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La verdadera imagen de Filiberto Ojeda Ríos tallada en las entrañas de la tierra puertorriqueña

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Dedicado a los compañeros de lucha -puertorriqueños y cubanos-, Rafael Varona (Fefel), Antonia Martínez Lagares, Luis Ángel Charbonier, Santiago Mari Pesquera, Arnaldo Darío Rosado, Carlos Enrique Soto Arriví, Carlos Muñiz Varela, Ángel Rodríguez Cristóbal, Orlando Canales Azpeitía, Filiberto Ojeda Ríos… y otros, como ellos, que fueron asesinados por la Injusticia.

El valor más permanente en el hombre es el valor. El valor es la suprema virtud del hombre y se cultiva como se cultiva toda virtud y se puede perder como se pierde toda virtud. El valor en el individuo es un supremo bien. De nada vale al hombre estar lleno de sabiduría y de vitalidad física si le falta el valor. De nada vale un pueblo estar lleno de vitalidad, y de sabiduría si le falta el valor. Porque el valor es lo único que permite la transmutación del hombre para fines superiores. El valor es lo que permite al hombre pasearse firme y serenamente sobre las sombras de la muerte y cuando el hombre pasa serena y tranquilamente sobre las sombras de la muerte, entonces es que el hombre entra en la inmortalidad.

Para entrar en la inmortalidad hay una sola entrada: la puerta del valor que conduce al sacrificio por una suprema causa. Hay que sacrificarse por la independencia de la patria.

Pedro Albizu Campos

Filiberto Ojeda Ríos trabajó incansablemente por obtener una condición de Dignidad para su Patria. Reafirmaba el principio de las luchas legítimas y denunciaba la vileza del colonialismo, sustentándose en las declaraciones de las Naciones Unidas: “La sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una denegación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y de la cooperación mundiales.”

filibertoLa imagen de Filiberto Ojeda Ríos ha sido manipulada incesantemente por el Negociado Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos. Han sido incontables las ocasiones en que el FBI se ha referido a Filiberto como terrorista, difamándolo y tratando de crear una impresión sumamente negativa, en sus constantes intentos de criminalizar la lucha libertaria del pueblo puertorriqueño.

Desde la década de 1960, Filiberto fue objeto de persecución por el FBI. Más de cuarenta años transcurrieron, durante los cuales el FBI llevó una guerra sin cuartel para intentar neutralizarlo y, concurrentemente, intentar demoler sus ideas revolucionarias. El 30 de agosto de 1985 intentaron asesinarlo en su residencia en Luquillo. Este hecho fue admitido en Corte por uno de los agentes del FBI, quien declaró que disparó a matar. Dicho intento les falló, y desde ese instante, la sentencia, que ilegalmente articulaba la agencia estadounidense, estaba firmada: una bala para Filiberto Ojeda Ríos. Sentencia que aplicaron el 23 de septiembre de 2005, cuando finalmente lo asesinaron en el pueblo de Hormigueros.

El FBI disparó contra Filiberto y lo dejó desangrar, en un acto de vil tortura que hace patente la saña, rencor, crueldad e insensibilidad del gobierno de Estados Unidos. Ese asesinato político constituye una ejecución extrajudicial que se traduce en una acción de Terrorismo de Estado contra el pueblo puertorriqueño. Agentes extraños a nuestra nación recurren al asesinato político para tratar de detener las fuerzas vivas del pueblo puertorriqueño en su trayectoria política natural.

La práctica de lanzar sombras contra los revolucionarios y patriotas puertorriqueños la encajó en Puerto Rico el gobierno estadounidense desde la década de 1930, cuando su principal blanco fue el Partido Nacionalista y don Pedro Albizu Campos. Dicha práctica se ejecutó con mayor estructuración desde 1960, cuando el FBI recurrió a injertar en Puerto Rico el programa de contrainteligencia o contraespionaje conocido como COINTELPRO, cuyo objetivo principal era desestabilizar o desbaratar (disrupt) el movimiento independentista y restringir (curtail) sus actividades. Las directrices especificadas en un memorando enviado a la oficina del FBI en San Juan indicaba que los esfuerzos de los agentes deberían ser enfocados en la desestabilización y la discordia; en sembrar dudas en los puertorriqueños con respecto a la sabiduría de permanecer en el movimiento independentista; y en causar deserciones (defections) en las filas del movimiento independentista.

Cuando se reclama que los independentistas no deben recurrir a la lucha armada, se debe reclamar también que el Estado no atente ni intervenga con acciones armadas contra los luchadores por la independencia. “A fin de que los pueblos dependientes puedan ejercer pacífica y libremente su derecho a la independencia completa, deberá cesar toda acción armada o toda medida represiva de cualquier índole dirigida contra ellos, y deberá respetarse la integridad de su territorio nacional.”

En Puerto Rico el contexto es distinto al resto del mundo, porque somos una colonia subyugada por Estados Unidos. Cuando un país como Estados Unidos oprime a un pueblo extraño a su conformación nacional y ejecuta extrajudicialmente a sus hijos para prevenir que ese pueblo asuma un destino de libertad, esos hijos no pueden renunciar a defenderse, a resistir y a combatir por su patria. Se les hace necesario enfrentar a quien atenta contra los puertorriqueños para hacerles daño. Sencillamente, es lo que hizo Filiberto, enfrentar a quien atenta contra sus hermanos.

Filiberto fue un revolucionario. Creía en el derecho inalienable de los pueblos a su libertad, a ser los dueños de su propio destino. Siendo esa lucha libertaria la máxima que rigió su vida, no estaba dispuesto a renunciar a ningún mecanismo de defensa para proteger y defender su patria. En su guía revolucionaria, Filiberto combatió a través de todas las maneras posibles, excluyendo el terrorismo. Su práctica era una de Humanidad, piedra angular de su formación revolucionaria. Constantemente expresaba que no permitiría el atropello de una hermana o un hermano puertorriqueño, sintiendo a sus compatriotas como a su familia misma.

Filiberto luchó en favor de la libertad de la patria. Se defendió y combatió a través de innumerables y variados mecanismos. Acudió a denunciar la situación colonial de Puerto Rico ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas en 1990; analizó la situación del país y explicó sus estrategias de lucha en entrevistas a través de radio, televisión y prensa escrita; expresó sus ideas, planes y proyecciones libertadoras en comunicados de prensa y en mensajes directamente a sus hermanos puertorriqueños; organizó acciones reivindicativas de los derechos del pueblo puertorriqueño; reafirmó los lazos de solidaridad con los pueblos caribeños y latinoamericanos; colaboró con las luchas por la igualdad y los derechos humanos internacionalmente, inclusive en Estados Unidos.

Como parte de su concepción de lucha, incursionó en innumerables campañas y batallas, siendo prominentes sus esfuerzos para constituir el Frente Popular para la Salvación Nacional. Sus preocupaciones fueron, además de libertarias, de justicia social. Le alarmaba la degradación del ambiente y defendía la conservación de los recursos naturales, con particular predilección por los árboles. Le desgarraba el alma la falta de opciones de salud para el pueblo, y denunciaba la insensibilidad de un sistema de salud insertado en un capitalismo brutal. Le intranquilizaba la falta de vivienda para la población, y abogaba en favor de aquéllos con menos recursos económicos, en especial por los residentes de los caseríos, manifestando su indignación por el discrimen contra ellos. Lle inquietaba el destino de la juventud, que siempre tuvo un lugar especial en su corazón, y la aconsejaba a estudiar, y alentaba y apoyaba a los movimientos estudiantiles en sus demandas. Le corroía el espíritu la intervención de las fuerzas armadas estadounidenses al reclutar a los puertorriqueños para sus guerras y enseñarlos a matar, y desafió con la acción y la palabra esas afrentas. Le preocupaba el derecho del pueblo a trabajar, y alertaba sobre los intentos del Estado para transformar al pueblo en un ente de total dependencia. Se solidarizaba con las luchas justas de los sindicatos del país y denunciaba los intentos de tratar de despojar a los trabajadores del sentido de orgullo por el trabajo. Criticaba la intolerancia de algunos para con el sector religioso y promovía la comprensión de las diferentes manifestaciones espirituales, enfatizando en la no discriminación. Le perturbaba la pérdida de la identidad puertorriqueña y se adhería a los esfuerzos de reafirmación nacional, reconociendo las iniciativas y logros de los sectores forjadores de la cultura puertorriqueña. Le angustiaba la retención de puertorriqueños en situaciones de privación de libertad y constantemente exigía y reclamaba su liberación, en un caso, llegando a interceder ante movimientos latinoamericanos, para que se le permitiera a una puertorriqueña el regreso a su patria, e inclusive, en otro caso, estando dispuesto a ser canjeado por patriotas puertorriqueños encarcelados por el gobierno de Estados Unidos, para que éstos fueran regresados a la Patria. Finalmente, SIEMPRE estuvo dispuesto a dar su vida por su ideal. Vida que le fue arrebatada inmisericordemente y con vileza.

Las acciones de Filiberto demuestran su sentido de Humanidad, dictado por su conciencia revolucionaria. En su estrategia no descartaba la lucha armada como un último recurso, porque en su entendimiento de la situación colonial, no estaba dispuesto a renunciar a ese derecho que la misma Asamblea General de las Naciones Unidas reconoce cuando “reafirma la legitimidad de la lucha de los pueblos por liberarse de la condición colonial y extranjera y del yugo foráneo por todos los medios a su alcance, incluida la lucha armada”.

Filiberto resentía verse obligado a recurrir a ese mecanismo, el cual jamás utilizaría en contra de un hermano puertorriqueño. Irónicamente, su asesinato, perpetrado por agentes extranjeros y extraños a la patria y a la idiosincrasia puertorriqueña, contó con la colaboración de cipayos nacidos en Puerto Rico y demostró que la potencia extranjera estadounidense no repararía en el uso de las armas y se ensañaría contra él, torturándolo hasta la muerte. El gobierno estadounidense asesinó a un Revolucionario.

Clara e inequívocamente, estos hechos criminales contravienen las disposiciones de las Naciones Unidas: “la continuación del colonialismo y sus manifestaciones… y las tentativas de algunas Potencias coloniales de sofocar los movimientos de liberación nacional mediante actividades represivas y la utilización de la fuerza armada contra pueblos coloniales son incompatibles con la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales”. Entonces, ¿quién es el terrorista?

La imagen de Filiberto Ojeda Ríos no será profanada por las acciones mezquinas de un contingente de agentes ajenos a nuestra nación. En lo recóndito del Barrio Charcas de Quebradillas, desde las entrañas de la tierra asoma el rostro de Filiberto, tallado por manos puertorriqueñas, como un reconocimiento a su gesta y en denuncian de su asesinato. Se legitima la legendaria contraseña: “Filiberto está en el corazón del pueblo”.


Asamblea General de las Naciones Unidas. “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales.” Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de 14 de diciembre de 1960.

United States Government – Federal Bureau of Investigation. Memorando sobre “Groups seeking independence for Puerto Rico (Counterintelligence Program) Subversive Controls (San Juan).” Enviado por  SAC, New York al Director del FBI, fechado 15 de noviembre de 1960.

Asamblea General de las Naciones Unidas. “Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales.” Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de 14 de diciembre de 1960.

Asamblea General de las Naciones Unidas. “Importancia de la realización universal del derecho de los pueblos a la libre determinación y de la rápida concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales para la garantía y la observancia efectivas de los derechos humanos.” Resolución 3246 (XXIX) de la Asamblea General de 29 de noviembre de 1974.

Asamblea General de las Naciones Unidas. “Aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales.” Resolución 2326 (XXI) de la Asamblea General de 16 de diciembre de 1967.

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  • Kat dijo:

    Viva Filiberto Ojeda Rios. Un gran luchar de nuestra gran patria Puerto Rico. Un hombre de coraje y valor por defender la libertad de su tierra. Nunca mataran la idea del Comandante Filiberto. El vive en todo luchador boricua por la libertad de su patria. Vivan los Macheteros y la Macheteras!!!

  • Armando Rivera Carretero dijo:

    Filiberto Ojeda pertenece a una pleyade de patriotas puertorriquenos que dedicaron su vida y hasta la ofrendaron en la lucha por la emancipacion de la nacion puertorriquena. Comenzamos con Betances, el padre de la Patria, luego de Hostos, despues el indomable Don Pedro Albizu Campos, Juan Mari Bras y asi hasta Filiberto. Todos ellos, y muchos mas, sufrieron destierro, persecucion, donaron su hacienda, y hasta sus vidas por su Patria.Algun dia, mas pronto que tarde, Puerto Rico sera libre y soberano. La primera tarea del gobierno de la republica sera erigir monumentos a estos heroes y martires de la lucha por su emancipacion. En Puerto Rico existen monumentos, bustos, etc, de grandes libertadores como Simon Bolivar y otras personas ilustres, particularmente de fuera de Puerto Rico, pero no hay un solo monumento a sus heroes. Que desgracia!

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Elma Beatriz Rosado

Elma Beatriz Rosado

Independentista puertorriqueña, viuda de Filiberto Ojeda. Colaboradora de Cubadebate.

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