Acerca de la democracia, la Constitución y el poder de cara al VII Congreso del PCC
El conjunto de las medidas de corte económico que están aplicándose en la sociedad cubana como resultado de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, reclaman que más temprano que tarde se introduzcan cambios en la Constitución de la República como parte del proceso de articulación de las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa e ideológica política. Es conocido que en ello se está trabajando, aunque no hay detalles respecto a la metodología que se está siguiendo al respecto ni sobre cuáles instituciones y personas están participando.
Es un paso en extremo importante y requerido del mayor cuidado para evitar que desde la superestructura política se adopten marcos referenciales que permitan un desarrollo descontrolado de las relaciones mercantiles. De ocurrir eso terminaría afectándose el sentido socialista de la construcción social desde la propia institucionalidad.
Es un tema imposible de abarcar en el espacio de un texto breve como el que presento ahora al lector, por lo que solamente haré una aproximación a ciertas claves que considero fundamentales y sobre las que he escuchado distintos criterios como parte de los debates en curso hoy en la sociedad cubana en espacios académicos y culturales.
Sobre la democracia
Democracia en esencia es participación, participación real de la ciudadanía. Suponer que el único modo de alcanzar la democracia es a través de la existencia de partidos políticos que se disputan el poder, significa multiplicar, santificar, la representatividad política en detrimento de la participación popular real, con el peligro adicional en el caso cubano de facilitar la operatividad de los intereses hegemónicos de los poderes nortecéntricos, en particular los que anidan en el Estado norteamericano, ya que es elemental que alrededor del pluripartidismo se agruparán intereses corporativos exclusivos y excluyentes que no tendrán vocación de articular acciones a favor de la sociedad en su conjunto, dado que si la tuvieran no se agruparían en organizaciones políticas separadas, sino que tendrían la vocación de compartir el poder con todo el pueblo sin reclamar banderías representativas específicas.
El poder económico y político de las trasnacionales y de los estados del primer mundo que las arropan y representan políticamente, no tardarían en desarrollar tácticas de influencia en todos los órdenes, en particular a través de los medios de comunicación tradicionales y digitales, apoyándose en esas organizaciones que se auto-reconocerán como representantes de los intereses corporativos para los cuales habrían sido creadas.
Siempre he sostenido y sostengo que no es condición para orientar la sociedad con un rumbo socialista, y dentro de este el desarrollo de amplias prácticas democráticas para toda la ciudadanía, que exista una única organización política en la sociedad, como tampoco que tengan que existir varias…
Si la existencia de múltiples partidos fuera garantía de libertad y democracia, este mundo donde predomina el pluripartidismo sería el paraíso terrenal. Pero todos sabemos que no es así.
El capital ha vaciado y viciado los principios declarados por el liberalismo originario demostrando así que el modo de producción capitalista es incapaz de realizar los ideales fundadores proclamados de libertad, igualdad y fraternidad, algo que paradójicamente solo podrá lograr un sistema social negador radicalmente del capitalismo y del liberalismo, lo que no significa negar todos sus valores, sino darles contenido humanista, realizar y enriquecer los más nobles y desarrollar nuevos.
Es muy importante derrotar al neoliberalismo, pero no justificar con ello el liberalismo.
En efecto, hay una tendencia dentro de lo que se considera por muchos en general “izquierda” a rechazar las políticas y prácticas neoliberales, posición sin discusión unificadora, pero la idea de que podrá regresarse en este mundo a un capitalismo no neoliberal como solución a los grandes males que aquejan a la humanidad no pasa de ser una pretensión ilusoria, por más que hoy lo urgente es evitar la catástrofe neoliberal.
Las diferencias sociales, en particular las clasistas, consustanciales al sistema mercantil capitalista y al modo de vida que se desarrolla desde sus estructuras y relaciones sociales, la lógica capitalista del desarrollo desigual generan contradicciones políticas e intereses encontrados que tienen desiguales posibilidades y libertades de expresión.
Aquellas que no cuestionan el sistema tienen más amplias posibilidades y libertades, las que lo cuestionan están restringidas y eso solo mientras no amenazan los intereses fundamentales del capital, ya que cuando eso ocurre funcionan primero todos los mecanismos de la legalidad que genera para su protección el propio sistema y finalmente la represión abierta o encubierta.
Por otra parte, la sociedad capitalista obligada a crecer para existir y generadora del afán de lucro, de la competencia por la ganancia no podrá sino tender nuevamente reproducir las tendencias neoliberales.
Basta un vistazo a la realidad del mundo de hoy para reconocer eso.
Quien vivió la experiencia de lo que fue para Cuba el liberalismo dependiente y hoy aboga por el pluripartidismo en función de “lograr la plena democracia” es alguien con la memoria muy deteriorada o que nunca entendió la historia de Cuba, ni la urgencia de una verdadera revolución, ni compartió los fundamentos de la necesaria unidad nacional para alcanzar los objetivos de justicia social.
Un modo liberal de organizar las estructuras y actividad políticas del país suponiendo que con ello se alcanzará el ideal de la democracia, en condiciones como las actuales de un incremento de las relaciones mercantiles, pondría en peligro inminente al ideal socialista, al abrir paso a esos intereses corporativos y al capitalismo internacional. Los procesos políticos, especialmente los electorales, se viciarán cuando el dinero encuentre las formas para confundir y comprar voluntades y envilecer el voto ciudadano. Sería facilitar por ley, lo que en más de medio siglo el capitalismo no ha podido recuperar en Cuba por la fuerza.
Es muy importante tener presente lo expresado por el compañero Fidel el 17 de noviembre de 2005 en la Universidad de La Habana:
Yo decía que éramos cada vez más revolucionarios y es por algo, porque cada vez conocemos mejor al imperio, cada vez conocemos mejor de lo que son capaces y antes éramos escépticos incluso frente a algunas cosas, nos parecían imposible.
Habían engañado al mundo. Cuando surgieron los medios masivos se apoderaron de las mentes y gobernaban no solo a base de mentiras, sino de reflejos condicionados. No es lo mismo una mentira que un reflejo condicionado: la mentira afecta el conocimiento; el reflejo condicionado afecta la capacidad de pensar. Y no es lo mismo estar desinformado que haber perdido la capacidad de pensar, porque ya te crearon reflejos: “Esto es malo, esto es malo; el socialismo es malo, el socialismo es malo”, y todos los ignorantes y todos los pobres y todos los explotados diciendo: “El socialismo es malo.” “El comunismo es malo”, y todos los pobres, todos los explotados y todos los analfabetos repitiendo: “El comunismo es malo.”
“Cuba es mala, Cuba es mala”, lo dijo el imperio, lo dijo en Ginebra, lo dijo en veinte lugares, y vienen todos los explotados de este mundo, todos los analfabetos y todos los que no reciben atención médica, ni educación, ni tienen garantizado empleo, no tienen garantizado nada: “La Revolución Cubana es mala, la Revolución Cubana es mala.” “Oiga, que la Revolución Cubana hizo esto y esto.” “Oiga, que no hay un analfabeto.” “Oiga, que la mortalidad infantil es esta.” “Oiga, que todo el mundo sabe leer y escribir.” “Oiga, que no puede haber libertad si no hay cultura.” “Oiga, no puede haber elección.[1]
Igualmente vale recordar lo que dijo recientemente Raúl en la ONU:
Los sistemas electorales y los partidos tradicionales, que dependen del dinero y la publicidad, son cada vez más ajenos y distantes de las aspiraciones de sus pueblos.[2]
Garantizar el pluralismo político, el derecho de los ciudadanos a tener su propia opinión, sea esta cual sea, y a ser escuchado en libertad implica, en primer lugar, transparencia informativa en los marcos que establece la ley. Esta transparencia debe ser entendida no solo como la capacidad de dar espacio en los medios a esa diversidad de opiniones, sino también mantener debidamente informada a la ciudadanía acerca de las realidades del país.
La agenda pública debe pautar la agenda mediática, a la par que la agenda política en la sociedad socialista cubana debe identificarse con los intereses de la ciudadanía, propiciar su derecho y ejercer su influencia política en el terreno de la diversidad de opiniones consustanciales a la realidad del pluralismo político.
Ese diálogo es precisamente un elemento importante de la democracia, junto con la democracia del pan, del trabajo, de la vivienda de la educación, de la salud, de la protección de la niñez y de la tercera edad, de la seguridad social, de la independencia y la soberanía nacional.
El reconocimiento por el Estado de la diversidad de opiniones, del conflicto y de la multiplicidad de intereses y de su derecho a la visibilidad pública dentro del marco establecido por la ley es aún una asignatura pendiente en Cuba y asunto a resolver para alcanzar toda la democracia posible.
El poder popular
Si algo fue creativo, no exento de errores como suele ocurrir con cualquier obra y pensamiento humanos, fue el modo en el que se organizó en la década del 70 el poder popular en Cuba.
Es cierto que, al igual que en los países socialistas, particularmente en la URSS, cuyas experiencias fueron revisadas y no pocas copiadas en el terreno económico y organizativo, se incluyó en nuestra Constitución un artículo que establece la condición de fuerza dirigente superior de la sociedad cubana al Partido Comunista de Cuba.[3]
Pero el significado, la virtualidad y la práctica de esta premisa constitucional más allá de su origen, del momento en que se adoptó, tuvieron como todavía tienen en la sociedad cubana una significación propia que no dependió del hecho de haberse incluido en 1976 en la Constitución refrendada por el voto abrumadoramente mayoritario de la sociedad cubana, sino que fue consecuencia ante todo del prestigio ganado por el PCC, de sus dirigentes, cuadros y militantes.
El abrumadoramente mayoritario Sí a la Constitución de 1976 fue un voto de aceptación por las mayorías ciudadanas del papel dirigente del partido, pero también tiene una raíz histórica que nos viene del legado martiano, que si bien al fundar el Partido Revolucionario Cubano no postuló, ni mucho menos, que tenía que ser el único, si lo calificó así: “El partido existe, seguro de su razón, como el alma visible de Cuba”.[4]
Ese partido, creado para asegurar la cohesión de los cubanos alrededor del ideal independentista, patriótico e internacionalista, existía “seguro de su razón como el alma visible de Cuba” de la sociedad cubana, de los cubanos.
Su razón era la sociedad misma, el partido como “alma visible de Cuba”. Nada más alto política y éticamente en Cuba. En consecuencia, el alma de la nación, que no es la de nadie en particular, debe visibilizarse en el partido, y solo puede comprenderse y validarse, racional y legítimamente a través del consenso que nutre y constituye la política que traza el partido.
La cohesión de la sociedad es imprescindible, y el partido y la ideología revolucionaria que pauta su comportamiento deben estar en plena identificación con “el alma visible de Cuba” que solo puede identificarse en el consenso.
Eso implica también un diálogo fluido, permanente y abierto en el que, como expresara Fidel, el revolucionario debe no solo persuadir, sino dejarse persuadir por el pueblo.
Había entonces importantes condicionantes históricas y políticas para codificar como razón jurídica el papel del partido en la sociedad cubana, no como única fuerza dirigente, sino como la principal, la superior. Ese papel de fuerza dirigente con la responsabilidad de cohesionar y direccionar la actividad social en general, no le corresponde ni puede corresponderle a la Constitución cuyo papel es el de ser la ley de leyes, la ley primera de la república, arbitrar en la máxima instancia legal de la sociedad los comportamientos de individuos, grupos, instituciones, organizaciones, es decir, los de todos los actores sociales, incluyendo naturalmente al partido.
Prescindir de esa función jurídicamente respaldada de coordinar y direccionar los esfuerzos de toda la sociedad, sería letal en las condiciones actuales y futuras de Cuba, de su contexto regional y mundial. Sería caer en la ingenuidad de pensar que los intereses de la sociedad cubana en su conjunto no están amenazados por el hegemonismo del neoliberalismo y de los poderes nortecéntricos que lo respaldan.
La tendencia deber ser en lo adelante la de empoderar de modo creciente al pueblo, asegurar una mayor y más amplia participación en los procesos políticos. El empoderamiento de la sociedad en sus diferentes ámbitos y planos es una tarea política fundamental para un sólido anclaje del socialismo cubano.
No se necesitan en las condiciones de Cuba más partidos, sino más democracia participativa, para transferir cada vez mayor poder a la sociedad reduciendo gradual y convenientemente las funciones del Estado y consolidando la identificación del partido con la sociedad. Ese proceso no puede ser espontáneo y la entidad que puede embanderarlo en nuestra sociedad es el Partido.
El Partido Comunista de Cuba, que nació del proceso de unidad política de la nación cubana después del triunfo de la revolución, pero abonado desde la etapa de lucha revolucionaria y como consecuencia lógica e histórica de esta, recibió del pueblo que aprobó la Constitución de 1976 esa condición jurídica, lo que significa que se debe a esa Constitución, que su primer deber es garantizar su realización práctica. En modo alguno significa que el partido está por encima de la ley, sino que es el primer garante del cumplimiento de lo establecido en la Ley de Leyes, lo cual incluye natural y elementalmente a sus militantes y cuadros, ciudadanos del país.
Las vías y modos de expresión de la libertad política[5], del pluralismo político y del pluralismo en general, en el marco que establece la ley y finalmente quede establecido en la reforma constitucional, deben estar pautados por una ley de comunicación o ley de prensa, o cualquier otra denominación propicia y su correspondiente reglamento de manera que se asegure en ese plano toda la democracia posible.
La reforma constitucional en ciernes no es homologable por sus características, magnitud y trascendencia a las anteriores reformas y requerirá de un amplio y exhaustivo proceso de debate social que debe hacerse sin pausa, pero sin prisa, ya que en ello se juega el destino del país y es obvio que no alcanzaría el grado necesario de legitimación si no se aprueba mediante referendo.
En consecuencia, cada una de las transformaciones que se propongan debe ser objeto de un profundo debate en el que sean ampliamente desmenuzados los porqué, los posibles efectos directos y secundarios, las principales contenidos de las reglamentaciones que sean eventualmente necesarias, diálogo en el que se ofrezca a la sociedad toda la información y valoraciones que permitan al ciudadano después ejercer con plena conciencia su voto en el referendo.
A los medios de comunicación social corresponderá la misión de servir de referencia social de los criterios que representen el espectro integral de los puntos de vista de la sociedad acerca de los cambios que se propongan. De una u otra manera, todos los espacios informativos y de análisis tendrán que jugar un importante papel en este proceso.
Es que se trata de atemperar la institucionalidad jurídica de la sociedad cubana a los importantes cambios que ya están teniendo lugar en el terreno socioeconómico, así como de pautar constitucionalmente sus alcances y límites, tanto en lo económico como en lo organizativo y lo político.
Y este proceso es más complejo, porque tendrá lugar en un momento en el que en la sociedad cubana hay numerosos criterios respecto del funcionamiento del Poder Popular y se ha registrado una menor participación en los procesos electorales, que si bien sigue siendo muy alta puede estar revelando desgano o apatía, al no sentir esa parte del electorado que no ejerce el voto o lo ejerce negligentemente mediante la boleta en blanco o la anulación, desinterés y desconexión con las estructuras estatales que se renuevan.
Los principios que fundamentan el Poder Popular en Cuba deben mantener su vigencia: la unidad de poderes del Estado, la postulación por el pueblo, la ausencia de privilegios y la no remuneración especial para delegados y diputados, la rendición de cuentas, la revocación, la prohibición de propaganda electoral, etc., pero es fundamental reconocer que el propio Poder Popular en su funcionamiento ha perdido también presencia política y fuerza representativa real entre la ciudadanía. No ha logrado actualizar aspectos esenciales de su funcionamiento en lo tocante a su capacidad movilizadora del electorado, los cambios y los experimentos no han penetrado la esencia de estos problemas, sino que se han dirigido más bien a elementos estructurales y procedimentales, que son válidos, pero no suficientes en lo tocante a la participación.
Los cambios en la construcción, renovación y funcionamiento del Poder Popular tendrán que ser el resultado de diálogos fluidos y amplios con la ciudadanía, pero cabe apuntar algunos temas que podrían ser eventualmente objeto de atención con la finalidad de elevar el papel y la representatividad de los órganos, organismos, delegados y diputados del Poder Popular y ampliar la participación democrática de la población.
Algunas propuestas para el debate
Una vía para ampliar la democracia participativa es la de organizar consultas populares para los diferentes temas que analiza el Poder Popular en los diferentes niveles, así como establecer la práctica del presupuesto participativo dentro de la línea maestra de descentralización del presupuesto. Tales prácticas serían pasos fundamentales para empoderar directamente a la ciudadanía, sin restar importancia a sus representantes elegidos, sino fortaleciéndola.
Emplear con racionalidad, pero cada vez que sea aconsejable, el referendo comunitario, zonal, municipal, provincial o nacional sobre los temas que atañen a los territorios y al país.
Otro modo de ampliar la democracia participativa puede serlo el de promover que desde diferentes sectores del país, centros de producción, de estudio, de investigación, hospitales, organizaciones profesionales, etc. se produzcan propuestas a presentar en las comisiones de candidatura para delegados a las asambleas provinciales y diputados a la Asamblea Nacional.
También que las candidaturas resultantes para estas asambleas sometan a la votación del electorado a un número mayor de candidatos para elegir el cupo correspondiente.
Otra variante es la de ampliar los debates de los candidatos entre los electores de manera que se enriquezca la visión que ofrecen las breves biografías que se publican.
Las rendiciones de cuenta -un pilar fundamental de la democracia participativa- pueden ser menos frecuentes (por ejemplo una vez al año) y ser más eficientes, mejor organizadas y preparadas, con participación de los representantes de las entidades que han sido interpelados por los representantes del Poder Popular y que respondan directamente ante los electores, y deben servir no solo para tratar asuntos de interés estrictamente local, sino también territorial, nacional e incluso internacional, ya que los asuntos del país son todos de la incumbencia del Poder Popular y por tanto de sus bases ciudadanas.
Podrían también mejorarse las condiciones para la labor política del delegado, por ejemplo facilitándole que trabaje a medio tiempo o que dedique todo su tiempo a su tarea política si lo requiere para sus funciones. Ello le permitiría un mayor y mejor acercamiento a la cotidianidad del electorado que representa.
Desarrollar una mayor presencia mediática de las experiencias del Poder Popular, las positivas y las negativas, del papel de los electores y sus representantes en ellas, de modo que se enriquezcan los conocimientos de la ciudadanía y con ello su capacidad participativa.
Solo he apuntado algunos elementos que considero pueden ser discutidos y a manera de ejemplo acerca de aspectos que pueden ser mejorados.
El Partido y el Estado
La separación de funciones del Partido y del Estado en modo alguno puede verse como absoluta, simplemente porque los propósitos sociales de ambas instituciones en el socialismo cubano son y deben seguir siendo la justicia social y el bienestar de la sociedad en su conjunto.
Del mismo modo que el Estado no debe verse separado del pueblo y el Partido no debe verse separado del pueblo, el Partido y el Estado no deben verse separados entre sí, lo que no obsta para diferenciar funciones que son específicas de la esencia del papel social de cada expresión política de la república unitaria y democrática cubana.
Sí debe analizarse que su carácter de fuerza rectora superior de la sociedad cubana debe estar también reglamentado, como ocurre con cualquier otro postulado constitucional, una reglamentación que precise el modo en el que se ejerce esa condición en los diferentes ámbitos y niveles en el que se organiza el Partido. Eso falta.
No hay democracia perfecta ni paradigma alguno para construir la democracia socialista cubana
Un principio fundamental es que no se puede sacrificar la democracia verdadera en el altar del liberalismo. Eso ya lo hizo el capitalismo y vemos las consecuencias.
Del mismo modo que el pluripartidismo no es condición sine qua non de la democracia, el hecho de tener un solo partido no significa que esta se practique realmente.
Pero sean cuales fueren las decisiones que se adopten en materia de construcción democrática, lo primero es que sean auténticas en el sentido de constituir conclusiones a partir de nuestra propia realidad.
Ya hemos tenido en Cuba la experiencia de copiar mal lo bueno y bien lo malo, no será ahora que tomemos como modelo las experiencias de otros países donde determinadas medidas, métodos, caminos, han resultado viables (mucho menos las de países capitalistas desarrollados) como si fueran soluciones que necesariamente nos vendrán bien a nosotros.
Es importante -creo que decisivo para el futuro socialista- no adoptar ninguna medida en el orden jurídico y político que signifique un retroceso en relación con lo que ya hemos alcanzado en la experiencia cubana. Por más que experiencias como por ejemplo la vietnamita o la venezolana han resultado ser importantes y válidas en sus respectivas realidades y que sea oportuno y beneficioso conocerlas y estudiarlas, ello no debe ser adoptado como lo que hay que hacer en Cuba.
Un papel importante lo juegan también las tradiciones. La tradición de ejercicio democrático, más amplia, más participativa y más sostenida en el tiempo en nuestro país, la tiene hoy la historia del devenir socialista de la sociedad cubana.
El flaco y nada realmente participativo ejercicio democrático liberal en los 56 años entre 1902 y 1958, iniciado con la coyunda de la Enmienda Platt e interrumpido en dos ocasiones por las dictaduras de Machado y de Batista, no sembraron una tradición en la sociedad cubana medianamente comparable con la lograda por el ejercicio democrático de la revolución socialista.
Lo primero y factor determinante para una participación consciente de la ciudadanía es la instrucción, el conocimiento, la cultura que ha sido un decisivo factor multiplicador de las potencialidades políticas participativas del pueblo, de las grandes mayorías ciudadanas. La riqueza cultural generada por la revolución socialista supera con creces a la alcanzada durante el capitalismo dependiente en el país.
Las sistemáticas consultas a la ciudadanía, la práctica participativa de las organizaciones sociales y profesionales, el papel de los colectivos laborales, de las empresas estatales, de las cooperativas, de las comunidades, etc. han producido un práctica democrática, más allá de sus defectos e insuficiencias, muy superior a la que hubo en la etapa prerrevolucionaria, y ha tenido lugar también con determinadas formas tradicionales de ejercerse, entre ellas el reconocimiento de la necesidad de una organización política que vele por la cohesión de la sociedad y por la observancia de los principios democráticos del socialismo en Cuba refrendados constitucionalmente.
Entre los elementos de esa tradición revolucionaria están también los modos de reproducir los poderes del Estado, el sistema electoral participativo, el modo en que se elige en Cuba al Presidente del país, el papel del Partido como ente político garante de la cohesión de la sociedad alrededor de sus propósitos consensuados.
No será liquidando por decreto estas tradiciones que se alcanzarán los propósitos de conquistar toda la democracia posible, antes bien se debilitarían esos esfuerzos porque no abrirían nuevos espacios para la participación de todo el pueblo en pie de equidad, y en el caso del pluripartidismo se estimularía la formación de centros de gravedad política alrededor de intereses corporativos que terminarían debilitando la cohesión del país haciéndolo vulnerable a los intereses de las transnacionales y de los poderes nortecéntricos.
Va contra la nación, pero también contra el sentido común que exige el más elemental rigor en el pensamiento social, el dejar de tener en cuenta las prácticas que han resultado válidas en la sociedad cubana y suponer que cambiar unas u otras es de hecho la respuesta revolucionaria a la voluntad política de alcanzar como pidiera el Presidente Raúl Castro, “toda la democracia posible”. Tal es el caso, por ejemplo de quienes proponen que el Presidente de la República sea elegido por el voto directo del pueblo y no por la ANPP devenida colegio electoral, o quienes suponen que mejora la situación del país si en lugar de tener varios vicepresidentes haya uno solo.
Tales iniciativas se alejan de lo esencial en el propósito de lograr toda la democracia posible. Sobre las anteriores propuestas cabe preguntarse si la elección directa del Presidente de la República lejos de asegurar más democracia, no tendría el efecto contrario, al legitimar por el efecto de la mayoría de votos válidos en la elección, la concentración de poder en una sola persona, en lugar de la dependencia que tiene actualmente el Presidente de la República del Consejo de Estado y de la Asamblea Nacional que lo elige. O preguntarse, por qué un único vicepresidente de la República, en lugar de los actuales vicepresidentes del Consejo de Estado, uno de ellos primer vicepresidente, cuáles beneficios traería.
Si el Presidente y un único Vicepresidente fueran elegidos por la mayoría de los sufragantes del país (eventualmente no necesariamente por la mayoría de la población adulta) concentrarían un poder que lejos de profundizar la democracia mediante el diálogo con los integrantes del Consejo de Estado y con la ANPP tendería a favorecer sus decisiones individuales. Dudo que entonces eso sería “más democrático”.
Si lograr el funcionamiento real de la democracia dependiera de tales cambios, la vida fluiría como miel sobre hojuelas. Todo eso puede aprobarse y la democracia verdadera quedar en el mismo sitio o incluso retroceder por el debilitamiento o anulación de las tradiciones cubanas en el ejercicio de la política, en el modo de elegir y ser elegido, que son las tradiciones políticas más genuinas de la historia de nuestro país, mientras sigue siendo lo esencial la participación popular incluyendo la participación en los procesos electorales, las garantías del control social, la transparencia informativa, etc.
El Partido
Pero el mismo proceso de diferenciación que se produce en la sociedad cubana como resultado del desarrollo cultural, del intercambio de ideas, de los incrementados flujos de información, se produce también entre los que integran las filas del partido.
El desconocimiento de esa realidad como resultado de la inercia en el comportamiento, los hábitos de hacer la política y de presentar, proclamar y argumentar la ideología, solamente puede conducir al debilitamiento de su accionar aunque con ello parezca que no hay nada que haya cambiado.
De ahí que sea imprescindible propiciar el debate ideológico y político que conduzca al mutuo esclarecimiento en sus filas y generar métodos realmente participativos, en los que como resultado prime aquello que sea consensuado entre su militancia. Los análisis y los debates deben ser conducidos para que produzcan resultados, para que no se pierdan en la dispersión de puntos de vista sin una conclusión práctica para la acción, conducirlos para construir el consenso.
El método de elaborar documentos por grupos de personas, ponerlos a debate, recoger ideas y finalmente que ese mismo u otro grupo de personas decida cuáles aportes se incluyen y cuáles no, mientras no existe en el universo de la comunicación política de los medios y los espacios de reflexión una evidencia colectiva de los diferentes criterios en curso, lastra la participación, obstaculiza el enriquecimiento del debate y finalmente, tanto en el principio con en el fin de la discusión, no primarán los criterios colectivos, sino los de quienes elaboran la propuesta inicial y la final.
No se trata de desconocer la necesidad de la confianza en las instancias partidistas, sino de que esta confianza sea mutua y se exprese en la aceptación de los diferentes puntos de vista en calidad de igualmente válidos y que se propicie un clima en el que haya confianza para expresar cualquier idea sin considerarse ello una indisciplina por desconocer el papel de los organismos superiores.
El centralismo democrático -que justo es reconocerlo no llegó nunca aplicarse creativamente para lograr todo lo que se esperaba con este principio de dirección política-[6] hoy debe dar paso a un profundo análisis acerca de sus virtudes y defectos, ventajas y desventajas, potencialidades y debilidades.
Lo cierto es que ha sido difícil, a veces imposible, sustraerse a los vicios del pasado del capitalismo dependiente en materia de dirección en la sociedad. El capitalismo ha realizado un doctorado en sacrificar la democracia verdadera en el altar de la democracia formal.
La imposición del capital sobre el trabajo genera una influencia transversal, presente en prácticamente todos los ámbitos de la vida de la sociedad, se expresa en las relaciones económicas, comerciales, políticas, culturales, familiares…, y tiene como denominador común la imposición de la voluntad de quien tiene la propiedad, el dinero, el capital.
Pero sería superficial pensar que tal comportamiento secular, generador de una cultura de ordeno y mano desaparece si desaparecen los dueños y la propiedad privada, se destruye la maquinaria del estado capitalista y se borra de la legislación aquello que lo respaldaba jurídicamente.
La relación de subordinación, la cultura de ordeno y mando, el verticalismo, permanecen como costumbres, hábitos, elementos de la psicología social, esquemas de entendimiento, “modo natural” de adoptar las decisiones.
En la experiencia cubana la necesidad de defender la sociedad frente a un contexto muy adverso potenciado por el imperialismo norteamericano, creó un espacio para que perviviera y en ocasiones se desarrollara –ciertamente con loables finalidades sociales- el verticalismo en el funcionamiento de las diferentes instituciones de la sociedad.
El liderazgo histórico de la revolución socialista representado por el magisterio ideológico y político de Fidel Castro, su amplia aceptación social que hoy perdura, la confianza depositada en ese liderazgo, permitió la pervivencia de hábitos heredados de las viejas relaciones sociales, sin que sus consecuencias llegaran a ser funestas, aunque naturalmente no sin un costo social.
A la luz de la experiencia vivida, de las desviaciones burocráticas y de los vicios verticalistas y de autoritarismo que anidaron bajo el concepto de "centralismo democrático", su análisis crítico revela que hubo un desbalance de consecuencias muy negativas a favor del centralismo y en detrimento de la democracia, en especial porque se sustrajo al sujeto social su necesario protagonismo, los institutos de dirección sustituyeron a la ciudadanía produciéndose un alejamiento cada vez mayor entre ambos y perdiéndose una importante e insustituible fuente de formación ciudadana.[7]
El PCC nació de la revolución socialista cubana y sus méritos, alcanzados por la disciplina, sacrificio y entrega de la inmensa mayoría de sus miembros y dirigentes con el respaldo y reconocimiento del pueblo, ha acompañado desde su surgimiento al liderazgo histórico en todos los procesos económicos, sociales, políticos y culturales del país y hoy se encuentra ante el desafío que implica aquello que advirtió Raúl cuando expresó que en el pasado tuvimos a Martí, en el presente tenemos a Fidel y en el futuro tendremos al Partido.
Los cambios en el contexto en que tiene lugar el reto de garantizar la continuidad del proceso de la revolución socialista en la sociedad cubana, no incluyen la desaparición de la contradicción entre los intereses del imperialismo norteamericano y los de la nación cubana, por lo que implican un desafío ideopolítico y cultural, mucho más complejo y difícil, en el que esta contradicción se expresará con modos más sutiles y camuflados y en medio de una inevitable progresión geométrica de la información y la desinformación, que solo podrá enfrontarse con posibilidades de éxito para el país si no se descuida la formación ideológica política y si la democracia socialista se desarrolla al máximo en todos los terrenos de la sociedad, comenzando por el partido, y continuando con el empoderamiento ciudadano como modo de anclaje sólido del poder popular.
Ello impone el imperativo de un profundo análisis crítico del principio del centralismo democrático, una revisión exhaustiva de los métodos de trabajo del Partido y en general de las instituciones estatales, sociales y políticas creadas por la revolución socialista, análisis que cuente con amplia participación de la ciudadanía.
No es posible obviamente siquiera intentar esbozar las líneas a seguir para tal análisis[8], pero sí advertir que tiene que ser abierto, transparente, profundamente democrático, orientado, disciplinado y dentro de los principios de la ideología de la revolución cubana.
Veamos, por ejemplo, lo decidido hace 4 décadas en el I Congreso del Partido en 1975 en lo tocante a la generación de ideas acerca del desarrollo teórico del pensamiento socialista en Cuba. La “Tesis sobre los estudios del marxismo-leninismo en nuestro país” en su acápite IV. Necesidad del desarrollo del trabajo teórico y la investigación en este campo” postulaba que:
… es necesario garantizar la mayor libertad de acción en las actividades de investigación y de búsqueda teórica por parte de economistas, filósofos, historiadores, etc., de manera que no se sientan atados en su trabajo científico por los criterios sociales vigentes públicamente en un momento dado.
Debe existir el más absoluto control del Partido en relación con la exposición pública y la divulgación de criterios, conceptos e interpretaciones en aulas, estrados y prensa. No es posible admitir la publicidad de interpretaciones de la teoría marxista-leninista y de conclusiones teóricas que contradigan o extralimiten los lineamientos trazados al respecto por el Partido, y que este no autorice.
Estos trabajos de investigación y análisis teórico deberán realizarse siempre con el conocimiento y bajo la orientación y control de los organismos superiores del Partido, directamente o a través de las dependencias o instituciones del aparato partidista que dichos organismos determinen.
Asimismo, los resultados y conclusiones a que se arribe producto de esas actividades investigativas y teóricas deberán ser sometidos a la consideración de estos organismos, los que determinarán sobre su utilización y destino.[9]
No había en aquel momento una idea de las potencialidades que tendría el papel del pueblo en estos procesos. Era natural -y ciertamente muchos lo vimos así- considerar el desarrollo de las ideas un asunto de científicos sociales y direcciones políticas y, de últimas, como se aprecia en el anterior texto, un asunto de la dirección política, de los organismos superiores, independientemente de si quienes estaban en esos organismos tenían o no la razón. De hecho, las instituciones científicas en general aceptaban igualmente aquella disciplina.
Aquellos documentos fueron sometidos a consideración de la población, pero tanto la bien ganada confianza de las grandes mayorías ciudadanas en el partido y su dirección histórica, como la inercia signada por la falta de práctica en ejercer ese papel participativo limitaron la democracia que, sin embargo, era por otra serie de realidades, muy superior al pasado capitalista dependiente.
Los bruscos cambios ocurridos desde aquel entonces en el país, los largos períodos de resistencia frente al imperialismo y por la preservación de la principal conquista de la revolución socialista: el poder político del y para el pueblo trabajador, el esfuerzo sostenido en las más difíciles condiciones socioeconómicas por el desarrollo intelectual y cultural de la población que ha enriquecido las capacidades de análisis de la ciudadanía, junto con una gran diferenciación de puntos de vista acerca de los problemas de la sociedad cubana, han cambiado profundamente la mentalidad del pueblo, cuyas mayorías han mantenido una identificación consciente con el ideal socialista, y fidelidad a la dirección histórica de la revolución, pero es hoy portador de un abanico mucho más rico y diverso de ideas y sin dudas se ha ganado con su sacrificio el derecho a un merecido protagonismo.
Cabe entonces preguntarse cuánto de aquel modo de ver las cosas persiste hoy en cuadros y militantes, cuánto siguen viendo al pueblo como “masa”, frente la pregunta de cuánto ha cambiado la sociedad cubana desde aquel momento en que el país se institucionalizaba bajo el signo de una república socialista que luego pasó por la aplicación del sistema de dirección de la economía copiado de la experiencia del socialismo en la URSS, el proceso de rectificación que persiguió superar aquellos errores, el período especial, el largo proceso de emersión de la economía nacional, y hoy cuando los EEUU han admitido que tenían que reconocer la independencia y la soberanía nacional y el país está hoy probablemente más cerca que nunca del levantamiento del bloqueo y frente a la pregunta de cómo piensa la juventud de hoy que no solo es el futuro del país, sino también su presente.
Una lógica elemental indica la necesidad de un profundo análisis del centralismo democrático y del imperativo de desaprender conceptos y prácticas obsoletos, de dejarse de comportar como si todos los errores y deficiencias fueran de “la masa”, como si no fuera necesario un nuevo pensamiento político sobre la democracia socialista y su práctica, en primer lugar en el propio partido.
El reconocimiento de la necesidad de analizar críticamente la experiencia del centralismo democrático, en modo alguno puede significar la desvalorización del papel del partido en la sociedad cubana, de la dirección de los procesos sociales.
Hay quien piensa primero en la supuesta necesidad de cambiar el nombre del partido, por uno que refleje más la inclusión, por ejemplo, recuperar el que tenía anteriormente “Partido Unido de la Revolución Socialista”, como si el cambio de nombre fuera el cambio de métodos, estilo y políticas, mientras que de hecho se estaría eliminando un nombre tradicionalmente aceptado por la sociedad, una tradición que comenzó hace medio siglo, cuando el Comandante Fidel Castro lo anunció en 1965.
Sería además desconocer el ideal comunista, en un mundo tan necesitado de la solidaridad, el altruismo, el colectivismo, el humanismo que entraña ese ideal.
Los problemas a resolver son de contenido, mientras los símbolos generados por el proceso revolucionario socialista cubano deben ser celosamente preservados, en primer lugar para evitar la confusión.
Hay quien ha pensado peregrinamente que el partido mismo debería ser cómplice de la dejación del papel social que le ha conferido la sociedad cubana como mandato histórico, político y jurídico, pensando que es imposible encontrar fórmulas realmente participativas como no sean las del modo liberal de organizar la vida política del país.
Ello sería invitar al partido a que se debilitara como representante de lo mejor de la sociedad cubana hoy refrendado jurídicamente, codificado constitucionalmente como una conquista de la cohesión política de la sociedad cubana, frente a los enormes desafíos que tiene por delante.
No tendría el partido la función de proteger la constitución del país, sacaría al partido del mandato martiano de existir “seguro de su razón como el alma visible de Cuba”.
Sería invitar al partido a su liquidación, y con ello a la liquidación de la cohesión política que dejaría paso a los intereses corporativos generados por el mercado y la inevitable presencia del capital internacional.
Al contrario, el partido, hoy más que nunca debe mantener su política de construcción y organización territorial y ramal como formas de asegurarse el contacto con el pueblo, su influencia, su representatividad política, hoy más que nunca es necesario el papel del partido tal cual lo ha configurado la tradición política más importante de la historia contemporánea de Cuba.
A su vez, el partido está obligado a un análisis profundo y desprejuiciado de la experiencia del centralismo democrático, de sus métodos, examinar sus conceptos de la democracia, cambiar en función de las nuevas realidades, prescindir en los órganos y organismos de todo aquel que no esté en capacidad ya de desaprender el ordeno y mando, el verticalismo, el ejercicio desmedido de la autoridad y de quien no quiera aprender y practicar la democracia consciente y responsable. Para generar democracia lo primero es pensar y actuar democráticamente.
Notas
[1] Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad, efectuado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005.
[2] Raúl Castro Ruz, Discurso ante la Asamblea General de la ONU, 28 de septiembre de 2015,
http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2015/09/28/texto-integro-del-discurso-de-raul-castro-ante-la-asamblea-general-de-onu-3787.html
[3] Este artículo reza: “Art.4 El partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance de la sociedad comunista”. Ver. Constitución de la República de Cuba,
[4] Idem.
[5] El artículo 1 de la Constitución reza: “Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con tofos y para el bien de todos, como república unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana”.
[6] “La sociedad socialista se desarrolla bajo fuerzas de regulación integradas en distintas estructuras, indispensables por la necesidad de concertar intereses y objetivos y de canalizar los esfuerzos sociales. Como elemento esencial para asegurar la objetividad y cietificidad de la dirección de los procesos sociales aparece el principio del centralismo democrñatico. Este se ha enunciado a partir de la experiencia de otros países, pero ni en ellos ni aquí ha sido suficientemente analizado, comprendido, sometido a crítica, como tampoco su aplicación y perfeccionamiento. Puede afirmarse que es un campo virgen para la investigación científica.” (Ver Darío L. Machado Rodríguez, “Nuestro Propio Camino. Análisis del proceso de rectificación en Cuba, Editora Política, La Habana, 1993, pp. 149-150).
[7] Darío L. Machado Rodríguez, “La persona y el programa del socialismo en Cuba”, Vadell Hermanos Editores C.A., Caracas, 2010, p. 185.
[8] Un intento de aproximación puede leerse en “La persona y el programa del socialismo en Cuba”, op. Cit. pp. 174-198.
[9] “Tesis y Resoluciones. I Congreso el Partido Comunista de Cuba”, Editado por el Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, La Habana, 1976, pp. 282- 283.
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Magnífico, profesor.
(Pensé dejarlo ahí, a riesgo de que sería únicamente yo quien notaría todo el cúmulo de contenido y espíritu que persigue expresar). Por eso amplio.
Lo percibo como el más certero análisis que sobre el tema ha publicado CD este año. Hemos leído varios muy buenos.
Comprensible e sugerente para cualquier cubano que la estudie e interiorice, es esta síntesis que Ud. ha elaborado. ¿Contenido filosófico y académico? Claro que sí; efectivamente. ¿Pero habrá otra forma de abordar (examinando por dentro) el fenómeno socio-político-económico de impacto universal que representa la revolución socialista cubana, justo ahora, vísperas de su cumpleaños cincuenta y siete; logrando que no se extraviara, ni por un instante, la contextualización?
Cautivan dos de las premisas inferidas, que son: la doctrina socialista incólume y la contextualización es plena. Y en el estilo, el hecho de abordar un presunto problema, trayendo aparejada una posible solución sabiendo que la verdad absoluta no tiene dueño. Y a propósito, ya jubilado, recordé ciertos pasajes, especialmente la definición con sentido figurado que un compañero aportó llamándole “tiñosa” al problema y “LA jaula” a la solución. Enfatizo “LA” porque el asunto no es meter “LA” tiñosa en una jaula cualquiera, sino en “LA” jaula que lleva cada una, para entonces alcanzar éxito. Lo comparo, como en el caso de biometría, respecto a “LA” recta de regresión lineal que es única, o la de mejor ajuste, entre todas las posibles, para una nube de puntos u observaciones dado.
Su esfuerzo invita a que nadie pierda el rumbo, y a que lo acompañen en el camino a seguir usando la brújula por la que Ud. se guía. Para mi gusto, ya hay demasiados cubanos descarriados por ahí, que con su actuación se convierten, tontamente, en dobles víctimas de la élite imperialista. Una vez, por el sostenido bloqueo, despiadado y criminal contra los cubanos todos, “sin excepción”, y la otra por hacerles el juego, abandonado lo suyo para refugiarse en preceptos no menos criminales, cuyos artífices, en algún momento de la historia futura, han de ser juzgados por genocidio, contándose con una relación nominal de las victimas, suficientemente documentada y acreditada nada menos que por los propios victimarios, y todo por motivos políticos evidentemente hegemónicos.
A estas alturas del campeonato ¿Habrá algo bueno de ese sistema hostil, corrupto e hipócrita, que posea méritos objetivos para que merezca tenerse en cuenta en pos de mejorar el futuro nuestro? ¿Podremos creer en algo que venga de allá, después de tanta hipocresía y tantos daños acumulados? Dicho de otra forma: ¿Es Obama el mejor ciudadano estadounidense para representar al pueblo, simplemente porque fue “electo”? En fin hay muchas; o mejor, infinitas preguntas más que servirían solo para “emborronar cuartillas”.
Considero especialmente crucial, entre todos los asuntos a examinar, provocar la elevación a exponenciación infinita, la letra, pero sobre todo, el espíritu, del artículo nº 3 de nuestra constitución, a fin de que cada cubano, poseído de absoluto sentido de pertenencia, consciente de que su hoy, ahora, mañana y después es de su entera responsabilidad y competencia, y se conduzca siempre al compás de su propio ritmo cardiaco. Extirpar de nuestra sociedad la desidia que corroe y la inopia que idiotiza, son metas eficazmente alcanzadas con el ejercicio protagónico del propio pueblo. En ese contexto, vi siempre como pilar al Delegado de circunscripción, que me honra haber ejercido por casi 10 años en tres mandatos confiados por la población en las urnas. Creo fervientemente que todos los electos a este nivel deben conformar la mayor parte de la Asamblea Nacional en representación de sus electores y de todos los cubanos. La suplementaría personalidades de los centros de estudio, científicos, de producción, artísticos, deportivos, asociaciones y otras. Todo lo demás respecto a esa figura del Delegado debe quedar como está definido y que UD menciona en su articulo. Tenemos que lograr que cada cubano se sienta gobernando en todo momento. Con todos y para el bien de todos. Y que el elegido para representarlo, cuente con todo el apoyo de la población para ejercer su función y el nivel de autoridad estatal requerida. No habría en la comunidad un problema soluble que no alcance resolución. No habría asidero para las manifestaciones de dudosa honradez o de corrupción. Ni indecencia que se sostenga, ni robos, desvíos de recursos y vehículos estatales. Recuperaríamos el orden social e institucional. Habría la armonía que solo el socialismo promulga.
No se puede perder de vista el concepto filosófico que rige la vida misma, de que “la gente piensa como vive”. Por poner solo un ejemplo de los numerosos: Que el bodeguero o el casillero roben en peso y precio es más indignante que la insuficiencia misma del producto. Son innumerables los problemas que hoy mortifican a la población que serían controlados, intervenidos y extirpados. Eso es democracia participativa y poder real del pueblo. Eso ni soñarlo en cualquier otro país y ni hablar de eso en el de los vecinos del norte. Si es desechable para nosotros su sistema, el nuestro para ellos sería una quimera.
Si magistral es el articulo tambien lo es este comentario que suscribo totalmente. Yo tambien he sido Delegado Municipal por espacio de 7 años y pudiera aportar ideas y experiencias, pero lo fundamental ahora es RECOMENDAR A TODOS LOS QUE LEAN ESTE ARTICULO A QUE LEAN TAMBIEN ESTE COMENTARIO.
Aqui hay algunos comentarios que estan permeados del clasico "ellos" (los Estados Unidos) vs "nosotros" (Cuba), asi como el antes y el despues de 1959. No estamos ni en 1958, ni en 1976 sino en el 2015. Estamos en el medio de un proceso de normalizacion de relaciones con los Estados Unidos. Admito que muchos recelos aun persisteny y hay mucho que resolver. Por otra parte, algunos comentarios tienden a comparar el modelo de "democracia" de Estados Unidos con la nuestra, tratando de resaltar que la nuestra es superior. Ni el centro del mundo son los Estados Unidos, ni nuestra "democracia" es perfecta ni somos el pais mas democartico del mundo.
Por otra parte, como senalan varios comentarios, estoy de acuerdo que la dualidad Partido-Poder Popular crea a veces mas problemas que soluciones. Esto es mas evidente fuera de la Habana, donde los secretarios del PCC tienen, en la practica, mas poder de decision que los representantes del PP. Por otra parte, tambien estoy de acuerdo que la ANPP es demasiado grande y deberia tener un papel mas activo en la proposicion y aprobacion de leyes (reunirse dos veces al año para aprobar por unanimidad me parece a todas luces, insuficiente). Hay muchos decretos que han sido emitidos por el Consejo de Estado que impactan directamente la vida del ciudadno comun y que han sido decididos por un grupo de personas sin consultar con la mayoria, o tan siquiera, con la ANPP. Para mi eso es gobernar por decreto. Ni Fidel, ni Raul ni ningun otro dirigente son infallibles y la historia ha demostrado que tambien cometen errores, aun siendo bien intencionados.
Tenemos una deuda histórica con la filosofía que sustenta la nación, el proceso de liberación nacional y el pensamiento revolucionario cubano...
el Partido Revolucionario Cubano... construido, hecho, caracterizado por rasgos de altruismo que nos engrandecen hoy en día... inspiro la generación del centenario, conformador del espíritu de resistencia, cubanismo, espíritu de lucha de todos nuestros hombres y mujeres...
Contrario a etiquetamientos y denominaciones... quizás es hora de tomar de lo universal, de lo de fuera, lo que sirva para hacer más fuerte nuestras raíces...
Interesante articulo.Pero no para debatirlo aquí si no para que se publique en granma.Lo que mas tranquilidad me da es.Cuanto nivel de conocimiento tienen los cubano de hoy dentro y fuera de cuba.Que pena que este caudal no se pueda revertir en su totalidad en el crecimiento de cuba, que es lo mismo que la patria.La verdad sorprende que en este articulo se mencione por primera vez el de reformar la constitución .Lo que si no pude ser objeto de discusión es.PRIMERO LA INDEPENDENCIA DE CUBA Y SU AUTONOMÍA .SEGUNDO SUS LOGROS EN CUANTO A LA EDUCACIÓN LA SALUD Y SU CARÁCTER SOCIAL .Las formas de producción tienen que cambiar.Mas autonomía económica al poder popular.Las empresas y toda actividad económica debe tributar al poder popular.Para revertir lo en el desarrollo local o provincial.Me atrevo a decir que debe haber una policía municipal que se subordine al poder popular.El periódico Granma publico una opinión del desorden social que hay en la Habana y el resto del país.La conciencia social no resolverá todo por si sola.El imperio de la ley con instituciones ágiles y fuertes.Solo así se podrá preservar lo que ha costado el sacrificio de unas cuantas generaciones.En cuanto al pluri partidismo no me queda claro .Mientra mas autonomía le demos a los poderes populares y provincias que es lo que se debe lograr .Tendrá que haber un elemento de cohesión para todos los cubano y ese es el partido..Un partido realmente participativo y democrático.Saludos genial articulo
Espero que a nadie se le ocurra nunca establecer pluripartidismo en cuba. Todos sabemos lo que eso provoca. Si debemos discrepar, opinar , etcétera pero siempre bajo la premisa de que nuestra sociedad sea cada vez mejor. yo nací en la revolución, viví el periodo especial y se muy bien la situación triste en que se encuentran la mayoría de los pueblos de nuestra América. Esos candidatos de pacotilla sólo se acuerdan del pueblo en periodo electoral y hacen promesas que después en su gran mayoría olvidan.primero hundirnos en el mar que caer en semejante disparate
...que no es condición para orientar la sociedad con un rumbo socialista, y dentro de este el desarrollo de amplias prácticas democráticas para toda la ciudadanía, que exista una única organización política en la sociedad...
O sea que el PCC no es necesario???!!!!
No soy un profesional de las ciencias sociales ni mucho menos un "iluminado", solo intentaré expresar muy brevemente algunas ideas que creo esencial tener en cuenta para la "imprescindible actualización" el sistema de gobierno en nuestro país.
1- El ejercicio del gobierno, a cualquier nivel, debe "pretender ser" profesional en el sentido de que quien sea elegido para ejercerlo se tome todo su tiempo en ello y perciba un decoroso salario por lo mismo, independientemente de la "vocación de servicio al prójimo" que deba haber demostrado para convertirse en el preferido por sus electores.
2- El sistema legal debe incluir los elementos necesarios suficientes para medir y vigilar responsabilidades y permitir la revocación en cualquier momento de un gobernante si así lo decide su electorado.
̉3- ¿cómo demuestra su "vocación de servicio" y su potencial capacidad profesional un candidato?, ¿acaso no tiene más de bueno que de malo que un candidato se "autoproponga" anticipándose con un ejercicio previo y consciente de planificación y comunicación a sus electores de las acciones que emprendería en beneficio de su comunidad?: Mejores candidatos serían sin duda aquellos que tengan el "mejor" Programa de lo quieren hacer.... y esa evaluación solo será posible si la comunican a sus electores ...
4- ...
No soy un experto en estos temas pero daré mis criterios y espero me los publiquen.
Cuando se habla de democracia hay dos tendencias: Unos se circunscriben solo al tema electoral como si esa fuera la solución mágica y otros se adentran en teorías y tecnicismos filosóficos que dificultan comprender un mensaje que, por su contenido, debe ser comprendido por las mayorías.
He leído el artículo y no he visto algo que considero fundamental cuando se habla de democracia y que se llama “Compromiso con el pueblo”. Es una categoría que está más allá de la cantidad de partidos y depende mucho de las actitudes y aptitudes de las personas que detentan el poder a los diferentes niveles. En teoría todo funciona muy bien pero la práctica requiere de muchos resortes que hay que tener en consideración.
Eso adquiere connotación especial en la gestión de los gobiernos municipales y provinciales, que son los que más cerca están de los problemas de la gente. Un presidente de Asamblea Municipal que no dedique esfuerzos y recursos a obras sociales, a mejorar la vida social de su localidad, que no haga valer su autoridad ante una empresa o institución que está funcionando mal y está perjudicando a la población de alguna manera, que no visite las zonas más pobres de su municipio ni se preocupe de por qué sucede este o aquel problema, un Presidente que no haga eso no tiene compromiso con el pueblo y su gestión es deficiente aunque sea un excelente revolucionario. La función del delegado y del Consejo Popular son cosas que debieran revisarse y hacerlas funcionar en la práctica. Pienso que la elección del Presidente de la Asamblea Municipal sí debe ser por voto directo de la población, porque eso haría que el poder se renueve y que quien no haya tenido resultados ceda el lugar a otros que sí puedan tenerlos. Es en la base donde nace la democracia y es allí donde se construye la confianza en el Estado, por eso la importancia que tienen las instancias del poder popular desde sus cimientos.
En un país aunque haya unidad política y un solo partido actúan muchas fuerzas e intereses de los distintos sectores de la sociedad; por ejemplo, no son iguales los intereses de un campesino que los de un artista, o los de un estudiante, o los de un jubilado, o un militar retirado, o un pescador etc. El poder es, a mi modo de ver, un equilibrio y tiene que apoyarse en todas sus partes para poder mantenerse.
El Socialismo todavía nadie sabe cómo se construye pero tiene protección contra copia, o sea, todo aquel que lo ha copiado ha fracasado. Por tanto no queda otra vía que la de gobernar cerca del pueblo, es la única manera de ser justos. Lo otro es escribir, escribir mucho, escribir en las leyes, escribir más en las leyes que en la historia. Muchas veces se hacen cosas buenas pero no perduran, no se instituyen no se codifican en ley sino que se dicen y se quedan solo en campañas y en programas que viven un período de tiempo y después desaparecen, hay que hacer que las cosas buenas perduren y para eso hay que legislarlas.
bueno si de pluripartidismo se trata ,me parece genial, mientras sean solo dos partidos y que se vean obligados a mantener las obras sociales del pueblo,aparte del partido comunista que ya existe pudiera existir uno que se llamara partido progresista social,o partido cristiano siempre que se vean obligado al bienestar social y no al bienestar de sus bolsillos,dentro de ese proyecto pudiera existir una ley que exija al presidente de cualquier partido a gobernar en coordinacion con el pueblo y en caso de no cumplir con el pueblo pedirle la renuccia a traves de un pedido del pueblo,ya sea por la via de justicia ect,ect,los cambios generan problemas los problemas generan solucion y la soluciones generan desarrollo.defendamos la patria sobre todas las cosas.,y que me disculpe el que tenga otro criterio ,pero esto que hago es parte de la democracia,se puede estar de acuerdo conmigo o o no
Las comisiones de candidatura son estamentos profundamente antidemocráticos que solo sirven de filtro político, que el 50 por ciento de los delegados a la asamblea nacional sean nominados por las organizaciones de masas sin participación de las masas también es profundamente anti democrático, las organizaciones no nominan a nadie son los cuadros de estas organizaciones los que nominas si a caso, entre los dos términos hay una gran diferencia, el poder popular no tiene poder alguno ya que una gran parte de las leyes son decretos, las fayas en la participación son enormes ojala y nos pongamos a pensar seriamente algún día en estos temas.
Certero su comentario
Doctor, muy completo su comentario.
Sólo quería compartir una idea que se me ha venido enraizando en 60 años de vida: la necesidad de que existan contrapartidas, tanto en la gestión de gobierno, como en política y en todos los estamentos de la sociedad. Sin eso no seremos todo lo democráticos que debemos, ni podremos enmendar a tiempo los errores. Creo que esa es una debilidad presente que debemos corregir en nuestra gestión social, política y económica.
Recuerdo claramente al Presidente venezolano Hugo Rafael Chávez Frías que dijo que la oposición los obligaba a hacer mejor las cosas. Sin llegar al multipartidismo nosotros mismos debemos buscar la forma adecuada de que cada uno cumpla con su papel en el pais y en la sociedad.
Tengo pocas esperanzas de llegar a ver en mi país esos cambios tan necesarios, porque lo primero que se impone es el cambio de mentalidad.
Ojalá no se pierda todo lo que se ha logrado.
Muchas gracias
Muy loable el artículo, lo entiendo y coincido con los criterios planteados, y yo planteo otros en apoyo a lo que se discute, en esta oportunidad, sobre el papel del PCC.El marxismo es ante todo, una doctrina económica, mediante la cual el partido asegura la consecución del cumplimiento de la ley fundamental del socialismo, pues muestra el camino por el cual se puede llegar a la conjugación eficiente de los factores de la producción, cuyo elemento fundamental es el hombre, es a este a quien corresponde el papel principal en el cumplimiento de las leyes inherentes a los procesos productivos, tales como el crecimiento constante de la productividad del trabajo y el desarrollo también constante de las fuerzas productivas, entre otras.
De la antes dicho se deduce que el sujeto de dirección de la sociedad socialista, que es el partido comunista de cuba, tiene la enorme responsabilidad de velar por la acción coordinada de todos sus elementos, y asegurar la unidad de los enfoques políticos y económicos de todas sus partes, como único modo de asegurar el cumplimiento por la clase obrera del desarrollo general, planeado y proporcionado de la economía, para la construcción y desarrollo sucesivo de la sociedad socialista.
El sujeto de dirección en la sociedad socialista, integra a los organismos estatales, económico-administrativo y los sociales, los organismos estatales, no muy bien definidos en nuestra país, están representados en lo esencial por los gobiernos de todos los niveles, los ministerios y los órganos de control y planeación del desarrollo de la sociedad, mientras que los económicos-administrativos los componen las empresas y las unidades presupuestadas, es decir, las colectividades laborales que crean los bienes de uso y consumo y/o prestan los servicios de educación, salud, orden interior y defensa, mientras que los organismos sociales, son los que agrupan a la población en general, en nuestro país, se integran a este grupo la organización de los ciudadanos en sus comunidades, dígase CDR, FMC, ANAP entre otros, los organismos estatales están presentes en las comunidades mediante los representantes de los ciudadanos a los órganos de gobierno, y también están presentes en ellas los económicos-administrativos, pues cada una de las empresas que componen este subsistema, están enclavadas en una comunidad, en la que juega un papen esencial, pues su sola presencia modifica la vida en cada una de ellas de múltiples maneras, este elemento del subsistema es autorregulado, autogobernado, y como parte del sistema económico de la sociedad, responde a leyes, decretos leyes, normas y otros instrumentos legales, que aseguran su interrelación con el resto del sistema, y obligan a los colectivos laborales a permanecer dentro de un orden, que no puede ser eterno ni inflexible, por cuanto la ley del desarrollo constante de las fuerzas productivas, hace que la creatividad se manifieste y le imponga a esos mismos colectivos, nuevos y constantes retos, que deberá enfrentar con el objetivo de satisfacer las necesidades siempre crecientes de la población.
Esto se refiere al cumplimiento de la ley fundamental del socialismo, pero en este y en todos los modos de producción, existen leyes que actúan fuera e independientemente de la conciencia de los hombres, pues son leyes objetivas, como lo es el proceso de producción y todo el sistema de relaciones que en él se establecen, el progreso de las fuerzas productivas, condiciona la necesidad de modificar las relaciones de producción, ello es la base de toda revolución social, a la vez que se constituye en una ley, que es la correspondencia entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas, o la ley del crecimiento constante de la productividad del trabajo, estas leyes generales, que son esencialmente económicas, hacen que el desarrollo de la sociedad, forme un proceso histórico natural, único y objetivo.
La negación del carácter objetivo de estas leyes, tiende el camino hacia el subjetivismo y el idealismo, hace imposible el trazado y la aplicación de una política económica científicamente argumentada, y engendra el voluntarismo y el aventurerismo en política.
Habida cuenta de que al sujeto de dirección de la sociedad, le corresponde la interpretación de estas leyes, planear y garantizar su cumplimiento en armonía con los intereses de la clase obrera en el modo de producción socialista, no puede estar este sujeto diluido entre los elementos que componen el complejo sistema social socialista, si no que tiene que estar por encima de ellos, orientando su proyección hacia el futuro que provea a los hombres de la mayor cantidad de felicidad posible, sin olvidar por un instante, que la patria se construye sobre los hombros de todos sus hijos, y que todos tienen que aportar en correspondencia con su capacidad, y recibir en relación directa con su aporte, que es también una ley del modo de producción socialista.
La democratización de la sociedad, a mi modo de ver, se corresponde con el desarrollo y profundización de las relaciones sociales de producción, que no se produce por la voluntad de alguien en especial, es consecuencia lógica de los vínculos que se establecen entre los productores de bienes de uso y consumo y de medios de producción y de los consumidores de éstos, pues aún cuando no se conocen entre sí, todos los trabajadores están relacionados sin remedio a través del sistema de relaciones de producción, que no fuera tal, si no existiera el factor fundamental de las fuerzas productivas, el hombre con su capacidad de trabajar y su necesidad de reponer las energías consumidas en ese mismo proceso de producción.
El sistema de relaciones sociales tiene su manifestación más importante en el consumo, pues es allí donde se reconoce el trabajo de la sociedad, y este consumo se produce siempre en las comunidades, en donde viven y trabajan los hombres. Entonces, para lograr democratizar a la sociedad, es necesario comenzar por las comunidades, ahora, democracia significa poder del pueblo, y el poder tiene una relación biunívoca con la administración de recursos, entonces al sujeto de dirección, al partido, le corresponde organizar y conjugar la democracia y el poder para lograr encaminar los esfuerzos de todos hacia una sociedad más justa, plena y que no puede hacer si está en ambas partes, no debe estar en ninguna de las dos, y sí por encima de ellas para cumplir su función, en las comunidades está el gobierno presente, están las organizaciones sociales y están los órganos económicos-administrativos, que aunque en muy pocos casos responden a la comunidad , si inciden de manera determinante en el desarrollo de ellas, no está el partido como sujeto de dirección en ese nivel, lo mismo ocurre con los consejos populares, y a nivel de municipio, aunque está el partido, el subsistema económico administrativo se escapa del control de éste, y no puede ocurrir, pues entonces el lograr el desarrollo armónico del territorio municipal, es sólo una meta que no se alcanzará.
Desatar las fuerzas productivas, esta frase se la he escuchado muchas veces a nuestro primer secretario del comité central del partido, y cuanta razón tiene, Engels, uno de los creadores del Marxismo, afirmó que ¨ la libertad consiste en conocer cuáles son nuestras necesidades, y saber el modo de satisfacerlas,¨ nosotros llevamos más de 50 años desarrollando al principal factor de las fuerzas productivas, por lo que es lógico suponer que esta sociedad nuestra es libre hasta el punto en que conocemos nuestras necesidades y el modo de satisfacerlas, nuestra libertad se limita en el momento en que cada familia sea capaz de satisfacer sus propias necesidades, desatar las fuerzas productivas también tiene que ver, y mucho con que cada quien haga lo que sabe hacer para satisfacer sus necesidades, y lo haga en beneficio de su familia en primer lugar, y de la sociedad en su conjunto, en última instancia, pues sólo en la sociedad cada quien es lo que es, pero esto se consigue sólo en las comunidades, es allí donde se manifiestan las carencias y las vías para resolverlas.
El hombre, como ser humano tiene tres necesidades fundamentales a saber, ellas son: el trabajo, el alimento y el lugar de descanso, el estado es responsable de garantizar en primer lugar fuentes de trabajo para todos los miembros de la sociedad, para poder ocupar en algo útil a la capacidad productiva del hombre, que se ha estado formando, pero cada quien es responsable de reponer sus energías mediante el ingreso obtenido con su capacidad de crear bienes y/o prestar un servicio, no sólo la suya, también la de su familia, y con el apoyo del estado lograr un lugar de descanso decoroso, todos estos aspectos confluyen en las comunidades, allí se manifiestan, pero allí no está el partido para exigir al estado que esto se haga realidad, el partido no puede estar fragmentado dentro del proceso de distribución cambio y consumo de los bienes de la sociedad, debe de estar por encima de eso para controlarlo, encausarlo y regularlo.
Marta, comparar a Cuba con Canadá, Finlandia o Suiza es no tener en cuenta las diferencias entre ellas. Comparar economías de países desarrollados, con uno subdesarrollado y bloqueado hace más de 50 años, no es justo. Pero ya que habla del tema, también hay otros países desarrollados como el propio EEUU en que ni la salud ni la educación son gratuitas, entonces como Ud. ve, tampoco por ahí nos sirve la comparación.
Precisamente el mérito enorme de la Revolución cubana fue hacer lo mismo que muchos países desarrollados sin una economia que lo sustentara, sólo a base de coraje y esfuerzo. Y esa historia nadie la podrá borrar.
Y sobre esa base del sacrificio de todo un pueblo durante más de 50 años, es que tenemos que erigir una sociedad más justa, más democrática, en la que cada ciudadano se sienta representado.
Saludos
No se trata de economia..La democracia es un derecho fundamental humano y no es cuestion de idiologias, ni de desarrollo economico..La demoracia le da a toda persona, sea el pais que sea, el derecho a la autodeterminacion como persona..Es el derecho a que se te respeten tus derechos como ser humano ..Por ejemplo: la libre opinion,la religion ,tu orientacion sexual , tu raza ,hombre o mujer..Se trata de leyes fundamentales que no pueden ser violadas por nadie..Leyes que te protegen cuando se abusa de estos derechos basicos..Y esto no tiene nada que ver con pais rico o pobre..Simplemente hay muchas cosas privadas donde ningun Gobierno tiene que meter sus narices por el simple echo que son privadas y no comuniterias o algo similar..Respetar a el ser humano y su dignidad..Saludos desde Francfort..
Ahondador articulo.Ejercicio fecundo de pensamiento como el que necesita este pais.
El artículo exelente, teóricamente acertado, pero en la práctica como criterio de la verdad, el PCC y el PP estan mezclando sus funciones. en mi provincia existe un programa conducido por el Primer Secretario del PCC donde literalmente los organismos están rindiendo cuenta por su gestión. ¿Esto no es administrar.
en este espacio las personas llaman y plantean un problema que puede ser desde n salidero, un bache en una calle, el transporte público y los jefes de organismos los cuales en ocasiones no son tratados de la mejor manera ante las camaras y en otros momentos salta a la vista su falta de preparación, basta llamar al Latir del Pueblo para que se resuelva una situación que pudo tener 20 años de existencia. yo quiciera saber si eso no es el culto a la ineptitud porque si se resolvió es porque tenía solución y alguien dejó de hacer su trabajo bien. este rol de controlador de la gestión de los oganismos no le corresponde al Poder Popular. es mi opinión que el Pertido es el rector de la sociedad pero creo que debe velar más por los plenes de desarrollo que por tapar los baches. las Tunas es una provincia de poco desarrollo donde el talento debe ponerse en función de lograr mejores negocios para que el ingreso y su correspondiente derivación para lo sicial sea mayor.
me ascribo al criterio de los que plantean mayor protagonismo para el delegado y la Asamblea, quiciera que ese fuera un espacio menos manido por formalidades y mucho más agresivo a la hora de preservar los bienes del pueblo, donde sin tanta burocracia se pueda invalidar el trabajo de los jefes corruptos que olvidaron que de su gestión depende que este pueblo se desarrolle.
creo que lograr la unidad y el Partido ÚNICO bajo el cual se logró la estabilidad de un proyecto social que ha triunfado en muchos frentes es un hecho que costó mucho luto para regalarlo en bandeja de plata y no hablo del pasado. si renunciamos a ello lo sufrido por los 5 y sus familias, habrá sido en vano
La participación política es un presupuesto de la democracia que no es solamente una forma de gobierno sino una relación entre un sistema de gobierno y un tipo de sociedad que evoluciona. Es oportuno conocer que ser ciudadano es una dimensión política superior a la de elector que le permite influir en los rumbos y direcciones de la vida política en el sentido más amplio. En Cuba la interpretación del ideal de democracia se asocia a la más amplia participación del pueblo en toda la vida social y en la dirección del Estado, El Partido Comunista en nuestro pais es heredero del fundado por el más universal de los cubanos Jjosé Martí , y mantiene como principio la unidad.
Nunca he vivido en un país con varios partidos, pero de lo que sí estoy seguro que en ninguno de ellos, un ciudadano de a pié pone su voto directamente en una boleta en el nombre de la persona que cree debe de ser el presidente, lo hace en el nombre de la persona que representa a un partido y el cual ha sido elegido por los miembros de su dirección sin contar con el pueblo, y estos a su vez son en definitiva los que cuando su partido está en el poder deciden en qué emplear el presupuesto del país, por eso creo que debemos de transformarnos internamente, aunar y enriquecernos con las críticas, definir planes con valores para que su cumplimiento sean medibles y palpables y que no caigan en la incertidumbre sus cumplimientos entre otras cosas.
Excelente articulo, se ajusta a la realidad de hoy, no le tengamos miedo al cambio eso trae las contradiciones pero a su vez el desarrollo.
Excelente artículo para propiciar un debate, el cual tendría que abordarse por partes atendiendo a los distintos aspectos que toca y deteniéndose en detalles que no son insignificantes. No obstante, algunas ideas se pueden adelantar. En las condiciones nacionales e internacionales actuales y venideras, con el imperio más poderoso de la historia como vecino y todo lo que de ahí se deriva, tener una Patria con una Revolución para construir un Socialismo nada más es posible con la existencia de un solo partido. Con muchos más aciertos que desaciertos esa representatividad de los intereses de la Nación se la ha ganado el Partido Comunista de Cuba, que no tiene porqué cambiar el nombre y sí tiene que permanecer en la constitución como institución rectora del desarrollo integral de nuestra sociedad. Justamente por eso resulta una necesidad imperiosa democratizar más su funcionamiento interno, despojándolo de formalismos muy dañinos, así como hacer más efectivos sus vínculos con estudiantes, trabajadores de todos los sectores, jubilados y pueblo en general, de manera que consiga despertar el interés de los mejores entre ellos por ingresar a sus filas, todo lo cual se debe hacer con ciencia y conciencia. Asimismo hay que delinear todavía más sus funciones para que no sustituyan o reproduzcan las del Estado o del Gobierno, las cuales a su vez han de quedar claramente separadas de las funciones empresariales, según los Lineamientos. Por otra parte, sin dudas que la democracia socialista cubana, aun siendo más representativa, participativa e inclusiva de los trabajadores manuales e intelectuales y sus familias que cuanta democracia burguesa se le ponga al lado, se concreta en un sistema de Poder Popular que requiere ser todavía más democrático, lo cual no se limita exclusivamente a las elecciones, aunque las incluye. Y no se trata de elegir directamente al presidente del país, algo innecesario. Pero sí se debe rediseñar la labor de las comisiones de candidatura a las Asambleas Provinciales y Nacional, de manera que los candidatos por territorio y sector poblacional estén más definidos por los representados, así como que no haya candidaturas cerradas. Este es un asunto complicado y se pueden discutir numerosas variantes. Lo esencial es encaminarnos hacia una sociedad con la mayor racionalidad y toda la justicia posible. En estos momentos lo más importante es llevar adelante la implementación de los Lineamientos para el desarrollo económico y social. No hay que pretender hacerlo todo a la vez. Basta recordar un refrán popular: el que mucho abarca poco aprieta.
Yo creo que la competencia en todos los aspectos de la vida es necesaria. Pero no creo que el pluripartidismo vaya a resolver los problemas políticos, económicos y sociales que tenemos. Por supuesto, entre ellos el problema de la democracia. Mas bien lo que pasa es que muchas personas hablan de constitución y no la conocen. Hablan del sistema electoral cubano y aunque van a votar no lo conocen.
Es cierto que tenemos que cambiar muchas cosas, pero pienso que primero tiene que cambiar, para que no se vaya todo al c..., la forma de dirigir en el país y no me refiero sólo al Partido. Estoy de acuerdo en lo que plantea el autor, en que para generar democracia primero hay que pensar y actuar democráticamente. sobretodo en la medida de deshacernos de los dirigentes no democráticos que tenemos en todas las organizaciones, organismos y empresas de el país. No es lo mismo ser firme y tomar desiciones a no ser democrático y los que hemos dirigido sabemos que es así. No hay contradicción.
No creo que eliminar al partido como fuerza principal dirigente del Estado resuelva nada. Hay que tener en cuenta que el partido debiera representar la heterogeneidad de nuestra sociedad con toda su vanguardia. Justo como se formó el Partido Revolucionario Cubano. O sea que dentro del mismo partido puede existir la confrontación revolucionaria y necesaria. En última instancia sería quien tomaría las desiciones en casos como la crisis de los años 90. Lo que sí no debería es sustituir a otras instituciones, organismos y organizaciones en sus funciones. Al partido le corresponde exigir por el cumplimiento, la transparencia de los mismos. Aunar las fuerzas en función de las tareas que representan un peligro político para la estabilidad y el bienestar del pueblo y velar por el cumplimiento de las leyes emanadas del pueblo.
Si estaría de acuerdo en que los secretarios del partido no tengan cargos de gobierno porque entrarían en contradicción siendo jueces y parte... y no todo el mundo es Fidel.
Por último creo que los cambios que pudieran hacerse en la constitución debieran ser muy bien debatidos, pensados, repensados y después de un debate no maratónico llevarlo a votación.
Por mi parte entre muchas cosas, jamás aprobaría eliminar la parte donde dice que el socialismo en Cuba no podrá revocarse.
Cuando se dió la convocatoria al VII Congreso del PCC se mencionó una nueva Ley Electoral, posteriormente no se ha dicho nada. Sería oportuno, ya que se informó sobre la misma que se le diera seguimiento a esa información dada.
Tenemos que cambiar muchas cosas para atemperar nuestra legislación con las realidades que se viven, pues el capital humano creado por la Revolución les dió la oportunidad de pensar con argumentos a todos nosotros. Las leyes generales son independientes a nuestros deseos y hay que estar atento a ello.
En general este artículo es muy singular y nos llama a la reflexión, sería muy productivo que se tratara en una Mesa Redonda y se le diera tratamientos a los aspectos que están tratados. No creo en el pluripartidismo como algunos lo mencionan en sus opiniones, para eso está el debate sano, constructivo y patriota pero de verdad, donde todos nos veamos representados (incluyendo los que piensan desafortunadamente en el pluripartidismo), tal y como lo sentenciara nuestro Apostol José Martí EL PARTIDO UNICO pero atemperando los métodos y accionar de los tiempo y CON TODOS Y PARA EL BIEN DE TODOS.
Muy buen articulo. No coincido con todo pero es valiente y expresa ideas y conceptos que llaman a la reflexion y al analisis. Igualmente muchos comentarios interesantes y valiosos. La unanimidad total de opiniones es imposible. La sociedad esta compuesta de personas de diferentes generaciones y diferencias en su preparacion educativa y experiencia de la vida. Un joven no piensa igual que una personal de la tercera edad, un campesino igual que un intelectual. Lo que debemos es respetar la opinion de todos y debatir para aprender todos un poco mas y sobre todo resolver los problemas que tenemos. Muy importante la situacion de los jovenes, ese es el futuro, pero muchos se van y otros quisieran irse, aunque sea por problemas economicos es nuestra responsabilidad y debemos afrontarla.
Soy médico cubano, cumplo misión en Perú (se encuentra en proceso de elección presidencial) conozco bien esta "Democracia", no la quiero para mi país Cuba, por ello hago las siguientes propuestas:
1.-A los Delegados no se le debe entregar recursos financieros libremente, propongo se le apruebe proyectos de intervención en su comunidad, que serían discutidos y aprobados en el municipio. Cuando se entregan presupuestos libremente no se utilizan en las necesidades de las comunidades.
2.-Los Delegados deben estar liberados para ejercen sus funciones, disminuir las plantillas en los Poderes Populares a cada nivel y así no hay que incrementar presupuesto para liberarlos.
3.-Todos los funcionarios públicos solo deben ejercer su mandato por dos ocasiones de cinco años y no pueden postularse de por vida.
4.- No es necesario el multipartidismo, no incrementa la participación de las masas, solo las aleja de la política. Fortalecer las organizaciones comunitarias y la sociedad civil.
5.- El Partido debe ejercer una función controladora y fiscalizadora, no debe participar de la administración.
6.-Incrementar las pequeñas empresas y algunas grandes empresas, total independencia, el estado solo controlaría el cumplimiento de la ley, no intervenir en su funcionamiento, fortalecer las cooperativas. Participación de las pequeñas empresas en las grandes empresas estatales, asociación público privada, definir antes en la ley su funcionamiento.
7.- Las comisiones electorales deben constituirse con amplia participación de la ciudadanía, que la sociedad civil se sienta representada, los candidatos deben ser propuestos por las bases.
Los cubanos, hijos de Valera, con 11 grados como promedio, tenemos necesidad de estar informados, dialogar y debatir los problemas que nos atañen a todos. No se puede aprobar una Ley de Empresas que impacta directamente en la vida de más de 4 millones de cubanos sin un debate amplio y transparente. Hemos logrado mucho y mucho podemos aun lograr si aumentamos los espacios para el debate. Hay artículos en esta sección que casi no tienen comentarios, otros como este demuestran la avidez de información y debate. Aquí ya hay información relevante para saber por donde empezar. Temas para la academia, la prensa y las organizaciones civiles. No copiemos a nadie, seamos creativos. Coincido que la cuestión no es uno o mas partidos o como se elige al presidente, sino que tipo de sociedad queremos, que principios son inclaudicables, con menos riesgos a equivocarnos por el aporte de la inteligencia colectiva y la creatividad, con más posibilidades de enmendar los errores y más comprometimiento con todos y para el bien de todos como dice el art. 1 de la Constitución.
Lástima que el acceso de la ciudadanía a este artículo se circunscriba al limitadísimo grupo de los que podemos acceder a Cubadebate. Opiniones, criterios y propuestas habría de sobra para que los decisores pudieran conocer de verdad el sentir del pueblo sobre estos temas. Hay que ver las rendiciones de cuenta en mi barrio, dan pena, para que parezca que hay participación unen vafrios CDR y así y todo, casi nadie participa. Preocupante ¿Verdad?. Urge repensar nuestra democracia y sus mecanismos de empoderamiento real de las personas, pues como está hoy no le veo futuro.