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Raúl Castro: “Aprender el arte de la convivencia civilizada”

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Los gobernantes de los 33 países de la Celac, o sus representantes, posaron para la prensa por la tarde. Solís ofició de interlocutor y Raúl Castro fue protagonista. | ALBERT MARÍN

Raú Castro al Presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís. Foto: Albert Marín/ La Nación

Después de una pormenorizada reafirmación de las posiciones de Cuba en los temas más candentes del escenario internacional, particularmente los que atañen al área de América La­tina y el Caribe, así definió el presidente Raúl Castro el reto que implica una eventual normalización de las relaciones con Estados Unidos.

Según puede inferirse de su discurso en la III Cumbre de la Celac que hasta ayer tuvo lugar en Costa Rica, Cuba percibe este proceso en dos momentos que, aunque relacionados, tienen sus propias especificidades: el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la aspiración de que estas relaciones funcionen en un clima de normalidad entre los dos países.

La decisión de restablecer las relaciones di­plomáticas constituye una decisión política anun­ciada por ambos presidentes, aunque aho­ra de­be implementarse, según las normas internacionales que rigen esta materia. En algunos casos solo se trata de cumplir con procedimientos puramente burocráticos y protocolares, pero otros requieren de normas bilaterales que deben ser conciliadas por las partes.

Para el restablecimiento de las relaciones diplomáticas el gobierno de Estados Unidos ha planteado discutir asuntos como la libertad para decidir el número de sus representantes; el libre movimiento de estos por el país y la no existencia de restricciones a las importaciones de su embajada.

Tales reclamos tienen sus antecedentes. Dada la actividad de la CIA en Cuba, en 1961 el gobierno cubano exigió establecer una paridad en el número de funcionarios de cada embajada, limitando a 11 el máximo posible de los diplomáticos en plaza.

Tal condición determinó el rompimiento de las relaciones diplomáticas por parte de Es­ta­dos Unidos y, cuando se acordó establecer las secciones de intereses en 1977, el número establecido fue de diez diplomáticos para am­bas partes, aunque con posterioridad esta cifra fue flexibilizada, muchas veces sin la exigencia de una reciprocidad en el número de personas.

Como esta fue la causa aducida para el rompimiento de relaciones diplomáticas en su mo­mento, es lógico suponer que sea un tema a discutir en el proceso de restablecimiento. La parte cubana, por tanto, también exige discutir las normas que regirán la conducta de estos diplomáticos en el país, un tema que ha sido fuente de conflictos, incluso cuando ha primado la limitación de funcionarios.

El libre movimiento de los diplomáticos es una limitación que rige en ambos casos, por lo que es de suponer que cualquier acuerdo al respecto funcione en condiciones de igualdad para los dos países.

Algo similar debe ocurrir con la importación de productos y equipos para el funcionamiento de las embajadas, donde resulta co­mún que se establezcan ciertas normas aduanales que rijan para ambas partes. Lo que pasa es que Estados Unidos en ocasiones utilizó es­tas prerrogativas para importar insumos que no se correspondían con esta lógica, como equipos para los grupúsculos contrarrevolucionarios, por lo que Cuba estableció límites y controles al respecto. Los cubanos aún recordamos cuando trataron de inundar el país con radios donde solo se escuchaba la frecuencia de la mal llamada Radio Martí, la emisora oficial de Estados Unidos contra Cuba.

Para completar el proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas, Cuba también exige que se resuelva el problema de que su embajada pueda disponer de cuentas bancarias en Estados Unidos, así como que el país sea ex­clui­do de la lista de países patrocinadores del terro­rismo, algo que parece que el gobierno norteamericano está dispuesto a hacer, ya que para ellos también resulta inexplicable continuar negociando con un país incluido en esta lista.

La llamada “normalización de las relaciones” es un proceso más largo y complejo. De hecho, la voluntad hegemónica que prima en la política exterior de Estados Unidos dificulta pensar que cualquier nación pueda establecer una relación “normal” con ese país. La prepotencia que esto inspira, muchas veces explica los “gazapos diplomáticos” de sus funcionarios, de los cuales el actual proceso de negociaciones con Cuba tampoco ha estado exento.

Por lo pronto, el Presidente Raúl Castro plan­teó algunas premisas indispensables para avan­zar en este camino: el fin del bloqueo económico, comercial y financiero; la devolución de la base naval de Guantánamo, un reclamo histórico que antecede al triunfo revolucionario y que a Obama le convendría aprovechar para ver si por fin logra cerrar la infausta cárcel establecida en ese territorio; el cese de las transmisiones de radio y televisión Martí, que no se oye ni se ve en Cuba, pero constituye una flagrante violación de la soberanía nacional y las normas internacionales, así como la compensación a Cuba por los daños ocasionados por el bloqueo, lo que se contrapone al reclamo norteamericano de compensaciones a las empresas de ese país nacionalizadas en 1961, las cuales, por cierto, Cuba nunca se ha negado a pagar, aunque estaría en discusión el volumen y las condiciones de esos pagos.

En el ínterin, Raúl Castro mencionó otros pasos que el presidente Obama pudiera dar en virtud de sus facultades ejecutivas, como la posibilidad del otorgamiento de créditos; autorizar el uso del dólar en las transacciones económicas cubanas; permitir los viajes individuales de norteamericanos bajo la licencia de los contactos pueblo a pueblo; la posibilidad de utilizar la vía marítima para el traslado de los viajeros y eliminar las restricciones a terceros países para exportar a Cuba productos que tengan más de un 10 % de componentes norteamericanos o exportar a Estados Unidos productos que contengan materias primas cubanas.

El Presidente cubano dejó claro que ninguno de estos reclamos serán negociados a partir de exigencias norteamericanas, que impliquen una injerencia en los asuntos internos del país, la renuncia a los principios que rigen la política nacional o limiten los derechos soberanos de Cuba.

También afirmó que a Cuba le importa que este proceso continúe transcurriendo sobre bases de respeto mutuo e igualdad soberana y en realidad no ayuda a la credibilidad de Es­ta­dos Unidos que los gobernantes de ese país, incluyendo al propio Obama, reafirmen sus in­tenciones de provocar un cambio de régimen en Cuba y hablen apócrifamente en nombre del pueblo cubano, cuestionando la legitimidad de las propias autoridades con las que se está negociando.

Raúl Castro transmitió a los gobernantes latinoamericanos y caribeños el agradecimiento de Cuba por la solidaridad demostrada y evaluó lo alcanzado como una reivindicación de Nuestra América. Quizá por gentileza hacia los propios gobernantes norteamericanos, no dijo algo que también con certeza podía haber afirmado: cualquiera sea el rumbo que tomen las cosas en el futuro, estamos en presencia de la primera gran victoria diplomática de la integración latinoamericana y caribeña frente a la política de Estados Unidos.

(Tomado del diario Granma)

Se han publicado 10 comentarios



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  • juan dijo:

    muy buen comentario de un conocedor profundo de la historia de las relaciones de cuba y estados unidos

  • EddySS dijo:

    Se abren las puertas al diálogo y la convivencia pacífica entre dos naciones libres y soberanas, dando muestra al mundo de la capacidad de nuestra diplomacia en dialogar con el adversario desde posiciones de respeto común a las diferencias.

    Para los que no han sabido apreciar justamente a nuestro Presidente, deberán admitir que su carácter intransigente ha estado unido a los principios más elementales de la lucha de los pueblos por ganar su independencia, y con serena paciencia sabe lidiar al más alto nivel para encontrar soluciones pacíficas cuando se impone el uso de la razón y el sano juicio humano, sin claudicar a los principios que con justicia defendemos, ni dejar de escuchar los argumentos del adversario, hasta salvar civilizadamente nuestras diferencias.

  • CarlosPR dijo:

    “si las cosas de fidel son cosas de comunistas que me pongan en la lista que estoy de acuerdo con el”- Daniel Santos

  • ScatMan dijo:

    Arboleya: Una precisión importante: El grupo de diplomáticos que por ambas partes “inauguró” las respectivas Secciones de Intereses el 1º de septiembre de 1977 fue de siete (7) y no de diez (10). Doy fe.

  • Alfredo dijo:

    El discurso de Raúl fue claro y preciso, con un mensaje bien definido a los poderes imperiales, más claro ni el agua, se suceden dos momentos importantes uno el mensaje de Fidel de que no confía en USA y ahora este, la definición de nuestra política bien clara ante estos acontecimiento. No estamos opuestos a las relaciones mutuas, pero sí a las relaciones en la que se pretenda como meta destruir la revolución. Ellos USA deben calcular bien el camino a escoger. Nosotros debemos mantener y aprovechar estos organismos multilaterales para denunciar.

  • Joaquin Varona dijo:

    No quiero ser pesimista , pero pienso que el gobierno americano esta actuando muy hipócritamente , quizás para quedar bien también con el circo cubano-americano del congreso, si Obama dio este paso que tenga los cojones para darlo bien y sin tanta politiqueria barata, aveces parece que los lobos cubanos del congreso rigen la política de usa , que pena eso.

  • JUAN MANUEL GONZÀLEZ CASTILLO dijo:

    JUAN MANUEL.
    RETOMAÈ UNA FRASE DE NUESTRO PRESIDENTE DICHA EN OTRO CONTEXTO ,PERO PERTINENTE PARA ESTE,LAS NEGOCIACIONES SIN PRISASPERO SIN PAUSA,SIEMPRE Y CUANDO NOS RESPETEN COMO NACIÒN SOBERANA.¡EXCELENTE ARTÌCULO!

  • Leandro dijo:

    Considero muy esclarecedor el artículo.
    Pienso que no es corrector decir que la exigencia cubana de “establecer una paridad en el número de funcionarios de cada embajada” “determinó el rompimiento de las relaciones diplomáticas por parte de Es­ta­dos Unidos”. Creo que más abajo el propio autor deja claro que “esta fue la causa aducida para el rompimiento de relaciones diplomáticas en su mo­mento”. A mi juicio ese fu el pretexto. La causa esencial, para mí, está en la libre determinación de la Revolución de barrer para siempre el estatus neocolonial de nuestro país.

    Creo que muy bien hace la dirección de la Revolución en insistir en las normas que deberán observar los diplomáticos estadounidenses en nuestro país al restablecerse las relaciones diplomáticas.

    En uno de sus editoriales el The New York Times se quejaba de que “… los diplomáticos estadounidenses (de la Sección de Intereses de los EE.UU. en La Habana) tienen pocas oportunidades de salir de la capital para interactuar con el pueblo cubano y su acceso a los dirigentes de la isla es muy limitado”, por lo que aspiran a que al restablecerse las relaciones diplomáticas sus funcionarios puedan ampliar exponencialmente la labor subversiva que actualmente realiza la SINA. En este aspecto no debemos olvidar que la Estrategia de Seguridad Nacional aprobada por Obama en mayo de 2010 le concede especial importancia a la diplomacia en función de los “intereses nacionales” de los EE.UU. y que es uno de los compontes fundamentales del llamado “poder inteligente” que aplica la administración Obama en su política de dominación mundial. “Nuestra seguridad – dice el documento – depende también de diplomáticos que puedan actuar en todo rincón del mundo, desde las grandes capitales a los lugares más peligrosos”.

  • Yordan dijo:

    Pienso que no podemos olvidar lo planteado por Allen Dulles en su libro “El arte de la inteligencia” para derrocar a los enemigos de los círculos de poder de EE.UU: (…) sustituiremos sus valores por otros falsos (valores ajenos o antivalores diría yo) (…) el culto al sexo, la viloencia, la corrupción, al alcoholismo, el sadismo…..
    al propio tiempo Joseph Nye plantea que a través de la vía diplomática los EE.UU pueden lograr sus intereses a través del “poder suave” y plantea además: “Por qué obligar a hacer a alguien lo desea hacer por voluntad propia”, es decir, se trata de manipular la voluntad del pueblo, hacer ciencia para dominar la mente de los hombres y que los agredidos no perciban la agresión, sino al contrario, compartan la lógica de sus verdugos, Obama es un lobo meloso, y todos sabemos que esos son los más peligrosos.

  • aobb_2014 dijo:

    esperemos que el bob menendez no clasifique ni para la primera encuesta para la eleccion presidencial

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Jesús Arboleya Cervera

Jesús Arboleya Cervera

Investigador cubano, especialista en relaciones Cuba-EEUU. Doctor en Ciencias Históricas con una decena de libros publicados.

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