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Memorias de Angola

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Cubanos en Angola.

Cubanos en Angola. Foto: Archivo.

Estoy al borde del mar, cuando se me acerca un vecino de veraneo e indaga por la suerte del cuarteto Los Cañas.

— ¿Existen todavía? —me pregunta—, porque yo fui chofer y escolta de ellos en Cabinda, en 1976.

Así, de pronto, me suena raro, porque yo anduve media Angola con Los Cañas, pero no los recuerdo en Cabinda. Entonces me viene a la memoria que cuando yo regresaba en junio a Cuba, Los Cañas estaban siendo enviados a la zona por la que Vicente, el mago Aira y yo habíamos iniciado nuestra ruta de fuego: la rica provincia de Cabinda, separada del resto de Angola por el delta del río Zaire, lo que origina el concepto de enclave defendido por el FLEC, grupo guerrillero separatista. Inevitablemente rememoro cómo aquellos complejos problemas territoriales diseñaban las principales consignas del MPLA y su nación recién inaugurada: De Cabinda a Cunene, Angola es una. Un solo pueblo, una sola nación.

Viendo a nuestras familias retozar en las olas, le pregunto a Leal ―el vecino― las circunstancias que lo llevaron a estar en África por aquellas fechas. Me dice que era chofer de un comandante y que este lo cedió como apoyo a la agrupación de Ramón Espinosa, cuando Fidel declaraba que la defensa de Cabinda era estratégica para el futuro de la República Popular de Angola. Por esa importancia, en la segunda mitad de 1975, ciento y pico de instructores cubanos y algunos combatientes de las FAPLA habían defendido aquel territorio de cinco invasiones simultáneas.

—Cuatro por tierra y una por mar—, me contó Espinosa en persona, a fines de febrero del 76, cuando nuestra brigadita artística acababa de llegar a Cabinda, ávida de detalles de la hazaña reciente y con el privilegio de escuchársela a uno de sus principales protagonistas.

Hubo momentos en que teníamos al enemigo tan cerca que no nos daba tiempo a sembrar minas, y desde la cama del camión las íbamos tirando a la carretera —contaba el compatriota.

Y a la pregunta de cómo se llamaba esa táctica de combate, Mongo Espinosa se sacaba el mocho de la boca y lo miraba fijo, como si el tabaco le fuera a soplar la respuesta, para después soltar en un susurro:

Aquella era la táctica de la desesperación.

Pero lo que me llamó más la atención de Leal fue que sólo dos años antes de semejante odisea había sido uno de “los jipis del Almendares” —que era como se les decía a los pelúos que iban a los conciertos de la nueva trova—, muchachos que habían asumido el parque bajo el puente como “zona de operaciones”.

—Hace unos días —comenta Leal—, me encontré con uno que siempre andaba con nosotros y que está igualito, todavía con todos sus pelos y en la misma onda. Cuando me vio, me dijo: “Mulato, yo seguí aquí, y aquí sigo”. Mira como me erizo —y muestra los brazos de pollo desplumado, agregando que él tuvo suerte y no demasiados problemas, pero sabe que ése que se encontró sí los tuvo, como muchos otros también los tuvieron.

—A mi me tocó el décimo llamado del Servicio ―sigue diciendo―, en el 73, y la verdad es que me vino bien. Lo que es a mí, el ejército me ayudó en la disciplina. En sus filas aprendí el oficio de chofer y luego me hice mecánico. Todo eso fue lo que me llevó a Angola dos años después.

Avanza la tarde y el inefable Leal parte con su familia. Yo entro al mar y ando entre olas hasta donde mi hijita de año y medio juega con su mamá. Me arrodillo ante ellas, ido a mi propia historia de entonces, sumergido en lo que significaba, a principios de los setenta, ser uno de los trovadores que nuestros jipis aplaudían en el parque del río Almendares y en todo lo que luego me llevó hasta Angola.

Y cavilando en la cantidad de facetas que tiene el mismo pedazo de existencia en lugares y circunstancias diferentes, se me cuela “Alguien Aquí Conmigo”, el libro como un grito de Víctor Heredia que acabo de leer. Y me dan ganas de llamar a Víctor y contarle que cuando echaban a volar al mudo Miguel Artori sobre el delta del Río de La Plata, que era cuando se lo hacían a Rodolfo Walsh y cuando de otra forma se lo hacían a Allende y se desataba la otra persecución de los vecinos, o sea cuando también metían a Angelito Parra en Pisagua y le desgarraban la humanísima existencia a otro Víctor cantor, yo, a salvo en la a veces exhaustiva seguridad de nuestro socialismo, añoraba el peligro que ocurría en tantas partes y jamás me llegaba, porque por entonces la oportunidad de dar la vida por los ideales era una celosa reserva, propiedad de los que vivían en las injustas sociedades o ―en mi país― de los que tenían el poder de decidir quién se la jugaba y quién no.

En los tiempos en que Raúl Sendic y sus huestes utópicas (y no tanto) develaban al mundo que los profesionales de la CIA eran los entrenadores en picana eléctrica de los verdugos latinoamericanos, hubo —pocos, pero hubo— balseros cubanos que apuntaban al sur en vez de al norte, con el insólito sueño de sumarse a las guerrillas continentales. Por entonces casi empezaban las apologías revolucionarias, quedaban lejos las diatribas. Algunos futuros traidores aún eran “ejemplos” y muchos próximos muertos aún andaban. Era apenas cuando algunos partidos comunistas comenzaron a desmarcarse de su pura y dura realidad, en el absurdo afán de quedar bien con una realidad imaginada.

Bastante cabrón conmigo —no se me ocurría culpar a nada fuera de mi mismo—, en 1970 compuse el tema de “Los Comandos del Silencio”, serial televisivo sobre los Tupamaros que un guionista en La Habana escribía tras leer los avatares diarios de la lucha en Montevideo: si hoy ocurría un atentado, mañana salía dramatizado en nuestro programa. Cuba entera, con la respiración contenida, seguía diariamente aquel combate desigual donde se demostraba que la inteligencia era más —o al menos tan— importante como la temeridad. Años después, conocer a Sendic me resultó como estrechar la mano de un ser entrañable. Por estupidez no me permití expresárselo, como si mi sentimiento fuera una frivolidad. La verdad es que me daba vergüenza portarme con él como un diletante musical ante Von Karajan, pero lo cierto es que para mí, salvando distancias, era todavía más.

Desde siempre yo había sido un joven con conciencia y compromiso. Pero en 1968 no me habían gustado algunos aspectos de nuestra pretendida “ofensiva revolucionaria”. Este había sido mi primer choque con “la calle”, vida civil de la que había estado “a salvo” durante más de tres años, en un verde olivo tan obligatorio como preservador. En los años siguientes seguí constatando cómo en nuestro suspirado modelo de sociedad los ciudadanos viviríamos constante e imperativamente protegidos. Subliminalmente se nos proyectaba como salvados de la maldad capitalista, de nuestro pasado lleno de malos hábitos, pero aquellas salvaciones llevaban convoyadas otras inadmisibles, como el derecho de jugarnos la vida (porque eso ya lo habían hecho otros, por nosotros). Era insoportable estar a salvo de ciertos riesgos y era muy difícil asumir que el “hombre nuevo” debía “aparecer” de aquella paternidad insufriblemente bienhechora.

Cuando el 11 de septiembre de 1973, en los mismos instantes en que bombardeaban La Moneda, escribí: “Allí yo tuve más de cuatro cosas / que siempre he deseado”, me refería a mi derecho a probar —a probarme a mi mismo— que era capaz de ser consecuente con lo que manifestaba defender en mis canciones, aún desde nuestra beatífica sociedad socialista. Un año antes, cuando Noel Nicola, Pablo Milanés y yo habíamos visitado Chile, las calles de Santiago eran la arena donde la sociedad chilena debatía. En ocasiones nos habíamos visto envueltos en manifestaciones callejeras que invariablemente terminaban en duras trifulcas ―enfrentamientos que a su vez eran reprimidos con chorros agua, bombas lacrimógenas, toletazos e incluso disparos de los carabineros.

Yo no soy violento, nunca lo he sido; la violencia no me es simpática. Pero nací en un país que llegó a una forma de plenitud histórica a través de una violencia revolucionaria, emancipadora. Como vecino, además, nos ha tocado el imperio más poderoso de la Historia, el que igualmente nos ha caído a bombazos que nos ha mandado invasiones, terroristas, espías y que constantemente nos calumnia. Todo eso, unido al culto a los cojones (sin distinción de género) de la tradición cubana, creó en mi generación una química humeante, cuando no explosiva, proclive a las tormentas y las broncas.

El levantamiento de Céspedes; las gallardas hazañas de Agramonte; la carga desigual de Martí contra la fuerza colonial que lo ultimó; las veintitantas cicatrices en el torso broncíneo de Maceo; el esfuerzo casi suicida de Villena; Pablo de la Torriente cayendo a las puertas de Madrid; la intransigente consecuencia de Guiteras; la generación del centenario, la odisea del Granma, la epopeya de la Sierra Maestra: todas las cruentas luchas del pueblo cubano por su emancipación son una siembra de la que se recoge admiración, gratitud y deber. Inspirados por esos ejemplos, arrebatados de la paz hogareña por el nombre que lleven sus urgencias, marchan los más disímiles caracteres humanos hacia lo que identifican como su deber cotidiano. Pero a muchos les sucede que, en el telar uniforme de la jornada, no distinguen los hilos de la gloria.

A toda mi generación le pasaba algo así. Muchos todavía éramos niños cuando triunfó la revolución. La conciencia de haber tenido una edad límite que nos había privado de combatir por nuestra libertad fue como otro “pecado original” que arrastramos hasta que apareció nuestro momento.

Acaso por eso mi rostro emerge de las olas con una sonrisa para nada distinta a la de mi familia, mientras pienso: “Menos mal que la Historia, Neto y Fidel nos dieron la oportunidad de arder en África, en Angola, y que luego la moral de Mandela lo certificó”… y vuelvo a zambullirme.

(Tomado del blog de Silvio Rodríguez Segunda Cita)

Concierto de Silvio Rodríguez en “Gira por la patria”. Plaza de la Revolución, 25 de marzo de 1989

Se han publicado 36 comentarios



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  • Isabel dijo:

    Lindo, Silvio, conmovedor. Qué capacidad tienes de decir lo que uno siente.

  • Carlos dijo:

    Gracias Silvio. Metiste lo que metiste.

  • Leandro dijo:

    “La historia del pillaje y del saqueo imperialista y neocolonial de Europa en África, con pleno apoyo de Estados Unidos y la OTAN, así como la heroica solidaridad de Cuba con los pueblos hermanos, no han sido suficientemente conocidas, aunque sólo fuese como merecido estímulo a los cientos de miles de hombres y mujeres que escribieron aquella gloriosa página que para ejemplo de las presentes y futuras generaciones no debieran olvidar jamás. Ello no niega la necesidad de continuar divulgándola.”
    “Aquella extraordinaria epopeya nunca ha sido narrada cabalmente. Al cumplirse el 30 Aniversario, el imperialismo yanki realiza un extraordinario esfuerzo para que el nombre de Cuba no aparezca siquiera en los eventos conmemorativos. Para colmo, pretende reescribir la historia: Cuba al parecer nunca tuvo absolutamente nada que ver con la independencia de Angola, la independencia de Namibia y la derrota de las hasta entonces invencibles fuerzas del ejército del apartheid; Cuba ni siquiera existe, todo fue obra de la casualidad y la imaginación de los pueblos. El gobierno de Estados Unidos no tiene nada que ver en absoluto con los cientos de miles de angolanos asesinados, miles de aldeas arrasadas, millones de minas sembradas en suelo angolano, donde constantemente cobran todavía muchas vidas de niños, mujeres y civiles de ese país.
    Esto constituye un insulto a los pueblos de Angola, Namibia y Sudáfrica, que tanto lucharon, y una grosera injusticia contra Cuba, el único país no africano que combatió y derramó su sangre por África y contra el oprobioso régimen del apartheid.”
    Fragmentos del discurso de Fidel en el 30 aniversario de la Misión Militar de Cuba en Angola. 2 de diciembre de 2005.

  • Rafael Gonzalez Ferragut dijo:

    Gracias Silvio, por todo lo que significas para nuestro pueblo, por tu patriotismo, por tus canciones y por el maravilloso articulo, que disfrute de lo lindo. Siempre serás Silvio

  • jesus dijo:

    jesus

    Silvio no nos defrauda siempre fiel a sus principios , seria bueno que este escrito se publicara en nuestra prensa nacional porque es un formador de valores revolucionarios

  • María dijo:

    Bello Silvio , como siempre , todo lo que Silvio hace ,más con el DON que dios le dio , de estar siempre donde debe estar y DECIR SIEMPRE LO QUE DEBE DECIR
    Tu suerte Silvio es infinita ,has logrado pasar p0r la vida con más reconocimientos que decepciones, pues críticas siempre las has recibido , pero nunca te han contrariado pues han sido energía para continuar,Desde niña he sido fiel seguidora de sus canciones ,de cuando tocaba en el Anfiteatro de Varadero BAJO LAS INMENSAS LLUVIAS SIN PARAR PERO y SIN DEJAR A SU PUBLICO SIN ESCUCHARLO , muchos ibamos por un solo dia el de su concierto y luego regresabamos felices por haber tenido el previlegio de estar presente y oir tocar todas estas canciones que hoy la Sinfónica Nacional con el acompañmiento magistral de José Augusto ha ido llevando a toda la isla
    El domingo en Villa Clara en el teatro de la Caridad ese día también cumpliá la Sinfónica sus 53 años FUE UN ESPECTACULO MARAVILLOSO El mero hecho de oir
    Mariposas
    UNICORNIO
    En mi calle y El problema entre muchas más que hasta tuvieorn que ampliar las palnificadas por la solicitud de nuestro público
    Bueno Silvio ESO DA UNA MEDIDA DE LO QUE HAS REPRESENTADO Y REPRESENTAS para los cubanos y para TODO EL MUNDO
    .POR ESO TE REINTEGRO TODO LO QUE DICES SIEMPRE ES EDUCATIVO, pero Silvio cuanta gente le gustar;ia poder tener esa suerte maravillosa de que RECONOZCAN su trayectoria en su vida ,me imagino este artículo sobre las Memorias de Angola ,que REGOCIJo estar en el ,Hace falta que publiquen muchos más de tantas perosnas sencilals igual que Silvio y con tanto amor como el que este poeta ,amigo ,hermano y CUBANO nos ha mostrado
    FELICIDADES SILVIO

  • Paquita dijo:

    No se pueden inventar palabras amigo mío, sólo existe la sencilla y gigante: gracias, pero te pregunto fuiste un buen caricaturista, escribes crónicas como si siempre lo hubieras hecho, y desde hace muchísimos años te considero mi colega, la historia no se te escapa, ni la filosofía tampoco entonces ¿por qué la canción?. Yo ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡me alegro muchísimo!!!! Sólo por Ojalá, Oleo a una mujer con sombrero, El unicornio y cincuenta o cien más, de nuevo ¡¡¡¡GRACIAS!!!!!

  • María dijo:

    Roberto Rodriguez

    Me sumo a los cometarios anteriores , llegue a Angola en julio del 88 , cuando el refuerzo que habló el Comandante e en Jefe, no estuve mas de 7 días de trayectoria de Cuba a Cuito Carnavales , le puedo dar gracias a dios que regresé vivo , fue el único bien que recibí : regresar con mi vida , además mi medalla de primera clase , con dos medalla de servicio distinguido y la medalla por la victoria Cuba RPA junto a otras menciones y certificados cuyos logros incluyendo mi vida la única que lo recuerda todos los días es mi madre pq ni yo me acuerdo de eso ya y unirme de nuevo a los míos además de aprender a relacionarme y comunicarme con otros compatriotas de tierras lejanas Participé en varias operaciones , entre ellas la operación Victoria que fue el regreso a la patria de todos los cubanos , cuando empezaron todas esa colaboraciones a la Republica Popular de Angola , no se exactamente cuando fue , pero hace mas de 7 anos que escuche en una reunión de lo combatientes en mi zona que esto iba a suceder , y el que presidía la reunión planteo que se iba a priorizar aquellos compañeros que habían cumplido misión internacionalista para darnos el paso de volver a ayudar a nuestra hermana republica de Angola en el decursar de los años he conocido a muchos que si han podido ir por colaboración , no se puede ser absoluto , pero de todos lo que conozco ninguno que yo sepa había cumplido misión e incluso ni sabían tan siquiera donde queda Angola a nos ser por la localización por un mapa de, de todas formas no me arrepiento de nada de lo que hice y saludo para todos aquellos que siguen disfrutando de esta colaboración y prosperidad para el pueblo de Angola
    saludos Roberto Rodríguez

  • I del Carmen dijo:

    Por eso te amamos viejo, porque eres la conciencia de nuestra generación. Gracias por ese artículo tan hermoso como real.

  • EL VIEJO dijo:

    Gracias Silvio, soy de la generación nacida en el 61, y me identifico plenamente con tu reflexión. Es necesario que vayas escribiendo tu biografía, pues es una vivencia no solo de lo personal sino es un viaje por parte importante de la vida político – cultura de nuestra revolución de nuestra patria. No dejes para más tarde esa tarea, las generaciones futuras te lo agradecerán, como agradecen un disco tuyo nuevo, pues tendrán otra fuente más de consulta de esa historia, no lo dudes hermano, no lo dudes

  • Miguel Crispín Sotomayor dijo:

    Hola Silvio, cuando alguien me sugiere que escriba testimonios siempre le contesto que fuimos cientos de miles de niños, adolescentes y jóvenes con la misma historia. Muchos tuvimos los mismos sentimientos y deseos que manifiestas y siempre recibimos la misma respuesta. Por ejemplo, en 1968 solicité incorporarme a las guerrillas del Frente Sandinista de Nicaragua, con el que mantenía alguna relación, tenía 20 años, y recibí como respuesta, entre otras palabras: “no, aquí también hay cosas importantes…” , lo que cambió mi vida por varios años. Luego tuve la posibilidad de ser internacionalista durante dos años en un país de África, no era lo que antes había deseado, pero era algo.
    En nuestro proceso revolucionario, el tuyo, el mío y el de muchos, ha habido errores, pero no son como para sacarnos los ojos. Hay errores, y también muchas cosas por las que podemos sentir legítimo orgullo; y elevar la solidaridad por encima del egoísmo que caracteriza al capitalismo. Hoy algunos, que son lo que son porque existió y ha existido una revolución socialista, solo ven las manchas en el Sol.
    De toda esa historia de nuestra generación solo he podido escribir algo que pudiera ser o no un poema:
    BREVE TESTIMONIO GENERACIONAL
    A mi generación, muchos ya no están, pero estuvieron.

    Yo conocí a un pueblo sembrado de ignorancia
    y me fui a combatirla con libretas y lápices.

    Conocí los cañones treinta y siete milímetros, las marchas
    y los tiros nocturnos tendido sobre el lodo y arriba un temporal.

    Y aprendí a distinguir entre estrellas y aviones,
    lo que es un hombre rana y qué las noctilucas, a controlar el miedo.

    Conocí los resbalo en empinadas lomas y el café recogido
    voltearse del morral en medio de la lluvia y truenos estomacales.

    Las frías madrugadas
    y al mediodía el sol derretir el cerebro en un cañaveral.

    Yo conocí el hambre con dos mudas de ropa para vivir el día. Y otra para hospital,velorios y festejos. Los zapatos de yute con suela de madera, “estilo japonés”.

    Conocí a luchadores que fueron guerrilleros y luego asesinados
    por fuerzas represivas de alguna dictadura.

    Conocí la miseria de los negros africanos, la crónica malaria y su tuberculosis,y a niños disputarles la comida a los perros , en tachos de basura.

    Yo conocí, lo que nunca se olvida.

    Un abrazo.

    • granito de arena dijo:

      Lamentable, Miguel Crispín, que haya tantos que no recuerden o no quieran reconocer que eso sucedió tal como usted lo cuenta. Quien lo haya vivido o se interese por conocer estas cosas, tendrá que ser revolucionario necesariamente. Esa generación suya maduró temprano a fuerza de sacrificios de toda índole. Esta es otra época que implica otro tipo de esfuerzos quizá no tan dramáticos como aquella. Sería bueno sembrar en nuestros jóvenes el interés por conocer aquello. Existen literatura, cine y otras manifestaciones del arte que lo representan, pero hace falta más divulgación de aquella épica que involucró a tantos jóvenes, y por supuesto a sus mamás y familiares cuando no existía correo eléctrónico y una madre se debatía en la incertidumbre durante quién sabe qué tiempo para saber de su hijo.
      Las gracias para Silvio por tan sabia interpretación de aquel momento histórico.

    • Doris A. García Téllez dijo:

      Miguel Crispín, me ha emocionado mucho tu escrito, tanto que lo he hecho llegar a Silvio y a nuestra Red Abeja de Segunda Cita.

      Gracias, muchas gracias por tus vivencias.

  • enrique dijo:

    Querido Sivio, puedo llamarte así ya que soy como un hermano menor por la diferencia de edad, cómo haz dicho nos ha tocado vivir tiempos diferentes a las generaciones que combatieron por la independencia de nuestra Patria pero hemos tenido el privilegio de participar de diferentes maneras en la construcción de nuestra sociedad,que no es perfecta pero está hecha por hombres que han buscado y buscan una justicia social para todos con sus errores que debemos seguir enmendando para bien de todos los cubanos, Angola fue la prueba que existen muchos héroes que provienen de todas nuestras clases sociales y profesiones, ya que nos hemos educado bajo principios humanistas generados por nuestros próceres, y nos hermanamos con todas las luchas que han surgido y surgen en cualquier parte del mundo, muchas gracias por tú obra que es de todos los cubanos.

  • nureya dijo:

    Realmente y como siempre, Silvio es insuperable.

  • Maurice dijo:

    TIENES TODA LA RAZÓN SILVIO AMIGO, SILVIO TROBADOR, SILVIO DE TODOS LOS CUBANOS, SOY MUY JOVEN Y CREO QUE MI GENERACIÓN LE HA FALTADO SU MONCADA, SU SIERRA O SU ANGOLA, QUIZAS POR ESO SIEMPRE HE TRATADO DE ESTAR EN LA PRIMERA TRINCHERA, EN DONDE NADIE DE MI EDAD QUIERA ESTAR; HOY LOS JÓVENES PREFIEREN EL FACILISMOS Y LO LINDO DE LA VIDA, NADA DE SACRIFICO. SOLO ME QUEDA DECIR ALGO GRACIAS A TODOS LOS QUE NOS PERMITIERON VIVIR EN UNA SOCIEDAD QUE NO ES PERFECTA PERO ES EXTRAORDINARIA.
    TE SALUDO SILVIO CON UN ABRAZO.

  • Aldo dijo:

    excelente Silvio, gracias por contarnos a aquellos que tampoco llegamos a tiempo a Angola, saludos

  • VladimirG.CaleroDisotuar dijo:

    Yó tampoco soy violento, nunca lo he sido; la violencia no me es simpática.Pero nací en un país que llegó a una forma de plenitud histórica a través de una violencia revolucionaria.

    Y AQUI ESTOY.

  • Yosbel dijo:

    Tus canciones son y seran nuestra forma de luchar, por ahora, tu penasamieto es una arama para el revolucionario, me siento como te sientes, aunque no me habia peractado tan explicitamente. Garcias hermano por este sentimiento.

  • trovador dijo:

    Silvio:
    Disfrutamos hace unos dias un concierto, de un agira dedicada a ti y tu musica, por Augusto.
    Cientos de asistentes coreamos tus canciones, defendidas por un Augusto inmenso, el eterno cantante de Moncada para nosotros.
    Muchos lloraron,volvimos a vivir aquella etapa y todos te recordamos cada segundo.
    Felicidades, sigue escribiendo y creando, maestro !!!!

  • miguelito dijo:

    Muy lindo,importante y nostalgico articulo.
    Creo que nos transporta al pasado a los que conocimos aquella etapa,los que la vivimos. Me encantaria volver a pasar por los lugares donde estuve,ver al os que conoci. Nunca pense’ que algun dia yo podria decir esto.Eran tantos los deseos de regresar para estar con la familia,los amigos. Pero han pasados los años y aunque senti esta sensacion desde ya hace un tiempo,ahora leyendo este maravilloso articulo de quien es ,para mi,despues de Jose’ Marti el mas brillante poeta cuabano me he vuelto a transportar a aquellos olores,colores y se lo he comentado a mi esposa. Por ahora a conformarse con leer.

  • Paulina dijo:

    Fui a Angola tres veces, participé en acciones combativas. Me probé. Por eso me apena ver cómo se publican libros que hablan de una guerra idílica, que no existió: al primer disparo del ramboideo combatiente cubano, el enemigo, siempre cobarde, corría. Todo salía bien, nadie se equivocaba. Se cuentan todas las verdades -si son las simpáticas- y la guerra no es simpática. Esto en aras de lo “políticamente correcto”y por ahí se llega a algo muy feo: se miente a los jóvenes y ellos no se lo merecen. Se menoscaba a los que fueron nuestros adversarios. Qué manera tan fácil de degradar desde adentro nuestra propia victoria. Qué insulto a la memoria de dos mil setenta y siete cubanos caídos allí.

    • marita dijo:

      ¿Y cuántos libros has escrito para narrar las acciones combativas en las que participaste?

    • DrGio dijo:

      Estoy completamente deacuerdo con usted. Se agradece el tono “poetico”, viril y “filosofico-espiritual” del articulo, y mas si es escrito por Silvio pero la realidad de la Guerra, las vidas cortadas, las viudas, los lisiados y traumatizados de la misma, nada tiene de poético ni sacro..

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Silvio Rodríguez

Silvio Rodríguez

Músico y poeta cubano. Es fundador de la Nueva Trova y autor de canciones antológicas como “Unicornio”, “Ojalá”, “La era está pariendo un corazón”, y muchas otras.

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