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Foto: Déborah Ojeda

Foto: Déborah Ojeda

Matusalén vivió 969 años y como parte de su genealogía se le vincula con Adán y Noé; este último dicen que existió 950 años. Roma anda por los 2769 de vida, pero una ciudad, la de mis sueños, llega solo a los 500, nada comparado con los números anteriores, sin embargo es importante; y ella se une a las otras 6 ilustres que forman en Cuba el “club de las longevas”.

Y es a propósito de La Habana que llegué a las páginas de En busca de la cubanidad de Eduardo Torres-Cuevas, editorial Ciencias Sociales, La Habana 2006, dos tomos. He terminado solo el primero y a él me referiré. El libro tiene un papel horrible, un diseño interior aceptable y un diseño de cubierta que deja mucho que desear, parece un castigo, pero lo importante es el texto, que al final es lo que queda y lo leído o aprendido por aquel que se acerca a las letras.

Torres-Cuevas, nació en La Habana, el 4 de septiembre de 1942. Estudió en Cienfuegos, en los Hermanos Maristas y se hizo bachiller en el Instituto de La Víbora, en 1962. Fue alfabetizador en la Sierra Maestra. Se graduó de Historia en la Universidad de La Habana, en 1973. Ha sido investigador y Profesor Titular, alcanzó en 1990 el título de Doctor en Ciencias Históricas, y ha impartido clases en varias universidades cubanas, en Alemania, España, los EE.UU. y  Francia.

La XVI Feria Internacional del Libro le dedicó un homenaje, junto al poeta César López.

El autor es miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua y posee varios premios, el Nacional de las Ciencias Sociales (2000) y el Nacional de Historia (2005).

Entre sus obras se destacan: Antología del pensamiento medieval, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975; Historia de la Universidad de La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1984, 2 tomos (en colaboración con Ramón de Armas y Ana Cairo); La polémica de la esclavitud. José Antonio Saco, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1984; Esclavitud y Sociedad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986 (en colaboración con Eusebio Reyes Fernández); Obispo Espada. Ilustración. Reforma y antiesclavismo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990; Obras de Félix Varela, Editora Política, La Habana, 1991(introducción de Eduardo Torres-Cuevas; investigación, compilación y notas de Eduardo Torres-Cuevas, Jorge Ibarra y Mercedes García), 3 tomos.

Además de los anteriores están también: Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y conciencia cubanas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1995; Antonio Maceo: las ideas que sostienen el arma, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1995; La historia y el oficio de historiador, Ediciones Imagen Contemporánea, La Habana, 1996; Historia de Cuba. 1492-1898. Formación y liberación de la nación. (En colaboración con Oscar Loyola Vega), Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2001; José Antonio Saco. Obras. Ediciones Imagen Contemporánea, La Habana, 2001, 5 tomos. (Introducción y Selección); José Antonio Saco. Historia de la esclavitud. Ediciones Imagen Contemporánea, La Habana, 2002, 6 tomos. (Introducción y Selección); Historia del Pensamiento Cubano, vol. I “Formación y liberación del pensamiento cubano” (1510-1867)”, Tomo 1 “Orígenes y formación del pensamiento cubano”. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004 y otros trece títulos más.

Ha colaborado además en numerosas publicaciones especializadas (nacionales y extranjeras); escrito prólogos e introducciones a libros, ensayos y folletos.
Se ha destacado especialmente en la investigación.

Torres-Cuevas ha participado en Cuba y el extranjero, en numerosos eventos científicos y otras actividades académicas como invitado, jurado u organizador. Desde abril del 2007 se desempeña como Director de la Biblioteca Nacional José Martí.

En busca…, tomo primero, destaca, entre otras cuestiones que La Habana, la que tuvo el privilegio de ver nacer entre sus calles a José Julián Martí Pérez, también lo tuvo de ver a José Martín Félix de Arrate y Acosta, quien vio la luz el 14 de enero de 1701 y murió 23 de abril de 1765 en la ciudad, y quien es considerado el primer historiador cubano. Arrate estudió en La Habana y México, donde se graduó en leyes. Fue regidor perpetuo de ayuntamiento de La Habana desde 1734. En 1752 fue nombrado alcalde ordinario de La Habana y durante la Toma de la Habana por los ingleses, 1762, se destacó por defender la ciudad. Como historiador, su gran obra fue Llave del Nuevo Mundo. Antemural de las Indias Occidentales, del cual no se tiene el manuscrito original, y fue publicado póstumamente en 1830 por la Real Sociedad Patriótica de La Habana, con una segunda parte en 1831.

Llave del Nuevo Mundo… es una descripción de la sociedad cubana del siglo XVIII y abarca la geografía y la naturaleza, la economía, las funciones de las autoridades y magistraturas, además de contener una cronología civil y eclesiástica para terminar con una crónica cultural.

También en esta ciudad que cumplirá sus primeros 500 años, nació Vicente Escobar y Flores, el 5 de abril de 1762. Pintor cubano, quien cultivó, sobre todo el retrato y disfrutó de una sólida reputación en su época. En 1827 fue nombrado por Fernando VII, Pintor de Cámara. Muchas de las obras de Escobar, en particular las de los Gobernadores españoles, fueron llevadas a España cuando cesó su soberanía en la Isla.

Vino de una familia donde su padre era Oficial del Regimiento de Pardos y Morenos. Aunque al nacer fue inscrito como negro, se asegura que murió como blanco por haberse acogido a la Real Cédula de Gracias al Sacar, dictada en Aranjuez en 1795, y según el crítico Jorge Rigol, compró el cambio de color; también se vendían razas, no solo títulos. Según se dice, aprendió a pintar sin maestros, teniendo por modelos las imágenes de santos heredadas de su bisabuela materna y se casó en Bejucal en 1798.

Se considera una persona misteriosa en los orígenes de la expresión plástica, un poco novelesca.  Lo cierto es que este artista irrumpió en la pintura de forma autodidacta y su vida fue “un tenaz forcejeo por trasponer las fronteras raciales”. Fue el más cotizado retratista de su época y no simplemente —es bueno aclararlo—, por “la dispensación de su calidad de pardo”, aunque, por supuesto, ello ayudó en buena medida”; sino porque fue bastante hábil para resaltar más la jerarquía de sus retratados que sus defectos, supo hacerse recomendar y dominó un mercado en el que había por entonces muy pocos competidores.

Viajó a España por 1785, donde estudió en la Academia de San Fernando de Madrid, fue discípulo del pintor de cámara Salvador Maella, se dice que entró en contacto con la pintura de Goya, de quien parece haber sido un ferviente admirador.

Escobar no sólo fue el primer pintor cubano en realizar este tipo de viajes de estudio, sino que, al parecer, también fue pionero en tener un taller independiente que por 1820, se dice estaba en la calle Compostela nro. 62 y entre sus discípulos tuvo al poeta y pintor Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido).

Su estilo, academicista descriptivo con cierto primitivismo, demuestra sus  limitaciones técnicas, sobre todo en las proporciones, los volúmenes y en las manos. En la novela Cecilia Valdés, su autor, Cirilo Villaverde lo menciona varias veces, lo cual corrobora su éxito social.

En el Museo Nacional de Bellas Artes se conservan varias de sus obras, entre ellas: La Benefactora, Aquilina Bermúdez y el Retrato de Justa de Allo y Bermúdez. Murió en la Habana también.

Ahora, el no habanero, que hizo tal vez más por la ciudad en los albores de la cubanidad, y al que el autor de En Busca …, ensalza de una manera especial, y que resulta imprescindible casi, para comprender las claves que llevan a descifrar el entuerto de lo que podría ser eso que somos hoy en día, fue el obispo Espada.

Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, nació el 20 de abril de 1756 en Arroyabe, Alava, España.  Fue obispo de La Habana desde el 11 de agosto de 1800 hasta su muerte, en La Habana, el 13 de agosto de 1832.

Estudió en la Universidad de Salamanca y se doctoró en teología.

Fue ordenado sacerdote en 1782 por el obispo de Segovia. Fue Rector del Colegio Mayor de San Bartolomé, abogado de los Consejos Reales, diputado de la Universidad. También fue vicesecretario y fiscal general del Obispado de Plasencia, capellán de la Armada y promotor fiscal del Santo Oficio. En 1792 fue nombrado canónigo y profesor de la Colegiata de Villafranca del Bierzo. En 1798 pasó a Mallorca y más tarde fue electo para el provisorato de Chiapas.

Llegó a La Habana el 25 de febrero de 1802. Fue consagrado en la Catedral de La Habana, el 28 de febrero siguiente, por monseñor Luis Ignacio María Peñalver y Cárdenas, arzobispo designado de Guatemala.

El obispo Espada era un clérigo dotado de una especial inteligencia, la que unida a una energía enorme, lo hizo realizar una gran labor de reforma de la iglesia católica y de las instituciones sociales, prestando su apoyo a los hombres más honrados y brillantes que se preocupaban por el bien común en la época. Fue mecenas de las artes y la cultura, al punto que En busca … se afirma sin rubor que “…en los orígenes mismo de la cultura cubana esta su mano, su obra y su pensamiento”, lo fue también de la educación, del saneamiento, de las obras públicas, incluyendo la construcción del primer cementerio de alto rango, (Cementerio de Espada) unida a la prohibición de enterrar en las Iglesias. Si se observan a sus amigos y enemigos, el Obispo fue grande por el tamaño de ambos.

Fue miembro de la Sociedad Patriótica, en la cual, un año después de su entrada, asume su presidencia. Formó parte, junto al doctor Tomás Romay, de la campaña a favor de la vacunación contra la viruela, fundó una casa de dementes y conmemoró en el Templete la primera misa dicha en La Habana. Un Templete que bajo la sombra del árbol símbolo de las libertades jurisdiccionales de San Cristobal de La Habana, se convirtió en una protesta contra el gusto gótico cortesano peninsular y su construcción neoclásica constituye no solo una expresión estética de Espada, sino una obra hecha en medio del feroz absolutismo contra el absolutismo.

Espada estuvo preocupado por formar hombres de bien y con frecuencia irrumpía en el seminario para constatar personalmente como iban los alumnos y quienes eran los más aventajados.

No fue un absolutista, fue un hombre de “tránsito entre la Ilustración y el liberalismo, una visión de las libertades individuales y colectivas dentro de lo más brillante de la tradición católica española” de su época, que simpatizó con los liberales y por ellos pidió clemencia en una carta pastoral, ante la restauración del absolutismo. Y no fue casual que en el período en que la reacción entra en acción (1823 -1832), se inicie una campaña contra Espada. Por esa razón, la Corona dictó la orden de que fuera conducido a España, pero porque el obispo estaba enfermo, el rey suspendió temporalmente la sanción, cuya anulación definitiva fue solicitada después por Espada. La Corona aceptó, pero el Vaticano no, y aunque el rey pidió al papa Pio VIII, el 2 de febrero de 1830, que accediera a la restitución de las solitas a favor de Espada, monseñor Pio Bighi, publicó un folleto titulado Nueva exposición de los desórdenes del Obispo de La Habana, en el cual, se le acusa, de jansenista y de sostener las doctrinas del Concilio de Pistoya, entre otras cosas, pero el Papa no se involucró.

Como nos enseña En Busca…, Espada fue más que el nombre de una calle, de un extinto cementerio y que un retrato que se conserva junto a la capilla de San Prudencio en la parroquia del pequeño pueblo donde nació y en el que se evoca el recuerdo de su hijo más ilustre.

Fue la protección bajo la cual se formaron y enseñaron en el colegio seminario de San Carlos de La Habana importantes figuras del pensamiento cubano del siglo XIX, entre otros, los presbíteros Félix Varela, José de la Luz y Caballero o José Antonio Saco, entre otros.

El episcopado de Díaz de Espada ha permanecido envuelto en un halo de mito, que el libro, que da pie a estas líneas, ayuda a desentrañar con mucha agudeza.

¿Qué fue Espada, un reformista, un liberal —cuando no un protoindependentista?

Fue acusado de masón y antiesclavista, epítetos que se usaron en anónimos en su contra (¡ay, los anónimos!) para desacreditar al obispo, su episcopado se desarrolló en una importante etapa de formación del pensamiento cubano, y que como señala Torres-Cuevas, ayudó a  formar la Cubanidad, y si se me permite, la habaneridad, sinónimos cuando más de las ideas autóctonas más avanzadas de su tiempo; y en fechas claves como los años que transcurren entre 1802 y 1832; para la historia de América, para la de España y para la de Cuba, porque se trata de consolidar en ellos un modelo económico y social sobre las que se asienta el desarrollo del siglo XIX y que perduró hasta las primeras décadas del siglo XX.

Cuba estuvo en medio de un acelerado proceso de transformación a una economía de plantación de la caña de azúcar. La demolición de las antiguas haciendas ganaderas y la expansión del cultivo favorecieron la aparición de nuevos núcleos de poblacionales a los que fue preciso dotar de iglesias.

A la muerte de Díaz de Espada, 30 años después de su arribo a la Isla, la mitad de las iglesias que existían en la diócesis habían sido fundadas durante su episcopado, de manera que la iglesia católica habanera consolidó su presencia en el territorio. La explosión fundacional fue acompañada de padrones de censo que facilitaron un conocimiento más exacto de la población y eso redundó, no sólo en beneficio de la propia institución eclesiástica, sino también en los planes de expansión económica y control del territorio proyectados por las autoridades coloniales y por las instituciones ilustradas de la isla, como el Consulado o la Sociedad Económica de La Habana.

Su reforma del clero consistió en fijar mecanismos para subordinarlo a la autoridad diocesana, pero paralelamente, Díaz de Espada fomentó el papel de agente transmisor del progreso civilizador, del que fue el mejor promotor.

Díaz de Espada mostró un profundo conocimiento de la realidad económica de Cuba, hasta el punto que supo diagnosticar las graves limitaciones que se derivaban de sustentar su crecimiento en el modelo de la gran plantación esclavista y defendió una Cuba de pequeños y medianos propietarios, dedicados a una agricultura diversificada, con lo que se anticipó en varios años a la “Cuba pequeña” de Alejandro Ramírez.

Como evidencia, el libro de Torres-Cuevas, con él se abrió una larga etapa en que la institución eclesiástica ascendió a su momento más brillante del catolicismo insular, aunque sus intereses se identificaron, aún más, con los de la metrópoli, modelo que se mantendría hasta la independencia de la Isla en 1898.

El 13 de agosto de 1832 al morir Espada no dejó testamento, no tenía propiedades, todo lo había entregado al pueblo.

Este primer tomo de En busca…, me ha grabado que tal vez la razón de lo que somos se explique porque hemos estado siempre en los límites de los aconteceres. Durante el siglo XVI, porque en nuestro derredor se debatió el destino americano de los imperios. En el XVIII, porque los ingleses llevaron ante La Habana a cabo la operación militar más grande realizada fuera de los límites europeos por su marina para tomar el objetivo más importante de América hispana; y en ese mismo siglo dejar sellada la guerra de independencia de las Trece Colonias, que formarían el núcleo de los actuales EE.UU. En el XIX,  porque en Cuba se realizó la primera guerra imperialista que significó el fin del imperio español. En el XX, porque tras alcanzar una “segunda” independencia, el destino del mundo estuvo entre sus costas durante la crisis de octubre de 1962. Estos asuntos, como significa el Dr. Torres-Cuevas, han hecho que los pensadores cubanos del XVIII y el XIX, hayan estado frente al destino del ser o no ser, a veces con premura, y como destaca, “…fuesen (además) hijos de la oficialidad criolla del Batallón de Fijos de La Habana”.

Algunos se podrán preguntar, ¿por qué terminar con un español con tantos habaneros ilustres evocando a La Habana? Lo primero que se me ocurre es que con La Habana y sus 500 años, no se termina fácilmente, es una ciudad llena de blancos, negros, españoles, chinos y de todas partes del mundo, como buen puerto de mar y criolla orbis que es y que se respete, en ella se mezcla todo; lo segundo es, ¿y por qué no?, al final “uno es un poco quienes nos rodean”, y como tercera opción, una pregunta: ¿y acaso “otros” por no haber nacido en La Habana dejan de ser más habaneros si han sentido la ciudad como suya?

En busca de la cubanidad es una historia de Cuba distinta, desde un sentimiento, desde una habaneridad, si cabe el término, desde una Cuba policéntrica y multicolorida.

La Habana espero, que para esos días de cumpleaños vista un nuevo ropón, uno engalanado que recuerde sus primeros 500 años, con trovadores nocturnos y diurnos cantando a sus dones y a su belleza, esperando que sigamos, todos, ocupándonos de ella, en ese, nuestro amor intenso por sus calles, por sus personajes y por sus misterios.

¿Se nace en los lugares por casualidad? No lo sé, recuerdo haber escuchado de un cantor hace varios años: “Soy aria endecha, tonada,/ soy Mahoma, soy Lao- Tsé,/ soy Jesucristo y Yahvé,/soy la serpiente emplumada, soy la pupila asombrada/que descubre como apunta/, soy todo lo que se junta/ para vivir y soñar;/ soy el destino del mar:/ soy un niño que pregunta”.  O sea que ¿en cualquier parte y da igual dónde se nace?

La respuesta puede ser si y no. No depende del nacido sino que quien lo alumbra, lo cierto es que hay ciudades que uno descubre y nos atan a su espíritu, a veces coincide y es la ciudad en la que se nace, en mi caso al menos sucede, hay también otras ciudades de las que uno se siente parte o por lo soñado, o por lo vivido, o por lo amado, o por la sinuosidad de sus calles, o el  olor, o vaya alguien a saber el por qué; pero La Habana, particularmente, me arrasa más de un sentimiento.

Si se parte o se regresa de ella no es importante, lo real, lo que permanece es el descubrimiento de que habita en uno y es en definitiva a la que hay que agradecer que exista para quitarnos de encima “la gran pena del mundo”, que es también el no hacer algo a tiempo.

Lo entrañable no se va nunca, queda aunque no estemos o no seamos ya los mismos, aunque quisieran irse las cosas o las gentes y cambiar para siempre, los recuerdos siempre se quedan.

Yo sueño con una Habana “normal”, ni tan sucia, ni tan limpia, ni tan descascarada, ni tan pintada; sin maquillaje, solo normal.  Que tenga un tranvías que recorra la calle 17, por ejemplo, que a lo mejor los habaneros nos regalamos haciendo una suscripción popular, en la que cada uno done lo que pueda, sin funcionarios que viajen cada 6 meses al exterior para recoger experiencias en otras ciudades con tranvías, sin crear una dirección nacional de tranvías y sus anexos, sin que se pasen cursos de 6 meses o maestrías o diplomados para aprender administrar el tranvías. Simplemente que un grupo de notables ciudadanos en su directiva no se apropien del peculio ajeno, que sea publica la cantidad de dinero recaudado y el balance de cuentas de la suscripción en el periódico y que se diga para que se usó esa “plata, con fecha de comienzo y fin de las obras; y ese es un sueño.

Una calle 17 restaurada, plena de los que la habitan, en sus variadas y destartaladas, divididas como un cake, bellas mansiones; con el tranvías, que vaya y vuelva sin fin, y ayude a los pobladores a trasladarnos y nos llene de orgullo a todos, ¡ah! y que existan más guaguas, y que los “almendrones” sigan funcionando, con menos humo contaminante y cumpliendo la Ley, porque como ciudadanos todos debemos cumplir con las leyes, nada ni nadie, ni institución ni persona,  están por encima de las leyes. Una Habana con las calles normales, no sin baches, pero tampoco con tantos, una, ni muy muy, ni tan tan.

Una Habana que sea una cofradía, que plena de orgullo tienda la mano a los emigrados a ella y a los nacidos en ella, recordando a quienes Leal(es) al tiempo, le han dedicado sus vidas. La ciudad se lo merece y su historia también; se lo merecen sus habitantes pasados, los actuales y los futuros, los visitantes; se lo merece Cuba y nosotros, al final nosotros.

Notas
1 5:21=27 del Génesis
2http://www.bnjm.cu/eduardo_torres.htm yhttp://www.cubaliteraria.com/autor/ eduardo torres cuevas/index.html
3 Ver a Ortega, Josefina: Vicente Escobar: Un precursor de la plástica en Cuba enhttp://www.lajiribilla.cu/articulo/4045/vicente-escobar-un-precursor-de-la-plastica-en-cuba
4 IDEM
4http://www.ecured.cu/index.php/Vicente_Escobar_y_Flores
5 Torres-Cuevas, Eduardo: En busca de la Cubanidad, editorial Ciencias Sociales, La Habana 2006, tomo uno, pág. 358
6 IDEM pág. 348
7 IDEM pág. 323
8 Discontinuado.
9 Movimiento religioso católico europeo de los siglos XVII y posteriores, su creador fue Cornelio Jansenio (1585-1638) teólogo y obispo.
10 El sínodo de Pistoya fue convocado por Scipione de Ricci, obispo de Pistoya y Prato, en la Toscana. Tuvo como ideólogo al teólogo Pietro Tamburini. Se llevaron a cabo siete sesiones entre el 19 y el 28 de septiembre de 1786. El protector del sínodo fue el Gran Duque de Toscana, Pietro Leopoldo, futuro emperador Leopoldo II.
11 IDEM pág. 353
12 (1777–1821) economista español, estudió en Guatemala, fue jefe de los servicios económicos en Puerto Rico y supervisor de finanzas en Cuba. Apoyó la fundación de la Escuela Gratuita de Dibujo y Pintura, conocida como San Alejandro, en La Habana.
13http://technologybase.com/Cuba1800/Individuos/Espada.htm
14 Torres-Cuevas, Eduardo: En busca de la Cubanidad, editorial Ciencias Sociales, La Habana 2006, tomo dos, pág. 4
15 Knausgaard, Karl Ove: A man in love. Editorial Vintage, 2012, pág. 16
16 Silvio Rodríguez Domínguez

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  • Doris de Segunda Cita dijo:

    Vladimir, hermano, bella, muy bella semblanza. Te lo puse en Segunda Cita, te agradezco enormemente estos aportes.

    Abrazos

  • Maritza dijo:

    Lindo y sentido artículo. No soy habanera, soy cubana y por tanto amante de La Habana, que no es la única que se desgaja y ensombrece con la suciedad, el desinterés y el abandono de todos y cada uno de los cubanos. Unos desde sus cargos, otros desde sus pies, pero todos contribuimos de una manera u otra al depauperio en el que estamos viendo, empujando y dejando caer a nuestras ciudades y pueblos. Y lo peor es que a todos nos duele, pero nadie mueve un dedo ¡Qué triste!
    Un tren, una guagua, un avión, un crucero, y todos ellos juntos no resolverían el problema. Ojalá tengamos el tranvía, ojalá porque hace mucha falta. Pero que lo cuidemos todos y no simplemente nos asombremos de verlo o lo llenemos de carteles y rayones.

  • Tyrion dijo:

    ¡Genial!

  • Homo Sapiens dijo:

    No naci en La Habana, pero llevo mas de 60 años en ella y como cubano y porque es la Capital de todos los cubanos, me duele todo el mal que le hacen, inmigrantes y habaneros, pero con solo lamentarnos nada vamos a ganar, por eso hago una convocatoria y pido al periodista y a Granma a que me ayuden en ello, a que convoquemos a una Gran Campaña para Salvar La Habana de la desidia y la idolencia, como soy una persona intrascendente para liderar esa gran accion, pido al Cro. Eusebio Leal que encabece con su sabiduria, sus influencias y sus meritos esa campaña, y que se unan a la misma todos los intelectuales y artistas que se desempeñan en La Habana, que la UNEAC y la AHS participen activamente, con actividades concretas y activismo militante, que los medios masivos de comunicacion tomen parte activa divulgando en noticieros y programas especiales todo lo bueno que se logre para embellecer La Habana y tambien se pronuncien con mucha fuerza denunciando lo malo, con nombres, apellidos y direcciones, que todos aquellos residentes de La Habana que hayan hecho o tengan en los exteriors de sus casas chapucerias que afean el ornato los eliminen a la mayor brevedad y que Planificacion Fisica acabe de ejercer la autoridad que le corresponde en esto, que comunales acabe de tomar las medidas para impedir, repito impedir, que se formen escombreras y microvertederos y reconstruya las aceras que ha desbaratado recogiendo los microvertederos, asi como que reponga los bancos de los parques y de las paradas de omnibus que han sido objeto del vandalismo, que la Policia haga lo que tiene que hacer y que no hace con los vandalos, que el Gobierno no otorgue un permiso para una accion constructive, o de un credito o un subsidio sin antes verificar como van a eliminar los escombros, que nadie se sigan escudando en “la indisciplina social” para justificar su indolencia, porque eso equivale a “echarle la culpa al pueblo” de lo que no es su culpa. Si vencimos a USA en Giron, si sobrevivimos a una Crisis de Octubre y si aguantamos un Peridodo Especia, por que no podemos Salvar La Habana.

  • giovanni dijo:

    No es sola la habana, que me dicen de santa clara, en el mismo centro de cuba y que en un tiempo fue el centro social del interor de cuba por la posicion que tiene, cultura, educacion, logros en todos los niveles, alto nivel cultiral de su poblacion y….. hoy es una ciudad abandonada, pobremente atendida……. y aun nos falta mucho para los 500.

    • LUIS dijo:

      YO FUI A SANTA CLARA HACE POCO Y LA VERDAD ME DIO PENA VER UNA CIUDAD QUE NO OFRECE BNADA NUEVO A LA VISTA, CREO QUE HACE 20 AÑOS ERA MAS BONITA QUE AHORA.

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F. Vladimir Pérez Casal

F. Vladimir Pérez Casal

Filólogo cubano. Colaborador de Cubadebate.

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