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La espiritualidad y la mirada martiana como espejo de los tiempos

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Martí de Luz. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

En tiempos en que la espiritualidad parece perder el lugar central que en algún momento ocupó en la evolución de la humanidad y se comoditiza como una mercancía común, textos con más de cien años alertaban sobre los peligros de este fenómeno en la América del Norte decimonónica. Las realidades y dinámicas sociales descritas parecen repetirse como un déjà vu colectivo. Las memorias casi premonitorias son de la autoría de José Martí, escritas en tres partes, bajo el título “Impresiones sobre Estados Unidos de América (por un español recién llegado)”, en 1880. Aunque en ellas expone ideas que serían desarrolladas en profundidad años más tarde, tienen el valor de condensar en su mirada, uno de los rasgos definitorios del perfil de la nación norteña: la polarización y las contradicciones que se plantean entre la formación de la riqueza y el desarrollo humano.

Es interesante el modo en que Martí aborda la escritura de sus impresiones. A primera vista el título parece hacer referencia a una tercera persona. Sin embargo, se trata de un texto autorreferencial. Martí era aquel español recién llegado. Había terminado su exilio en España y llegó a los Estados Unidos con el extrañamiento propio de enfrentarse a una realidad contrastante con Europa. Fueron aquellas, como indica el título, sus primeras impresiones. A lo largo de los quince años de estancia en Norteamérica y gracias a la agudeza de su observación, acabaría por profundizarlas, y documentarlas en la obra cumbre del periodismo martiano: las “Escenas Norteamericanas”.¹

De manera general se advierte en los textos la positiva impresión que causa en el joven el esplendor americano. Martí elogia la disposición al trabajo, el ambiente fomentado para el progreso y la prosperidad material: “Una buena idea siempre halla aquí terreno propicio, benigno, agradecido. Hay que ser inteligente; eso es todo. Dese algo útil y se tendrá todo lo que se quiera. Las puertas están cerradas para torpes y perezosos; la vida está asegurada para los fieles al trabajo” (Martí, 2016, p. 70).

Pero casi de inmediato, Martí logra percatarse del trasfondo que ocultaban tanto adelanto y bonanza. Con un posicionamiento crítico comienza a preguntarse: “Todos trabajan, todos leen. ¿Pero siente cada uno, en igual medida que lee y trabaja?” (Martí, 2016, p. 70).

Para la clase media la labor en empleos múltiples y extenuantes solía ser la vía para alcanzar estándares básicos de subsistencia. Esa realidad sigue marcando la vida de millones en la actualidad. En su tiempo, Martí cuestionó en qué lugar quedaba el sentimiento, la espiritualidad del hombre después de las agotadoras faenas. Desde entonces hasta el presente, era evidente lo que en el mundo anglosajón se denomina el rat race o la carrera de ratas. Se obliga a los seres humanos a la supervivencia casi animal sin tiempo para afectos ni virtudes en medio de la jungla social y el “sálvese quien pueda”.

La exaltación de la inteligencia, el arte, la estética y la espiritualidad es la respuesta que Martí da a las propias interrogantes que desde el primer instante se plantea ante una realidad en la que la opulencia, el desarrollo y la riqueza deslumbrantes, tenían también su reverso y sus peligros:

“Y si llegaran los días de pobreza, - ¿Qué riqueza, sino la de la fuerza del espíritu y el consuelo intelectual, ayudaría a este pueblo en su colosal infortunio? El poder material /…/ si crece rápidamente, rápidamente declina. Si este amor de riqueza no está moderado y dignificado por el ardiente amor de los placeres intelectuales, - si la benevolencia hacia los hombres, la pasión por cuanto es grande, la devoción por todo lo que signifique sacrificio y gloria, no alcanza desenvolvimiento parejo al de la fervorosa y absorbente pasión del dinero, ¿a dónde irán?, ¿dónde encontrarán suficiente razón para excusar esta difícil carga de la vida, y sentir alivio a su aflicción? La vida necesita raíces permanentes. La vida es desagradable sin los consuelos de la inteligencia, los placeres del arte, la íntima recompensa que la bondad del alma y los primores del gusto nos proporcionan (Martí, 2016, p. 70).

Tomando al arte como foco, Martí subraya un fenómeno que a las claras adelantaba un escenario del que somos testigos, en el que prevalece la superficialidad en las aproximaciones analíticas. Los juicios de valor se asentaban en elementos triviales, superfluos, acríticos y cambiantes de acuerdo a las tendencias de la moda. El ejemplo puede traspolarse a la ausencia que ya va siendo recurrente en no pocos, del pensamiento crítico para analizar en sus debidos contextos, acontecimientos de índole, social, económica, cultural y política. Este fenómeno de otorgar valor a cualquier cosa por lo que vale y no por lo que intrínsecamente significa, constituye uno de los lastres en la sociedad contemporánea a escala global:

(…) lo que se busca es grandes nombres, no grandes obras. Como no existe una opinión determinada con respecto al arte, lo más llamativo es lo que más gusta. No existe gusto por la dulce belleza de Helena o de Galatea. Todo el gusto está dedicado a las imperfectas obras antiguas de China y de Japón. Si los poseedores de estos bibelots hubiesen tenido un propósito científico, entonces serían objeto de alabanzas. Pero es solo por el placer censurable de la indiscreción de poseer objetos extranjeros obtenidos por el pago de un elevado precio (Martí, 2016, p. 70).

En medio de la efervescencia industrial que experimentaba Estados Unidos, Martí, advirtió la grandeza del país, pero la realidad se amalgamaba en un todo que exponía importantes contradicciones. Al progreso material se contraponía la pobreza espiritual:

“Esta vida enfebrecida; este asombroso movimiento; este espléndido pueblo enfermo, de un lado maravillosamente extendido, del otro – el de los placeres intelectuales – pueril y pobre; este colosal gigante, candoroso y crédulo; estas mujeres, demasiado ricamente vestidas para ser felices; estos hombres demasiado entregados a los asuntos de bolsillo, con notable dejación de los asuntos espirituales (…) (Martí, 2016, p. 70).

El desbalance entre materialidad y espiritualidad desde la perspectiva martiana, provoca un opacamiento de las virtudes, la moral y eticidad. En las relaciones humanas cuando se pondera el bien contable por sobre los afectos o valores intangibles, se deteriora el lazo. Se reduce a una transacción en la que solo el interés lo promueve y justifica: “Lo que yo he visto y oído, es verdaderamente bien penoso. El amor a la riqueza mueve y generalmente inspira los actos de las mujeres en este país. Las mujeres norteamericanas parecen sólo tener un pensamiento fijo cuando conocen a un hombre: ¿Cuánto tiene ese hombre?” (Martí, 2016, pág.75)

Su admiración explícita por el pueblo norteamericano no silenció el esbozo de rasgos que terminarían convirtiéndose en componente de su identidad nacional. Martí señala su “falta de elevación intelectual y profundidad moral”:

El gran corazón de Estados Unidos, no puede ser juzgado por la vida desdibujada, la pasión morbosa, los deseos ardientes y angustiosos de la vida neoyorkina. En esta marejada turbulenta, no aparecen las corrientes naturales de la vida. Todo está oscurecido, desarticulado, polvoriento; no se puede analizar a primera vista, las virtudes y los vicios. Se esfuman tumultuosamente mezclados. Los prejuicios, la vanidad, la ambición, todos los venenos del alma, borran o manchan la naturaleza norteamericana. Es necesario buscarla – no en la calle abarrotada, sino en la tranqulidad del dulce hogar; no en la vida convulsa de la ciudad, sino en la existencia de abierto corazón en el campo (Martí, 2016, pág.75).

Por otro lado, el cubano hace una observación crítica sobre el desprecio que, aún cuando tuvieron un origen social y económico común, mostraban los nuevos ricos hacia los más viejos, los cuales se distancian de ellos, por el volumen de riqueza o el peso de los años. La estimación humana era directamente proporcional al volumen de sus posesiones. Sería el equivalente de lo que casi treinta años atrás un amigo leía en lo alto de un rascacielos al descender del avión en Nueva York: “Be someone. Buy something” (Sé alguien. Compra algo). La frase condensaba la visión utilitarista, reduccionista y anacrónica que se daba al valor humano en la sociedad estadounidense y que desafortunadamente define el estatus y valía de las personas en la mayor parte del mundo contemporáneo:

Un arado o una locomotora son, con verdadera gloria, los únicos blasones de las familias norteamericanas. Ni campos de oro, ni cascos penachudos, ni feroces dragones caben en sus escudos de armas. Duras faenas y prosperidad por el propio esfuerzo son los únicos adornos de sus armas. Hijos del trabajo, todos debían ser hermanos. Un viejo rico no debe mofarse de un nuevo rico, porque todos vinieron, en uno o dos grados, de la misma madre – de la pobreza; del mismo padre – el trabajo. Un arado viejo no tiene razón de desdeñar a uno nuevo: el tiempo que separa el uno del otro no es motivo para burlas. Por mi parte, a mí me agrada más el hombre que acaba de usar el arado que otro que ha olvidado la manera de usarlo.

Uno de los grandes valores del pensamiento martiano radica en la relación dialógica y el carácter testimonial, anticipatorio y de alerta que permite establecer entre su tiempo y el nuestro.

Martí advirtió el peligro de equiparar la felicidad con las posesiones materiales, por naturaleza, efímeras. Señalaba cómo en la espiritualidad y el intelecto radican las verdaderas riquezas capaces de salvar a los pueblos en tiempos de adversidad económica. No desdeñaba el progreso material, pero llamaba a no convertirlo en el centro que diera sentido a la vida humana.

Cuando Cuba se encuentra sumida en una de las crisis económicas más agudas desde 1959, la espiritualidad es el bálsamo que emerge como salvación de muchos y como elemento que por ausencia contribuye a la descomposición humana y cívica de otros. Las carencias espirituales en medio de la lucha por la supervivencia en tiempos de crisis exponen un abanico de comportamientos sociales que discursan sobre la importancia no solo de preservar la cultura como rasgo esencial y definitorio de la identidad cubana, sino de rescatarla como un sólido asidero, para hacer frente a los desafíos que tiene ante sí la nación.

En un mundo plagado de distracciones diseñadas para reproducir a un ciudadano global enajenado y acrítico, indiferente a los problemas realmente significativos y urgentes de la humanidad, tal como alertaba Martí -y ahora con más ferocidad-, se encierra un grave peligro. La vida pasa entre pantallas e internet. Las publicaciones de redes sociales, los titulares de noticias, los videos triviales, son parte de los alimentos que a diario tributan a la desnutrición cognitiva de los ciudadanos del mundo. Los libros y el hábito de leerlos de manera creciente son descartados como fuentes de aprendizaje, crecimiento, fruición y desarrollo intelectual y humano. Se llega al paroxismo cuando dedicar horas al estudio y la lectura deviene motivo de escarnio y exclusión social. Mientras los humanos leen cada vez menos, los libros físicos son procesados por los servidores que dan sustento a las compañías de inteligencia artificial (Pareja, 2026), que devuelven a quienes pueden acceder a sus tecnologías, resultados parciales y superficiales que solo aumentan en profundidad si lo hace el pago.

El privilegio de acceder al libro impreso, del que excepcionalmente goza el pueblo cubano contrasta dolorosamente con la indiferencia hacia su consumo (y no su posesión per se), ignorando el legado de grandes pensadores e intelectuales de nuestra historia. En este fenómeno puede encontrarse parte de la génesis de profundos problemas que como sociedad enfrentamos y que tiene expresión en la involución cognitiva y cultural de una parte visible del pueblo cubano. Muchas de las respuestas a los desafíos presentes están en la obra de nuestro próceres. Algunos lo ignoran. José Martí no escapa a la paradoja de ser el Héroe Nacional de Cuba y no obstante a los constantes esfuerzos institucionales, quedar reducido, para un número no despreciable de compatriotas, a unas pocas frases y poemas. El estudio profundo de su obra, adecuado a los nuevos estilos y tecnologías comunicacionales constituye uno de los retos que el país tiene por delante y al que precisa prestar atención urgente y dedicar de manera constante los recursos que nunca serán tan grandes como su potencial transformador. Sin Martí, todo cubano anda a oscuras.

Ante un estilo de vida en el que el consumo desmedido se ha impuesto como taza y medida de progreso, en un mundo en el que se reavivan las prácticas neocolonialistas y nazi fascistas, el fomento de la espiritualidad como rasgo enaltecedor y definidor del cada hombre y mujer sobre la tierra, constituye un arma de resistencia humana, nacional y universal.

Nota al pie:

¹ Para una comprensión exhaustiva del alcance de la visión martiana sobre los Estados Unidos a través de sus crónicas, véase Vázquez, M. De surtidor y forja: la escritura de José Martí como proceso cultural, Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, Centro de Estudios Martianos, México, 2016 y Rotker, S. Fundación de una escritura: las crónicas de José Martí, Casa de las Américas, La Habana, 1992.

Bibliografía:

  • Martí, J. (2016). Impresiones sobre Estados Unidos de América (por un español recién llegado) II Traducción. En J. Martí, OCEC, t. 7 (pág. 75). Centro de Estudios Martianos.
  • Martí, J. (2016). Impresiones sobre Estados Unidos de América (por un español recién llegado) I Traducción. En J. Martí, OCEC, t. 7. Centro de Estudios Martianos.
  • Pareja, P. (22 de mayo de 2026). La misteriosa empresa que compra libros viejos para entrenar a la IA y los destruye: “Es un expolio literario” . Obtenido de elDiario.es:
  • https://www.eldiario.es/catalunya/misteriosa-empresa-compra-libros-viejos-entrenar-ia-destruye-expolio-literario_1_13235821.html

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Xiomara Pedroso Gómez

Xiomara Pedroso Gómez

Doctora en Ciencias sobre Arte (2010). Musicóloga, graduada de la Facultad de Música de la Universidad de las Artes de Cuba (2003). Profesora Titular de la Universidad de las Artes de Cuba, de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y del Centro de Estudios de Radio y Televisión. Especialista de crítica musical de Radio Habana Cuba.

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