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De las primeras veces

En este artículo: Deportes, Juegos Olímpicos
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1896_olympic_opening_ceremonyPor Eyleen Ríos López

Detalles como el encendido de la llama, el izamiento de las banderas, las ceremonias de premiaciones o los actos inaugurales suelen resultar habituales cuando de Juegos Olímpicos se trata.

Sin embargo la lógica prioridad asignada a lo noticioso en el preámbulo de cada edición, el dedicar tiempo y espacio al cómo y cuándo se producirán los acontecimientos, hace que en ocasiones pasemos por alto sus historias o no nos detengamos a pensar en que no siempre formaron parte de estas citas.

Por ejemplo, quizás no todos conozcan que las primeras medallas de oro se entregaron en París 1900, pues en Atenas 1896 solo se fabricaron de plata y bronce, o que en la propia capital francesa aparecieron las mujeres, con la tenista inglesa Charlote Cooper como campeona iniciadora.

Aunque ahora ningún compromiso de este tipo se concibe sin la televisión, tampoco se menciona a menudo que ese medio estrenó sus transmisiones en vivo en Roma 1960 con señal hacia toda Europa y cuatro años después llegaron a Estados Unidos y Japón.

La interesante relación primicias-juegos tiene pasajes en casi todas las versiones, algunas con más protagonismo que otras, como la de Londres 1908, cuando “nacieron” los desfiles de las delegaciones.

Hoy en día no imaginamos las aperturas sin el bonito momento en que los abanderados encabezan a sus compatriotas, pero la estructura actual tuvo su antecedente más cercano en Ámsterdam 1928, con Grecia iniciando la marcha y el país organizador encargado de cerrarla.

Fue entonces cuando se retomó la permanencia del fuego olímpico durante toda la contienda, una tradición inspirada en los Juegos de la Antigüedad, mas fue para la cita de Berlín 1936 cuando se volvió al templo de Hera, en Olimpia, para prenderlo a la usanza de los fundadores.

Desde ese momento la antorcha encendida se trasladó de mano en mano para recorrer sitios emblemáticos en un acto que incluyó las más disímiles variaciones, como el tramo cubierto bajo el agua, por la famosa barrera de coral de las costas australianas, en la antesala de Sydney 2000.

Viajó por primera vez en barco en 1948, para cruzar el Canal de la Mancha, y en avión en 1952 camino a Melbourne.

Quizás fue la cita de Los Ángeles 1932 la de más “primeras veces”, porque en correspondencia con el desarrollo tecnológico de la época comenzó a ser electrónico el cronometraje para el atletismo, se instaló megafonía local y se escucharon los himnos nacionales de los monarcas en el momento de su investidura.

Por cierto, también llegaron para quedarse los podios de premiaciones y el izamiento de las banderas como parte de esa ceremonia, y se utilizaron tableros para difundir los resultados.

Se radiaron a casi todo el mundo las competencias y por vez primera los hombres se alojaron en algo parecido a una Villa Olímpica.

Vale aclarar que fueron solo ellos, pues a las mujeres se les instaló en habitaciones de hoteles, y no fue hasta cuatro años más tarde, en Berlín, en que se construyó la Villa “pionera”, dotada de 145 habitaciones distribuidas en edificios de una o dos plantas.

La lectura del juramento de los atletas, siempre asignada a un anfitrión, vivió su debut en Amberes 1920, donde igualmente ondeó por vez primera la bandera olímpica, esa de fondo blanco y cinco aros de colores en representación de todos los continentes.

La ya inseparable mascota apareció en Múnich 1972 y fue un gracioso perro dachshund o “salchicha”, como lo conocemos en Cuba, que recibió por nombre Waldi.

Los controles antidopajes se estrenaron en México 1968 y tocó al sueco Hans-Gunnar Liljenval, de pentatlón, el triste papel de iniciador de las listas “malditas” al ser positivo por consumo de alcohol.

Estocolmo 1912 rompió la atadura con las Exposiciones Universales, con lo que las citas olímpicas cobraron independencia y redujeron su extensión, Ámsterdam 1928 abrió las puertas a las damas en el atletismo y Helsinki 1952 a la primera cámara de “fotofinish” Omega, marca aún utilizada.

Es fácil comprender que muchas primicias quedaron fuera de este apretado resumen, y que otras se generarán con cada nueva versión para enriquecer el ya nutrido historial de un movimiento que dentro de pocos días volverá a poner al mundo en vilo.

(Tomado de JIT)

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