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Naturaleza y cultura: la animalidad y lo humano

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Naturaleza típica de las montañas de Baracoa, en Guantánamo, Cuba. AIN FOTO/Oscar ALFONSO SOSA

Naturaleza típica de las montañas de Baracoa, en Guantánamo, Cuba. AIN FOTO/Oscar ALFONSO SOSA

Las crónicas de la serie “Que no quiero verla”, tres en total, las escribí luego de presenciar —por única vez— una corrida de toros en la plaza madrileña de Las Ventas, y Cubarte las publicó los días 14, 19 y 21 de julio de 2006. La última brotó en respuesta a uno de los editores de entonces del Portal, quien, al parecer, hasta patronímicamente se sentía convocado a rendirle tributo a lo que, con perspectiva eurocéntrica, se ha llamado el “Descubrimiento” de América, una empresa que en sus inicios encabezó el audaz y ambicioso Cristóbal Colón. No es preciso extenderse ahora acerca de este, y lo fundamental de lo que pienso sobre él y sobre aquella empresa, y sus devotos, lo dije en otro texto aparecido en Cubarte: “A propósito de Cristóbal Colón visto por José Martí”.

Pero procede hacer al menos un breve comentario que explique la mención de aquel editor más de una década después de los hechos narrados. Desde que envié al Portal la primera crónica de la serie, empezó él a refutarla con una apasionada defensa de las tradiciones hispánicas, en especial de la tauromaquia. Las oponía a las anglosajonas, que decía rechazar y veía representadas en el juego de pelota y calzadas por la hipócrita leyenda negra que los conquistadores británicos y sus hijos putativos urdieron y lanzaron contra España.

No lo hicieron limpiamente, para de veras condenar crímenes, pues ellos los igualaban o superaban, sino para autoensalzarse y legitimar lo que hacían en pos de dominar el mundo. Si las expresiones se acuñan con base, algo de cierto habrá —sin que sea pertinente aceptar generalizaciones injustas— en aquello de “la pérfida Albión”, aplicable asimismo a sus herederos o continuadores, en especial, pero no solamente, los de la América del Norte.

La última crónica de “Que no quiero verla”, pues, estuvo enfilada a poner en su sitio al vehemente hispanófilo que rendía culto a la que Martí, ejemplar luchador anticolonialista a la vez que heraldo de las noblezas del pueblo español —las verdaderas, no las máscaras de la aristocracia y la monarquía—, llamaba “España filicida”. Al escribir esa parte de la serie, el autor desconocía un juicio de Fidel Castro contra las corridas de toros que le habría servido de apoyo en su argumentación. Aunque son una tradición con múltiples e ilustres defensores, el líder revolucionario disfrutaba que en su país habían sido abolidas.

Pero pronto fue innecesario volver sobre la respuesta al enardecido colombino: este, aún fresca la publicación de la trilogía, ya se había ido a rendir tributo factual a lo dominante anglosajón. No lo hizo precisamente en un país caribeño de habla inglesa, ni en los guetos sudafricanos que sufrieron —¿no sufren aún las secuelas?— la crueldad de la colonización británica, apartheid incluido, sino “en las entrañas del monstruo” denunciado por Martí. En estos días he buscado en la red aquel juicio de Fidel Castro, y no hallé enlace alguno que remita al sitio español contra la tortura en el cual lo leí tras publicarse las crónicas citadas.

Tal ausencia la suple una información que me facilitó el colega Carlos Benet. Figura en el sitio http://www.eroj.org/entero01/item19.htm, donde la informática propiciará localizarla de modo más expedito que en la fuente impresa: “Según lo recoge en su libro The Cuban Revolution [Londres, 1971] el historiador Hugh Thomas […], el presidente Fidel Castro Ruz sostuvo en una ocasión que las corridas de toros no podrían celebrarse en Cuba porque el pueblo cubano es bondadoso y se sublevaría contra quienes quisieran organizarlas. No es, pues, el Mahatma Gandhi el único antimperialista de nuestro siglo que ha sostenido que el progreso moral de un pueblo se mide por cómo trata a los animales no humanos”.

Esa idea del líder cubano concierne a las torturas de los toros en plazas donde los datos evidencian que las mayores probabilidades de ganar las tiene el torero, a quien no hay que negarle coraje ni pericia. Sobre todo ganan quienes capitalizan el cruento espectáculo. Mientras el animal irracional contiende por el instinto de supervivencia, se supone que el torero opta racionalmente por el ruedo en pos de paga y gloria, y quién sabe de cuántos placeres asociados al espíritu de aventura, aunque para muchos la alternativa pueda responder también, o ante todo, a la necesidad de enfrentar pobreza y hambre.

Aquella idea de Fidel volvió a recordarla el autor del presente artículo por alguna de las reacciones que suscitó su enfoque, en “Cultura con pelota y mentores” —dado asimismo en Cubarte—, sobre la lidia de gallos. Era voz popular el rechazo del guía revolucionario a tal práctica, aunque seguramente no ignoraba que, en un país donde ella tiene seguidores, sus criterios suscitarían discrepancias numerosas, incluso conspicuas, con lo que pudiera vincularse el retorno de esa tradición al país, y la posible discreción del líder al tratarla.

Una de las primeras vallas cerradas en Cuba luego de triunfar la Revolución, si no la primera, fue la instalada en Birán, en los dominios de la familia de origen del Comandante. Años después volvió a abrirse como testimonio de lo que fue una época en Cuba, y como parte de la recuperación constructiva y simbólica de aquel patrimonio. Pensando lo que pensaba él de los toros, no cabe pensar que esa reapertura expresara voluntad suya de favorecer una afición ajena a su ideario, aunque estuviera extendida entre las tradiciones del país y algunos la tuvieran, la tienen, como emblema de la nación y fuente de placer.

La actitud del Comandante remitiría a su ética, al reclamo de que el sustento se gane con trabajo digno. También pensaría en lo que para familias pobres representaba la pérdida del magro jornal ganado con gran esfuerzo y apostado a los gallos o desperdiciado en otras aficiones adictivas. En el pensador revolucionario la ética abarcaba concepciones ecológicas a favor de la salvación de la flora y la fauna y de la especie humana, y contra el abuso de los animales. Esto último requiere, a nivel mundial, profundos replanteamientos culturales sobre modos de criarlos y sacrificarlos para el consumo.

Que el mundo no esté a la altura de las ideas del líder, las hace aún más aleccionadoras. Tampoco ha de suponerse acríticamente, aunque regocijen a pragmáticos, a profetas de la oferta y la demanda, que lo complacieran todos los cambios que, mientras él vivía, se empezaban a introducir en la realidad cubana por la necesaria o ineludible —pero no siempre forzosamente grata— integración al mundo que es, no al que debería ser, por cuyo logro luchó hasta la muerte, y su legado sigue y seguirá dando pelea.

El contenido de su pensamiento no mengua por el hecho de que, al formalizarse la actual asociación de galleros cubanos, en el carné de sus integrantes se inscribiera una cita donde el líder comparó a su aguerrido pueblo —a la mayoría que ha probado serlo— con los gallos finos, porque estos no abandonan la valla sino vencedores o muertos. Pero no se debe suponer que, al ponerlos como ejemplo de coraje, enaltecía la práctica humana de animalizar aún más a los animales. No se deben crear confusiones sobre lo que él pensaba.

La idea de que los gallos de lidia nacen para pelear, usada con el fin de justificar esa tradición, no tenía por qué complacer al fundador revolucionario. Como no lo complacería la perspectiva de otros lares según la cual los toros destinados al ruedo no tienen otra virtud que el atractivo de las corridas, ni sobrevivirían de no criarse para ello con los cuidados que ponen quienes lucran con su comercialización y, en general, con el espectáculo taurino.

No se repetirá aquí lo dicho en “Que no quiero verla”. Pero, en cuanto a gallos, quien haya visto prepararlos con miras a la lidia no tendría razón para soslayar cuánto del fatídico belicismo humano se aplica a fabricar e instalar espuelas diseñadas como armas letales. En la naturaleza los animales pelean para asegurarse su territorio, su alimento o su hembra, no para humillar ni matar necesariamente al adversario, ni regodearse en la victoria. En la lidia “humanizada” se les “equipa” y adiestra para dar muerte, una muerte coreada con vítores o vista con amargura, según el bando o el ángulo desde el cual se mire.

El articulista deberá respetar la preferencia que otras personas sientan y hasta practiquen por las corridas de toro y las peleas de gallo, y por tantas otras expresiones de abuso contra animales que se ven empujados a la lid por personas que gozan o medran con ello. Pero, ¿no somos o no debemos los seres humanos ser la corona en la evolución de las especies animales, de las que formamos parte?

Respétese también el derecho a expresar criterios opuestos a tradiciones por las que hay animales torturados, hasta la muerte, para complacer a quienes gozan o se benefician anímica y económicamente de ello. Duele ver bueyes y caballos maltratados; chivos que echan el bofe en parques y calles, remolcando carros a bordo de los cuales pasean varios niños; perros obligados a disfraz y cautiverio en espera de que un turista pague por tomarles fotos. Duele. O debería doler, aunque sean prácticas amparadas por regulaciones laborales.

Somos una entre las especies animales, con la diferencia no solo de un grado de inteligencia o racionalidad que solemos invocar con más orgullo a veces que demostraciones y méritos. La diferencia mayor está o debería hallarse especialmente en la generosidad, en la bondad, en la sana alegría, en la fundación y la defensa de valores éticos, ecológicos y otros sin los cuales la humanidad corre cada vez mayor y más permanente peligro de perecer.

Si de las corridas de toro lo básico de lo que pudiera decir lo expuse en “Que no quiero verla” —sabiendo que contradictores abundarán—, sobre la pelea de gallos añado que es escalofriante ver a un niño participar en el entrenamiento de esos animales para la lid. Su preparación incluye el uso de la “mona”: un gallo que ya no sirve para la lidia y no produce ganancias en las apuestas, aunque al modo de avestruces parlantes optemos por decir que hoy en las vallas cubanas no corre el dinero, e incluso que la lidia no se ha legalizado, como alguien presuntamente bien informado me aseguró. En todo caso, la “mona” es un gallo vivo, no un trozo de madera o de goma, no un trapo, y se le somete a picadas y arremetidas de los gallos que van a pelear luego, hasta que literalmente muere de tanto abuso.

Trátese de toros, gallos, perros… de los animales irracionales que sean, ¿no hay motivos para pensar que los racionales que integran la especie humana tendrán inseguras las virtudes que necesitan si no se plantean modos generosos de asumir su relación con aquellos? Cuando el autor cursaba estudios universitarios, una profesora o un profesor de lo que entonces se llamaba marxismo-leninismo podía sostener tranquilamente en clase, como si interpretara del modo más fiel la filosofía refundada por Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir Ilich Lenin (y otros y otras), que el hombre (el ser humano) es más hombre (más y mejor ser humano) cuanto más se aleja de la naturaleza.

Desde perspectivas similares se tildaba a la ecología de mero fruto de la ideología burguesa. También poniendo freno al pensamiento, y exagerando de manera esterilizante lo que no era una exageración, algunos decían que la sociología era un simple invento burgués y no había más sociología valedera que el materialismo histórico. En otras palabras: el entendimiento abarcador de la dinámica social terminaba reducido, supuestamente para defenderlo, a una ciencia particular.

Hoy se sabe que el mejor modo de asumir a la especie humana como superación o negación (filosófica) de la naturaleza es percatarse de que el hombre (el ser humano: el hombre y la mujer) no está bien plantado, ni autovalorado, ni autodefendido en el mundo si no se sabe histórico y social a la vez, y biológico y natural: si no se comporta cuidadosamente como parte consciente de la sociedad y de la naturaleza a un tiempo.

Hoy se acepta que la ecología es una ciencia —toda una forma de la conciencia social, se ha dicho revirtiendo dogmatismos pasados— indispensable para salvar al mundo en general y, dentro de él, a los seres humanos. Igualmente se sabe que la sociología en concreto, y las ciencias sociales en general, no deben ser simples y resignadas escuderas de las decisiones políticas —aunque estas sean acertadas—, sino exploradoras al servicio y en función de la política mejor trazada. ¿Que las ciencias sociales se equivocan? Sí, como la obra humana toda, que corre sobre aciertos y errores. ¿No sucede otro tanto a la política, que es igualmente parte de esa obra, no cosa divina? La vida habla más que los textos y, en el fondo, todo empieza y termina por ser un asunto profundamente cultural, o anticultural.

Muchas cosas se saben, o deberían saberse. No para ostentarlas en plazas y salones como se exhibe una joya o se alardea de riqueza y poder, sino para ponerlas al servicio de una verdadera ascensión hacia el progreso humano, que valdrá poco, o ni cierto será, si no es fruto de la ciencia y la conciencia, de la bondad, la honradez y la belleza, real si digna.

(Tomado de Cubarte)

Se han publicado 19 comentarios



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  • Arquímides dijo:

    Totalmente de acuerdo con estas ideas. Es doloroso ver que en pleno siglo XXI, se mantengan prácticas que en vez de humanizar las relaciones de la sociedad con la naturaleza, la deshumanizan y la mantienen en el estadío de la barbarie “perfeccionada”. No debe de justificarse estas prácticas como parte de la cultura, de las tradiciones, de la identidad humana, son todo lo contrario son enajenantes…Pudiera escribirse un tratado sobre el tema.

  • Eduardo González S. dijo:

    Maestro, este escrito es ejemplar por forma y esencia en tanto trata un asunto vinculado y arraigado en la cultura del cubano mayormente no citadino. Forzar las cosas para cambiarlas es malo, dejar el cambio buscado a la espontaneidad, peor. Una cosa así ocurrió en la URSS cuando el “gospodín” Gorbachov estableció la ley seca de golpe y porrazo en una nación de cultura y tradiciones alcohólicas. Un desastre. Me doy cuenta que las cuestiones de cultura en un pueblo, si ameritan cambios, solo podrá conseguirse si se acometen de forma culta, racional. Tengo la certeza de que en nuestra isla no estamos vacunados contra nada: no somos un pueblo eslavo, pero el aumento en la ingestión de alcohol sigue y es deprimente ver el espectáculo de jóvenes bebiendo en el contén de la acera o dentro de las guaguas. Hago encomio de la forma delicada al tiempo que respetuosa, con la que se ha referido a Fidel y algunas de sus ideas. Muchas gracias.

  • jeny dijo:

    Muy interesante e ilustrativo su artículo, leyendolo me viene a la mente el hecho de que desde el mismo triunfo de la Revolución nuestro Comandante en Jefe se mantuvo en contra total de los juegos fueran los que fueran al punto que se prohibieron por Ley en nuestro país, ahora leo en su artículo sobre la asociación de galleros de Cuba y me tengo que hacer estas preguntas: Quien autorizó que se constituyera? Volveremos a los años antes del 59 donde el juego era un negocio en Cuba? Se abriran Casinos nuevamente?.
    Los tiempos cambian(no) cambian las personas y sus intereses(es mi criterio) y esto para mi es un retroceso con consecuencias incalculables.

    • Preocupao dijo:

      Pues yo también me desayuno con eso de que existe una asociación gallera. En fin… simpre he dicho que es errar en grande ir contra la idiosincracia de un pueblo, si es que se pretende lograr algún resultado. En otro de los comentarios mencionan a Gorby y su ley seca (ay! prohibirle a los rusos que beban. jajajaj esa sí que es buena). Resultado: el mismo que cuando la enmienda Volstead. Un nuevo negoción para el crimen organizado, que ya era extenso en la URSS. Y a vender cualquier brebaje, aunque reviente al consumidor. Me recuerda a la chispa’e tren, gualfarina, hueso de tigre y semejantes.
      De igual manera, no creo que el pueblo de Cuba se sublevaría porque permitieran o prohibieran ninguna corrida de toros. Simplemente porque ese tema aquí nos es indiferente. No tiene ni arraigo ni tradición. Otra cosa muy distinta son las peleas de gallos. Eso sí que tiene arraigo popular, a tal punto que ni siquiera cuando la policía perseguía esas actividades, y por tanto había que efectuar las lidias en monte intrincado (porque el escándalo que se arma en una valla es mayor que el que se forma en la final de los play-off, y se oye a diez leguas de distancia) esa actividad decayó. Conozco de historias de verdaderas estampidas que no frenaban ni el monte más tupido de marabú, al aparecerse los uniformes de azul en el lugar. Verdaderas competencias de 2000 metros no planos, con obstáculos, y de orientación. Hoy en día siguen su negocio más tranquilos, y al menos recientemente supe de una valla donde la entrada (porque cobran la entrada como si fuera un cine o un estadio) costaba la friolera de 20 cuc, y adentro se movían verdaderas fortunas en las apuestas.
      Mención aparte a los juegos de azar y la lotería. De nuevo, fútiles todos los intentos de erradicarla, sencillamente porque es una actividad arraigada en el imaginario popular. A la persecución, se responde con más “clandestinaje” (porque es un secreto a voces quién recoge las apuestas), y la vida sigue igual. Podrá argüirse todo lo que se quiera en contra de eso, pero para el aficionado a ello, simplemente le importa un pito, porque estrictamente hablando, hoy por hoy en Cuba las apurestas simplemente no le hacen daño a terceros, y eso es lo que dice y piensa el jugador: es mi dinero y lo gasto en lo que quiera y como yo lo quiero.

  • EL LUPA dijo:

    Muy bueno, como nos tiene acostumbrado Sande.

  • Armando Perez dijo:

    Bien dicho. La tortura de animales por placer debe ser prohibida, sean estos perros, peces ,gallos o toros. Si a una persona le atrae la violencia, pues que se suba a un ring el mismo y pelee, pero no obligue a los animales a hacerlo.

  • Ernesto dijo:

    Estoy muy de acuerdo con Ud. y casualmente hace unos días conversaba con un compañero mío sobre la necesidad de emitir alguna ley en Cuba que prohíba todo tipo de abuso y maltrato a los animales.

    Esto dignificaría a la especie que somos los seres humanos

  • Omar J. Fernandez dijo:

    Hoy, queramos aceptarlo o no, somos una sociedad que maltrata a los animales. Miles de perros callejeros, miles de aves en cautiverio, lidias de gallos al por mayor, al punto que una entidad gubernamental, la E.N.P.F.F., ampara tales actividades; peleas de perros, caballos azotados a la vista de todos, en fin, lo nunca visto. Conozco el aserto de Mahatma Gandhi, y solo puedo afirmar, bastante mal parados salimos los cubanos.

  • gladys regina dijo:

    Y ahora,tener un celular “de marca”,un perro de “raza”,una moto bien ruidosa,en fin,todo para exhibir el poder adquisitivo…que mayor maltrato para un animal que lo compren con fines lucrativos y luego se pase dia y noche aullando o dando alaridos y no ladridos,porque su dueño no aparece?,vivir en estrecho pedazo y mojarse en un pasillo temblar ante los truenos?,luego pasearlo con una cadenota al cuello,demostrando lo que no se siente?,donde esta el afecto?,donde la palmadita en el lomo?,cuantas palabras les dicen de amor y cariño a esos animalitos que supuestamente se dicen animales afectivos?,….en fin…el mar.
    Cada dia hay mas maltratadores.

  • Akira dijo:

    Es realmente alarmante la presencia cotidiana del maltrato a los animales en nuestra sociedad. Aunque creo que lo más preocupante y que guarda más relación con lo expuesto por Sande arriba es el aumento de las peleas de perros y de gallos, con las cuales vienen aparejados fenómenos peligrosos como las apuestas ilegales, que a su vez provocan violencia y arrastran incluso a menores de edad a estos eventos. En mi zona de residencia conozco -aunque no estoy seguro- de varias locaciones donde se realizan dichos eventos y no sé si le resultan desconocidas a las autoridades, que en este país tienen conocimiento de TODO lo que pasa. Ojo, este un problema serio, con las peleas y las apuestas vienen también la conformación de mafias -no quiero resultar paranoico, pero es lo que creo- que harán CUALQUIER cosa por mantener su negocio e incrementar sus ganancias. Además, las peleas de animales, cualquiera que sean son realmente actos barbáricos que deben ELIMINARSE, si bien es cierto como decía un comentario arriba que no todas deben tratarse de la misma manera con prohibiciones estatales, sino con cambio de costumbres, y sobre todo con EDUCACION y CULTURA. Justificar la existencia de las peleas de animales, las corridas de toros, entre otras atrocidades con los animales en el acervo de la tradición y costumbres de los pueblos es como defender la ablación del clítoris en las mujeres en algunas regiones por ser una tradición ancestral.

    • Sergio dijo:

      Pero este es bien complejo y no es tan sencillo.

      Podríamos discutir y sería dificl ponernos de acuerdo. A mi en lo particular no me gustan las corridas de TOROS, pero no critico a quien les gusta. Sin embargo sí me parecen abobinables las PELEAS de PERROS. En fin.

      Fijese si es complejo esto, que nosotros tenemos las costumbre de criar puercos para COMER, en CHINA y en COREA comen PERROS, le parece a usted bien esto?, pero,,,,,.

      Ha visto usted, por ejemplo, como matan a una VACA en un MATADERO?, es peor que las BANDERILLAS que un torero.

      LAS BABARIDADES que hacen en DNAMARCA o NORUEGA, no recuerdo bien, con las ballenas, o en JAPON con los DELFINES, son un HORROR.

      Tener un animal y no atenderlo, abandonarlo,,, tener especies en extinción en cautiverios con fines lucrativos, debería caer el peso de la ley, pero no se si en CUBA hay LEY, especifica, para estos casos.

      En fin,,,

      Saludos,

  • Felix Flores Varona dijo:

    Muchas gracias al autor. En principio, estoy en desacuerdo con toda pelea de animales, incluyendo los humanos. Aunque muchos no lo queramos, las peleas de gallos, por diversas y consabidas razones, son un hecho. Las vallas clandestinas nada le aportan al Estado más allá de los problemas indeseables que generan. Hace algunos años me referí al tema en un artículo y hace poco una colega retomó la preocupación. Ahora me alegra pensar que ya somos varios compartiendo ideas al respecto. Aquí les dejo los enlaces por si alguien se interesa:

    http://www.gallerosoy.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1185%3Aiuna-valla-al-cantio-de-un-gallo&catid=901%3Anoticias&Itemid=35&lang=es

    http://www.invasor.cu/sociedad/10253-en-ciego-de-avila-los-gallos-se-pelean-oficialmente

    • Arturo dijo:

      Las VALLAS CALNDESTINAS,,,, y las OFICIALES, como la de MANAGUA.

  • Juan L Loró dijo:

    España y los demás países del mundo deben coger el ejemplo de Cuba, que si protege a sus toros. Aquí el que mate un toro, así sea el mismísimo dueño se le meten 5 años de cárcel, ningún país del mundo hace eso. Eso si es protección de toros y vacas.

  • wicho dijo:

    Hay muchos defensores de animales que les encanta el boxeo que es uno de los deportes mas brutales que conocemos ya que oficialmente no tenemos acceso a UFC y otros tipo de deportes de combate, todo eso es hipocresia.

  • Ing.Alvaro Ramos Fereira dijo:

    Hace mucho tiempo que se pide una ley que penalice al que maltrate a un animal, donde está, es la base de todo lo que se dice anteriormente, se podrán verter rios de tinta tratando el asunto, pero si lo fundamental no está escrito como ley, es arar en el mar.

  • Machete dijo:

    Hola . Ciudad de santa Clara un dia de agosto del 2015 as 235 PM Carretera central ala altura del Rpto Pastorita . Carreton de transporte de pasajeros con 4 pasajeros a bordo , Caballo quiere irse a casa pues esta cansado y sudado y carretonero quiere trabajar pues no ha cumplido su plan , la conversacion se observa tensa pero educada , hasta que el caballo planta y dice que NO , y el carretonero que SI sin acuerdo empieza la discucion , que va aumentando de temperatura hasta que aparece el fuete , que por supuesto que encrispa al equino que enseña los dientes , temperatura casi a la ebullicion , por fin se van a las manos y a los dientes espectaculo deprimente fuetazos van y vienen, dentelladas voladoras por aqui y por alla , salen dos o tres mediadores pero no hay quien los pare , asi siguen hasta que el !!!!caballo!!!!! es quien cae en cuenta que sobre el coche aun estan dando gritos una mujer embarazada con su esposo una anciana con una niña , el caballo se rinde y va al trabajo, pero para caerse y no levantarse nunca mas con un infarto , 4 cuadras adelante en plena loma de la calle Trista despues de la central , . . Moraleja : se jodio el caballo , se jodio el carretonero , se asustaron la anciana y la niña y pario la embarazada del susto . parece un cuento pero fue real tan real que aun duele recordar. y lo mas lindo que el carretonero a esa hora le dio primero por reise y despues por llorary lamentarse .

  • Vecino dijo:

    Lo paradójico de esto es que la EMPRESA NACIONAL PARA LA PROTECCION DE LA FLORA Y FAUNA al menos tiene un lugar oficial en Managua para la pelea de gallos , en nuestro país hay ausencia de una ley para la protección de animales y que entre otras cosas prohiba las peleas de perros , gallos , etc. que sancione a quien bote un animal doméstico a la calle , que prohiba la caza de aves en jaulas trampas , etc.

    • Sergio dijo:

      Pero sabe usted de “quien es valla de Gallo de Managua”?,,,,,

      Quien le pone el Cascabel al gato,,,, ya que hablamos de la protección de ANIMALES, y nosotros los HUMANOS los somos, es una gran verdad de que ALGUNOS ANIMALES son mas IGUALES que otros.

      Saludos,

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Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de “Cesto de llamas”, Premio Nacional de la Crítica. Mantiene el blog http://luistoledosande.wordpress.com/

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