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Acerca de la democracia, la Constitución y el poder de cara al VII Congreso del PCC

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El conjunto de las medidas de corte económico que están aplicándose en la sociedad cubana como resultado de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, reclaman que más temprano que tarde se introduzcan cambios en la Constitución de la República como parte del proceso de articulación de las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa e ideológica política. Es conocido que en ello se está trabajando, aunque no hay detalles respecto a la metodología que se está siguiendo al respecto ni sobre cuáles instituciones y personas están participando.

Es un paso en extremo importante y requerido del mayor cuidado para evitar que desde la superestructura política se adopten marcos referenciales que permitan un desarrollo descontrolado de las relaciones mercantiles. De ocurrir eso terminaría afectándose el sentido socialista de la construcción social desde la propia institucionalidad.

Es un tema imposible de abarcar en el espacio de un texto breve como el que presento ahora al lector, por lo que solamente haré una aproximación a ciertas claves que considero fundamentales y sobre las que he escuchado distintos criterios como parte de los debates en curso hoy en la sociedad cubana en espacios académicos y culturales.

Sobre la democracia

Democracia en esencia es participación, participación real de la ciudadanía. Suponer que el único modo de alcanzar la democracia es a través de la existencia de partidos políticos que se disputan el poder, significa multiplicar, santificar, la representatividad política en detrimento de la participación popular real, con el peligro adicional en el caso cubano de facilitar la operatividad de los intereses  hegemónicos de los poderes nortecéntricos, en particular los que anidan en el Estado norteamericano, ya que es elemental que alrededor del pluripartidismo se agruparán intereses corporativos exclusivos y excluyentes que no tendrán vocación de articular acciones a favor de la sociedad en su conjunto, dado que si la tuvieran no se agruparían en organizaciones políticas separadas, sino que tendrían la vocación de compartir el poder con todo el pueblo sin reclamar banderías representativas específicas.

El poder económico y político de las trasnacionales y de los estados del primer mundo que las arropan y representan políticamente, no tardarían en desarrollar tácticas de influencia en todos los órdenes, en particular a través de los medios de comunicación tradicionales y digitales, apoyándose en esas organizaciones que se auto-reconocerán como representantes de los intereses corporativos para los cuales habrían sido creadas.

Siempre he sostenido y sostengo que no es condición para orientar la sociedad con un rumbo socialista, y dentro de este el desarrollo de amplias prácticas democráticas para toda la ciudadanía, que exista una única organización política en la sociedad, como tampoco que tengan que existir varias…

Si la existencia de múltiples partidos fuera garantía de libertad y democracia, este mundo donde predomina el pluripartidismo sería el paraíso terrenal. Pero todos sabemos que no es así.

El capital ha vaciado y viciado los principios declarados por el liberalismo originario demostrando así que el modo de producción capitalista es incapaz de realizar los ideales fundadores proclamados de libertad, igualdad y fraternidad, algo que paradójicamente solo podrá lograr un sistema social negador radicalmente del capitalismo y del liberalismo, lo que no significa negar todos sus valores, sino darles contenido humanista, realizar y enriquecer los más nobles y desarrollar nuevos.

Es muy importante derrotar al neoliberalismo, pero no justificar con ello el liberalismo.

En efecto, hay una tendencia dentro de lo que se considera por muchos en general “izquierda” a rechazar las políticas y prácticas neoliberales, posición sin discusión unificadora, pero la idea de que podrá regresarse en este mundo a un capitalismo no neoliberal como solución a los grandes males que aquejan a la humanidad no pasa de ser una pretensión ilusoria, por más que hoy lo urgente es evitar la catástrofe neoliberal.

Las diferencias sociales, en particular las clasistas, consustanciales al sistema mercantil capitalista y al modo de vida que se desarrolla desde sus estructuras y relaciones sociales, la lógica capitalista del desarrollo desigual generan contradicciones políticas e intereses encontrados que tienen desiguales posibilidades y libertades de expresión.

Aquellas que no cuestionan el sistema tienen más amplias posibilidades y libertades, las que lo cuestionan están restringidas y eso solo mientras no amenazan los intereses fundamentales del capital, ya que cuando eso ocurre funcionan primero todos los mecanismos de la legalidad que genera para su protección el propio sistema y finalmente la represión abierta o encubierta.

Por otra parte, la sociedad capitalista obligada a crecer para existir y generadora del afán de lucro, de la competencia por la ganancia no podrá sino tender nuevamente reproducir las tendencias neoliberales.

Basta un vistazo a la realidad del mundo de hoy para reconocer eso.

Quien vivió la experiencia de lo que fue para Cuba el liberalismo dependiente y hoy aboga por el pluripartidismo en función de “lograr la plena democracia” es alguien con la memoria muy deteriorada o que nunca entendió la historia de Cuba, ni la urgencia de una verdadera revolución, ni compartió los fundamentos de la necesaria unidad nacional para alcanzar los objetivos de justicia social.

Un modo liberal de organizar las estructuras y actividad políticas del país suponiendo que con ello se alcanzará el ideal de la democracia, en condiciones como las actuales de un incremento de las relaciones mercantiles, pondría en peligro inminente al ideal socialista, al abrir paso a esos intereses corporativos y al capitalismo internacional. Los procesos políticos, especialmente los electorales, se viciarán cuando el dinero encuentre las formas para confundir y comprar voluntades y envilecer el voto ciudadano. Sería facilitar por ley, lo que en más de medio siglo el capitalismo no ha podido recuperar en Cuba por la fuerza.

Es muy importante tener presente lo expresado por el compañero Fidel el 17 de noviembre de 2005 en la Universidad de La Habana:

Yo decía que éramos cada vez más revolucionarios y es por algo, porque cada vez conocemos mejor al imperio, cada vez conocemos mejor de lo que son capaces y antes éramos escépticos incluso frente a algunas cosas, nos parecían imposible. 

Habían engañado al mundo.  Cuando surgieron los medios masivos se apoderaron de las mentes y gobernaban no solo a base de mentiras, sino de reflejos condicionados.  No es lo mismo una mentira que un reflejo condicionado: la mentira afecta el conocimiento; el reflejo condicionado afecta la capacidad de pensar.  Y no es lo mismo estar desinformado que haber perdido la capacidad de pensar, porque ya te crearon reflejos:  “Esto es malo, esto es malo; el socialismo es malo, el socialismo es malo”, y todos los ignorantes y todos los pobres y todos los explotados diciendo:  “El socialismo es malo.”  “El comunismo es malo”, y todos los pobres, todos los explotados y todos los analfabetos repitiendo: “El comunismo es malo.”

“Cuba es mala, Cuba es mala”, lo dijo el imperio, lo dijo en Ginebra, lo dijo en veinte lugares, y vienen todos los explotados de este mundo, todos los analfabetos y todos los que no reciben atención médica, ni educación, ni tienen garantizado empleo, no tienen garantizado nada:  “La Revolución Cubana es mala, la Revolución Cubana es mala.”  “Oiga, que la Revolución Cubana hizo esto y esto.”  “Oiga, que no hay un analfabeto.”  “Oiga, que la mortalidad infantil es esta.”  “Oiga, que todo el mundo sabe leer y escribir.”  “Oiga, que no puede haber libertad si no hay cultura.”  “Oiga, no puede haber elección.[1]

Igualmente vale recordar lo que dijo recientemente Raúl en la ONU:

Los sistemas electorales y los partidos tradicionales, que dependen del dinero y la publicidad, son cada vez más ajenos y distantes de las aspiraciones de sus pueblos.[2]

Garantizar el pluralismo político, el derecho de los ciudadanos a tener su propia opinión, sea esta cual sea, y a ser escuchado en libertad implica, en primer lugar, transparencia informativa en los marcos que establece la ley. Esta transparencia debe ser entendida no solo como la capacidad de dar espacio en los medios a esa diversidad de opiniones, sino también mantener debidamente informada a la ciudadanía acerca de las realidades del país.

La agenda pública debe pautar la agenda mediática, a la par que la agenda política en la sociedad socialista cubana debe identificarse con los intereses de la ciudadanía, propiciar su derecho y ejercer su influencia política en el terreno de la diversidad de opiniones consustanciales a la realidad del pluralismo político.

Ese diálogo es precisamente un elemento importante de la democracia, junto con la democracia del pan, del trabajo, de la vivienda de la educación, de la salud, de la protección de la niñez y de la tercera edad, de la seguridad social, de la independencia y la soberanía nacional.

El reconocimiento por el Estado de la diversidad de opiniones, del conflicto y de la multiplicidad de intereses y de su derecho a la visibilidad pública dentro del marco establecido por la ley es aún una asignatura pendiente en Cuba y asunto a resolver para alcanzar toda la democracia posible.

El poder popular

Si algo fue creativo, no exento de errores como suele ocurrir con cualquier obra y pensamiento humanos, fue el modo en el que se organizó en la década del 70 el poder popular en Cuba.

Es cierto que, al igual que en los países socialistas, particularmente en la URSS, cuyas experiencias fueron revisadas y no pocas copiadas en el terreno económico y organizativo, se incluyó en nuestra Constitución un artículo que establece la condición de fuerza dirigente superior de la sociedad cubana al Partido Comunista de Cuba.[3]

Pero el significado, la virtualidad y la práctica de esta premisa constitucional más allá de su origen, del momento en que se adoptó, tuvieron como todavía tienen en la sociedad cubana una significación propia que no dependió del hecho de haberse incluido en 1976 en la Constitución refrendada por el voto abrumadoramente mayoritario de la sociedad cubana, sino que fue consecuencia ante todo del prestigio ganado por el PCC, de sus dirigentes, cuadros y militantes.

El abrumadoramente mayoritario Sí a la Constitución de 1976 fue un voto de aceptación por las mayorías ciudadanas del papel dirigente del partido, pero también tiene una raíz histórica que nos viene del legado martiano, que si bien al fundar el Partido Revolucionario Cubano no postuló, ni mucho menos, que tenía que ser el único, si lo calificó así: “El partido existe, seguro de su razón, como el alma visible de Cuba”.[4]

Ese partido, creado para asegurar la cohesión de los cubanos alrededor del ideal independentista, patriótico e internacionalista, existía “seguro de su razón como el alma visible de Cuba” de la sociedad cubana, de los cubanos.

Su razón era la sociedad misma, el partido como “alma visible de Cuba”. Nada más alto política y éticamente en Cuba. En consecuencia, el alma de la nación, que no es la de nadie en particular, debe visibilizarse en el partido, y solo puede comprenderse y validarse, racional y legítimamente a través del consenso que nutre y constituye la política que traza el partido.

La cohesión de la sociedad es imprescindible, y el partido y la ideología revolucionaria que pauta su comportamiento deben estar en plena identificación con “el alma visible de Cuba” que solo puede identificarse en el consenso.

Eso implica también un diálogo fluido, permanente y abierto en el que, como expresara Fidel, el revolucionario debe no solo persuadir, sino dejarse persuadir por el pueblo.

Había entonces importantes condicionantes históricas y políticas para codificar como razón jurídica el papel del partido en la sociedad cubana, no como única fuerza dirigente, sino como la principal, la superior. Ese papel de fuerza dirigente con la responsabilidad de cohesionar y direccionar la actividad social en general, no le corresponde ni puede corresponderle a la Constitución cuyo papel es el de ser la ley de leyes, la ley primera de la república, arbitrar en la máxima instancia legal de la sociedad los comportamientos de individuos, grupos, instituciones, organizaciones, es decir, los de todos los actores sociales, incluyendo naturalmente al partido.

Prescindir de esa función jurídicamente respaldada de coordinar y direccionar los esfuerzos de toda la sociedad, sería letal en las condiciones actuales y futuras de Cuba, de su contexto regional y mundial. Sería caer en la ingenuidad de pensar que los intereses de la sociedad cubana en su conjunto no están amenazados por el hegemonismo del neoliberalismo y de los poderes nortecéntricos que lo respaldan.

La tendencia deber ser en lo adelante la de empoderar de modo creciente al pueblo, asegurar una mayor y más amplia participación en los procesos políticos. El empoderamiento de la sociedad en sus diferentes ámbitos y planos es una tarea política fundamental para un sólido anclaje del socialismo cubano.

No se necesitan en las condiciones de Cuba más partidos, sino más democracia participativa, para transferir cada vez mayor poder a la sociedad reduciendo gradual y convenientemente las funciones del Estado y consolidando la identificación del partido con la sociedad. Ese proceso no puede ser espontáneo y la entidad que puede embanderarlo en nuestra sociedad es el Partido.

El Partido Comunista de Cuba, que nació del proceso de unidad política de la nación cubana después del triunfo de la revolución, pero abonado desde la etapa de lucha revolucionaria y como consecuencia lógica e histórica de esta, recibió del pueblo que aprobó la Constitución de 1976 esa condición jurídica, lo que significa que se debe a esa Constitución, que su primer deber es garantizar su realización práctica. En modo alguno significa que el partido está por encima de la ley, sino que es el primer garante del cumplimiento de lo establecido en la Ley de Leyes, lo cual incluye natural y elementalmente a sus militantes y cuadros, ciudadanos del país.

Las vías y modos de expresión de la libertad política[5], del pluralismo político y del pluralismo en general, en el marco que establece la ley y finalmente quede establecido en la reforma constitucional, deben estar pautados por una ley de comunicación o ley de prensa, o cualquier otra denominación propicia y su correspondiente reglamento de manera que se asegure en ese plano toda la democracia posible.

La reforma constitucional en ciernes no es homologable por sus características, magnitud y trascendencia a las anteriores reformas y requerirá de un amplio y exhaustivo proceso de debate social que debe hacerse sin pausa, pero sin prisa, ya que en ello se juega el destino del país y es obvio que no alcanzaría el grado necesario de legitimación si no se aprueba mediante referendo.

En consecuencia, cada una de las transformaciones que se propongan debe ser objeto de un profundo debate en el que sean ampliamente desmenuzados los porqué, los posibles efectos directos y secundarios, las principales contenidos de las reglamentaciones que sean eventualmente necesarias, diálogo en el que se ofrezca a la sociedad toda la información y valoraciones que permitan al ciudadano después ejercer con plena conciencia su voto en el referendo.

A los medios de comunicación social corresponderá la misión de servir de referencia social de los criterios que representen el espectro integral de los puntos de vista de la sociedad acerca de los cambios que se propongan. De una u otra manera, todos los espacios informativos y de análisis tendrán que jugar un importante papel en este proceso.

Es que se trata de atemperar la institucionalidad jurídica de la sociedad cubana a los importantes cambios que ya están teniendo lugar en el terreno socioeconómico, así como de pautar constitucionalmente sus alcances y límites, tanto en lo económico como en lo organizativo y lo político.

Y este proceso es más complejo, porque tendrá lugar en un momento en el que en la sociedad cubana hay numerosos criterios respecto del funcionamiento del Poder Popular y se ha registrado una menor participación en los procesos electorales, que si bien sigue siendo muy alta puede estar revelando desgano o apatía, al no sentir esa parte del electorado que no ejerce el voto o lo ejerce negligentemente mediante la boleta en blanco o la anulación, desinterés y desconexión con las estructuras estatales que se renuevan.

Los principios que fundamentan el Poder Popular en Cuba deben mantener su vigencia: la unidad de poderes del Estado, la postulación por el pueblo, la ausencia de privilegios y la no remuneración especial para delegados y diputados, la rendición de cuentas, la revocación, la prohibición de propaganda electoral, etc., pero es fundamental reconocer que el propio Poder Popular en su funcionamiento ha perdido también presencia política y fuerza representativa real entre la ciudadanía. No ha logrado actualizar aspectos esenciales de su funcionamiento en lo tocante a su capacidad movilizadora del electorado, los cambios y los experimentos no han penetrado la esencia de estos problemas, sino que se han dirigido más bien a elementos estructurales y procedimentales, que son válidos, pero no suficientes en lo tocante a la participación.

Los cambios en la construcción, renovación y funcionamiento del Poder Popular tendrán que ser el resultado de diálogos fluidos y amplios con la ciudadanía, pero cabe apuntar algunos temas que podrían ser eventualmente objeto de atención con la finalidad de elevar el papel y la representatividad de los órganos, organismos, delegados y diputados del Poder Popular y ampliar la participación democrática de la población.

Algunas propuestas para el debate

Una vía para ampliar la democracia participativa es la de organizar consultas populares para los diferentes temas que analiza el Poder Popular en los diferentes niveles, así como establecer la práctica del presupuesto participativo dentro de la línea maestra de descentralización del presupuesto. Tales prácticas serían pasos fundamentales para empoderar directamente a la ciudadanía, sin restar importancia a sus representantes elegidos, sino fortaleciéndola.

Emplear con racionalidad, pero cada vez que sea aconsejable, el referendo comunitario, zonal, municipal, provincial o nacional sobre los temas que atañen a los territorios y al país.

Otro modo de ampliar la democracia participativa puede serlo el de promover que desde diferentes sectores del país, centros de producción, de estudio, de investigación, hospitales, organizaciones profesionales, etc. se produzcan propuestas a presentar en las comisiones de candidatura para delegados a las asambleas provinciales y diputados a la Asamblea Nacional.

También que las candidaturas resultantes para estas asambleas sometan a la votación del electorado a un número mayor de candidatos para elegir el cupo correspondiente.

Otra variante es la de ampliar los debates de los candidatos entre los electores de manera que se enriquezca la visión que ofrecen las breves biografías que se publican.

Las rendiciones de cuenta -un pilar fundamental de la democracia participativa- pueden ser menos frecuentes (por ejemplo una vez al año) y ser más eficientes, mejor organizadas y preparadas, con participación de los representantes de las entidades que han sido interpelados por los representantes del Poder Popular y que respondan directamente ante los electores, y deben servir no solo para tratar asuntos de interés estrictamente local, sino también territorial, nacional e incluso internacional, ya que los asuntos del país son todos de la incumbencia del Poder Popular y por tanto de sus bases ciudadanas.

Podrían también mejorarse las condiciones para la labor política del delegado, por ejemplo facilitándole que trabaje a medio tiempo o que dedique todo su tiempo a su tarea política si lo requiere para sus funciones. Ello le permitiría un mayor y mejor acercamiento a la cotidianidad del electorado que representa.

Desarrollar una mayor presencia mediática de las experiencias del Poder Popular, las positivas y las negativas, del papel de los electores y sus representantes en ellas, de modo que se enriquezcan los conocimientos de la ciudadanía y con ello su capacidad participativa.

Solo he apuntado algunos elementos que considero pueden ser discutidos y a manera de ejemplo acerca de aspectos que pueden ser mejorados.

El Partido y el Estado

La separación de funciones del Partido y del Estado en modo alguno puede verse como absoluta, simplemente porque los propósitos sociales de ambas instituciones en el socialismo cubano son y deben seguir siendo la justicia social y el bienestar de la sociedad en su conjunto.

Del mismo modo que el Estado no debe verse separado del pueblo y el Partido no debe verse separado del pueblo, el Partido y el Estado no deben verse separados entre sí, lo que no obsta para diferenciar funciones que son específicas de la esencia del papel social de cada expresión política de la república unitaria y democrática cubana.

Sí debe analizarse que su carácter de fuerza rectora superior de la sociedad cubana debe estar también reglamentado, como ocurre con cualquier otro postulado constitucional, una reglamentación que precise el modo en el que se ejerce esa condición en los diferentes ámbitos y niveles en el que se organiza el Partido. Eso falta.

No hay democracia perfecta ni paradigma alguno para construir la democracia socialista cubana

Un principio fundamental es que no se puede sacrificar la democracia verdadera en el altar del liberalismo. Eso ya lo hizo el capitalismo y vemos las consecuencias.

Del mismo modo que el pluripartidismo no es condición sine qua non de la democracia, el hecho de tener un solo partido no significa que esta se practique realmente.

Pero sean cuales fueren las decisiones que se adopten en materia de construcción democrática, lo primero es que sean auténticas en el sentido de constituir conclusiones a partir de nuestra propia realidad.

Ya hemos tenido en Cuba la experiencia de copiar mal lo bueno y bien lo malo, no será ahora que tomemos como modelo las experiencias de otros países donde determinadas medidas, métodos, caminos, han resultado viables (mucho menos las de países capitalistas desarrollados) como si fueran soluciones que necesariamente nos vendrán bien a nosotros.

Es importante -creo que decisivo para el futuro socialista- no adoptar ninguna medida en el orden jurídico y político que signifique un retroceso en relación con lo que ya hemos alcanzado en la experiencia cubana. Por más que experiencias como por ejemplo la vietnamita o la venezolana han resultado ser importantes y válidas en sus respectivas realidades y que sea oportuno y beneficioso conocerlas y estudiarlas, ello no debe ser adoptado como lo que hay que hacer en Cuba.

Un papel importante lo juegan también las tradiciones. La tradición de ejercicio democrático, más amplia, más participativa y más sostenida en el tiempo en nuestro país, la tiene hoy la historia del devenir socialista de la sociedad cubana.

El flaco y nada realmente participativo ejercicio democrático liberal en los 56 años entre 1902 y 1958, iniciado con la coyunda de la Enmienda Platt e interrumpido en dos ocasiones por las dictaduras de Machado y de Batista, no sembraron una tradición en la sociedad cubana medianamente comparable con la lograda por el ejercicio democrático de la revolución socialista.

Lo primero y factor determinante para una participación consciente de la ciudadanía es la instrucción, el conocimiento, la cultura que ha sido un decisivo factor multiplicador de las potencialidades políticas participativas del pueblo, de las grandes mayorías ciudadanas. La riqueza cultural generada por la revolución socialista supera con creces a la alcanzada durante el capitalismo dependiente en el país.

Las sistemáticas consultas a la ciudadanía, la práctica participativa de las organizaciones sociales y profesionales, el papel de los colectivos laborales, de las empresas estatales, de las cooperativas, de las comunidades, etc. han producido un práctica democrática, más allá de sus defectos e insuficiencias, muy superior a la que hubo en la etapa prerrevolucionaria, y ha tenido lugar también con determinadas formas tradicionales de ejercerse, entre ellas el reconocimiento de la necesidad de una organización política que vele por la cohesión de la sociedad y por la observancia de los principios democráticos del socialismo en Cuba refrendados constitucionalmente.

Entre los elementos de esa tradición revolucionaria están también los modos de reproducir los poderes del Estado, el sistema electoral participativo, el modo en que se elige en Cuba al Presidente del país, el papel del Partido como ente político garante de la cohesión de la sociedad alrededor de sus propósitos consensuados.

No será liquidando por decreto estas tradiciones que se alcanzarán los propósitos de conquistar toda la democracia posible, antes bien se debilitarían esos esfuerzos porque no abrirían nuevos espacios para la participación de todo el pueblo en pie de equidad, y en el caso del pluripartidismo se estimularía la formación de centros de gravedad política alrededor de intereses corporativos que terminarían debilitando la cohesión del país haciéndolo vulnerable a los intereses de las transnacionales y de los poderes nortecéntricos.

Va contra la nación, pero también contra el sentido común que exige el más elemental rigor en el pensamiento social, el dejar de tener en cuenta las prácticas que han resultado válidas en la sociedad cubana y suponer que cambiar unas u otras es de hecho la respuesta revolucionaria a la voluntad política de alcanzar como pidiera el Presidente Raúl Castro, “toda la democracia posible”. Tal es el caso, por ejemplo de quienes proponen que el Presidente de la República sea elegido por el voto directo del pueblo y no por la ANPP devenida colegio electoral, o quienes suponen que mejora la situación del país si en lugar de tener varios vicepresidentes haya uno solo.

Tales iniciativas se alejan de lo esencial en el propósito de lograr toda la democracia posible. Sobre las anteriores propuestas cabe preguntarse si la elección directa del Presidente de la República lejos de asegurar más democracia, no tendría el efecto contrario, al legitimar por el efecto de la mayoría de votos válidos en la elección, la concentración de poder en una sola persona, en lugar de la dependencia que tiene actualmente el Presidente de la República del Consejo de Estado y de la Asamblea Nacional que lo elige. O preguntarse, por qué un único vicepresidente de la República, en lugar de los actuales vicepresidentes del Consejo de Estado, uno de ellos primer vicepresidente, cuáles beneficios traería.

Si el Presidente y un único Vicepresidente fueran elegidos por la mayoría de los sufragantes del país (eventualmente no necesariamente por la mayoría de la población adulta) concentrarían un poder que lejos de profundizar la democracia mediante el diálogo con los integrantes del Consejo de Estado y con la ANPP tendería a favorecer sus decisiones individuales. Dudo que entonces eso sería “más democrático”.

Si lograr el funcionamiento real de la democracia dependiera de tales cambios, la vida fluiría como miel sobre hojuelas. Todo eso puede aprobarse y la democracia verdadera quedar en el mismo sitio o incluso retroceder por el debilitamiento o anulación de las tradiciones cubanas en el ejercicio de la política, en el modo de elegir y ser elegido, que son las tradiciones políticas más genuinas de la historia de nuestro país, mientras sigue siendo lo esencial la participación popular incluyendo la participación en los procesos electorales, las garantías del control social, la transparencia informativa, etc.

El Partido

Pero el mismo proceso de diferenciación que se produce en la sociedad cubana como resultado del desarrollo cultural, del intercambio de ideas, de los incrementados flujos de información, se produce también entre los que integran las filas del partido.

El desconocimiento de esa realidad como resultado de la inercia en el comportamiento, los hábitos de hacer la política y de presentar, proclamar y argumentar la ideología, solamente puede conducir al debilitamiento de su accionar aunque con ello parezca que no hay nada que haya cambiado.

De ahí que sea imprescindible propiciar el debate ideológico y político que conduzca al mutuo esclarecimiento en sus filas y generar métodos realmente participativos, en los que como resultado prime aquello que sea consensuado entre su militancia. Los análisis y los debates deben ser conducidos para que produzcan resultados, para que no se pierdan en la dispersión de puntos de vista sin una conclusión práctica para la acción, conducirlos para construir el consenso.

El método de elaborar documentos por grupos de personas, ponerlos a debate, recoger ideas y finalmente que ese mismo u otro grupo de personas decida cuáles aportes se incluyen y cuáles no, mientras no existe en el universo de la comunicación política de los medios y los espacios de reflexión una evidencia colectiva de los diferentes criterios en curso, lastra la participación, obstaculiza el enriquecimiento del debate y finalmente, tanto en el principio con en el fin de la discusión, no primarán los criterios colectivos, sino los de quienes elaboran la propuesta inicial y la final.

No se trata de desconocer la necesidad de la confianza en las instancias partidistas, sino de que esta confianza sea mutua y se exprese en la aceptación de los diferentes puntos de vista en calidad de igualmente válidos y que se propicie un clima en el que haya confianza para expresar cualquier idea sin considerarse ello una indisciplina por desconocer el papel de los organismos superiores.

El centralismo democrático -que justo es reconocerlo no llegó nunca  aplicarse creativamente para lograr todo lo que se esperaba con este principio de dirección política-[6] hoy debe dar paso a un profundo análisis acerca de sus virtudes y defectos, ventajas y desventajas, potencialidades y debilidades.

Lo cierto es que ha sido difícil, a veces imposible, sustraerse a los vicios del pasado del capitalismo dependiente en materia de dirección en la sociedad. El capitalismo ha realizado un doctorado en sacrificar la democracia verdadera en el altar de la democracia formal.

La imposición del capital sobre el trabajo genera una influencia transversal, presente en prácticamente todos los ámbitos de la vida de la sociedad, se expresa en las relaciones económicas, comerciales, políticas, culturales, familiares…, y tiene como denominador común la imposición de la voluntad de quien tiene la propiedad, el dinero, el capital.

Pero sería superficial pensar que tal comportamiento secular, generador de una cultura de ordeno y mano desaparece si desaparecen los dueños y la propiedad privada, se destruye la maquinaria del estado capitalista y se borra de la legislación aquello que lo respaldaba jurídicamente.

La relación de subordinación, la cultura de ordeno y mando, el verticalismo, permanecen como costumbres, hábitos, elementos de la psicología social, esquemas de entendimiento, “modo natural” de adoptar las decisiones.

En la experiencia cubana la necesidad de defender la sociedad frente a un contexto muy adverso potenciado por el imperialismo norteamericano, creó un espacio para que perviviera y en ocasiones se desarrollara –ciertamente con loables finalidades sociales- el verticalismo en el funcionamiento de las diferentes instituciones de la sociedad.

El liderazgo histórico de la revolución socialista representado por el magisterio ideológico y político de Fidel Castro, su amplia aceptación social que hoy perdura, la confianza depositada en ese liderazgo, permitió la pervivencia de hábitos heredados de las viejas relaciones sociales, sin que sus consecuencias llegaran a ser funestas, aunque naturalmente no sin un costo social.

A la luz de la experiencia vivida, de las desviaciones burocráticas y de los vicios verticalistas y de autoritarismo que anidaron bajo el concepto de “centralismo democrático”, su análisis crítico revela que hubo un desbalance de consecuencias muy negativas a favor del centralismo y en detrimento de la democracia, en especial porque se sustrajo al sujeto social su necesario protagonismo, los institutos de dirección sustituyeron a la ciudadanía produciéndose un alejamiento cada vez mayor entre ambos y perdiéndose una importante e insustituible fuente de formación ciudadana.[7]

El PCC nació de la revolución socialista cubana y sus méritos, alcanzados por la disciplina, sacrificio y entrega de la inmensa mayoría de sus miembros y dirigentes con el respaldo y reconocimiento del pueblo, ha acompañado desde su surgimiento al liderazgo histórico en todos los procesos económicos, sociales, políticos y culturales del país y hoy se encuentra ante el desafío que implica aquello que advirtió Raúl cuando expresó que en el pasado tuvimos a Martí, en el presente tenemos a Fidel y en el futuro tendremos al Partido.

Los cambios en el contexto en que tiene lugar el reto de garantizar la continuidad del proceso de la revolución socialista en la sociedad cubana, no incluyen la desaparición de la contradicción entre los intereses del imperialismo norteamericano y los de la nación cubana, por lo que implican un desafío ideopolítico y cultural, mucho más complejo y difícil, en el que esta contradicción se expresará con modos más sutiles y camuflados y en medio de una inevitable progresión geométrica de la información y la desinformación, que solo podrá enfrontarse con posibilidades de éxito para el país si no se descuida la formación ideológica política y si la democracia socialista se desarrolla al máximo en todos los terrenos de la sociedad, comenzando por el partido, y continuando con el empoderamiento ciudadano como modo de anclaje sólido del poder popular.

Ello impone el imperativo de un profundo análisis crítico del principio del centralismo democrático, una revisión exhaustiva de los métodos de trabajo del Partido y en general de las instituciones estatales, sociales y políticas creadas por la revolución socialista, análisis que cuente con amplia participación de la ciudadanía.

No es posible obviamente siquiera intentar esbozar las líneas a seguir para tal análisis[8], pero sí advertir que tiene que ser abierto, transparente, profundamente democrático, orientado, disciplinado y dentro de los principios de la ideología de la revolución cubana.

Veamos, por ejemplo, lo decidido hace 4 décadas en el I Congreso del Partido en 1975 en lo tocante a la generación de ideas acerca del desarrollo teórico del pensamiento socialista en Cuba. La “Tesis sobre los estudios del marxismo-leninismo en nuestro país” en su acápite IV. Necesidad del desarrollo del trabajo teórico y la investigación en este campo” postulaba que:

… es necesario garantizar la mayor libertad de acción en las actividades de investigación y de búsqueda teórica por parte de economistas, filósofos, historiadores, etc., de manera que no se sientan atados en su trabajo científico por los criterios sociales vigentes públicamente en un momento dado.

Debe existir el más absoluto control del Partido en relación con la exposición pública y la divulgación de criterios, conceptos e interpretaciones en aulas, estrados y prensa. No es posible admitir la publicidad de interpretaciones de la teoría marxista-leninista y de conclusiones teóricas que contradigan o extralimiten los lineamientos trazados al respecto por el Partido, y que este no autorice.

Estos trabajos de investigación y análisis teórico deberán realizarse siempre con el conocimiento y bajo la orientación y control de los organismos superiores del Partido, directamente o a través de las dependencias o instituciones del aparato partidista que dichos organismos determinen.

Asimismo, los resultados y conclusiones a que se arribe producto de esas actividades investigativas y teóricas deberán ser sometidos a la consideración de estos organismos, los que determinarán sobre su utilización y destino.[9]

No había en aquel momento una idea de las potencialidades que tendría el papel del pueblo en estos procesos. Era natural -y ciertamente muchos lo vimos así- considerar el desarrollo de las ideas un asunto de científicos sociales y direcciones políticas y, de últimas, como se aprecia en el anterior texto, un asunto de la dirección política, de los organismos superiores, independientemente de si quienes estaban en esos organismos tenían o no la razón. De hecho, las instituciones científicas en general aceptaban igualmente aquella disciplina.

Aquellos documentos fueron sometidos a consideración de la población, pero tanto la bien ganada confianza de las grandes mayorías ciudadanas en el partido y su dirección histórica, como la inercia signada por la falta de práctica en ejercer ese papel participativo limitaron la democracia que, sin embargo, era por otra serie de realidades, muy superior al pasado capitalista dependiente.

Los bruscos cambios ocurridos desde aquel entonces en el país, los largos períodos de resistencia frente al imperialismo y por la preservación de la principal conquista de la revolución socialista: el poder político del y para el pueblo trabajador, el esfuerzo sostenido en las más difíciles condiciones socioeconómicas por el desarrollo intelectual y cultural de la población que ha enriquecido las capacidades de análisis de la ciudadanía, junto con una gran diferenciación de puntos de vista acerca de los problemas de la sociedad cubana, han cambiado profundamente la mentalidad del pueblo, cuyas mayorías han mantenido una identificación consciente con el ideal socialista, y fidelidad a la dirección histórica de la revolución, pero es hoy portador de un abanico mucho más rico y diverso de ideas y sin dudas se ha ganado con su sacrificio el derecho a un merecido protagonismo.

Cabe entonces preguntarse cuánto de aquel modo de ver las cosas persiste hoy en cuadros y militantes, cuánto siguen viendo al pueblo como “masa”, frente la pregunta de cuánto ha cambiado la sociedad cubana desde aquel momento en que el país se institucionalizaba bajo el signo de una república socialista que luego pasó por la aplicación del sistema de dirección de la economía copiado de la experiencia del socialismo en la URSS, el proceso de rectificación que persiguió superar aquellos errores, el período especial, el largo proceso de emersión de la economía nacional, y hoy cuando los EEUU han admitido que tenían que reconocer la independencia y la soberanía nacional y el país está hoy probablemente más cerca que nunca del levantamiento del bloqueo y frente a la pregunta de cómo piensa la juventud de hoy que no solo es el futuro del país, sino también su presente.

Una lógica elemental indica la necesidad de un profundo análisis del centralismo democrático y del imperativo de desaprender conceptos y prácticas obsoletos, de dejarse de comportar como si todos los errores y deficiencias fueran de “la masa”, como si no fuera necesario un nuevo pensamiento político sobre la democracia socialista y su práctica, en primer lugar en el propio partido.

El reconocimiento de la necesidad de analizar críticamente la experiencia del centralismo democrático, en modo alguno puede significar la desvalorización del papel del partido en la sociedad cubana, de la dirección de los procesos sociales.

Hay quien piensa primero en la supuesta necesidad de cambiar el nombre del partido, por uno que refleje más la inclusión, por ejemplo, recuperar el que tenía anteriormente “Partido Unido de la Revolución Socialista”, como si el cambio de nombre fuera el cambio de métodos, estilo y políticas, mientras que de hecho se estaría eliminando un nombre tradicionalmente aceptado por la sociedad, una tradición que comenzó hace medio siglo, cuando el Comandante Fidel Castro lo anunció en 1965.

Sería además desconocer el ideal comunista, en un mundo tan necesitado de la solidaridad, el altruismo, el colectivismo, el humanismo que entraña ese ideal.

Los problemas a resolver son de contenido, mientras los símbolos generados por el proceso revolucionario socialista cubano deben ser celosamente preservados, en primer lugar para evitar la confusión.

Hay quien ha pensado peregrinamente que el partido mismo debería ser cómplice de la dejación del papel social que le ha conferido la sociedad cubana como mandato histórico, político y jurídico, pensando que es imposible encontrar fórmulas realmente participativas como no sean las del modo liberal de organizar la vida política del país.

Ello sería invitar al partido a que se debilitara como representante de lo mejor de la sociedad cubana hoy refrendado jurídicamente, codificado constitucionalmente como una conquista de la cohesión política de la sociedad cubana, frente a los enormes desafíos que tiene por delante.

No tendría el partido la función de proteger la constitución del país, sacaría al partido del mandato martiano de existir “seguro de su razón como el alma visible de Cuba”.

Sería invitar al partido a su liquidación, y con ello a la liquidación de la cohesión política que dejaría paso a los intereses corporativos generados por el mercado y la inevitable presencia del capital internacional.

Al contrario, el partido, hoy más que nunca debe mantener su política de construcción y organización territorial y ramal como formas de asegurarse el contacto con el pueblo, su influencia, su representatividad política, hoy más que nunca es necesario el papel del partido tal cual lo ha configurado la tradición política más importante de la historia contemporánea de Cuba.

A su vez, el partido está obligado a un análisis profundo y desprejuiciado de la experiencia del centralismo democrático, de sus métodos, examinar sus conceptos de la democracia, cambiar en función de las nuevas realidades, prescindir en los órganos y organismos de todo aquel que no esté en capacidad ya de desaprender el ordeno y mando, el verticalismo, el ejercicio desmedido de la autoridad y de quien no quiera aprender y practicar la democracia consciente y responsable. Para generar democracia lo primero es pensar y actuar democráticamente.


Notas


[1] Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad, efectuado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005.

[2] Raúl Castro Ruz, Discurso ante la Asamblea General de la ONU, 28 de septiembre de 2015,

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2015/09/28/texto-integro-del-discurso-de-raul-castro-ante-la-asamblea-general-de-onu-3787.html

[3] Este artículo reza: “Art.4 El partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance de la sociedad comunista”. Ver. Constitución de la República de Cuba,

[4] Idem.

[5] El artículo 1 de la Constitución reza: “Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con tofos y para el bien de todos, como república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”.

[6] “La sociedad socialista se desarrolla bajo fuerzas de regulación integradas en distintas estructuras, indispensables por la necesidad de concertar intereses y objetivos y de canalizar los esfuerzos sociales. Como elemento esencial para asegurar la objetividad y cietificidad de la dirección de los procesos sociales aparece el principio del centralismo democrñatico. Este se ha enunciado a partir de la experiencia de otros países, pero ni en ellos ni aquí ha sido suficientemente analizado, comprendido, sometido a crítica, como tampoco su aplicación y perfeccionamiento. Puede afirmarse que es un campo virgen para la investigación científica.” (Ver Darío L. Machado Rodríguez, “Nuestro Propio Camino. Análisis del proceso de rectificación en Cuba, Editora Política, La Habana, 1993, pp. 149-150).

[7] Darío L. Machado Rodríguez, “La persona y el programa del socialismo en Cuba”, Vadell Hermanos Editores C.A., Caracas, 2010, p. 185.

[8] Un intento de aproximación puede leerse en “La persona y el programa del socialismo en Cuba”, op. Cit. pp. 174-198.

[9] “Tesis y Resoluciones. I Congreso el Partido Comunista de Cuba”, Editado por el Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, La Habana, 1976, pp. 282- 283.

Se han publicado 74 comentarios



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  • Javier dijo:

    En terminos reales, el delegado de la circunscripcion del PP no tiene ningun poder. Es simplemente, un “mensajero” entre la ciudadania y los diversos organismos y empresas del Estado. EL Consejo Popular no tiene autonomia en su presupuesto, no percibe imgresos ni tributos y por ende, no esta en condiciones de financiar ni siquiera el salario de un guardaparques ni la limpieza de la zona. Que clase de poder es ese?La interaccion con la ciudadania no deberia ser en forma de aburridas asambleas donde priman las justificaciones y escasean las soluciones. Para mi, los organos del PP (al igual que los CDR’s) estan defasados con la realidad de la Cuba de hoy.

    • Duda dijo:

      Que se asigne un presupuesto a cada delegado y que sean los electores los que decidan qué proyecto acometer con ese dinero: arreglar la calle, poner alumbrado en la circunscripción, arreglar las aceras, etc. No creo que sea tan difícil establecerlo y acercaría al los delegados la solución de los problemas prioritarios para la comunidad y la gente tendría poder real. Subir los salarios o bajar los precios del agro no están en manos de delegado pero hay cosas que sí.

  • Edilso Reguera dijo:

    La construccion de una sociedad sustentable no sigue reglas tan definidas como las ciencias exactas, pero las ciencias sociales tambien tiene sus reglas. De lo que hemos vivido y construido durante mas de 50 años hay lecciones que debemos aprender y acuatuar en consecuencia:
    1) El igualitarismo ha sido destructivo para el valor del trabajo, para la cultura y el amor al trabajo; socialismo no puede ser equivalente a igualitarismo;
    2) Si hay que separar funciones en el estado y el partido, hay que separar funciones ejecutivas y legislativas (los ministros no deben ser miembros de la Asamablea Nacional del Poder Popular), lo cual no significa contraponer los intereses de unos y otros. Y si hay que cambiar la constitucion que se cambie;
    3) Si no logramos crear riquezas no lograremos nunca construir una sociedad sustentable y aceptada por todos y para todos, y la riqueza solo la crea el trabajo del hombre.

    Hay que correr riesgos y actuar con celeridad para poner el trabajo y desencadenar las fuerzas productivas para crear esa sociedad sustentable, que todos deseamos y necesitamos, con la presencia y participacion de las generaciones que hemos sido protagonistas de esos mas de 50 años.

    • Preocupao dijo:

      De acuerdo. Estoy a favor de la separación de funciones y que si se es miembro de ejecutivo, no se puede ser miebro de legislativo. Sin embrago, yo propondría más:
      Tenemos un parlemanto demasiado grande. Proporcionalmente a la población cubana, creo que es el más grande del mundo. Además, se reúnen un par de veces al año. Me gustaría un parlamento más pequeño, digamos un diputado por municipio, o por dos municipios, o que se elija por cada provincia un número proporcional a su población.
      Además, que los legisladores sean profesionales, o sea, que ese sea su trabajo, y que el parlamento funcione todo el año, y que no delegue en nada ni en nadie esa función. También que sean miembros de esa instancia solo los que se han sometido al voto popular, y se elimine la práctica de hacer diputados a “designados” por organizaciones del tipo que sea.
      En los municipios y provincias, que quede establecido bien claro en leyes, y leyes que de verdad se hagan cumplir, la separación de funciones entre el Partido y el Gobierno. Que el Gobierno se dedique a gobernar su territorio, y que el partido se dedique a la política y a la teoría, en cualquier caso, que no se entrometa en las funciones del gobierno. Que el presiente y vice del Poder Popular, a todos los niveles, tanto municipal, como provincial y nacional, sean elejidos por la población entre los delegados de circunscripción, eliminar la perniciosa práctica de las comisiones de candidaturas y las elecciones de segundo grado.
      Acerca de la necesidad de que los candidatos intercambien con sus electores, que haya debates entre ellos, es algo imprescindible, porque para elegir es totalmente insuficiente un simple papelito con la biografía. Eso no me dice nada. ¿Tiene esa persona criterio propio? ¿Está dispuesta a desafiar jerarquías superiores si cree que es necesario, o que tiene la razón, o simplemente porque conisdera que es lo más apropiado para su terrorio, o es una persona dócil que se somete a una autoridad superior sin chistar? ¿Está bien informada de las necesidades del territorio, y tiene una idea realista y satatisfactoria para sus electores de cómo resolver los problemas? Las respuestas a esas y otras preguntas preguntas creo que son importantes a la hora de decidir por quién votar, y una biografía no me lo dirá. Que los delegados de circunscripción sean investidos de verdadero poder, porque ellos son los más próximos a la población, y por tanto son la primera línea de combate contra los problemas que nos aquejan.
      Que los gobernantes de los territorios rindan cuentas periódicas de manera pública de su gestión, del uso del presupuesto y de la planeación del las acciones por acometer, aprovechando la cobertura de los telecentros, emisoras de radio, y el creciente acceso a las redes de computadoras, sea internet o intranet. Que cada municipio y provincia pueda disponer de parte de los ingresos que genera la actividad económica y los impuestos del territorio.
      Que se haga una profunda revisión de nuestras leyes, y que los tribunales y fiscalía cumplan de verdad con su trabajo, y que hagan cumplir las leyes, para que se erradique de una vez y por todas el atropello de la Constitución. Derechos plasmados de manera clara en ella, a menudo vemos como son alegremente vulnerados y anulados por instancias inferiores. El artículo publicado aquí mismo hace dos dias

      http://www.cubadebate.cu/noticias/2015/11/30/sobre-como-banarse-en-playas-de-cayeria-norte-es-asunto-burocratico-o-monetario/

      es un vivo ejemplo de ello. Incluso, si leemos la sección de Acuse de recibo, de Juventud Rebelde (merdadero Muro de las Lamentaciones criollo vemos el inaudito espectáculo de cómo sentencias firmes de tribunales, incluso del Tribunal Supremo Popular, son olímpicamente desconocidas, y no se hace cumplir al ley por las fuerzas del orden.
      Que se cree una Defensoría del Pueblo, cuyo cometido sea exclusivamente velar por el respeto y cumplimiento de nuestros derechos, y que los funcionarios que sean culpables de excesos, abusos o arbitrariedades, respondan e idemnicen DE SU BOLSILLO a las víctimas de sus acciones. Desde luego, ellos requiere la instauración del derecho de los ciudadanos a entablar pleitos judiciales contra los funcionarios.
      Y un decidido y permanente enfrentamiento a la corrupción, que es el verdadero enemigo de la revolución. A menudo nos enteramos de individuos que desfalcan por cifras millonarias al erario público. Yo me pregunto, ¿se recupera esa cifra? Si por mí fuera, al que se le compruebe delitos como esos, los destino a resarcir las pérdidas que ocasionaron con trabajo productivo.

  • Alexei dijo:

    Excelente ejercicio este artículo. Pena que a juzgar por los comentarios no se de mucho interés para los lectores de CubaDebate. Estoy de acuerdo con algunos cosas y otras prefería pensarlas y discutirlas más. Tengo solo 30 años, no viví el capitalismo en Cuba pero vivo en el país más grande de América Latina y estoy muy enterado de las luces y sombras de la democracia liberal que no es igual modelo económinoco liberal, aunque se dan las manos, lógicamente.

    Profesor, me gustaría intercambiar con usted sobre esos temas. Mi email es: alex6ph@gmail.com

  • franco dijo:

    Buen articulo y comparto algunos temas sensible.Es un articulo difícil de digerir por su contenido filosófico político económico y social.Comparto muchas de las cosas que se dice.Primero el pluri partidismo en el contexto de cuba daría espacio a intenciones de dominación imperiales y neo coloniales .Esto solo se contra resta con un partido verdaderamente democrático.En un dialogo franco y abierto cono se quiere en el articulo..Respetando la diversidad de opiniones que no siempre es así.Sobre todo para la juventud que quiere opinar sobre su situación económica política y social.Es una condición humana en la construcción de la sociedad que se quiere.Hay mucho que por sus interese personales y su nivel de escolaridad se creen dueño de la verdad absoluta.Solo con el RESPETO TRABAJO DURO Y ORGANIZACIÓN ,se podrá lograr un sociedad prospera y que se beneficien todos lo cubanos independientemente de la responsabilidad social que tengan.En cuanto al poder popular y a la función publica del delegado pasa por el prestigio de escuchar y finalmente resolver los problemas materiales y de convivencia para el pueblo.Pero eso pasa por darle autonomía económica.No basta solo con la intención y la sensibilidad que muestre el delegado que al final es el pueblo en un cargo publico.La democratizacion de nuestra sociedad en todo su ámbito también pasa por que en sitios como este se publiquen todas las opiniones.Si de verdad queremos que en esta pagina y en cuba haya la construcción bajo la premisa de un gran cubadebate.

    • Marta Gonzales dijo:

      Donde quiera hay pluripartidismo y no pasa eso que usted dice. Diferencias de opinión, puntos de vista, etc, es lo más normal en este mundo. Tener un solo partido no lo es.

      • vladi dijo:

        Pluliripartidismo en Cuba ,y volver a lo que tanta sangre costo cambiar.El capitalismo ha encontrado en el pluripartidismo su mejor aliado para imponer la dictadura del capital donde cambian partidos ,cambian gobernantes ,pero el sistema persiste.No senora ,plulipartidismo NO.Capitalismo NO. Y q conste ,tengo 35 anos ,naci con la Revolucion vivi el periodo especial y cuanta carencia tiene Cuba ,pero prefiero seguir asi antes que ver mi pais en manos de aquellos que quiren borrar la gloria que se ha vivido.Debatamos ,discrepemos .Dentro de la Revolucion Todo ,fuera de la Revolucion NADA.

      • Tamakun dijo:

        Pluripartidismo significa volver a las campañas electorales, a los pasquines, a las congas, a los mitines y discursos demagogicos, asi era antes de 1959, ¿por qué pensar que va a ser distinto?. Es darle la oportunidad a los enemigos del socialismo, con los recursos mediaticos que el Imperialismo tiene hoy en el mundo, a que hagan retroceder la historia y que pase lo que acaba de pasar en Argentina, que una mayoría, pequeña si pero mayoria al fin, ha elegido a un politico que ha escondido sus verdaderas intenciones y que las mismas van en contra de los propios intereses de una gran parte de los que le dieron su votos, porque ni en Argentina ni en parte alguna puede haber tanta gente en la clase media y alta.

      • clemente Nieves dijo:

        La mayoria de nosotros tenemos una gran confusión y queremos soluciones y respuestas para mejorar nuestra democracia y proponemos en muchos casos el pluripartidismo como vía para buscar una mejor democracia, ya sobre ese asunto el profesor y muchos en este debate han precisado lo errado de esa idea para nuestro pueblo………………… DEBEMOS IDENTIFICAR NUESTRAS LIMITANTES EN ESTE SENTIDO Y EN MI OPINION CUBA TIENE MAS COSAS BUENAS QUE MALAS EN MATERIA DE DEMOCRACIA, PERO DONDE NOS FALTA , QUE ES DONDE LAS PERSONAS SE SIENTEN INSEGURAS PARA DETERMONADOS EJERCICIOS DE LA VIDA Y PERSIBEN ESA SUPUESTA FALTA DE DEMOCRCIA ……………………………ES EN LOS DERECHOS CIVILES, ES AHÍ DONDE DEBEMOS TRABAJAR , PRIMERO LEGISLAR MAS SOBRE DERECHOS CIVILES PARA LAS PERSONAS EN CUBA Y SEGUNDO CREAR MECANISMOS QUE EN LA PRACTICA LE PERMITAN AL CIUDADANO CUBANO EJERCER TODOS SUS DERECHOS , QUE REPITO SON MUCHOS LOS QUE TENEMOS, PERO MUY MAL EN SU INSTRUMENTACION EN LA PRACTICA, LOS SISTEMAS Y MECANISMOS SON VIOLADOS Y, SUSTITUIDOS POR DECISIONES PERSONAS EN CARGOS O FUNCIONARIOS HAN HECHO HOY QUE LE DE MUCHA SEGURIDAD AL CUBANO DE HACER TODO LO QUE ENTIENDA, DESBORDANDO TODO EL POTENCIAL DEL SER HUMANO, DEARROLLANDO Y REPRODUCIENDO LAS FUERZAS PRODUCTIVAS SIEMPRE DENTRO DE LA LEGALIDAD SOCIALISTA……………..no me detendré en ejemplos, pero solo necesitamos hoy crear la base económica fuerte y institucionalizar mas los derechos civiles de cada ciudadano cubano …………….de esa forma el socialismo será eterno en cuba, somos hijos de Fidel, el seguirá uniendo nuestro pueblo.

    • De guatemala dijo:

      Al igual que en lo económico, lo político necesita de una fuerza contraria que le permita todos los dias replantearse el camino y pensar de manera objetiva conforme va pasando la vida y cambiando la sociedad, si no hay contradicción no hay desarrollo, te invito a que revises en todo el cuba debate a ver lo malo que esta el mundo y lo bueno que esta cuba.

      • Ricardo V dijo:

        Guatemala tiene su propia realidad y su devenir histórico. Cuba tiene el suyo propio. Pasamos por dificultades que ningún otro pueblo ha pasado y hemos aprendido muy bien esas lecciones, aunque no todos la hayan asimilado en la misma medida. Usted está sugiriendo que nuestras dificultades son el resultado de no tener más que un solo partido que rige nuestro destino. La democracia en mi opinión es empoderar al pueblo, que éste sea participe en las decisiones que se toman a todos los niveles, con entera libertad de ejercer su criterio, que sea escuchado y tenido en cuenta. Como bien señaló el articulista, los partidos políticos en general responden a un determinado grupo de intereses, y a esos responden, eso no siempre es expresión de verdadera democracia, porque las minorías económicamente pudientes pujan con fuerza para imponer sus intereses colocando sus propios políticos en detrimento de las necesidades de los pueblos, que casi siempre cargan con las carencias de recursos que fueron usurpados por los primeros para su enriquecimiento personal. El desarrollo se puede lograr perfectamente con el dialogo popular a todos los niveles.
        Finalmente creo que Guatemala no es el mejor ejemplo a seguir por Cuba. Ese país carece de muchos avances sociales que Cuba, con su único partido en el poder, alcanzó hace muchos años.

  • Arturo Menéndez dijo:

    Serio, profundo y bien argumentado este análisis. El llamado del autor es importantísimo y tiene cierta urgencia,aunque hay que cuidarse de los apuros incontrolados. Está claro de que el pluripartidismo no es la solución para la democratización, pero lo cierto es que nos falta bastante para una verdadera democracia participativa. Uno de los aspectos de la democratización es la elegibilidad de los cargos, y eso necesariamente conlleva la revisión de la política de cuadros. Hay cambios que se imponen para lograr el verdadero empoderamiento del pueblo. Bienvenida la polémica!

  • Uruguayo dijo:

    Excelente artículo el del Profesor Darío Machado Rodríguez.

    Estos análisis son los que se deben realizar a nivle de toda la sociedad, en los que participen todos sus miembros.

    Uno de los grandes retos que tiene el VII Congresos del PCC se ubica especialmente en el frente político ideológico, también en lo económico, pero en lo primero hay que reprogramar lo que hoy se hace y establcer una doctrina política ideológica de la Revolución actual y futura, que agrupe, no separe, que identifique, no ignore, que ayude a construir una sociedad mucho más eficiente, amplia, participativa y democrática.

    Adolecen nuestros mecanismos de Gobierno del exceso de centralismo. La población ha reclamado durante años que las sesiones de la ANPP se transmitan en vivo, mientras estén funcionando sus comisiones, por la TV Nacional, para que la población conozca de primera mano, no a través de un resumen de prensa estructura y con muy poca información, lo que se analizó en nombre de los electores, por los diputados.

    Otro elemento elemento a tener en cuenta sobre funcionamiento de la ANPP es que debe sesionar con mayor frecuencia, porque nuestra Asamblea se reune solo dos veces al año, y el país necesita que este órgano legislativo trabaje, con celeridad y presición, durante todo el año. No es posible que los diputados tomen como acuerdo aprobar una Ley que le revisaron unas horas antes. Estos son elementos, creo, deben ser revisados, y adaptarlos a la vida real, que va a una velocidad tremenda, no solo en nuestro país, en cualquier parte del mundo.

    Nuestro pueblo requiere ser escuchado, que su criterios y opiniones, sobre cualquyier tema se tomen en cuenta por los que deciden los procesos en todos los ámbitos de la sociedad, la economía, la cultura, la educación, las instituciones. La inteligencia colectiva es insustituible y muchas veces, muchas pero muchas veces, escuchamos como los que dirigen a todos los niveles desaprueban opiniones de la población que incluso son derechos constitucionales.

    Tenemos el ejemplo más reciente, fue el que surgió a partir de la última feria de la Habana se le concedió licencia exclusiva para invertir en Zona Franca del Mariel a seis firmas extranjeras, decisión que no está prevista en la Ley de Inversión Extranjera aprobada no hace mucho tiempo. Se promulgan las leyes y se inclumplen por los que deben hacer cumplir. No es posible avanzar de esa manera, el país no puede ser anárquico en esto.

    Otro asunto que se debe tener en cuenta es el de rescatar la figura del CIUDADANO, este término tan maltratado en nuestro país, por encima del cual han pasado cargos administrativos.

    La Constitución hay que reformarla, hay que adaptarla a los nuevos tiempos, a lo que es hoy el país a a lo que queremos ser en un futuro inmediato y a largo plazo. Pero esa Constitución, sus preceptos, su importancia y significado, el valor de ser CIUDADANO, hay que rescatarlo, y una manera de hacerlo es iniciar su enseñanza desde los primeros años de la educación de nuestros hijos e hijas.

    Hay que institucionalizar el país, pero hay que hacerlo sobre bases realmente lógicas y sólidas, para que todos acatemos lo que la Ley promulga y exige, sin diferenciaciones como lamentablemente vemos.

  • Jose dijo:

    MUY BUEN ARTICULO! Da para pensar detenidamente. Gracias.

  • DON dijo:

    La existencia del Partido y su función en la Sociedad, refrendada en la Constitución, no representa peligro alguno ni obstáculo para la democracia, y sí, por el contrario, constituye un elemento de cohesión imprescindible. Ahora bien, debe analizarse detenidamente la medida en que, en algunos aspectos prácticos, los dirigentes del Partido obstaculizan el desarrollo y la función de los dirigentes del Poder Popular. La percepción, no siempre errónea, de que el Poder Popular no gobierna en realidad y de que las decisiones se toman en el Partido (en los niveles locales digo), no solo está en un segmento de la población sino también en muchos dirigentes del Poder Popular. Por ejemplo, si una Asamblea Municipal aprueba en el presupuesto del año la utilización de determinados recursos para reparar determinadas calles del municipio, y luego ocurre que por decisiones tomadas en la dirección del Partido se destinan esos recursos para zonas y calles que no fueron las aprobadas por los delegados, y encima sin siquiera consultarlos, ¿no representa eso una torpeza evitable que deteriora la imagen del Poder Popular ante los propios delegados? He escuchado a un Presidente municipal del poder popular quejarse por algo tan aparentemente intrascendente como que no se le asignara la tarea del discurso inaugural del curso escolar y las palabras las pronunciara el Primer Secretario del PCC municipal. Vivo en una provincia en la que en años recientes un Primer Secretario del PCC provincial impulsó de manera totalmente fuera de lo común el desarrollo territorial en prácticamente todas las ramas de la economía y la sociedad. Se constituyó en un verdadero fenómeno de masas, en un orgullo del que presumimos ante los visitantes de todo el país. La pregunta es ¿y no sería más adecuado buscar la manera de que esos cambios se generen y se conduzcan desde el Poder Popular? Cuando un fenómeno como ese ocurre (Expósito, Tapia, Sierra, Lazo, Díaz Canel) ciertamente se produce un desarrollo y un impulso indiscutible asociado a la personalidad y al Partido mismo, pero en mi criterio personal y respetuoso, a costa del debilitamiento del Poder Popular, y lo digo desde mi experiencia como Delegado provincial y municipal.
    Por otra parte, creo que hay muchas maneras de fortalecer la democracia sin cambiar ni desnaturalizar la estructura, entre las que ahora mismo y sin pensar mucho puedo mencionar las siguientes: fortalecer y dar más peso y seguimiento mediático al paso de los plenos de las organizaciones de masas proponiendo a los precandidatos en las elecciones generales, instituir un solo proceso de rendición de cuentas en el año, implementar un mecanismo más eficiente para el tratamiento a los planteamientos que el actual acuerdo 6560, aspecto en el cual defiendo la idea de la institución del Defensor del Pueblo adaptada a nuestra realidad, implementar la justicia constitucional, ya sea con un Tribunal especial o como salas en los tribunales actuales, ampliar el papel de la Fiscalía en su departamento de protección a derechos ciudadanos no solo a la forma, sino también al conocimiento del fondo del asunto, entre otros muchos que estoy seguro que el pueblo puede proponer, y especialmente los estudiosos del derecho constitucional que tienen investigadas numerosas e interesantes propuestas.

  • Orlando Aguilera dijo:

    Comparto el criterio de Edilson Reguera, en especial su señalamiento numero 1 sobre el igualitarismo que en mi opinión es uno de los principales problemas, para no decir el 1ro que tiene Cuba

  • Miguel Castro dijo:

    Artículo profundo, valiente y atemperado que motiva a la reflexión pues el tema abordado es un imperativo para el futuro inmediato de nuestra nación. Deben abrirse espacios para promover el conocimiento, el dialogo y análisis sobre este tema que concierne a toda nuestra sociedad.
    Gracias Dr. Machado por su artículo.

  • wifi dijo:

    Solo con la libertad economica y decentralisada prosperan los pueblos,el centralismo es sinonimo de amarre economico. saludos para cubadebate.

  • Robert dijo:

    Hola quisiera saber si el proximo congreso del PCC ,se tocara algun tema relacionado con una reforma de la constitucion de la Republica, particularme estaria de acuerdo en modificar muchos articulos, o ese tema le compete a nuestra asamblea nacional del poder popular,cuando alguien presente un proyecto de reforma.

    • carloscrespo dijo:

      Robert, creo que para poder tener una demoscracia y demostrale el mundo que somos capaces, no debe ser solo competencia de la asamblea si no todos el pueblo cubano.

  • De guatemala dijo:

    Esta bien determinado por leyes filosóficas que las contradicciones generan desarrollo, pero es muy dificil ver a alguien en contradicción cuando se toma una decisión importante, como es posiible que todos pensemos igual y no se expresen criterios diferentes a lo que siempre ha sido, la vida es dinamica y ya los años 50 y 60 pasaron, hoy la realidad es otra, yo creo que lo que mas daño hace es realmente el pensamiento común y los llamados marcos apropiados que al final nunca son apropiados para cuando se expresa una idea diferente, pero bueno ese es mi criterio, me disculpo con los que no piensan igual como seguramente expresaran ahora. saludos

  • yosjan dijo:

    Es mi criterio el hecho de que sí se necesita el pluripartidismo, como también se necesita que todo el país eliga directamente al presidente. Si algo entiendo que ha marchado siempre mal es el sistema electoral que tenemos los cubanos. ¿Por qué se le teme al pluripartidismo si se dice siempre que se confía en el pueblo cubano? ¿Por qué se teme en otro sistema electoral si se alegan los mismos motivos? A veces parece que no se confía de verdad en el pueblo. O es que acaso el pueblo no tiene su derecho legítimo a querer probar otras vías, otros partidos, otros dirigentes. Cuando el verdadero poder del pueblo esté imperante en el territorio nacional comentarios como este mio no tendrán sentido, pero falta mucho para ello. De los referendos estoy muy de acuerdo, necesitamos más. De desligar los ministros a la Asamblea Nacional estoy totalmente de acuerdo. Según entendía era el Poder Popular el encargado de dirigir en el país, entendí en el artículo que no es así, y por eso lo cuestiono, no apoyo a ningún partido que dirija la nación, el Estado si debe estar desligado del partido. Y nuestra AN debe ser más independiente, verdaderamente independiente del Partido. No como ahora, que solo contamos con la UNANIMIDAD, cuando todos sabemos el daño que esto nos ha hecho. Saludos.

  • er dijo:

    Buen artículo, aunque podía ver abordado más sobre el tema de la democracia. Yo en lo personal pienso igual que usted, necesitamos una nueva Constitución, al igual que una nueva Ley Electoral, porque la que tenemos no me parece que sea democrática; eso de tú eliges, ese elige al otro y el otro al otro no me convence. Ni hablar del famoso 50% o de la unanimidad. Pero felicidades por atreverse a escribir sobre un tema tan escambroso.

  • carloscrespo dijo:

    Desde que leo este sitio digital es la primera ves que tengo el gusto de leer un articulo tan profundo en sus contenido, felicito al autor.
    De que debemos cambiar la constitución SI, hay que cambiarla, PERO OJO, la participación del pueblo en su elaboración yla discución es primordial , en todos los niveles antes de su aprobación y que no sea aprobada en asamblea dep Poder popular, que sea probada por el pueblo en un plebicito. a esto es lo que yo llamaría demoscracia. donde todos somos responsable de la constitución nacional y de la construcción de nuestro sistemas, que no sea como siempre que se aprueba y despues el pueblo obligadoa cumplir.
    Sobre la demosracia participativa hay mucho de que hablar, Se habla mucho de nuestro sistema electoral, el cual nuestro pueblo solo tiene derecho en votar en la base, no a nivel municipal, ni provincial, ni nacional, creo que el pueblo es el que tiene que tener el poder de decir y elegir al dirigente que de verdad pueda resolver los problemas, que son muchos y los delegados no tienen ese poder, porque un director tiene mas poder directivo que el, o un jefe de zona o una representante de un organismo.
    Creo que el cambio es evidente, necesario y urgente, y no solo en la constitución y reglas, si no en la forma de pensar de muchos dirigentes, hoy en dia no somos los mismo que nacimos con la revolución y tuvimos la suerte de vivir todo el inicio de este sistemas.
    La juventud de hoy quiere otras cosas, tienen otros objetivos que alcanzar, otras metas y nuestro trabajo es hacer que lo logren sin perder la historia de nuestro pais.
    Es penoso tambien que muchos jovenes terminan el tiempo en la UJC, y no quieren entrar en el PCC, es un problemas serios y pienso que no es por problemas idelogico o que no quieren a su patria o estan en contra de nuestro procesos, creo que no estan de acuerdo con muchas forma en que se dirige, en las necesidades que existen y que este organo no se lo va a resolver, pero ademas el ejemplo de que muchos dirigentes o funcionarios, militantes del partido. Creo en la ejemplaridad y por eso digo, que mucho se ha perdido y es hora de cambiar para que estos jovenes vuelvan a confiar en el PCC.
    Debemos tambier seguir elimindando tantas prohibiciones que tiene el cubano, por la razon que esto es lo que traba a los procesos economicos que hoy en dia queremos implentar y que el pueblo entero está de acuerdo. Tenemos que saber que se debe y no se debe hacer, pero todo discutido con el pueblo en asamblea, en reuniones tanto en los CDR, centros de trabajos, en las esquinas en todo, Estamos dispuesto a seguir construyendo un solcialismo prospero y sostenibles y no solo dando tareas a las masa si no, dandoles participacion en la desiciones y que no sean como las famosos presupeusto en las empresa que se lleva a la masa para su aprobación y aunque el 80 % este en desacuerdo se impones, asi no se hace demoscracias y hace que ese trabajador trabaje si nungun estimulos, que trabaje por algo que el no esta de acuerdo y esto solo consigue, mala produciones, el no cumplimiento con el plan emitido por las empresas y organismo.
    Estaría escribiendo sin para, pero este sitio tiene un espacio y no quiero ser tan extenso, disuculpen cualquiera error, y sin ofender o criticar a nadie solo digo mi criterio y oponión
    muchas gracias

  • carloscrespo dijo:

    Este Articulos esta para ser debatido en las masa, recoger los criterios y asi todos los involucrados, como el PCC, ANPP, EL gobierno tenga en sus manos el criterio y opinion de todo el pueblo para poder seguir adelante, saber que tenemos que cambiar no solo estos organismo, si no tambien nosotros como pueblo.

  • Lennon dijo:

    Muy buen escrito,interesante y educacional

    Tiene mucho para repartir a intelectuales,pero para una persona simple( como yo),entiende solo lo siguiente

    La politica es complicada y es un freno cuando domina cada aspecto de la economia de un Pais

    Al Cubano,trabajador y simple no le interesa cuantos Partidos politicos existen fuera o dentro del Pais donde nacio

    A ese cubano, lo que le molesta es la falta de ideas y planes economicos.
    Le molesta que todo sea centralizado y que para todo deseo de formar una pequeña empresa o negocio,se encuentra con miles de obstaculos en vez de la ayuda de las instituciones del Pais al que contribuye.

    El Pueblo sabe por quien elegir a la hora de ejercer el voto,,,,pero ese Pueblo quiere escuchar algo mas que consignas y discurso de esos candidatos,

    El Pueblo quiere escuchar de planes economicos,de visitas al exterior en busca de inversiones en proyectos locales que ayudaran a todos

    Hace poco Taladrid explicaba de la falta de comunicacion,,,,,y muchos se preguntan,Cual comunicacion ? todos nos enteramos de nuevas leyes cuando estas ya son aprobadas,nunca se explica a tiempo en que leyes se esta trabajando y mucho menos se elevan a votacion popular

    En fin,,,,,se puede dar mucha labia como dicen en la calle,,,,,ya son medio siglo y no se ve en el horizonte a personas que tengan mucha vision economica para crear riquezas que ayuden a muchos y no a un pequeño grupo.

    Saludos.

  • paralelo109 dijo:

    hola

    cuando se es juez y parte, avanzamos si, pero hacia atras. la constitucion hay que revisarla, la cuba de hoy no es la de 1976. el sociolismo de conjunto con la no liberacion de las fuerzas productivas nos llevara sin dudas al borde del abismo, pienso que aun estamos a tiempo de atajar tal descalabro.

    saludos cordiales

  • ortografía dijo:

    De Guatemala, estoy plenamente de acuerdo contigo, tanto en lo económico como en lo político, se hace necesaria la competencia.

Se han publicado 74 comentarios



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Darío Machado Rodríguez

Darío Machado Rodríguez

Licenciado en Ciencias Políticas y Doctor en Ciencias Filosóficas. Preside la Cátedra de Periodismo de Investigación y es vicepresidente de la cátedra de Comunicación y Sociedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

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