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Las batallas en Tarawa

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La batalla de Tarawa (Kiribati) fue un combate de la Segunda Guerra Mundial, librado entre el 20 y el 23 de noviembre de 1943, aunque las operaciones duraron dos días más. Era la segunda vez que Estados Unidos pasaba a la ofensiva en el Pacífico contra Japón –Guadalcanal(1) fue la primera-, pero hay otras batallas, las que libran los médicos cubanos aquí.

Arnaldo Leiva Silva, 1969, se mueve como pez en el agua entre los niños, es pediatra; pero no solo por eso, le gustan los niños, tiene dos, uno de 19 años y otro de 6, al más pequeño, “…durante los dos primeros años yo se lo hacía todo, no quería estar con más nadie”.

Dice las cosas con un sentido del humor raro para un cubano, muy aguzado e irónico, y de vez en cuando suelta lo suyo.

Sobre su trabajo comenta: “El problema es que traen a los niños a última hora, entonces solo los sacas del choque y ya no hay remedio. Te los traen en un estado muy grave”. Arnaldo nació en Cueto, había estudiado en Santiago de Cuba y trabajado en el campo, “…imagínate había que buscar dinero para ayudar a los viejos y para comprarme la ropa, en las vacaciones y cuando iba a la casa, me iba a picar caña o trabajar en cualquier otra cosa”. La vida de cualquier cubano.

El objetivo de las fuerzas norteamericanas era establecer bases aéreas avanzadas, para apoyar las operaciones en el Pacífico central y consideraron para ello tomar las Islas Marianas, pero lo impedía estaban una guarnición japonesa desplegada en la pequeña isla de Betio (se pronuncia beso) al oeste del Atolón de Tarawa, actual Kiribati (ex Islas Gilbert).

Las fuerzas japonesas eran conscientes de la ubicación estratégica de su guarnición y habían invertido esfuerzos en fortificarse, desplegaron a 2619 soldados de una unidad élite y 14 tanques ligeros Tipo 95 Ha Go (2). Para reforzar las defensas, agregaron a la guarnición 1247 hombres más, junto con los 970 hombres del batallón de construcción de la Cuarta Flota Imperial y aproximadamente 1200 trabajadores forzados que trajeron de Corea.

Montaron sobre bunkers de hormigón cañones en la costa, incluyendo algunos de 8 pulgadas comprados en el Reino Unido en 1905 durante la guerra ruso-japonesa, y construyeron más de 500 fortines, empalizadas, así como diseminaron otras 40 piezas de artillería por el atolón. Un campo de aviación fue construido en el punto más alto y las trincheras conectaban a todos.

Comandaba la tropa ocupante el Vicealmirante Keiji Shibazaki (1894–1943) quien se jactaba que serían necesarios un millón de hombres y cien años para conquistar Tarawa.

Las enfermedades infantiles más usuales contra las que un pediatra se enfrenta en Kiribati son la desnutrición severa, las diarreas, la neumonía, la bronqueolitis (3) y están apareciendo muchos casos de fiebre tifoidea.

Al decir de este médico no hay cultura inmunitaria ni prevención, al nacer los niños son vacunados contra el tétanos, la BCG, la hepatitis y la tuberculosis pero el asunto es que el esquema se pierde en el camino. Existen las clínicas, asisten solamente cuando se sienten muy enfermos. La esperanza de vida al nacer de los habitantes de Kiribati es de 60 años (57 para los hombres y 63 para las mujeres), la tasa de mortalidad infantil es de 54 muertes por cada 1000 nacimientos. La tuberculosis y la lepra están presentes en el país. Entre 1990 y 2007 habían 27 médicos por cada 100 000 habitantes. Desde que los médicos cubanos arribaron aquí, la tasa de mortalidad infantil ha bajado considerablemente.

La isla de Betio tiene forma triangular con la base al oeste. La laguna del atolón se encuentra al noreste, en toda la costa norte de la isla las aguas son poco profundas y los lados sur y oeste en aguas más profundas. Como quiera que los posibles ataques vendrían desde el sur, por la profundidad de las aguas, los japoneses construyeron un muro, y emplazaron detrás puestos de ametralladoras que podían disparar sobre cualquier objetivo que tratara de superarlo y además, construyeron un largo muelle apuntando hacia el norte.

Restos de un cañón japonés en Betio.

Restos de un cañón japonés en Betio.

Los estadounidenses movilizaron para la operación una fuerza de 17 portaviones, 12 acorazados, 8 cruceros pesados, 4 cruceros ligeros, 66 destructores y 36 buques de transporte, además de cerca de 35 000 soldados de infantería. La “Operación Galvanic” -hay otras operaciones, no propiamente militares, nombrada “Milagro” (4), por ejemplo- así la codificaron los atacantes, fue dirigida por el Almirante Chester W. Nimitz (5); mientras el mando japonés estaba encabezado por el Comandante en Jefe de Asia Sureste, Vicealmirante Ryunosuke Kusaka, aunque fue el desconocido Teniente Mukami, jefe de la 111 Unidad de Construcción, quien dirigió la resistencia por los ocupantes, como ya veremos, pues el Vicealmirante Shibasaki murió el primer día de las operaciones.

A mediados de 1943, las victorias de Estados Unidos contra Japón en las Salomón y Papua Nueva Guinea, habían hecho que los Aliados se plantearan una nueva estrategia en el Pacífico. Durante la Conferencia de Casablanca (6) se abordó el tema del futuro de la zona y se aceptó la propuesta consistente en avanzar a través de las Gilbert para llegar hasta el Japón.

20 de Noviembre. Las fuerzas norteamericanas formaron un orden de batalla junto al atolón de Tarawa sin llamar la atención. Primero los portaaviones y los acorazados, después el resto de la flota. A las 5:00 un hidroavión de reconocimiento fue lanzado desde la catapulta del acorazado Maryland, los japoneses escucharon sus motores, localizaron al acorazado y comenzaron los disparos enzarzándose en un duelo artillero.

A esa misma hora las barcazas de desembarco norteamericanas fueron dispersadas por las fuertes corrientes, la gran mayoría navegaba en dirección a Betio; el duelo artillero continuaba y los defensores se escondieron en los refugios y bunkers para salir cuando cesara el bombardeo, apenas hubo bajas para los japoneses y en el intercambio de disparos, un proyectil japonés alcanzó la torreta del acorazado Mississippi matando a 44 personas en el acto.

El cirujano, Miguel Peña Torres, 1974, nació en Puerto Padre y ahora vive en Jobabo; tiene dos misiones; ya estuvo en la República Árabe Sarahauí Democrática y en Haití, en medio de la epidemia del cólera. Aquí funge como jefe del grupo con “…no pocos rollos” de intendencia. Tiene tres hijos, los recuerda con mucho cariño en las conversaciones y con orgullo destaca las notas del primero en los estudios.

Opera hasta los domingos, según la cantidad de casos y dice que se ha hecho casi ortopédico, a la fuerza, por la cantidad de huesos rotos que ha tenido que arreglar aquí “…si tú vieras las heridas insólitas que he tenido que cerrar” y agrega sobre la alta frecuencia de diabetis, por el consumo tan elevado de azúcar, lo que dificulta la cicatrización; y la aparición de casos de fiebre tifoidea entre la población adulta también, “…no se puede despegar el ojo de eso”, dice frunciendo el seño.

Sobre las 5:40 despegaron desde los portaaviones Essex, Bunker Hill e Independence varios cazas; pero los aparatos ya en el aire comprobaron que todos tenían problemas con la potencia de los radios. Los aviones soltaron las bombas sobre los objetivos a ojo. Apenas las defensas fueron tocadas y tampoco lo hizo el fuego artillero; pero los ingenieros navales consiguieron abrir una brecha en el arrecife por donde pasaron las barcazas de desembarco y los destructores al interior de la laguna.

En Betio, a las 9:00, 42 barcazas norteamericanas llegaron y una oleada de fuego castigó al V Cuerpo Anfibio. En pocos minutos muchas barcazas ardieron, los proyectiles alcanzaban los depósitos de combustible haciendo que saltaran varias embarcaciones por los aires con todos sus hombres dentro. Era imposible correr, pues los muros acuáticos de madera japoneses y las barreras antitanque sumergidas junto al coral lo impedían.

Los soldados tenían que saltar al agua, que les cubría hasta el pecho y era difícil avanzar mediante un larguísimo trayecto de medio kilómetro con el fusil en alto para llegar a la orilla. La muerte cubrió la playa.

En la zona oeste, a las 9:17, tras no pocas vicisitudes una compañía norteamericana consolidó su posición y en la zona este tuvo igual suerte otra compañía. Como las comunicaciones de radio eran malas, los enlaces iban de una punta de la playa a la otra para llevar los mensajes, normalmente estos nunca llegaban a sus destinatarios, morían en el intento.

Hace menos de un mes que llegaron a Tarawa los doctores Lourdes Osorio Galano, 1966, de Granma y ya ha cumplido dos misiones en Venezuela y Elber Sánchez Serrano, 1965, de Holguín. Él vive la experiencia de salir por primera vez de Cuba. Ella está en emergencias y él es ginecólogo; como es lógico aún tienen pocas historias que contar.

A las 10:18 se envió una comunicación al General Raymond Spruance, en el crucero Indianapolis, pidiéndole todas las reservas y refuerzos posibles, la situación era crítica. Spruance autorizó la movilización de todos los batallones de reserva en la flota.

A las 11:30 el sector este recibía los refuerzos. Mientras esto ocurría en Betio, el atolón de Makin era atacado por los portaaviones Enterprise, Wood, Liscomb Bay, Belleau, Cowpens y Monterrey; y por los acorazados Indiana, North Carolina y Pennsylvania. No sin dificultades, los atacantes desembarcaron 800 hombres, pero una vez allí se encontraron con una gran resistencia japonesa, recibieron fuego de morteros, ametralladoras y no les quedó más remedio que atrincherarse y esperar por el apoyo de la flota que tardaría casi tres días, pues consideraba a la isla de Betio como el objetivo prioritario.

Apanama es un atolón al sur de Tarawa, el submarino estadounidense Nautilis transportó allí a 78 hombres, al desembarcar encontraron a tres soldados japoneses muertos, esta fue la única conquista en Tarawa sin bajas norteamericanas.

A las 14:30, las tropas norteamericanas atacaron el sector central que habían llamado “Green Beach”, consideraban aquella zona como la más segura; tres compañías de rifles, un pelotón de ametralladoras y algunos destacamentos de artilleros e ingenieros partieron bajo el fuego enemigo hasta la zona, pero sus armas y la escasa munición hacían muy difícil mantener una defensa estable, la llegada de 7 tanques Sherman (7) ayudaron a mejorar el balance.

Ya bien entrada la tarde, el Vicealmirante Shibakasi y su Estado Mayor se concentró en la comandancia para concretar la estrategia a seguir, pero los destructores Ringgold y Dashiel abrieron fuego contra la isla y el bunker de Shibakasi fue alcanzado, matando al jefe y a todos los mandos, pero eso no lo supieron los atacantes hasta 3 días después. A pesar que los norteamericanos se establecieron en las 4 zonas en que habían dividido la playa, la situación seguía siendo igual de mala. Las ametralladoras y los cañones japoneses continuaban castigando a los norteamericanos y se plantearon como disyuntiva seguir combatiendo en Tarawa o regresar a los buques, retirarse y perder la batalla.

21 de Noviembre. Sobre las 6:15, unos suministros cruzaron los arrecifes protegidos por los disparos del acorazado Maryland, sin embargo antes de llegar al extremo izquierdo de la isla, el fuego japonés sobre ellas causó la pérdida del 50% del material entre armamento, municiones, jeeps, grúas y bulldozers.

La resistencia japonesa era muy fuerte. A las primeras horas de la mañana los aviones estadounidenses atacaron las posiciones enemigas en los flancos con escasos resultados. La parte central era el lugar más seguro y los norteamericanos consiguieron destruir todos los emplazamientos de ametralladoras y artillería consolidando un perímetro en forma de herradura sobre el aeródromo japonés.

Los japoneses comenzaron a pasar de la isla de Betio a la de Bairiki a nado (8) y la flota atacante mandó a desembarcar un batallón en esa última isla. A medida que fueron llegando entraron en combate. Bairiki cayó en manos norteamericanas al anochecer.

Restos de un bunker japonés en Betio.

Restos de un bunker japonés en Betio.

22 de Noviembre. Entre las 8:00 y las 11:00 de la mañana, el 6º Regimiento de la Marina de EE.UU. avanzó por las playas hasta casi llegar al centro de la isla.

Al finalizar el día la isla era segura, pero por la errónea estrategia de la Marina, la toma del islote de Makin continuaba. Esta demora hizo tensas las relaciones la infantería y la flota hasta casi el final del conflicto bélico.

23 de Noviembre. A las 3:00 la resistencia japonesa se fue apagando, sin embargo muchos de los soldados decidieron hacer una última carga suicida contra los norteamericanos en sector del aeródromo, usaron bayonetas, cuchillos, espadas, sables y granadas. Los estadounidenses perdieron varios hombres en el primer momento, pero poco después los destructores Schoeder y Sigsbee cañonearon e hicieron fracasar el asalto.

Al amanecer el paisaje era la muerte, en las playas el agua de la orilla era de color roja y los cadáveres flotaban chocando contra la arena húmeda. Los norteamericanos a pesar del apoyo de dos tanques Sherman y siete Stuart (9) no podían conquistar Betio; pero usando lanzallamas matan a los últimos 470 japoneses. La batalla en esa isla había finalizado, pero un submarino japonés (10) en la zona daría una última sorpresa.

El 24 de Noviembre los norteamericanos estaban seguros de que la batalla ya estaba ganada, quedaba solo la isla de Na’a por conquistar al norte del atolón, pero un submarino japonés entró en la laguna de Tarawa y hundió con 3 torpedos al portaaviones Liscomb Bay, que tardó solo 23 minutos en sumergirse y se llevó la vida de 644 personas a bordo.

El 25 de noviembre de 1943 todas las islas estaban controladas por los norteamericanos. El submarino Nautilis disparó con su cañón de cubierta contra la solitaria guarnición japonesa en Na’a. Al desembarcar los marines se encontraron a 25 soldados japoneses muertos. La Batalla de Tarawa había concluido.

Caridad Luis Lugones de Holguín, 1954, es la mamá de Pedrín –quien va a empezar de nuevo en la Universidad en septiembre-, está casi siempre en el salón, es anestesista y lo más simpático es que mientras el resto “se bate” en inglés, ella ya comienza a decir sus primeras palabras en kiribatí. “Ahorita lo habla”, dicen Miguel y Orlando, quienes comparten la casa con ella y son los que cocinan.

La Batalla de Tarawa fue un completo fiasco para ambos bandos. Japón perdió el enfrentamiento y los Estados Unidos, por los errores cometidos, tuvo que pagar con una carnicería inesperada y trágica que escandalizó a la opinión pública nacional e internacional. Sólo un oficial japonés fue tomado prisionero junto a otros 16 soldados y 129 coreanos vivos al final de la batalla. Las bajas japonesas y coreanas fueron más de 4690. Las fuerzas norteamericanas sufrieron 3983 bajas, 985 muertos y más 2311 heridos, además de 687 muertos de la Armada de los EE.UU.

Aunque las fuerzas norteamericanas eran siete veces superiores, sufrieron un daño sustancial y no se pudo entender las elevadas pérdidas de tantas vidas en una pequeña y aparentemente sin importancia isla, en medio de la nada (11).

Llovieron las críticas sobre el almirante Nimitz y se replanteó la búsqueda de una nueva táctica a la hora de conquistar islas. Sin embargo, los estadounidenses repetirían los mismos errores en el Pacífico durante toda la guerra.

¿Dónde estaban los habitantes autóctonos de Tarawa en ese momento? En ningún libro ni material consultados aparecen referencia alguna, me he encontrado dos o tres personas mayores, en este país no hay muchos; uno me dijo que se fueron en sus botes para otras islas, los otros dos no saben. Aún los restos de los soldados neozelandeses y australianos que participaron en la batalla junto a los norteamericanos descansan en estas islas y todo por un trozo diminuto de tierra que a estas alturas de la vida y a 70 años de concluido el conflicto nos preguntamos si valió la pena la pérdida de tantas vidas, la mayoría de ellas en plena juventud y con el futuro por delante.

En contraste, Caridad, Lourdes, Arnaldo, Miguel y Elber salvan el futuro.

Referencias

1 Actual Isatabu, es la mayor de las islas Salomón.

2 Tanque ligero empleado por el ejército japonés. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial ya era obsoleto. Fueron producidas más de 2000 unidades.

3 Hinchazón y acumulación de moco en las vías aéreas más pequeñas de los bronquiolos en los pulmones.

4 Operación ideada por el Comandante en Jefe. Ver:http://www.cubadebate.cu/etiqueta/operacion-milagro/

5 Militar norteamericano de origen texano y ancestros alemanes, nació en Fredericksburg en 1885.

6 Conferencia celebrada en Marruecos entre el Presidente norteamericano, Franklin Delano Roosevelt y el Primer Ministro del Reino Unido, Winston Churchill, entre los días 14 y 23 de enero de 1943.

7 Formalmente Medium Tank, M4, principal carro de combate de EEUU en la época. Se produjeron 50000 unidades.

8 En la actualidad todas las islas están conectadas por un terraplén.

9 Formalmente M3, poseía un cañón de 37mm y 5 ametralladoras, fue construido en 1941.

10 El I195 fue un submarino que entró en servicio el 8 de diciembre de 1938, fue construido en los astilleros Mitsubishi, resultó hundido el 4 de febrero de 1944 con toda su tripulación por los destructores norteamericanos Charrette y Fair.

11 Ver: Derrick Wright, Pacific Victory. “Tarawa”, Sutton (2005), p.30-60. Editores de S.A.R.P.E.. Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. “De Tarawa a Eniwetok, el avance en el Pacífico”, S.A.R.P.E. (1978), p.1.437-1.442; httpen.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Tarawa;http://www.eurasia1945.com/batallas/contienda/batalla-de-tarawa/ yhttp://www.lasegundaguerra.com/viewtopic.php?f=12&t=10569

Se han publicado 2 comentarios



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  • steinwald dijo:

    Muy buen artículo. Gracias al autor por hacernos saber de otras misiones médicas cubanas, más lejanas y exóticas hasta cierto punto, que las habituales…Felicidades a los médicos cubanos.

    • Carlos Medina Merino dijo:

      Hola Steinwald. de verdad que es de agradecer el artículo, fui parte de esa misión médica y con orgullo lo digo. La misión médica inició en el año 2006, con 10 colaboradores procedentes de Indonesia, que incluso se establecieron antes que la misión diplomática. El trabajo siempre ha sido difícil en ese entorno, pues además de la barrera idiomática, también obstaculizan nuestra labor, la idiosincrasia, y los conceptos para la organización de los servicios de salud que manejan, pues difieren en gran medida con los nuestros, sin embargo la sencillez de la población y la confianza depositada en el personal de salud cubano facilitan los logros de la brigada médica.
      En la historia de los casi 10 años de la BMC en Kiribati nuestro personal visitó y trabajo en otros atolones del país y hasta hoy mantiene un muy ganado prestigio no solo en Kiribati sino también en la región, incluyendo a los “grandes” como Australia, Nueva Zelanda y Fiji.
      Una misión pequeña en un pais pequeño, pero con una huella bien grande en los que hemos tenido el privilegio de trabajar allí y en el corazón de su gente.

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F. Vladimir Pérez Casal

F. Vladimir Pérez Casal

Filólogo cubano. Colaborador de Cubadebate.

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