos que así lo deseen, es decir que hay que disminuir la distancia que separa la formulación teórica y la aplicación práctica de los objetivos 70 y 71 de la Conferencia del PCC, refrenados estos a la vez por los propósitos que en este sentido se pavonearon en las recientes reuniones de la ANPP, cuando se abordó la libertad de expresión, así como de Prensa que se prometieron reafirmar en la reforma Constitucional, borrándose así los acostumbrados bloqueos de los comentarios de la población y desterrándose los habituales silencios y/o secretos informativos, así como que se permitan la transmisión publica de la emisión de las quejas y denuncias del ciudadano de a pie, a través de la prensa y los demás medios informativos… florenciohn

    • dream dijo:

      Muy de acuerdo. También me parece que si todos aprendemos a respetar a todo y todos, las leyes están de más. Tenemos que dar el salto evolutivo como seres humanos y cuando lo hagamos…las leyes quedarán obsoletas. No he leído la constitución (o sea el proyecto), pero de lo que he podido oir no he oido nada con lo que un individuo se pueda defender de como dicen en uno de los comentarios el Dios-Estado todopoderoso (cualquier cosa que quiera decir Estado que a mi aun no me queda claro qué es). De todos modos esperaremos los resultados como “niños disciplinados” a ver qué sale de todo esto.

      • Carlos Gutiérrez dijo:

        Dream:

        El Estado es una organización eminentemente burocrática y coercitiva, algunas de cuyas funciones principales son administrar el país, mantener el orden, organizar los servicios públicos, etc. a diferencia del Gobierno, que es quien dirige y traza las políticas a seguir por la nación. Tal vez esta definición mía sea muy reduccionista, pero en esencia es así. Lo que sucede es que los cubanos generalmente no comprendemos la diferencia porque aquí se rechaza el concepto montesquiano de la separación de poderes, que rige en la mayoría de los países del mundo y con frecuencia se solapan y entrecruzan funciones y funcionarios. Por eso es que muchos de nosotros identificamos al Estado con el Gobierno, pero no son, o no deberían ser la misma cosa. Esa globalización de funciones y funcionarios es uno de los rasgos de lo que yo he llamado Estado-Dios en mi comentario anterior.

        Saludos

  • carlosjpu dijo:

    Florencio Hdez Nuñez, estoy muy de acuerdo con usted. Carlos

  • el viajero dijo:

    Carlos mis felicitaciones, nunca he oido o mejor dicho leido un comentario tan contundente aunque sinceramente mi nivel de escolaridad muchas cosas no las pueda comprender en su totalidad.
    sinceramente a mi modo de ver sencillo y practico , para q se cumplan las leyes estas tienen q ser ´´legales´´ y factibles de cumplimiento. ante un millon de trabas siempre habrá q descarrilarse y ya se incumplirian las leyes. eso paso cuando despenalizaron el dollar, habian presos x tenencia de esa moneda cuando ya la gente las tenia y las cambiaba ´´legalmente´´en bancos.
    si se descentralizara un poco la economia, se aligeraba la carga pesada que lleva el estado y ´´la lucha´´ q no es nada mas q un robo organizado q podiamos decir q el propio estado lo propicia, desaparecería. han sucedido muchas cosas que han eliminado la ilegalidad: la venta de carros , de casas. en fin hay q seguir ampliando la perspectiva economica del cubano y caballeros hacerse rico no es un pecado siempre y cuando sea dentro del marco legal. no se le puede temer a la riqueza, pero si terror a la pobreza que es el peor de todo los males sea en Cuba , China EEUU. por lo tanto hay q abrirse un poquito y dar rienda a la economía para ver si el cubano ´´de a pie´´ resuelve sus problemas. veo con admiracion a viet Nam que resurge como ave fenix de las cenizas , y…¿somos tan incapaces los cubanos q ni siquiera sufrimos ni la enesima parte de los vietanmitas?

  • CAVAFY dijo:

    ..una vez más la doctora nos ilumina con su sapiencia, hace visible lo que quizás pensamos muchos, en ese debate han de participar TODOS : los que construyen y fundan pero no lo que odian y destruyen o se hacen cómplice de ellos. La anarquía nunca será el derrotero de una nación moderna, el gobierno es necesario, su ausencia o minimización, hace vulnerable a las naciones en un mundo complejo y agresivo, amoral y egoísta. Gracias una vez más Dra. G. Pogolotti

  • Hugo Andrés Govín Díaz dijo:

    Absolutamente de acuerdo con la Dra. Pogolotti. Además, pienso que el daño mayor que debemos enmendar en nuestra sociedad es que ese imperio de la Ley sea cumplido con disciplina por los disciplinados y obligado a cumplir con disciplina por los indisciplinados.
    Hay un efecto “pichón” arraigado en nuestra sociedad que se debe desterrar por todos los medios legales. Nos acostumbraron a acomodarnos en el nido y abrir la boca cuando sentimos hambre o escuchamos un ruidito mínimo que se parezca al que hacen nuestros protectores.
    Viví 12 años antes de la Revolución y recuerdo con detalles toda la situación que enfrentamos como familia. Pero no vayan a pensar que fue en un lugar apartado de la modernidad. No, era a escasos 50 kilómetros al sur del Capitolio, donde el tendido de electricidad pasaba por nuestro batey, beneficiaba a la bodega, la casa del mayoral y dos viviendas de dueños de fincas. El resto nos alumbrábamos con “chismositas” de kerosene. Piso de tierra, paredes de tablas de palma y techo de guano del mismo árbol.
    Jamás escuché a nuestro padre decir “no es fácil, no tengo, cuando nos toca, quién nos da, porqué no vino tal cosa a la bodega” y mucho menos decirnos que saliéramos a “luchar” algo para comer. Nunca se quejó de que los hijos del mayoral tenían bicicletas y nosotros no o que en la tienda habían televisores y nosotros no teníamos en casa. El llamado siempre fue a trabajar.
    Ahora TODO NOS TOCA, menos trabajar.
    Pero, al llegar la Revolución, cambiarnos la vida totalmente e insertarnos en esa modernidad que difundían por la televisión, a muchos de nosotros, ¡demasiados, diría yo!, se nos olvidó radicalmente lo de las penurias vividas y comenzamos a exigir más y más, cosa que nunca le hicimos al mayoral, sin ponernos a pensar en nuestros DEBERES para mantener el nuevo estatus al que el proceso transformador nos estaba poniendo en las manos.
    Se les borró de la mente a muchas personas las palabras trabajo, compromiso, dignidad y cumplimiento de la Ley. Mucha de esa culpa recae también en las autoridades que se hicieron de la vista gorda para exigirlo y hacerlo cumplir y llegamos a la situación que enfrentamos hoy.
    Ahí también entra a jugar el tremendo esfuerzo y la cantidad de recursos monetarios que se han puesto en función de hacernos cambiar por parte de los principales actores que “no les cuadra” nuestra actitud. Lejos de “muela”, hago referencia solamente al memorándum que jamás debemos olvidar los que aquí vivimos actualmente ni los que vivirán cuando mamá natura nos saque del juego, bien recordado recientemente por Raúl en la clausura del acto por el aniversario del 26 de Julio en Santiago; ese documento que recoge la esencia del pensamiento fascista del SISTEMA que nos sigue bloqueando y tratando de llevarnos a la desesperación, penurias y escaseces de todo tipo.
    Pero ahora nos toca a nosotros cambiar lo que realmente deba ser cambiado con audacia y con apego a la Ley, pero una Ley elaborada, propuesta, discutida y aprobada por nosotros.
    No la Ley de la selva, la de sálvese quien pueda ni la dictada en Casas, Palacios, Parlamentos ni Cortes ajenas.

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Graziella Pogolotti

Graziella Pogolotti

Crítica de arte, ensayista e intelectual cubana. Premio Nacional de Literatura (2005). Presidenta del Consejo Asesor del Ministro de Cultura, vicepresidenta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, miembro de la Academia Cubana de la Lengua y presidenta de la Fundación Alejo Carpentier.

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