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Amberes 1920: El coqueteo de la Isla (+ Fotos)

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Los norteamericanos dominaron las pruebas de velocidad en Amberes 1920. Foto: Cortesía del autor.

Los norteamericanos dominaron las pruebas de velocidad en Amberes 1920. Foto: Cortesía del autor.

A fines de la segunda década del siglo XX, el Olimpismo Moderno tenía tal pujanza, que los Juegos se reanudaron recién concluida la Primera Guerra Mundial (1914-1919), que dejó una Europa desolada, con nefasta influencia en una buena parte del mundo. Como recordamos, en Berlín 1916 se debió realizar la VI edición de los Juegos. Imposible.

Para 1920 sería seleccionada la ciudad de Amberes, capital del reino de Bélgica. El país, de notable nivel cultural, lleno de historia, sufrió mucho durante las dos guerras mundiales.

La edición olímpica de Amberes 1920 pasaría a la historia como “Los Juegos de la paz”. Allí se reunieron, después de tanta muerte y destrucción, un total de dos mil 591 atletas de 29 países, entre ellos 63 mujeres; nuevo récord de participación. La humanidad, a través de los Juegos, demostró su vocación de amor y paz.

No obstante, por la reciente huella de la guerra, hubo ausencias lamentables:
En razón a haber sufrido Bélgica de forma especial las dramáticas consecuencias de la guerra, se le concede a Amberes la organización de los Juegos. Faltando a los principios fundamentales de la filosofía olímpica y lógicamente en contra de la opinión de Coubertin, las juventudes de los países de Alemania, Austria, Turquía, Bulgaria y Polonia, no son invitados a los Juegos, tachados de beligerantes. También la Rusia de la Revolución Socialista de Octubre (en 1922 pasaría a ser la Unión Soviética) es excluida, situación en la que permanecerá treinta años.

Por primera vez se leyó el Juramento Olímpico. El honor fue para Víctor Boin, esgrimista y jugador belga de polo acuático. Allí ondeó, por primera ocasión en unos Juegos Modernos, la bandera olímpica diseñada por Coubertin en 1913, que se conserva.

Al inicio de la Ceremonia de Inauguración se guardó un minuto de silencio por los caídos en la confrontación bélica y se soltaron dos mil palomas al aire como símbolo de paz, acto que se mantiene hasta nuestros días.

En Amberes 1920 se enarboló la bandera olímpica por primera vez. Foto. Cortesía del autor.

En Amberes 1920 se enarboló la bandera olímpica por primera vez. Foto. Cortesía del autor.

Hubo hechos dignos de destacar, aunque dos modalidades sobresalieron: el atletismo y la natación. En Amberes 1920 debutó Paavo Nurmi, un finlandés corredor de distancias largas, poco menos que invencible, dueño de varios eventos. Su coterráneo Hannes Kolehmainen ganó la maratón.

Los norteamericanos dominaron en las carreras de velocidad y algunas distancias largas. El más destacado fue el joven estudiante Charles Paddock, quien marcó un tiempo de 10,8 s en los 100 metros planos. El sueco Erik Adlerz dejó una bonita impresión en las competencias de clavados, cuando obtuvo la medalla de plata en Saltos de Plataforma (10 m), con innovaciones.

En natación volvió por sus fueros, en 100 metros estilo libre, el norteamericano Duke Kahanamoku, quien se acercó -como nadie entonces- a la barrera del minuto. En los Juegos de 1912 también había obtenido el título. Este nadador introdujo el popular estilo crawl. El inglés Philip Noel, quien años después recibiría el Premio Nobel de la Paz, obtuvo la medalla de plata en 1 500 metros planos.

Cuba “puja” por la sede

Para los cubanos estos Juegos pudieron ser célebres. No por los resultados ni su significación olímpica de vocación pacífica. No se asombren: Cuba solicitó la sede. La bonanza económica del momento hizo que algunos acaudalados pidieran a Coubertin que los Juegos se celebraran en La Habana.

Poco después, Cuba entró en escena. Nos habíamos hecho a la idea de que la VI Olimpiada pasaría sin celebrarse, aunque constando en la lista, a la antigua usanza. Nos ocupábamos exclusivamente de 1920. Atlanta, Cleveland, Filadelfia, ofrecían el oro y el moro. El Comité constituido en La Habana era menos ambicioso, más consciente de las dificultades y al propio tiempo se había asegurado el apoyo de los poderes públicos, incluyendo el del jefe de la república, presidente Menocal.

Pero las aristocracias europeas y norteamericanas no concebían que la sede saliera de sus entornos, como no lo conciben hoy, cuando cada día están más lejos los países del III Mundo de organizar unos Juegos. El hecho, en sí mismo -ingenuidad aparte-, es digno de reconocerse e importante que los cubanos lo sepamos. No olvidemos que estaba activo Ramón Fonst, quien inspiraba respeto y admiración. Como un espejismo, ni siquiera avanzó la solicitud. Rápido desechó la burguesía el posible compromiso y dejó sin respuestas al COI.

La idea original del “dislate”, perteneció al canadiense Dick Grant, quien entró en contacto con el presidente Mario García Menocal y, desde entonces y por varios años, se vio favorecido económicamente. El COI valoró con seriedad la propuesta, pero no pasó de ahí. Veamos cómo el historiador Carlos Reig analiza el hecho:

El embajador de Cuba en Francia aporta información que apoya la anterior aseveración, al declarar que una de las tantas visitas que realizó a la casa del barón de Coubertin, el dirigente olímpico ‘augura el éxito para Cuba si con entusiasmo y prontitud nos ponemos en relación con él… Ven con simpatía que fuesen en La Habana, por ser una ciudad de buena estación invernal’.

Con tales consultas por parte del embajador, con el propio Coubertin, se le daba un carácter oficial a las conversaciones para organizar los Juegos de 1920 en La Habana, pero los problemas políticos a los que tuvo que enfrentarse Menocal, quien había sido acusado de fraude electoral, le llevó a sofocar varias protestas con violencia. No atendió más el asunto. Otro factor fue la falta de apoyo de organizaciones como el Club Rotario de La Habana, poderoso económicamente. Veamos el colofón:

A pesar de que la candidatura de La Habana es registrada oficialmente por el COI, a principios de 1916, y que se nombra a los miembros del Comité Organizador, en enero de 1917, por el presidente Menocal, el proyecto de candidatura pierde fuerza. A partir del 16 de marzo de 1917 no vuelve a publicarse en la prensa nacional información al respecto.

A pesar del fracaso, la solicitud permitiría entrar en contacto con la cúpula del COI, un motor impulsor para profundizar la conciencia deportiva, así como la necesidad de crear el Comité Olímpico Nacional, que demoraría hasta 1926, cuando el 13 de agosto, por decreto del dictador Gerardo Machado, se creó la Junta Nacional de los Juegos Centroamericanos, donde se designa un Comité Nacional Olímpico para organizar la participación de la isla en los Juegos Centroamericanos fundadores, de México 1926.

En Amberes 1920, solo Brasil (debutó en esa lid) y Chile, representarían a la América Latina. El gigante sudamericano obtuvo tres medallas: 1 título para Guillermo Praense en revólver militar a 30 metros; 1 de plata por Afranio da Costa en pistola a 50 metros y 1 de bronce a cargo del equipo de tiro, en revólver militar a 30 metros. Chile no alcanzó medallas.

Paavo Nurmi

El atleta finlandés, Paavo Nurmi, destacó en esa edición olímpica. Foto: Cortesía del autor.

El atleta finlandés, Paavo Nurmi, destacó en esa edición olímpica. Foto: Cortesía del autor.

Su actuación fue tan grande, de tantas medallas y reconocimientos, que ha pasado a la historia del movimiento olímpico entre sus más altos exponentes, quizás el mejor. De baja estatura y fuerte complexión, sin el somatotipo ideal, de extremidades más bien cortas, corría con un cronómetro en la mano para llevar su propio tiempo, porque no tuvo rivales de consideración durante varios años.

Los finlandeses tienen tradición en estas pruebas. Sus equipos, hasta mediados de siglo, y un poco más, había que tenerlos en cuenta. Las características del gélido país, ofrecen condiciones para acortar distancias con las piernas.

Profesor de oficio y carácter introvertido, amante de la música clásica, Nurmi impuso, entre la década del veinte y comienzos del treinta del siglo XX, un total de 24 récords mundiales, con nueve medallas de oro olímpicas y otras de plata.

Esa cantidad de títulos los tiene Carl Lewis, con solo dos marcas mundiales.
Con estilo propio, sin temer a los rivales y una concentración a toda prueba, Nurmi corrió las más largas distancias sin sentir el peso de la competencia; terminaba fresco cuando otros desfallecían.

En Amberes 1920 obtuvo dos medallas de oro (l0 mil metros con y sin obstáculos), así como una de plata en un reñido final ante el favorito francés Guillemot en los cinco mil. Fue su comienzo olímpico.

Cuatro años después se destacaría tanto en París 1924, que los Juegos pasaron a la historia como “La Olimpiada de Paavo Nurmi”. Ganó 5 medallas de oro (mil y cinco mil metros planos; tres mil por equipos y 10 mil a través del campo, individual y colectivo). Algunas de estas pruebas no aparecen hoy en el Programa Olímpico. Cuatro años después, en Amsterdam 1928, obtuvo tres medallas más, una de oro y dos de plata. En total: nueve títulos y tres de plata, en tres Juegos estivales.

Nurmi revolucionó la forma de correr. Atormentaba a los contrarios con increíble ritmo de principio a fin. En 1924 hizo la hazaña de ganar sendas medallas doradas en mil 500 y cinco mil 000 metros, con intervalo de ochenta minutos entre una y otra prueba. Parece increíble. ¡Era Paavo Nurmi!. En 1925 se erigió una estatua de bronce a las puertas del estadio de Helsinki con su figura. Ha sido uno de los atletas más agasajado, querido y respetado en vida.

Arcaicas concepciones “amateuristas” le impidieron competir en la maratón de 1932, al ser declarado profesional por recibir unas monedas en una competencia. Esto lo marcó hasta su muerte, pues no fue un profesional en el sentido estricto de la palabra, sí un dignísimo competidor olímpico. En los Juegos de Helsinki 1952 fue seleccionado para llevar la antorcha olímpica al estadio y encender la pira; así se reconoció su trayectoria en el mundo de los cinco aros.

Había nacido en la localidad de Turku, el 13 de junio de 1897 y falleció en Helsinki, el 2 de octubre de 1973, a los 76 años de edad, con la gloria de ser el más grande atleta de su país y del mundo. El funeral se celebró en la vieja iglesia de Helsinki, rodeado de varios compañeros de equipo que le sobrevivieron, reconocidos como los “Voladores Finlandeses”.

El entonces presidente Urho Kekonen, atleta de salto alto en los Juegos de 1924, al despedir el duelo destacó: Cuando la naturaleza se lleva un gran hombre, la gente explora los horizontes en busca de su sucesor, pero ninguno viene ni ninguno vendrá, porque su clase se ha extinguido con él.

Pocos atletas pueden compararse con Paavo Nurmi.

"Las Olimpiadas de la Paz", Amberes, 1920.

“Las Olimpiadas de la Paz”, Amberes, 1920.

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  • Villate dijo:

    Gracias por traernos nuevamente una historia interesante, esperamos un nuevo libro.

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Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

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