Imprimir
Inicio » Opinión, Cultura  »

De pilones y versos

| +

Al compás del pilónNo se distingue el cine documental cubano por la entonación antropológica o ese relato de una mirada que disecciona, que cautiva por la búsqueda renovadora de un tema, sus medulares raíces, sus retornos, desgarros o cercos. Es un género que discurre desde las honduras conexas o en capas, que parecen superpuestas y son claramente parte de un todo.

Sujeto y entorno no siempre son construidos desde la organicidad del discurso narrativo atemperado. Como ese pliego de hojas secas donde cada fibra derruida, cada fragmento de luz ausente deja una huella, o muchas otras. Entonces somos testigos del encorvar de su esqueleto que se torna quebrado y con el tiempo se integra al manto de un suelo seguramente antiguo. Una hoja, o muchas, que fueron vestiduras de un árbol y ante ese presente fotografiado estamos en su pasado desde los firmamentos del cine verdad.

Tampoco es común desgranar con rigor estético al sujeto antropológico que forma parte esencial de la construcción del conocimiento como núcleo de toda obra documental, donde profundizar implica ver los acentos humanos y los itinerarios de cada puesta fílmica. Lo que hormiguea o incide en torno a él y se nos escapa del verso fotográfico, de la escritura elegible de un texto audiovisual que ha de fundar conocimientos o múltiples respuestas ante las interrogantes de una sociedad donde la cultura –la nuestra-, importa, y mucho.

Pero vale ver y apreciar otras formas de hacer cine documental cubano, incluso, cuando está escrito desde un tema cuya naturaleza es corpórea. Un objeto que es pasto de historias, leyendas, secuencias con ropajes ancestrales que nos ponen en contexto, en tiempos pretéritos, en ese construir de la memoria tejida por la lectura y la narración oral. De tradiciones que por un instante de nada nos llevan al lugar de sus orígenes, de su llegada a esta parte del mundo que se llama Cuba y que, aún hoy, nos estremece o enorgullece como cubanos de una isla afincada a su historia.

Bajo esta premisa vale tomar nota de un filme donde el pilón es el “objeto del deseo”. Una obra documental producida por Televisión Serrana en el año 2002 y que deseo retomar con palabras sustantivas o metáforas de prosas versos.

El texto fílmico está estructurado por difusos planos que rompen con el tradicional cuerpo narrativo de introducción-nudo-desenlace, o por partes que son unidades en sí misma y que su autor destraba como fábulas sacadas de los sabores de la serranía de la oriental provincia de Granma. Las escribe con el llano dialogar de campesinos que enfundan su risa irónica, sus anécdotas descorchadas, sus herencias que son parte de esa sabiduría que persiste con los anclajes de un tiempo retórico, por momentos, indeterminado.

Los personajes se muestran ante la cámara indagadora con versos, con cantos de particular desenfado, con tonos de luz y verbo fresco que contrasta con los avatares de una ciudad siempre de prisa y sin nervios. Es también esencia de esta obra las tomas de retrato que el experimentado Luis Guevara sabe fotografiar desprovisto de encuadres tercos. Más bien se apertrecha de una mirada de luces en paralelos y de tomarles el pulso con una lente que por momentos parece insaciable; y en otras, resulta complaciente con lo que ve, con lo que se le “interpone” a su alrededor. Y deja que la naturaleza y el espacio indefinido de las montañas hagan lo suyo para esclarecer lo que resulta protagónico o secundario. Son en definitiva los telares de una montaña que parece esconderse con las cortinas de un teatro que está a la intemperie.

Al compás del pilón… (2002), del cineasta Carlos Y. Rodríguez, es un documental que en apenas diez minutos atrapa, revela fragmentos de narraciones que son parte historiográfica de un artefacto presente en la familia serrana. Un pilón protagónico, fotografiado con mesura en los interiores de las casas como eje de los amaneceres que el cine le dota de simbolismos y que el cineasta revela en sus orígenes, en cómo se construye. Todo es significativo en esta pieza de trazos breves y escritura cursiva, claramente alejada de los academicismos del cine que parece convertir al método en el todo y no el tema que le apremia.

Es este un cuerpo audiovisual donde los aferrados machismos de hombres curtidos por los retos de su entorno y del sol, secundados por palmeras en luz, pintan el paisaje que no se amedrenta ante la llegada de “seres extraños” con ópticas, trípodes al uso y algún micrófono que parece escucharlo todo y lo logra. Los sonidos del canto de los pájaros que invocan al silencio, a la brisa de un amanecer tardío, al mejor de los coros, al retumbar de los pilones de esa zona de Cuba que no deja de sembrar lo nuestro con la simpleza de una metáfora de exquisito sabor a café.

(Tomado de http://cinereverso.org

Haga un comentario



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Octavio Fraga Guerra

Octavio Fraga Guerra

Cineasta cubano y analista cultural. Es el autor del blog http://cinereverso.org/

Vea también