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Nunca antes fue más útil un anhelo, que el anhelo inútil de Rubén

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Para mis amigos: Agustín Díaz Cartaya y Ramiro Sánchez, asaltantes

¡Oh, mi ensueño, mi ensueño! Vanamente me exaltas:
¡Oh, el inútil empeño de subir donde subes!…
¡Estas alas tan cortas y esas nubes tan altas…!
¡Y estas alas queriendo conquistar esas nubes!

Por estos días no solo se rinde tributo a los que aún viven y han podido ver el fruto de los sacrificios de aquel día, “…sino a los que cayeron gloriosa y heroicamente por una causa, los que no tuvieron la dicha de ver desplegadas en el suelo querido de la patria que ellos regaron con su sangre joven y generosa”[ii], las banderas. Que se escuche a los Van Van y a otros, que se festeje, pero que se piense también en quienes hicieron posible que se escuchen.

Rubén Martínez Villena.

Rubén Martínez Villena.

Rubén Martínez Villena fue uno de los más brillantes intelectuales revolucionarios cubanos de su época. Nació en Alquízar, el 20 de diciembre de 1899. Graduado de bachiller en 1916 y de Derecho en 1922, en la Universidad de La Ha­bana, apareció su primer artículo, en prosa, en la revista Evo­lución en julio de 1917. En 1920 las revistas habaneras comenzaron a publicar sus poemas. Esta fue la época en que, al decir de su amigo Raúl Roa García, “cristaliza en arrebatados sonetos su fogoso patriotismo”, como por ejemplo, en el Rescate de San­guily, Jimaguayú, Máximo Gómez[iii].

Como poeta es antológica La pupila insomne y El gigante, entre otros textos.

Tengo el impulso torvo y el anhelo sagrado
de atisbar en la vida mis ensueños de muerto.
¡Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado!…
(¡Ya dormiré mañana con el párpado abierto!)…

Conoce en 1920 a Pablo de la Torriente Brau en abril y a Julio Antonio Mella en noviembre y se reafirma lo que será el sentido de su vida.

El año 1923 es importante para él, por la “Protesta de los Trece”, que al inicio fue de 15, pero dos se “rajaron”; una lección más de que no siempre todos llegan al final, algunos se quedan por el camino.

Fue el 18 de marzo, un salón pleno de gente rindiendo tributo a la escritora  uruguaya Paulina Luisi[v]. El orador principal del acto, un ladrón y corrupto secretario de Justicia del go­bierno de Alfredo Zayas y Alfonso[vi]; su nombre Erasmo Regüeiferos[vii], a quien hoy nadie recuerda.

En el centro del paraninfo, 15 jóvenes se pusieron de pie y Rubén dijo: “Perdónenos la ilustre escritora a quien con tanta justicia se tributa este homenaje. Protestamos contra el funcionario ta­chado por la opinión, y que ha preferido rendir una alta prueba de adhesión al amigo antes que defender los intereses nacionales. Sentimos mucho que el señor Regüeiferos se en­cuentre aquí. Por eso nos vemos obligados a protestar y retirarnos”. Lo hicieron, y entregaron un manifiesto contra la corrupción a la prensa, 13 lo firmaron, lo otro es historia de Cuba.

Años difíciles corrían, Lenin escribía su carta – testamento[viii], rompiendo relaciones con Stalin. Fue redactada entre diciembre de 1922 y marzo de 1923, tiempo en el que, en una serie de artículos programáticos, Lenin dio al partido los más maduros frutos de su pensamiento; pero ya estaba enfermo.

La ruptura entre Lenin y Stalin no fue fortuita, fue el colofón de una larga serie de conflictos precedentes y referentes a cuestiones prácticas o de principios. Lenin apreciaba varios rasgos de Stalin, su firmeza de carácter, tenacidad, obstinación y hasta su rudeza y astucia, condiciones necesarias en una guerra y por tanto formaba parte de su círculo cercano. Pero Lenin estaba lejos de pensar que estas características fueran suficientes para la dirección del partido y del Estado. Lenin veía en Stalin un agitador, pero no un hombre de Estado ni un teórico que asumiera el poder. Stalin le hizo daño al movimiento proletario internacional.

Por otra parte, Lenin despreciaba a los moralizadores, tenía mucho rigor en lo concerniente a las reglas de conducta que consideraba necesarias para el éxito de la revolución y la creación de la nueva sociedad, en la que no cabía la pedantería, la guataquería, la hipocresía y la intolerancia.

Mientras; en Cuba, Rubén y Julio Antonio fundan la Universidad Popular José Martí y la Liga Antimperialista de Cuba, junto a otros compañeros.

Martínez Villena ingresó al Partido Comunista en 1927, fue el abogado de la Confederación Nacional Obrera de Cuba, los sindicatos, y se convirtió en su líder, pero nunca ocupo la presidencia. En el Partido nunca asumió la secretaría general. “Pero, aunque no lo fuera formalmente, fue de hecho, hasta su muerte, el máximo dirigente del Partido…”[ix].

Rubén organizó memorables huelgas en julio de 1929 y la huelga general del 20 de marzo de 1930 que paralizó al país por más de 24 horas. El proletariado cubano y su organización sindical desempeñaron un papel protagónico en la huelga general de agosto de 1933 que obligó a huir del país al “asno con garras”,  Gerardo Ma­chado, y detrás de aquella huelga también estuvo Rubén.

Martínez Villena se fue a la eternidad el 16 de enero de 1934 e hizo suya la prédica de Martí, el ejemplo inmortal de Céspedes, de Agramonte, de Gómez y de Maceo, y de otros hombres legendarios que empezaron y ayudaron a fundar la Patria.

El hecho de la muerte de Rubén -aún nadie de quienes han investigado su vida dan razones convincentes-, fue publicado en Bandera Roja, el órgano oficial del CC  PCC de la época, en una de sus páginas interiores.

Rubén no fue un comunista “cómodo”, como tampoco lo fue Mella[x], fueron comunistas distintos, de los que se negaron a sacar el paraguas y usarlo porque llovía en Moscú mientras en La Habana el sol era radiante.

Y junto a Rubén lo fueron también otros marxistas cubanos, como Raúl Roa García, uno de los pensadores más lúcidos del pasado siglo XX. “La vocación socialista de Roa no cabía en el molde eslavo. Los trabajos reunidos en su primer libro, Bufa subversiva, reseñan con admiración la lucha de los comunistas contra Machado, y apenas hace visibles diferencias ideológicas entre él y sus compañeros fraternos de lucha, cualquiera fuese su filiación, pero Roa no ingresó al partido de los comunistas del patio, -hasta la Revolución de 1959- y el tono y la profundidad de sus críticas fueron en aumento constante tras las políticas seguidas por ese partido con posterioridad a 1938”[xi].

Rubén tuvo varias diferencias con los dogmáticos del Partido y nunca fue “…un seguidor acrítico de los dictados de la Internacional Comunista”[xii]. Villena fue marxista, leninista y martiano, pero nunca estalinista.

Un visionario Lenin, ya se había dado cuenta de las diferencias entre Stalin y Trotski desde mucho tiempo antes que estas estallaran. En la carta mencionada,  hace referencia a ambos como “los dos dirigentes más destacados del presente Comité Central”. Habiendo subrayado las “excepcionales facultades” de Trotski, señala inmediatamente su excesiva confianza en sí mismo y su propensión a dejarse atraer demasiado por el aspecto puramente administrativo de las cosas. De Stalin dijo: “Al convertirse en secretario general el camarada Stalin ha concentrado en sus manos un poder enorme y no estoy seguro de que sepa emplearlo siempre con suficiente cautela”. Y agregaba: “Stalin es demasiado rudo, y este defecto, completamente tolerable en las relaciones entre comunistas, resulta intolerable en el puesto de Secretario General. Por lo tanto, propongo a los camaradas que vean el modo de retirar a Stalin de ese puesto y nombren a otro hombre que le supere en todos los aspectos, es decir, que sea más paciente, más afable y más atento con los camaradas, menos caprichoso, etc. Estos detalles pueden parecer una bagatela insignificante; pero creo que si se piensa en evitar una escisión y se tienen en cuenta las relaciones existentes entre Stalin y Trotski, que he examinado anteriormente, ya no son una bagatela o son al menos una bagatela que puede llegar a adquirir una importancia decisiva”[xiii]. A Lenin la historia le dio la razón.

Rubén no fue más marxista porque hay que tener en cuenta al hombre y sus circunstancias y “…el fragmentado conocimiento de las obras de los clásicos que existía en la época”[xiv]; un poco también, quiero pensar, que para hacer cumplir lo dicho por su cuñado y entrañable amigo, años después, José Zacarías Tallet[xv]: “Se que en mi tiempo di golpes de mandarria para quebrar cadenas, que si no las quebré, fue porque no era mi tiempo, que si otros las quebraron fue porque las encontraron menos duras”.

Su hacer no estuvo exento de debates con las “…concepciones erróneas, indefiniciones, confusiones ideológicas, prejuicios: Algunas ideas fueron expresión de prisas izquierdistas, otras de los defensores a ultranza de la ortodoxia de la teoría revolucionaria -de las orientaciones y enseñanzas elevadas al rango de axiomas- y los que la subvaloran o niegan”[xvi] y su poesía así lo refleja:

¡Oh, consciente impotencia, para vencer la empresa
de traducir al verso la aspiración informe!
Angustia irremediable: conservar inconfesa
la tragedia monótona del vivir uniforme!
[xvii]

Raúl Roa García en El fuego de la semilla en el surco[xviii] cita:¨Si queremos avanzar, de veras, hay que salir del practicismo rutinario y enjuiciar la realidad y elegir los modos de acción en el nivel teórico. Lenin martilló mucho sobre eso. Acuérdate de su iluminante proverbio en ¿Qué hacer?: “Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario”.

Rubén incluso “…reconoce la posibilidad de desaciertos teóricos en la obra de Marx, a la vez que subraya el papel de la práctica en la búsqueda de la verdad: “El error fundamental de esta discusión está en que Marx no era infalible. Además, el padre del Socialismo era naturalmente un teórico que se hubiera visto obligado a modificar sus ideas (algunas al menos) al ponerlas en práctica. La teoría no puede ser más que el hilo conductor, por ello se requiere siempre cierta flexibilidad”.[xix]

Decir eso por aquellos años -ahora también incluso, sin equivocación-  era un ejemplo de valor y sin dudas sus palabras hacían levantar la ceja en señal de temor a más de uno, y fue más valiente al decirlo en medio del clima de dogmatismo imperante en el período que hacía oscuro, no sólo el desarrollo de la teoría revolucionaria, sino su puesta en práctica y convertía esas opiniones en herejías y desafíos.

“En estos días todo el viento del mundo sopla en tu dirección…” -y desde aquí no se ve la Osa Mayor sino a Júpiter y Venus-, el recordar a Rubén Martinez Villena, su vida y su acción nos invita a darnos cuenta que heterodoxia no es “contrario” a disciplina; sólo diciendo lo que se piensa y defendiendo lo que se cree nos hace llegar a algún lugar.

La vida me ha recompensado con varios privilegios, uno de ellos es el de la amistad. Algunos de mis amigos son ya muy mayores de edad, otros se fueron de la tierra o regresaron a ella, participaron en los hechos del Moncada, tuve la dispensa de escuchar sus anécdotas, no todas eran tristes. Ellas y ellos perdieron familiares, novios y amigos allí. La amistad tiene un precio alto, el ser sincero y el ser uno mismo, entre otras cosas. Uno de esos amigos -no asaltó el Moncada, aunque hizo otras cosas- que vive en Las Terrazas me contaba -en ocasión de haberlo visitado en compañía del pintor Michel Mirabal- que tuvo un amigo, que nació en la Argentina en 1928, y hablaban que “…no tiene sentido la vida sin una causa justa a la que consagrarla”. Su amigo fue asesinado un 9 de octubre hace ya varios años en una escuela en La Higuera.

En estos días en que sale el sol junto a varios rostros. En estos días que seguramente caminarás por Línea o por el Malecón, por la calle 17, y si no lo haces ahora mismo lo harás en breve. En estos días en que “…las flores te maldicen muriendo, celosas…”, -Silvio me disculpará, lo sé, al final se trata de Rubén y no de ti, solamente-, sería bueno hacer un poco de memoria y saber que no fue ocasional o por casualidad que el líder histórico de la Revolución cubana terminara su discurso del XX Aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes con los “arrebatados” versos del poeta de su Mensaje Lírico civil:

“…Hace falta una carga para matar bribones,
para acabar la obra de las revoluciones;

para vengar los muertos, que padecen ultraje,
para limpiar la costra tenaz del coloniaje;

para poder un día, con prestigio y razón,
extirpar el Apéndice de la Constitución;
 

para no hacer inútil, en humillante suerte,
el esfuerzo y el hambre y la herida y la muerte;
 

para que la República se mantenga de sí,
para cumplir el sueño de mármol de Martí;

para guardar la tierra, gloriosa de despojos,
para salvar el templo del Amor y la Fe,

para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos
la patria que los padres nos ganaron de pie.


[ii] Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, en el acto central en conmemoración del XX Aniversario del ataque al Cuartel Moncada, Santiago de Cuba, 26 de julio de 1973.

[v] 1875-1949, primera mujer médico en Uruguay, profesora y líder feminista.

[vi] Se opuso a la Enmienda Platt y a la instauración de la Base norteamericana en Guantánamo, el gobierno del cual fue Presidente de Cuba entre 1921 y 1925 fue corrupto.

[vii] Escribió una obra de teatro llamada El sacrificio.

[viii] El texto fue escrito en diez días, entre el 25 de diciembre de 1922 y el 4 de enero de 1923. Sólo dos personas tuvieron conocimiento del mismo: M. Volodicheva, que escribió el dictado y la esposa de Lenin. El documento se entregó después de la muerte de Lenin al Secretariado del Comité Central para que, por intermedio del Congreso, fuera dado a conocer al partido. La primera lectura oficial del testamento tuvo lugar en el Kremlin, no en una sesión del Comité Central, sino en un pequeño grupo antes del XIII Congreso del partido, el 22 de mayo de 1924. No fue Stalin quien la leyó, sino Kamenev.

[ix] IDEM ii.

[x] En 1928, Villena acepta el plan insurreccional de Mella, posición que demostraba su antidogmatismo, sobre todo si se tiene presente que la concepción de unidad implicaba rechazar explícitamente las tesis del VI Congreso de la Internacional Comunista de 1928. Después del asesinato de Mella (10 de enero de 1929), Villena considera imposible seguir pensando en un levantamiento armado pues consideraba que sólo Mella hubiera sido capaz de encabezar un movimiento de esas características en la época. Verhttp://www.revistacaliban.cu/articulo.php?numero=7&article_id=77

[xi] Ver Guanche, Julio César: Raúl Roa y el “socialismo de la esclavitud “(I).http://www.telegrafo.com.ec/cultura1/item/raul-roa-y-el-socialismo-de-la-esclavitud-i.html.

[xii] Ver a Rosales García, Juana: Rubén Martínez Villena: una interpretación creadora de las ideas marxistas en http://www.revistacaliban.cu/articulo.php?numero=7&article_id=77.

[xiii] Vladimir I. Lenin: Últimas Cartas y Artículos; Editorial Progreso, Moscú; 1971; pág. 63.

[xiv] Ver IDEM x.

[xv] 1893-1989, poeta y escritor cubano fue Premio Nacional de Literatura en 1984. Se casó con Judith, hermana de Martínez Villena.

[xvi] Ver IDEM x.

[xviii] Editorial Letras Cubanas. Ciudad de La Habana. 1982, p. 233. El título del libro está tomado de un exergo del poema de Rubén “Motivos de la angustia indefinida”, que dice: “Mi vida una semilla en un surco de mármol, (verso sin consonante)”.

[xix] Ver en Rosales García, Juana: ¨Presentación de Notas al margen al libro “La dictadura del proletariado según Marx, Engels, Kautsky, Berstein, Lenin, Trotsky, Axelrod y Bauer de N. Tasin”, en Marx Ahora no. 8, 1999, p. 188-191. En el libro escrito por el ruso N. Tasin aparecen estas interesantes notas al margen escritas por Villena a su regreso de la antigua Unión Soviética, mientras se encontraba escondido en la casa de su amigo y hermano de infancia Enrique Serpa (junio de 1933). Citado en IDEM x.

Se han publicado 6 comentarios



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  • Eduardo dijo:

    Buen trabajo este. Nos hace pensar y nos mejora. Felicitaciones al autor.

  • Luis García dijo:

    Se puede acceder a un link donde poder leer la carta de Lenin??
    Gracias

  • Reynaldo dijo:

    Un comentario como ese merece muchos comentarios de elogio y a la vez de reflexión. En esta nueva etapa que le viene encima a Cuba con las nuevas “relaciones” con los vecinos del Norte, qué bueno sería que esos versos finales nos aparezcan hasta en la sopa, en escuelas vallas públicas, TV, radio, en fin, de manera que no “hagamos inutil en humillante suerte el esfuerzo y el hambre y la herida y la muerte” que hemos sufrido por causa del asedio yankee y así salvar “el templo del amor y la fe”

  • fidel dijo:

    Un trabajo pensando en Cuba y en quienes contribuyeron que Cuba fuera la de hoy.

  • David dijo:

    Excelente artículo. Brillante.

  • Deborah dijo:

    Muy buen artículo, con la poesía de la historia. Gracias Vladimir por recordar de esta forma a quienes lo merecen y por todo lo demas.

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F. Vladimir Pérez Casal

F. Vladimir Pérez Casal

Filólogo cubano. Colaborador de Cubadebate.

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