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Nicaragua duele a EEUU y a la derecha en Nuestra América

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Hace solo pocos días el presidente del Banco Central de Nicaragua, Ovidio Reyes, informó ante el Parlamento que su país logró en 2016 un crecimiento económico del 4,7%, lo que confirmó el desarrollo ascendente que ha tenido esa nación centroamericana en los últimos años.

Por supuesto que los emporios de comunicación latinoamericanos e internacionales silenciaron la referida noticia con el evidente objetivo de una vez más minimizar lo que ha estado haciendo la Revolución Sandinista en beneficio de su pueblo, en medio de la profunda crisis que azota al mundo y el plan maligno de restaurar el neoliberalismo en la Patria Grande.

El pasado año en Nicaragua se incrementó además el salario nominal en un 6,3%, la política fiscal se mantuvo estable y las reservas internacionales brutas estuvieron en niveles óptimos, alcanzando en diciembre un saldo de 2,448 millones de dólares.

Por su parte, la cartera de crédito aunmentó en un 18.4 % y los depósitos en un 8.6 %. La inversión extranjera directa fue de 1442 millones de dólares y el déficit de cuenta corriente se ubicó en 8.6 % del Producto Interno Bruto (PIB), menor en 0.4 puntos porcentuales con relación al 2015.

Es bien sabido que Nicaragua figuró entre los países más pobres de la región, y que gracias al proceso revolucionario encabezado por el presidente Daniel Ortega, como similar ha sucedido en Bolivia con Evo Morales, es hoy ejemplo de crecimiento sostenido y de redistribución de las riquezas entre todos sus ciudadanos.

Los logros de la pequeña nación centroamericana contrastan con lo que está ocurriendo en otras de Nuestra América con inmensos recursos, como Brasil y Argentina, que se han empobrecido a un ritmo escandaloso por las políticas neoliberales aplicadas por sus actuales regímenes.

Pero, claro, lo que sucede en Brasil y Argentina, y también en México, Paraguay, y qué decir de Honduras y Guatemala, es escondido por la oligarquía y sus entramados mediáticos, que por el contrario continúan alentando la violencia, promoviendo agresiones, sanciones y golpes de Estado contra gobiernos progresistas, y hasta intervenciones extranjeras.

Los Sandinistas, seguidos ahora por la Alianza País, en Ecuador, fueron los primeros en paralizar la avalancha derechista que se intenta propagar como una pandemia desde el sur del Rio Bravo hasta la Patagonia, al imponerse con amplio margen en las elecciones generales de noviembre pasado.

Con la victoria contundente de Ortega y la vicepresidenta Rosario Murillo, junto a sus citados logros economicos, Nicaragua ha reabierto un sendero esperanzador para las fuerzas progresistas de la Patria Grande. Por supuesto, ello duele, y mucho, a la oligarquía continental y a su amo Estados Unidos.

Era de esperar entonces que sectores ultraconservadores pretendan ahora reintroducir en el Congreso de Washington la “iniciativa” de ley conocida como Nicaraguan Investment Conditionality Act (NICA), de 2016, o llamada coloquialmente Nica Act.

Ese proyecto injerencista, que en buen español se traduce en sanciones o lo que es muy parecedo, un bloqueo económico contra Nicaragua, es promovido por la tristemente afamada congresista republicana de origen cubano Ileana Ros-Lehtinen, reiteradamente acusada por sus estrechos vinculos con el terrorismo internacional.

Los pretextos para presentar y procurar aprobar esa ley son los mismos infundados y fanfarroneados de siempre que usan los enemigos acerrimos de las revoluciones populares en Latinoamérica y el Caribe: supuestas violaciones de los derechos humanos, y el “retroceso de la democracia”, en este caso en la nación centroamericana.

En un comunicado oficial, el ejecutivo Sandinista y su Vicepresidenta denunciaron este miércoles la nueva patraña que se cierne sobre Nicaragua, la cual forma parte del plan desestabilizador que fuerzas ultraconservadoras de Washington, en contubernio con sus “palanganeros” de la derecha regional, llevan a cabo desesperadamente en Nuestra América, y que incluye a Venezuela, Ecuador, Bolivia, El Salvador, Cuba y otros países caribeños.

Cercar a quienes no bajan la cabeza es una vieja práctica imperial, pero la historia ha demostrado que ese accionar esta destinado al fracaso cuando los asediados no renuncian a sus principios, a su soberania y a su independencia. Los nicaraguenses lo han demostrado, como lo han hecho los cubanos, los venezolanos, los bolivianos, los ecuatorianos, los salvadoreños y otros pueblos y gobiernos de la Patria Grande.

Se han publicado 4 comentarios



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  • Jose R Oro dijo:

    Este es un muy buen artículo del periodista Patricio Montesinos, donde se muestran los resultados tangibles del gobierno del Frente Sandinista y del Presidente Daniel Ortega. No solo las buenas intenciones, sino los éxitos concretos, expresados en el crecimiento de la economía, del salario real y otros indicadores que (entre muchas otras cosas) evidencian el logro obtenido para toda la sociedad nicaragüense. El enemigo trató de achacarles actos de corrupción, pero el pueblo nicaragüense sabe más que bien quiénes son los corruptos de la derecha local. Por eso fue re-electo y de manera aplastante. Por eso la desprestigiada OEA no se va a atrever con ellos (al menos con la misma agresividad que contra Venezuela) y las patrañas de los ultraderechistas de Miami en el Congreso de los EE.UU. no van a ser aprobadas, ni siquiera por el voto de un Congreso con mayoría republicana en ambas Cámaras. Por supuesto, lo van a intentar al máximo y no hay espacio alguno para la complacencia o prematura euforia. La Revolución Nicaragüense, como cualquier otro proceso progresista en América Latina está expuesta a muchos retos internos y externos.
    Una de las principales razones de que agrupaciones políticas como el Frente Sandinista y Alianza País fueran recientemente re-electas es que han tenido éxitos visibles en la mesa familiar, en el desarrollo social de país, disminución de la pobreza, mejores infraestructuras y otros elementos semejantes, lo que los hacen cada vez menos vulnerable. Los líderes de ambas revoluciones, Daniel Ortega y Rafael Correa y sus respectivos vicepresidentes lo han cumplido a cabalidad como gobernantes y de hecho han sacado a sus países de un estado de crónica recesión. Quienes desconocieron estas verdades y no gobernaron fructífera y transparentemente, fueron castigados por el voto popular nos guste o nos duela, y lamentablemente, si ignoran tales lecciones lo serán de nuevo. No todos los gobiernos de izquierda son necesariamente fecundos y las vanguardias revolucionarias deben estar estrechamente informadas y al corriente de los deseos e intereses de sus pueblos, como en Nicaragua sucede. Un buen programa de gobierno y tener una ideología avanzada es una cosa, buenos resultados, otra. Ni solo de pan, ni solo de ideología vive el hombre, hay que aglutinar desarrollo económico y su corolario el progreso social. Facta non verba.

  • Enano dijo:

    Muy completo y esclarecedor su análisis, Patricio, muestra claramente la superioridad del modelo económico socialista sobre el neoliberal, son estos análisis los que deben acompañar a cada defensor de la patria grande, para no dejarnos engañar, para tener elementos para luchar.

  • Jorge dijo:

    Nicaragua es un ejemplo para la América Nuestra

  • Elizabeth dijo:

    TÍPICO, de la loba feroz y sus etc, quieren aplicar en Nicaragua lo que han hecho con Cuba prácticamente desde el triunfo de la Revolución, ahogarnos con las escaseces, lanzamientos de epidemias, socavar todo lo que huela a socialismo, corroerlo hasta los tuétanos y buscar los gusanillos que traten de lastrar al proceso revolucionario. PERO CUBA SIGUE CON SU EJEMPLO DE RESISTENCIA COMO FARO Y GUÍA.

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Patricio Montesinos

Patricio Montesinos

Periodista español residente en La Paz, Bolivia. Es corresponsal de Cubadebate.

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