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Mercenarios para la Contrainsurgencia

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En abril de 1963, el programa para el entrenamiento de emigrados cubanos en las llamadas Unidades Cubanas en el Ejército norteamericano derivó hacia la especialización, cuando la administración de John F. Kennedy aplazó sus planes para invadir nuevamente a Cuba, como lo intentó y fracasó dos años antes en Playa Girón.

Con la llegada a Estados Unidos a finales de diciembre de 1962 de cerca de mil mercenarios  liberados por las autoridades cubanas como resultado de la legítima indemnización por la agresión de abril de 1961, las agencias norteamericanas urdieron nuevos planes agresivos para utilizar a esta cantera de vencidos, desmoralizados pero entrenados servidores, la mayoría inconformes por no haber recibido en el momento oportuno el apoyo militar prometido y deseado para agredir a su Patria de origen. Sería como un premio de consolación para los molestos y resentidos.

Así el Departamento de Defensa de Estados Unidos anunció el 16 de febrero de 1963, dos meses antes de desactivar a las Unidades Cubanas en Fort Jakcson, que aquellos mercenarios de la invasión de Bahía de Cochinos podrían ingresar en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. El 25 de ese mes comenzó el proceso de captación, selección, reclutamiento y ubicación de los nuevos reclutas para el entrenamiento que comenzó en Fort Benning, Georgia, el 11 de marzo de ese año.

El nuevo programa más especializado tenía como objetivo ubicar a los cubanos en el programa de contrainsurgencia que ponía en marcha el gobierno norteamericano para enfrentar a la supuesta amenaza de la Revolución cubana hacia los gobiernos de América Latina.

El gobierno demócrata actuaba con un doble rasero, muy común en sus manejos políticos, mientras en un Memorando del 3 de abril del Grupo Especial, redactado por McGeorge Bundy, indicaba sobre los planes de sabotajes contra Cuba: “Tal actividad no valía el esfuerzo que en ella se ponía…“, quince días antes  el 19 de febrero el mismo redactor había propuesto: “…bajo el Tratado de Río, crear una atmósfera en la que el régimen de Castro pueda ser sustituido por un gobierno cubano libre”. El documento se extendía en seis objetivos, entre los cuales estaba: “Reducir la subversión cubana en el hemisferio”, para alcanzar el mismo los mercenarios cubanos se preparaban en Fort Benning.

El martes  30 de abril de 1963, el Grupo de Trabajo sobre Cuba elabora una propuesta, que envía el 2 de mayo al llamado Grupo Especial donde anuncia cuatro acuerdos. El documento clasificado como secreto fue desclasificado parcialmente el 28 de septiembre de 1990. La parte revelada daba luz verde a la afectación de la economía cubana por medio del sabotaje, dañar la industria azucarera para debilitar la producción. El 19 de junio el presidente Kennedy aprobó intensificar el programa de sabotajes dirigido a cuatro sectores priorizados de la economía cubana: sistema eléctrico, refinerías de petróleo y sus tanques de almacenamiento, el transporte por carretera y ferroviario, así como a las fábricas fundamentales. Esto demuestra como en apenas cuatro meses de 1963, el doble rasero norteamericano puso en práctica nuevas acciones de contrainsurgencia y de sabotajes en la Isla.

Un poco más de doscientos mercenarios de la Brigada 2506, optaron por ingresar en los entrenamientos y especialidades de contrainsurgencia en Fort Benning, eran en su mayoría emigrados sin un status migratorio definido en Estados Unidos, los menos se habían naturalizado y los más, tenían la tarjeta azul de parolees, condición de bajo palabra, que implicaba darle una categoría posterior. Eran cubanos sirviendo dentro del Ejército norteamericano, sin ser ciudadanos del país que los entrenaba para utilizarlos contra su Patria y en otros países.

Según cifras parciales, 143 reclutas se alistaron en la infantería; 24  lo hicieron en la Fuerza Aérea; 16 en la Marina y 8 en los Marines. Al egresar con el grado militar de segundo teniente del Ejército de Estados Unidos, fueron enviados a distintos destinos. Un grupo numeroso fue seleccionado por la CIA para sus programas agresivos contra Cuba, otros para asesorar la represión en América Latina en el mencionado proyecto de contrainsurgencia; también en 1965, formaron parte de la legión de mercenarios que fueron estructurados en unidades aéreas, marítimas y terrestres y participaron junto a otros soldados de fortuna de varias nacionalidades en conflictos armados africanos; al comenzar la escalada de la agresión norteamericana en Vietnam, grupos de estos asalariados del imperio fueron enviados a ese país, insertados en sus fuerzas.

Entre estos legionarios hay miembros que participaron y aún participan en las agresiones contra Cuba y claman por el uso de la violencia para derrocar a la Revolución. Para solo señalar los más conocidos, tenemos a Luis Posada Carriles, uno de los más veteranos criminales de esos mercenarios, autor de numerosos crímenes y que disfruta de total amparo e impunidad en Estados Unidos.

Otro es Félix Rodríguez Mendigutía, asesor de la represión en varios países latinoamericanos y autor material de hechos punibles como ordenar el ataque al mercante español Sierra Aranzazu el 15 de septiembre de 1964, donde fueran asesinados el capitán del barco, heridos varios oficiales y tripulantes, así como destruida la carga de juguetes y alimentos que transportaba hacia Cuba.

También el haber favorecido el asesinato del prisionero del conflicto interno en Bolivia en 1967: Ernesto Guevara de la Serna, capturado herido en un combate el día 8 de octubre de ese año y ultimado el día 9, en fragrante violación de las normas más elementales del Derecho Internacional Humanitario. Este hecho todavía está impune y en el mismo participó otro de los egresados de Fort Benning, Gustavo Villoldo Sampera, quien tuvo la degradación de intentar lucrar en 1997, durante el proceso de exhumación de los restos del Guerrillero Heroico,  cuando envió una carta a una de sus hijas donde le proponía compartir las utilidades del manejo mediático del suceso, sobre la base incluso de informaciones falsas sobre el lugar donde supuestamente había estado enterrado, hasta entonces,  el prisionero ejecutado extrajudicialmente. Intentó estafar la memoria de su víctima.

Aunque se abundará en otra entrega, no es posible excluir ahora al extinto batistiano Jorge Mas Canosa, agente de la CIA, quien pagó a Posada Carriles miles de dólares para dinamitar barcos mexicanos y cubanos en puertos de México en 1965; financió los tres intentos de fuga de cárceles venezolanas de este criminal y las bombas que fueron colocadas en Cuba en 1997 por mercenarios centroamericanos reclutados por él. También estuvo al frente de la terrorista, mafiosa y anexionista Fundación Nacional Cubano Americana y pagó la defensa y liberación del terrorista Orlando Bosch Ávila, autor intelectual al igual que Posada Carriles,  del atentado criminal contra el avión civil cubano en Barbados, en octubre de 1976.

La saga criminal de estos delincuentes entrenados en Fort Benning es larga y en la historia de sus agresiones contra el país donde nacieron no hay espacio para el olvido.

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José Luis Méndez Méndez

Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate.

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