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Democratizar es desmercantilizar

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La fragilidad de las democracias liberales quedó confirmada conforme pudieron convivir con el neoliberalismo y, más que eso, ser funcionales a ese modelo de exclusión social. La brutal penetración del dinero en todos los poros de la sociedad llegó de lleno a la política, con el financiamiento de campañas electorales, con los lobbies en los parlamentos, todo absorbido por las democracias liberales, revelando su inmensa elasticidad. Así como, a la vez, han convivido y siguen conviviendo con modelos económicos neoliberales, de concentración de renta, exclusión social, expropiación de derechos fundamentales, aumento exponencial de la pobreza y la miseria.

Lo destacaba bien Marx, al decir que cuando las constituciones liberales enuncian que todos son iguales frente a ley, ahí empieza la desigualdad. Pero mientras sea desigualdad económica, social, cultural, el liberalismo las soporta, con tal que sus cánones para calificar a un país como democrático, sigan vigentes: separación de los poderes, elecciones periódicas, multiplicidad de partidos, prensa libre (libre quiere decir privada en el vocabulario liberal).

La era neoliberal representa el máximo de realización del capitalismo en su afán de transformar todo en mercancía, en mercantilizar todo. Libre de las trabas de las reglamentaciones estatales, el capital fluye sin limitaciones, realizando la utopía de que sea un mundo en que todo se compra, todo se vende, todo tiene precio.

En nuestros países, esos procesos han trasformado profundamente a nuestras sociedades, destruyendo la escasa red de protección de nuestros estados, trasfiriendo hacia el mercado lo que eran derechos: a la educación, a la salud, a la cultura, al transporte, a la vivienda.

Gobiernos posneoliberales tratan de revertir ese brutal proceso de mercantilización, reponiendo en la esfera pública lo que fue llevado a la esfera mercantil. Frenando los procesos de privatización, revirtiendo en algunos casos empresas privatizadas a la esfera estatal. Pero, en lo fundamental, reconociendo y ampliando derechos de la gran mayoría de la población, víctima de la expropiación de derechos de parte del neoliberalismo.

La polarización fundamental en la era neoliberal se da entre la esfera mercantil y la esfera pública. Aquella, la esfera del mercado, del consumidor, de la selección social por medio del dinero. La esfera pública, a su vez, es la esfera de los derechos, de los ciudadanos, de la inclusión social.

El Estado es un espacio de lucha hegemónica entre la esfera pública y la esfera mercantil, pudiendo ser tanto un Estado financierizado, cuanto un Estado refundado alrededor de la esfera pública. En el Estado, decía Pierre Boudieu, siempre hay una mano derecha y una mano izquierda.

El neoliberalismo destroza al Estado e intenta imponernos la opción entre estatal y privado. Es decir, entre un Estado desarticulado por ellos o el mercado, que es lo se esconde detrás de lo que ellos llaman de espacio privado.

Mientras la disyuntiva es distinta: donde el neoliberalismo habla de esfera privada, lo que hay es la esfera mercantil. Y la esfera contrapuesta no es la esfera estatal, sino la esfera pública. La polarización que articula el campo teórico en la era neoliberal es la que se da entre esfera pública y esfera mercantil.

Democratizar nuestras sociedades es desmercantilizarlas, es transferir de la esfera mercantil hacia la esfera pública, la educación, la salud, la cultura, el transporte, la habitacion, es rescatar como derechos lo que el neoliberalismo impuso como mercancía.

Esa es la mayor batalla de la era neoliberal: la afirmación hegemónica de la esfera pública en contra de la esfera mercantil. Una sociedad justa es una sociedad centrada en la esfera pública, en la universalización de los derechos, en los ciudadanos, como sujetos de derecho, objetivos de los gobiernos posneoliberales.

(Tomado de La Jornada)

Se han publicado 2 comentarios



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  • ramon dijo:

    La experiencia DE CASI 100 AÑOS DE sOCIALISMO DICE QUE LA sOCIEDAD NO PUEDE SOMETERSE AL mERCADO PERO TAMPOCO PUEDE IGNORARLO .

  • El Chavia dijo:

    Ok por este articulo, pero se debe señalar que la estatalización de la economía ha demostrado ser tan mala como el propio neoliberalismo. Los bandazos siempre son malos y en economía si existen las medias tintas. De lo que se trata es que la propiedad socialista, que fue de la que hablo Marx, no necesariamente es propiedad estatal. Ello se traduce en la utilización amplia de las relaciones monetarias mercantiles que en la sociedad socialista no desaparecen. Marx no privilegió la estatalización pues el marxismo presagia la desaparición del estado. La verdadera propiedad social tal y como lo definió Prudont y asumió Marx, es aquella en la cual los trabajadores se encargan del destino de sus fabricas y empresas (lo que aquí se denomina cooperativas. Incluso Lenin, establecio que en la etapa imperialista del capitalismo la toma del poder por la clase trabajadora era más factible pues el grado de socialización de la producción, harian posible la toma de conciencia del proletariado y así cumplir con las premisas subjetiva para la toma del poder y el paso de la propiedad de los capitalistas a sus trabajadores.

    La vida ha demostrado que cuando las empresas son gestionadas por los estados su eficiencia decrece convirtiendose en verdaderas cargas para los pueblos, ello se demuestra con la enorme cantidad de empresas estatales o publicas que no son eficientes, tanto en una sociedad socialista como la nuestra, como en un sistema capitalista.

    Todo ello solo se puede solucionar con la propiedad socialista tal y como lo declara el marxismo y no como las revisiones de esta, la han hecho aparecer ante los ojos de aquellos que no conocen el verdadero marxismo que por cierto no fue el emprendido por la famosa y fracasada Revolución Socialista de Octubre

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Emir Sader

Emir Sader

Sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

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