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Rencuentro con Pepe

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ricardo-alarcon-de-quesadaRelatar sucesos del pasado, escribir sobre héroes y hazañas desconocidos plantea un desafío difícil de superar. Se corre el riesgo de que quien nos lea se sienta transportado a la infancia escuchando añoranzas del abuelo o incomprensibles discusiones entre adultos.

Para el narrador, sin embargo, es un acto necesario, inevitable, que lo perseguirá hasta el final en brega constante contra el abandono. En el fondo se trata de la más antigua y terca ambición del hombre: alcanzar la sobrevida, vencer a la muerte.

Para los pueblos el rescate de la memoria es también una urgencia a la que el Centro Cultural “Pablo de la Torriente Brau” ha dedicado sus mejores empeños que ahora suman este libro, el cual debería trascender su contenido específico y convertirse en un ejemplo que ojalá se multiplique para profundizar en el conocimiento de nuestra historia tan rica en heroísmo como poblada de héroes y heroínas ignorados.

“Rencuentro con Pepe Garcerán – en busca de un joven y su tiempo” es, ante todo, una obra de amor. El amor de una hija que no pudo conocer a su padre y que hizo del afán por encontrarlo la pasión de su vida. El amor de un amigo leal, que insistió en recordar. El amor que los dos pusieron en salvar textos inéditos y reunir testimonios y anécdotas que sin la tenacidad de ambos se habrían perdido para siempre.

Gracias a ellos el olvido fue derrotado. Pepe ha vuelto, finalmente, a encontrarnos, otra vez, aquí en este edificio que cobijó sus sueños y fue testigo de sus luchas y de su vida ejemplar.

José Garcerán de Val Vera vivió apenas 23 años. Pero los vivió intensamente. Estuvo a la vanguardia en todos los combates que desde esta Colina libraron los estudiantes contra la tiranía batistiana. Participó en las numerosas iniciativas que entonces se emprendieron para que la Universidad fuese no sólo centro vital de la cultura, sino también herramienta decisiva para transformar la sociedad. Integró la dirección del Movimiento 26 de Julio, desempeñó importantes responsabilidades y llevó a cabo riesgosas tareas entre ellas la de fundar y dirigir un frente guerrillero a las puertas de la capital del país hasta caer combatiendo el 17 de diciembre de 1958. Fue también apasionado defensor de la unidad entre todas las fuerzas revolucionarias. En su casa se hicieron muchas reuniones clandestinas, se guardaron armas, hallaron refugio, en distintos momentos, Juan Pedro Carbó, Machadito y Fructuoso Rodríguez.

Escribió sin descanso, ensayos, artículos, poemas, cartas, diarios y anotaciones personales. Fue responsable principal de dos publicaciones estudiantiles. Lo hizo en Cuba y también en el exilio. Buena parte de esa obra la recupera este libro.

Son escritos que revelan en su hondura la forja difícil, trabajosa, de una generación obligada a hacerse maestra de sí misma. Pepe lo dijo cuando apenas se acercaba a los veinte años: “Dichoso Martí que tuvo un maestro. Otros han tenido que forjarse la conciencia golpeando despiadadamente sobre ella y en silencio y sin nadie de quien recibir estímulo, aliento o consuelo. Otros se han visto privados de la ayuda de un preceptor y han tenido que hacerse ellos solos.” Ese era el reto esencial para aquella generación frente al cual “aún debemos prepararnos más. Tenemos que agruparnos, tenemos que depurarnos, tenemos que templarnos para la lucha que nos espera… hacernos nuestros propios líderes.”

Pepe convirtió esas preocupaciones en norma de conducta. Anotaba sus propósitos y objetivos de superación personal – en lo docente y lo cultural, pero también en el deporte y la vida cotidiana – y evaluaba mensualmente su cumplimiento. Conmueve leer las anotaciones de su Diario y otros textos que no fueron concebidos para ser publicados. No fue él, por cierto, el primer adolescente que escribió sólo para sí mismo con la inevitable ingenuidad y el idealismo de esa edad. Pero quienes estuvimos cerca de él en aquellos años recordamos que, efectivamente, así era Pepe y nos emociona comprobar cómo fue capaz de tallarse a sí mismo, con la inspiración y la persistencia de un artista verdadero hasta transformarse en un auténtico héroe, arquetipo de nuestra generación.

Son trabajos juveniles que muestran, sin embargo, pensamiento culto, rigor analítico y un estilo vigoroso de quien habría sido un gran escritor si las balas enemigas no hubieran tronchado su vida noble y generosa aquella triste noche de diciembre.

Más que un libro sobre Garcerán este es su libro, el libro de Pepe, un joven eterno porque fue fiel a su tiempo y por ello sobrevive. A él parecía destinado el verso inmortal de los Beatles: “Al final el amor que recibirás será igual al amor que diste”.

Se han publicado 2 comentarios



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  • Omar Rafael dijo:

    Bienvenido un libro como este para la juventud cubana.

  • Heloo dijo:

    A todo aguacate le llega su ventolera.

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Ricardo Alarcón de Quesada

Ricardo Alarcón de Quesada

Doctor en Filosofía y Letras, escritor y político cubano. Fue Embajador ante la ONU y Canciller de Cuba. Presidió durante 20 años la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba (Parlamento).

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