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Amy Winehouse, almas delirantes

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amy_winehouse_its_my_party1Impresionante, demoledor. Una profecía funesta, o lo que es lo mismo, una predicción magnífica. Amy Winehouse se marchó de este mundo con apenas 27 años. Y de paso nos ha señalado, claramente, dónde queda la salida, el túnel de fuga. Queda, o una vez estuvo, para los que no lo saben, en un apartamento de Camden Square, al norte de Londres.

Entrar allí es entrar a cualquier lugar, resulta obvio que un sitio así no existe, que estamos en presencia de otra de las tantas imposturas de la época, y que Andrew Morris, el supuesto guardaespaldas que encontró a la estrella del soul, ya sin vida, desvanecida e inerme en el rincón de un dormitorio, es solo un inglés intachable, un personaje sobredimensionado, un visible consuelo para nuestras frágiles conciencias.

Nadie encuentra a nadie. Nadie ve las huellas, el rastro que deja otro cuando ese otro, a un precio altísimo, gira las llaves o toca a la puerta para luego detenerse en el umbral, cerciorarse de que nadie esté mirando, y así, en un salto de luz, cruzar la línea definitiva de la inmortalidad. Que cuesta caro, muy caro, y que está sobreestimada, porque no depende de uno, depende de cualquier cosa menos de uno, por eso, a excepción de César y de Napoleón, los que más se aferran a la idea de la gloria son los que menos la consiguen.

La gloria es producto del tedio, una coartada, cierto orden para el caos, o bien, desde la otra orilla, la urdimbre del azar, la fama de los muertos. Que si uno cree en ese tipo de cosas quizás le pueda servir de mucho, pero que si uno no cree, entonces ya no le sirve de nada.

La fama de los muertos, para bien o para mal, se torna persistente, exprime a los débiles, los desconsuela, y se fija, con recias vueltas de tuerca, en la blanda memoria de los hombres. La fama de los vivos, a su vez, es poca cosa, uno debiera reírse de la fama de los vivos, del estrellato del último político, o del último farsante del pop, o del último Mesías desvariado e incontinente -estirpe Harold Camping- que aparece en escena.

Para Shakespeare, según Borges (ambos muertos famosos), la fama de los vivos se parece a las marcas de cigarrillo y a las pompas de jabón. Aunque eso de las marcas de cigarrillo, por estilo, y porque en la época de Isabel I aún no debía existir el mercado, parece más una añadidura borgiana que una sentencia del Bardo de Avon.

Todavía no se sabe de qué murió Amy Winehouse, o sí se sabe, pero no queremos darnos por enterado, pues resulta, debo reconocerlo, demasiado siniestro.

Ahora la prensa, las personas, el mundo, como secuencia avisada de la trama, especulará sobre el suceso. Adicciones: alcohol, drogas, dramas pasionales. Pero, por favor, nadie se engañe, nadie lea titulares, ni persiga explicaciones tan católicas. Sí, católicas.

En 1969, el fundador de los Rolling Stones, Brian Jones, ahogado en la piscina de su granja de Sussex, tras un ataque de asma, abrió una brecha; rasgó, como pocas o como tantas veces en la historia (depende de cómo lo miremos), el velo de la casualidad. La otra explicación del mundo. La que desconocemos, a la que hay que asomarse en compañía de la persona adecuada, asomarse solo por unos minutos y contadas veces en la vida, pero siempre a riesgo de caer. Para mirar al vacío uno debe estar dispuesto a caer. O a quedarse ciego. Si no, no ha mirado nada. Por eso se vuelve imprescindible la persona idónea, para que en pleno descenso nos tome de la cintura, o para que, llegado el caso, funja de lazarillo.

Luego de Jones; Jimmy Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin y Kurt Cobain, estrellas del firmamento musical, murieron también con 27 años. Ya se sabe que las estrellas muertas duran siglos y siglos, miles de décadas, o sea, las estrellas no mueren, solo se detienen. Y esa- parece una idea seductora- es la inmortalidad. Dicho, pues, de manera explícita, Amy Winehouse se detuvo. O la hicieron detenerse. Ella no lo sabía, pero yo sí.

La cantante inglesa, escandalosa y extravagantemente bella, dueña de una voz espléndida y feroz, no conoció, hasta el sábado 23 de julio de 2011, fecha en que cruzó del norte londinense al norte de la historia, a quién le estaba debiendo, o a quién le iba a deber la sobrevida.

Siempre lo he pensado, otros lo han pensado antes, es una idea vieja, y pensar algo así se me antoja tan adverso como el absurdo, como la verdadera soledad, es decir, la soledad de los condenados a cadena perpetua, de los guardaparques municipales, y de los que perennemente habitan en esa esclusa extrema que es la lucidez.

Hace varios meses leí una crónica, no recuerdo al autor -solo que era periodista, y cubano, por demás-, donde se hablaba de Amy Winehouse. Una crónica exquisita, fechada en el 2009, y que tras comentar el prodigioso talento y la espléndida voz de la artista, se largaba a enumerar sus múltiples vicios, las infinitas celdas de la adicción, para luego decir que tales excesos, tal como ocurrió, y tal como les había ocurrido a sus predecesores, podían menguar tempranamente su existencia.

La crónica es breve, calculada, y cuenta con un cierre contundente. Se menciona a Jones, a Hendrix, a Joplin, a Morrison y a Cobain, y luego el autor concluye más o menos así: “Todos ellos -la coincidencia es espantosamente cierta-, fallecieron con 27 años. Amy Winehouse, ese portento enfermo, ya cumplió 25”. Un final de espanto, pensé cuando lo leí, pero improbable que se cumpla.

Lógicamente, tras el deceso de la última de estas almas delirantes, volví a buscar la crónica. Si la hubiera encontrado, no habría sido más que un dato curioso. Pero la crónica no apareció, se esfumó del Internet, en Internet nada se esfuma, siempre, según dicen, queda un rastro, entonces volví a buscar, y en vano, lo cual despertó, claro está, la posibilidad de que yo nunca hubiera leído algo semejante, de que mi trastocada capacidad de fabulación lo estuviera imaginando, pero esa era una salida demasiado fácil, poco convincente, culpar al olvido, o a su reverso, o a la falta, a la inconsistencia de la memoria, cuando lo cierto fue que yo la leí, la crónica existió, ya no existe, pero existió, igual que el apartamento de Camden Square, al norte de Londres.

Ahora, quizás, algunos fanáticos vayan al lugar del suceso buscando detalles, buscando la puerta o la ventana para una fuga luminosa, pero, ya lo he dicho, no encontrarán absolutamente nada, solo objetos y escenas ordinarias, una cama destendida, una luz palpitante, almohadas sin fundas, colillas de cigarros y cenizas por el suelo, algún rastro de droga o de alcohol, en fin, cosas así, anzuelos de la prensa, de la literatura, de la realidad.

Lo importante es lo otro. Ni la prensa, ni la literatura, ni la realidad. Lo importante fue lo que yo vi. Una crónica de apenas quinientas o seiscientas palabras, una esquela mortuoria, una poética premonición, ligera, huidiza, como era de esperar. Inapresable incluso dentro de Internet, que ya es, de por sí, bastante volátil.

Quizás Amy decidió por si sola ingresar a tan selecto club, pero no lo creo. Dicho literalmente, ya estaba escrito. Si alguno de ellos entró por voluntad propia, ese fue Kurt Cobain, quien se pegó un tiro en la cabeza, a principios de abril. Poco importa el año, porque abril “es el mes más cruel, criando lilas de la tierra muerta, mezclando memoria y deseo, removiendo turbias raíces con lluvia de primavera”. Pero semejante hipótesis también es rebatible.

Alguien debió haber escrito o dicho alguna vez, de modo irrevocable, que el líder de Nirvana terminaría así, volándose el cerebro, en su casa de Seattle, dejando a su paso legendarias canciones y una brevísima y acertada nota de suicidio. Cualquier derroche, con la muerte delante, es una fatuidad.

Probablemente, con la pérdida de Amy Winehouse, el autor de la crónica, el escurridizo periodista cubano, se decida a publicarla en un medio importante. Quizás no. En cualquier caso, ya resulta intrascendente. Si sale, será otra impostura de la prensa. Una crónica que no se ha escrito, pero que lamentablemente se escribirá.

Como tantas otras muertes. Como Borges, de astucia solo comparable a la de Milton u Homero, porque no entregó su vida, sino su vista, y eso cuando ya no le quedaba nada por leer. Como Shakespeare y Cervantes, que decidieron largarse de la tierra el mismo día, en el mismo año, tal vez a la misma hora. Un acuerdo tácito, intraducible, entre los dos escritores más excelsos de sus respectivas lenguas.

Quizás tuvieran, coincidentemente, un pacto con el diablo, al igual que Robert Johnson, el lejano guitarrista de blues muerto en 1938, justo con 27 años, por causas aún desconocidas. Johnson firmó su contrato e hizo entrega formal de su alma en el cruce de la autopista 61 con la 49, en Clarksdale, Missisipi. Luego lo cantó en temas como Crossroads y Me and devil blues, por eso me parece un farsante, un simulador demasiado pretencioso.

Amy Winehosue, en cambio, no era una farsante, y su pacto lo firmó en junio pasado, tras cancelar su gira por Europa, luego de una escandalosa presentación en Serbia, donde fue abucheada por 20 000 personas, un sábado en la noche, bajo las luces de Belgrado, mientras se tambaleaba en el escenario y mascullaba pedazos de canciones, mientras se le escapaba tristemente la voz.

Los medios no lo dirán, y la crónica que desde hace dos años fijó su muerte tampoco lo dijo. No habrá señal alguna. Pero yo sé que Amy Winehouse leyó, aunque sea con los poros, el Fausto de Goethe, un libro poco recomendable, y que no pienso enfrentar.

Es mejor la Biblia, porque lo predice todo, hasta estos soplos finales, y porque es un texto noble, salvador, el único libro, la única crónica y la única música a la que uno no tiene que ponerle la fe.

Se han publicado 38 comentarios



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  • victoriana dijo:

    FINALMENTE, QUE QUISISTE DECIR. ESTUVISTE GIRANDO Y GIRANDO PERO SIN EJE. ME ENTIENDES A MÍ.

  • Lucía dijo:

    Genial, sencillamente genial.

  • gothicprince dijo:

    Una noticia devastadora; lo primero que me pregunte era si Amy tenía 27 años y en efecto: es una maldición.

  • maria dijo:

    ¿Quizá un ángel del coro celestial (para los más religiosos), que se desvió en el camino?, pero durante un corto tiempo, nos deleitó con su voz y nos hizo sentir gran tristeza ante sus tormentos, pero de igual forma , yo disfruté su talento y por ello espero, ya este descansando y ahora Dios la bendice para siempre.

  • Ana dijo:

    Me quedé pensando un rato tras leer este artículo. Considero muy difícil escribir acerca de algo así y, sin embargo, está muy bien escrito.

  • Angelmuc6 dijo:

    LA PENUMBRA DE LA VIDA ESTA EN LA LUZ DE LA INCÓGNITA.

    EN MUNDO DONDE LOS FALSOS VALORES, DE LA DROGAS, EL CONSUMO DE ALCOHOL, ENTRE OTROS, SON LOS VERDADEROS ENEMIGOS A VENCER, ES QUE NO SON LAS GRANDES CELEBRIDADES, SINO DE MILLONES DE JÓVENES QUE SUCUMBE A ESTE FLAGELO DE LOS MALIGNOS DE LOS VICIOS, LA FALTA DE LA EMOTIVIDAD Y CONVICCIONES, QUE LOS MOTIVEN A CONVERTIR ESTOS DONES DE LA MUSICA, EL ARTE, LA PINTURA, EL DEPORTE ENTRE OTRAS PARA DESARROLLAR ENTRE LA GENTE Y PODER SER EJEMPLOS DE VALOR… MANIFESTACIONES CULTURALES PRODIGIOS DE UN DON QUE MUCHOS QUISIERAN POSEER.

  • Carlos Manuel Álvarez dijo:

    la crónica del periodista cubano a la que se refiere este trabajo, ha sido publicada hoy, 26 de julio de 2011, en juventud rebelde. El enlace es el siguiente:
    http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2011-07-25/las-estrellas-se-apagan-a-los-27-/

  • Osmel dijo:

    El articulo es descomunal, gracias Carlos Manuel por tanta imaginacion, gracias Cubadebate por el link y por entregarnos las cosas que en otros sitios no encontramos, tanta premonicion es escalofriante a pesar de las solidas bases en las que se sustenta,sigue viva la paradoja de la die-young generation.

  • Carlos Ortega dijo:

    Sr. Carlos Manuel Álvarez, definitivamente lo suyo es el estilo Barroco (difícil para el periodismo de estos tiempos) ,que por cierto no me gusta para nada (el estilo) ,parece que dicen mucho, que son súper cultísimos y se quedan en pura palabrería ,perdóname pero es mi criterio ,por favor no hay que usar tantos adjetivos ,verbos e hipérboles para decir ,cada cual con los suyo y definitivamente a usted le agrada ,y nosotros tenemos la opción de leerlo o no ,trampa en la que caigo y después digo ¿y que con todo esto?
    Además me recuerdas a ciertos “poetas” de estos tiempos, muchos de los cuales incluso han obtenido premios importantes de la Literatura Latinoamericana, que son dados en llamar “poetas de Torre de Marfil” escriben para “elites” y quien no los entienda, que se supere.
    Los de la “elite literaria” (aunque tampoco los entiendan o no les gusten, no lo demuestran, ¡ni locos hacen eso!) utilizan dos o tres palabritas claves… “son textos profundos, impactantes, trascendentales”…y salvan la honrilla de literatos cultos.
    Después que vi al personaje humorístico de Lindoro Incapaz recitando su tan famoso poema de:
    … “la hormiguita hirsuta y trascendental, se adentra en la intríngulis del pulmón hiriente de mis sombras”…
    Me doy cuenta de que cualquiera, con un poco de ganas de fastidiar y un buen diccionario delante escribe.
    Por favor ,sea más potable(si quiere hacer periodismo) ,bastante complicada tenemos la vida ya los terrestres ,para leer cosas que en vez de aliviarnos el espíritu nos lo compliquen, deje esos textos para los concursos literarios ,a los jurados les encantan, de seguro que gana ,se lo asevero.

  • Juana La Cubana dijo:

    Besitos mi niña,

    Que encuentres la paz que nunca conociste entre nosotros y un millón de gracias por dejarnos ese regalo tan bello, tu música.

  • Juana La Cubana dijo:

    Sr. Carlos Ortega, su comentario carece de pertinencia en este articulo, para dar consejos literarios mándele un e-mail al autor pero deje el spam para otros temas.

    Perdónanos Amy.

  • Charly dijo:

    Carlos Manuel, sigue escribiendo como te venga en ganas, porque al final es tu espacio, es tu estilo, y a muchos nos gusta y reflexionamos contigo… Y a los que necesitan una moraleja, que en vez de leerte a tí lean a Lafontaine y punto…

  • gothicprince dijo:

    Lo importante de Amy Winehouse no es la muerte por sobredosis; sino la música que dejó atrás. Eso es lo que le falta al artículo de Carlos; por lo demás, es simplemente genial.

  • Li Li dijo:

    Y tenemos que creerte que no recordabas al autor de la crónica? Es la falta de sinceridad para con los lectores, un recurso periodístico/literario válido?

  • Michel Contreras (autor) dijo:

    carlos, sigue escribiendo así. deja que piensen que eso puede hacerse con el larousse a mano. con hacer la prueba tienen… un abrazo

  • Carlos Ortega dijo:

    Sra. Directora del Foro Juana La Cubana, desconocía su cargo y si lo hubiera sabido antes le mandaba mi opinión a usted para que la valorara si podía ser publicada o no.
    Mire señora mia, esto es un foro por si no se había dado cuenta, para mí el punto principal es el artículo y sobre él opino, lo que dicen los demás foristas lo leo, pero no lo critico, pues cada cual es libre y soberano de expresar su criterio “sobre el artículo” lo que esta expresado en el texto es el punto de vista muy personal del escritor ,que no tiene porque ser el mío y si soy un asiduo visitante de CUBADEBATE tengo todo el derecho del mundo a expresarlo.
    No se tome atribuciones que nadie le ha dado que yo sepa, me parece que lo suyo son más las “esquinas calientes”(encuentros por demás que detesto ,pues es una jauría de personas vociferando e imponiendo criterios ,cosa que demerita los sacrificios que ha hecho el Estado Cubano y hace por elevar nuestra educación)
    Tenga muy buenos días Sra.Juana…La cubana.

  • Pepe dijo:

    Yo lei tambien la cronica del 2009, si mal no recuerdo fue posterior a un programa expectacular del canal educativo que cautivo a muchos, es una lastima,no obstante cantara ahora con Hendrix y co donde quiera que esten

  • Laima dijo:

    Amy Winehouse, descansa en paz…si ser inmortal te lo permite.

  • Respetuosa dijo:

    El autor en algún artículo declaró su fascinación por la literatura. Pues bien, le recomiento que lea a los verdaderamente grandes con humildad -entiéndase García Márquez, Vargas Llosas, Carlos Fuentes, Borges, Octavio Paz, …(la enumeración pudiera extenderse)- y aprenda de ellos. Pulir, pulir, y evitar la verborrea. La economía es también válida en lo tocante al lenguaje.

  • Carlos Manuel Álvarez dijo:

    Carlos Ortega: Solo una cosa. A mí no me parece que mi estilo sea barroco, estoy, creo yo, bastante lejos del barroco. Si a usted le parece eso, rápidamente imagino dos hipótesis: que usted es fanático a Hemingway, o que ha leído demasiada nota informativa. Y si no le he aliviado el espíritu, ruego que me disculpe, pero yo no soy cura. Saludos.

    Li Li: El del olvido del autor es un truco demasiado evidente, inluso, está el enlace a la crónica, que, por cierto, en un momento dado sí se perdió de internet. Si es válido o no, no lo sé, a mi me pareció lícito, o al menos una falta no muy grave, y lo usé. La sinceridad no descansa en ese punto, me parece a mí. Un texto sincero, si te engaña, te lo dice, o hace que el engaño sea intrascendente, es parte del juego. Que tiene su riesgo, y que yo lo asumo, o creo asumir. Lo demás, bueno… lo demás se coge con los años. Un abrazo.

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Carlos Manuel Álvarez

Carlos Manuel Álvarez

Matanzas, 1989. Periodista y colaborador de Cubadebate.

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